SATIS – FECHO
Del latín satis +
factum: presumido, vano, orgulloso.
2. Adjetivo: Complacido,
contento. DRAE.
Hasta tal punto se
aparta la docta institución de la etimología de la palabra para darle cabida a
todas las connotaciones que la historia le ha ido añadiendo, que casi de olvida
del sentido original.
Pues no me da la gana.
Satis es un adverbio latino cuyo significado es “bastante” y factum
es el participio del verbo facere, cuyo significado es “hacer”. De tal
manera, que el que está sanamente satisfecho es el que ha hecho bastante. Luego
ya veremos si lo que se ha hecho es bueno o es malo, responde a buenas
intenciones o a deseos inconfesables; pero, repito, una persona sanamente
satisfecha es la que siente que ha hecho bastante.
Acaba de llegar a mis
manos la entrega número diecisiete de mis diarios Desde mi terraza. Días
reunidos. Son DIECISIETE libros, uno por año, desde el ya lejano dos mil
nueve hasta este recientemente acabado dos mil veintiséis ¿Y no voy a estar
sanamente satisfecho? ¡Venga ya! Son varios miles de páginas en las que he ido
desgranando poemas, impresiones, opiniones, embriones de teorías y algo de casi
todo lo habido y por haber.
Así que lo primero es
la cantidad. Son más de veinte libros a mis espaldas y un montón de iniciativas
mentales las que voy a dejar por ahí por si alguien quiere acercarse a leerlas,
a rumiarlas, a compartirlas o a rechazarlas educadamente.
Añadámosle a la
cantidad la posible calidad. Es algo que tienen que decidir los que a ellas se
acerquen. Ya he dicho muchas veces que siempre he aspirado a alzarme hasta una
idea, aunque haya partido de una aparente anécdota. Así me gustaría que se
leyeran.
Uno tiene la impresión
de que todo esto que el DRAE incorpora en la definición tiene que ver con el
sentimiento de que la cantidad también se ha concretado en la calidad. Por eso
“presumido”, “contento”, etc. Pero todo esto se sitúa ya en el plano de las
connotaciones, lejos de la etimología y de la denotación.
Pues, a pesar de todo,
me permito también en estos momentos estar contento y hasta con cara de algo
presumido. ¿Por qué no? Contento, por supuesto; presumido, también, pero algo
menos. La presunción es hermana de la vanidad. La vanidad es consustancial con
la persona y todos somos algo vanidosos. Admito, por ello, el grado de vanidad
que me corresponda; pero, como también he defendido en otras muchas ocasiones,
quien mantenga demasiados segundos la vanidad, sin darse cuenta de que es como
un globo que estalla con cualquier roce, está al borde la imbecilidad. Valga,
pues, para este ratito de desahogo y para guardarla escondida por si se
necesita en algún momento; pero bajemos a la tierra y sigamos con los pies en
ella.
Por tanto, he hecho
bastante; por ello, estoy satisfecho. Si eso se acompaña con un ratito de
contento y hasta de vanidad y de orgullo, pues miel sobre hojuelas.
He advertido en este
último libro que estamos en una cifra redonda, en mi edad y en el calendario.
Algún indicio hay de que la velocidad y las ganas pueden tener sus paradas. El
tiempo dirá porque tampoco me voy a apartar de seguir escribiendo en prosa y en
verso lo que mis días me vayan dictando hasta completar otros Días reunidos.
¿Cuántos? ¿Cómo? Mi conciencia y el tiempo irán dictando. También había
prometido no volver a la lectura completa de Don Quijote y ahí ando, en sus
páginas. Así que Dios dirá. Porque amanecerá Dios y medraremos.
Como no vendo casi
ninguno de mis libros, tengo también que ocuparme de distribuirlos en lugares
que sean accesibles para quien quiera pedirlos y leerlos. Mis allegados son los
primeros; después, los sitios públicos en los que la cultura sea su ocupación.
Veremos.
Perdón por esta dedicatoria
a mí mismo; la comparación con tanto elemento publicitado inocuo y con multitud
de seguidores casi me obliga a ello. Por mí y por tantos.
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