jueves, 5 de enero de 2017

PUES LAS DEL DE ALBA SERÍAN


PUES LAS DEL DE ALBA SERÍAN
(En agradecimiento a mis amigos Antonio Merino
y Jesús Majada, que acaban de publicar una estupenda
edición anotada de la obra de Lope
“Las Batuecas del duque de Alba”)

No estuvo Lope en Batuecas
ni paseó por sus valles,
pues dejó todo sembrado
de mentirosos detalles.

¿Dónde las nieves perpetuas
qué tanto le perseguían?,
¿dónde el Tormes, dónde el Tajo
si sus límites no vía?,
¿de qué señor son las aguas
de las altas serranías?,
¿del de Béjar, del de Alba
en tierras de Piedrahíta?
(La leyenda de los godos
esa sí se la sabía).

Antonio, Jesús, amigos,
a volver os llamaría
por aquellas tierras bravas
que anduvimos otros días.
Hoy no quedan pies descalzos
ni gentes que en labrantías
tierras padezcan el hambre,
ni males ni lacerías.
Hoy las Hurdes, las Batuecas
son zonas de serranía
donde reina la esperanza
donde viven cada día
gentes que sueñan con otros
años de más alegría.
Lope hizo un divertimento
para el de Alba y compañía,
tramó enredos, casamientos,
muchas idas y venidas
por caminos y por peñas,
por bajadas, por subidas,
hizo parir a algún hombre
pensando que lo creerían
y enredó en el argumento
cuanto en su mente bullía,
gigante entre los gigantes
cuando versos componía.

Al final, ¿para qué todo?
Los batuecos sometían
su voluntad a los duques
sin otra contrapartida
que iglesias, normas y reglas
que ordena la clerecía,
los enamorados vuelven
al amor en que se fían
y el señor perdona y todo
se vuelve a la cortesía.

Antonio, Jesús, vayamos
a los valles otro día,
hablemos como batuecos,
digamos la letanía
de las voces más antiguas
en toda la serranía.
Tal vez las gentes hurdanas
muy bien lo agradecerían.
Y a Lope y al duque de Alba
que les den por do solían,
les recordamos que hay gentes
que resisten su porfía,
que ya no son las Batuecas
tierras sin pan, qué falsía.

Os lo he dicho todo en verso,
no en copla ni en redondilla,
sino en popular romance,

que mejor me parecía.

6 comentarios:

  1. Si las fuerzas lo permiten
    y los achaques nos dejan,
    podremos ir, cuando gustes,
    a tierra de Las Batuecas.
    Traspasaremos el valle,
    treparemos a las peñas
    do el agua clara discurre
    por quebradas y entre breñas.
    Ayudados de cayados
    y con las mochilas llenas
    entretendremos la marcha
    contemplando las serenas
    cumbres que cubrieron días
    de olvido, sufrimiento y penas.

    Tomaremos un respiro
    en lo alto de las crestas
    por descubrir los demonios
    que cuenta el Lope de Vega.
    Hay que ver qué desatinos
    salían de su mollera;
    qué manera de perderse
    en múltiples bagatelas.
    Con lo de parir un hombre
    sí se le fue la cabeza,
    ¡pobre la ingenua Taurina,
    cómo perdió la sesera!
    Y es que el amor, cuando viene,
    no hay forma de echarlo fuera.

    Arriba, arriba del valle,
    en lo alto de la Peña
    haremos las letanías
    a la Señora morena;
    y lo haremos en latín
    que es lengua mucho más vieja
    que la que Lope inventó
    para la tierra batueca.
    Cantatas, motetes, salmos,
    y oratorios harán mezcla
    porque llegue a los hurdanos
    de nuestro canto la ofrenda
    y el perdón por tantos siglos
    de olvidos y de miserias.

    Luego, cumplido este rito,
    buscaremos unas peñas
    y, sacando las viandas,
    pondremos fin a la fiesta.

    Gracias por hacerte eco de nuestra edición.
    Antonio Merino

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  2. Qué maravilloso duelo en romance ofrecéis!

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  3. Que me pillaron “in albis”,
    “in albis” e inadvertido
    estas poéticas justas
    de romances antoninos.
    Boquiabierto me he quedado,
    indeciso y suspendido:
    ¿meteré mano a la espada
    con poetas tan eximios?;
    ¿entraré en medio del campo
    mientras poetizan de ríos,
    valles, peñas, fuentes, breñas
    y primitivos incívicos?
    Mejor son de dos a dos
    esta clase de litigios,
    que terciando alguno más
    parecerá olla de grillos.
    Me quedaré en la estacada
    sin mediar en el conflicto,
    dejando que el docto senado
    decida con mucho tino
    quién de los dos ha ganado
    este lance tan reñido.
    Y si el tino no alcanzare…
    que decida el partidismo:
    digan en Béjart: ¡¡¡Gutiérrez!!!;
    y los de Cáceres: ¡¡¡Merino!!!

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  4. Después de grandes disputas
    y de muy grave escrutinio,
    compartir todos el premio
    el jurado ha decidido.
    Ni Gutiérrez ni de Vega,
    ni Majada ni Merino,
    que alce muy alto el trofeo
    todo aquel que aquí ha tañido,
    y que ninguno se olvide
    de que aguardan los caminos
    para mojar la palabra
    con buen pan y mejor vino.

    Y aquí se calla el juglar.
    Paz y bien, buenos amigos.

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  5. Que ha acabado la contienda,
    por lo que leo, barrunto;
    nunca pensé que a dos bravos
    les diera yo tanto susto.

    Pues, si Majada y Gutiérrez
    se separan de este asunto,
    me proclamo vencedor
    de estas justas, a los puntos.

    Ciña mi frente el laurel;
    me hagan pasillo los juncos;
    suenen gaitas y atabales;
    canten los cielos mi triunfo.

    A.M.

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  6. ¡Vaya tres autoridades! Y qué maravilla de amistad que dura ya más de medio siglo!

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