RESURREXIT
«Cuando pasa el
Nazareno / de la túnica morada / con la frente ensangrentada, / la mirada del Dios
bueno /y la soga al cuello atada...».
Son los primeros
versos de un poema muy popular del poeta salmantino y extremeño Gabriel y
Galán, autor también muy popular en otros tiempos y cargado de emoción en sus
versos más que de otras cualidades.
Procesiones, cristos,
vírgenes, capuchones, silencios, fervores, vacíos racionales, caravanas, luces,
sombras, naturaleza, primavera...
Semana Santa en los
primeros días de la nueva estación. Se funden la luz y la idea religiosa de la
salvación. Resurrexit. Sin ella, nada en la religión cristiana tiene
sentido. Con ella tal vez tampoco.
La sociedad sigue
vistiendo a sus dioses según su conveniencia y según sus deseos. El dolor puede
mover a compasión, y la compasión lleva acaso al recogimiento y a la aceptación
de lo que imaginamos detrás de aquello que representamos. Los dioses son
creaciones de los seres humanos, los necesitan por razones muy diversas:
consuelo, esperanza, justificaciones varias... Quién soy yo para eliminar de
una persona estos sueños, que, por el hecho de serlos y de repetirlos, acaso se
conviertan en sus realidades.
A mí me queda la
libertad de interpretarlas y de intentar comprenderlas. Son tantas y tan
diversas, que me resulta casi imposible hacerlo. Los elementos paganos se
funden con los religiosos y todos juntos forman una realidad compleja que viene
a representar todo un arco iris de ideas, de deseos, de manifestaciones...
Pocas veces el mundo es una representación tan amplia y llamativa; pocas veces
se mezclan los colores y las sensaciones como lo hacen en eso que llamamos
Semana Santa.
Casi siempre aprovecho
cualquiera de estos días para leer algún EvangelIo. Esta vez le tocó el turno al
de Lucas, el evangelista que más se detiene en la descripción de los milagros.
Añado a ello la visita a alguna procesión, mis paseos por el campo y mi
proximidad a la naturaleza, la corta presencia de mis seres más queridos, y
siempre la lectura, que no ceja. El mundo es muy amplio; sus gentes, también.
Yo solo soy un tipo raro que no entiende casi nada del misterio de la vida y
del milagro de la misma. Sobre todo al ver cómo la vivimos.
Por detrás de los
elementos naturales está la explosión de la luz, está la primavera, está la
nueva realidad de lo que ha de ser claridad durante los próximos meses. Tras
las procesiones y otros actos religiosos están los dioses. Y ahora los dioses
parece que juegan en la playa y andan distraídos con lo que los seres humanos siguen
perpetrando en su nombre. La sangre del Calvario parece haberse desbordado por
medio mundo y tanto Yahvé como Jesús Dios y Alá no nos invitan a torrijas, sino
a bombas de racimo. A todos el dolor nos viene dado sobre todo por los crímenes
que nos sirven día a día en nuestras casas.
Más que resurrección
lo que vemos es cómo se acumulan la muerte y los desastres. No sé qué pensarán
estas tres formas de un solo dios. Mejor sería que de verdad resucitaran y, en
su poder, proclamaran el estado de paz y el amor como forma de vida, en vez de
defender los guantazos y la fuerza bruta como arma de guerra.
De nuevo las palabras
del poeta
«¡Cantar de la tierra
mía, / que echa flores / al Jesús de la agonía, / y es la fe de mis mayores! /
¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar ni quiero / a ese Jesús del
madero, / sino al que anduvo en el mar!».