jueves, 29 de enero de 2026

SATIS - FECHO

 

SATIS – FECHO

Del latín satis + factum: presumido, vano, orgulloso.

2. Adjetivo: Complacido, contento. DRAE.

Hasta tal punto se aparta la docta institución de la etimología de la palabra para darle cabida a todas las connotaciones que la historia le ha ido añadiendo, que casi de olvida del sentido original.

Pues no me da la gana. Satis es un adverbio latino cuyo significado es “bastante” y factum es el participio del verbo facere, cuyo significado es “hacer”. De tal manera, que el que está sanamente satisfecho es el que ha hecho bastante. Luego ya veremos si lo que se ha hecho es bueno o es malo, responde a buenas intenciones o a deseos inconfesables; pero, repito, una persona sanamente satisfecha es la que siente que ha hecho bastante.

Acaba de llegar a mis manos la entrega número diecisiete de mis diarios Desde mi terraza. Días reunidos. Son DIECISIETE libros, uno por año, desde el ya lejano dos mil nueve hasta este recientemente acabado dos mil veintiséis ¿Y no voy a estar sanamente satisfecho? ¡Venga ya! Son varios miles de páginas en las que he ido desgranando poemas, impresiones, opiniones, embriones de teorías y algo de casi todo lo habido y por haber.

Así que lo primero es la cantidad. Son más de veinte libros a mis espaldas y un montón de iniciativas mentales las que voy a dejar por ahí por si alguien quiere acercarse a leerlas, a rumiarlas, a compartirlas o a rechazarlas educadamente.

Añadámosle a la cantidad la posible calidad. Es algo que tienen que decidir los que a ellas se acerquen. Ya he dicho muchas veces que siempre he aspirado a alzarme hasta una idea, aunque haya partido de una aparente anécdota. Así me gustaría que se leyeran.

Uno tiene la impresión de que todo esto que el DRAE incorpora en la definición tiene que ver con el sentimiento de que la cantidad también se ha concretado en la calidad. Por eso “presumido”, “contento”, etc. Pero todo esto se sitúa ya en el plano de las connotaciones, lejos de la etimología y de la denotación.

Pues, a pesar de todo, me permito también en estos momentos estar contento y hasta con cara de algo presumido. ¿Por qué no? Contento, por supuesto; presumido, también, pero algo menos. La presunción es hermana de la vanidad. La vanidad es consustancial con la persona y todos somos algo vanidosos. Admito, por ello, el grado de vanidad que me corresponda; pero, como también he defendido en otras muchas ocasiones, quien mantenga demasiados segundos la vanidad, sin darse cuenta de que es como un globo que estalla con cualquier roce, está al borde la imbecilidad. Valga, pues, para este ratito de desahogo y para guardarla escondida por si se necesita en algún momento; pero bajemos a la tierra y sigamos con los pies en ella.

Por tanto, he hecho bastante; por ello, estoy satisfecho. Si eso se acompaña con un ratito de contento y hasta de vanidad y de orgullo, pues miel sobre hojuelas.

He advertido en este último libro que estamos en una cifra redonda, en mi edad y en el calendario. Algún indicio hay de que la velocidad y las ganas pueden tener sus paradas. El tiempo dirá porque tampoco me voy a apartar de seguir escribiendo en prosa y en verso lo que mis días me vayan dictando hasta completar otros Días reunidos. ¿Cuántos? ¿Cómo? Mi conciencia y el tiempo irán dictando. También había prometido no volver a la lectura completa de Don Quijote y ahí ando, en sus páginas. Así que Dios dirá. Porque amanecerá Dios y medraremos.

Como no vendo casi ninguno de mis libros, tengo también que ocuparme de distribuirlos en lugares que sean accesibles para quien quiera pedirlos y leerlos. Mis allegados son los primeros; después, los sitios públicos en los que la cultura sea su ocupación. Veremos.

Perdón por esta dedicatoria a mí mismo; la comparación con tanto elemento publicitado inocuo y con multitud de seguidores casi me obliga a ello. Por mí y por tantos.

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