jueves, 19 de febrero de 2026

CARNES - TOLLENDAS

 

 

CARNES - TOLLENDAS

 

Escribo estas líneas en las horas de la tarde del martes de Carnaval, fin de estos días que abarcan desde el jueves Lardero hasta el Miércoles de ceniza, este último ya como contraste y entrada en un período contrapuesto. Como el latín ha pasado a mejor vida -en el imaginario, que no en la realidad-, casi nadie utiliza este término y se queda con el de carnaval. Poco importa, pues ambos terminan encontrándose en el mismo camino etimológico: carnes tollendas, carne-vale o carne-levare. De un modo o de otro, “quitar las carnes”.

Si nos quedáramos en el sentido más físico, no sé muy bien de qué carnes se pueden quitar los más pobres, si sus medios no les dan para adquirir carnes en ninguna fecha. Habrá que pensar en los más pudientes y en el esfuerzo que debían practicar para alimentarse con otras viandas en el tiempo de abstinencia o cuaresma. Claro que, llegaron las bulas, las dispensas, y aquí paz y después gloria. Ni Lutero logró evitarlas con sus rebeliones y sus 95 famosas tesis. Qué tiempos, qué imposiciones, qué manera de asustar, de imponer y de atemorizar.

Tal vez algo diferente resulta de imaginar eso de la carne como algo metafórico. Si así fuera, todo el mundo de la sexualidad se nos aparece de repente, aunque el análisis nos llevaría a conclusiones similares a las de la carne anterior. Ufff.

La peña, desde casi siempre, se lo ha tomado como unos breves días en los que el desenfado, la diversión y el incumplimiento de la norma personal y social toman el mando y abren el campo para que cada uno abra espita y se muestre como le gustaría ser y no como la comunidad le deja ser. Por eso los disfraces y las diversiones de todo tipo; por eso las concesiones y el mirar para otro lado.

Tampoco este enfoque nos deja en el mejor lugar, pues vendría a suponer que el resto del año no somos lo que queremos, sino una representación en la que las imposiciones cuentan mucho y nuestras actuaciones tal vez no sean del todo sinceras.

Sí parece claro que la influencia de la iglesia ha disminuido, si es que le queda alguna; pero, como su sombra ha sido muy alargada, los restos todavía se huelen. Es este tal vez uno de los mejores ejemplos que nos muestran, una vez más, que el origen tiene que ver con lo pagano, que la religión trató de domesticarlo y que el tiempo ha vuelto por donde solía para dejarlo de nuevo en su sentido más originario.

Adentrarse en la variedad de los disfraces, en su significado,, en la necesidad de los mismos y en todo sus sentidos personales y sociales es algo que a mí me supera porque me abre una ventana muy grande y me da indicios para consideraciones no del todo positivas.

Hoy más que nunca el mundo es pura representación y apariencia. El carnaval o carnestolendas es una muestra que se adorna con esa apariencia, una apariencia que, curiosamente, no hace otra cosa que esconder aquello que en condiciones normales nos da pudor mostrar. No oculto que a mí me resulta muy lejano todo este mundo, pero eso poco importa.

Cada cual a su aire, a la expresión de sus impulsos y de los elementos más simples de la naturaleza. No estaría mal que incluso estas manifestaciones nos sirvieran también para pensar en nosotros mismos, en nuestra naturaleza y en nuestra condición humana, extraña mezcla de elementos de pasión, de ilusión, de rebelión..., y de razón.

1 comentario:

  1. Nunca he sido de carnaval, de máscaras, ni de disfraces, no va conmigo pero entiendo eso del juego y de aflojar la espita. Tampoco entiendo el desfase.

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