INFORME PISA
Tampoco hoy quiero
hacer abstracción de la realidad inmediata, y reflexiono acerca de la
educación. Los estudiantes (no todos: a ver quién me explica por qué los de
enseñanza secundaria todavía están a la espera de que les abran las puertas de
los centros) empiezan curso después de las largas vacaciones veraniegas.
La educación me sigue
pareciendo la piedra cierre de bóveda de la sociedad y no aparto mi mente de
ella. Tal vez también porque casi siempre fue mi profesión y porque sigo
pensando que amé aquella tarea desde la convicción de su importancia.
Y aparece, como para
despertar las conciencias, el informe PISA. Con él se han sucedido reflexiones
y opiniones que tratan de explicar y hasta de solucionar las deficiencias que
en él se apuntan. Yo también quiero echar mi cuarto a espadas. Sobra decir que,
como siempre, lo haré en forma de guion y con la humildad y el respeto que
impone un asunto de tanta envergadura e importancia. Veamos
. Si no se tiene en
cuenta que la causalidad es siempre múltiple, no merece la pena seguir
argumentando. Echar, por tanto, culpas o piropos a un solo elemento no está
cerca de la solución.
. Se constata en los
datos que los peores resultados se recogen en matemáticas y en comprensión
lectora. Los datos primero se describen y luego se interpretan. Pues las causas
serán las que sean, pero, detrás de los datos, se esconde un claro retroceso en
la capacidad para el uso del medio principal de adquisición de conocimiento
como es la lengua. A la vez, se deduce el descenso en la capacidad para la
abstracción y para los conceptos: en ello consisten las matemáticas y la propia
lengua.
. Si disminuye la
capacidad de abstracción y del dominio del medio para captar, cifrar y
transmitir los mensajes, la comunicación y la convivencia se resienten de
manera evidente.
. Cuantos más
elementos de causa se describan más cerca estaremos de paliar estas
deficiencias, pero cuidado con amontonar y con no jerarquizarlos, porque
podemos caer en la dispersión y en no arreglar del todo nada. Señalar alguno de
los principales y atacar su dominio puede no ser un mal camino.
. Los dedos apuntan a
la administración como elemento que debe aportar más y mejores soluciones. No
me opondré yo a ello, pero también quiero señalar a la propia sociedad y a sus
elementos más visibles y poderosos, no siendo que estemos fiando casi todo a
los demás y tengamos en nuestras manos más fuerza que la que parece.
. De nuevo se vuelven
mis ojos hacia la escala de valores y hacia los medios de comunicación que los
hacen visibles y hasta los imponen. ¿No vivimos en la época de la imagen?
¿Quién, sino los medios, son los que imponen estos formatos? ¿Cómo es posible
pasar de la velocidad de las imágenes a la reflexión y a la calma de la lectura,
de la abstracción y del razonamiento? ¿En qué formato se presenta casi todo ese
mundo que se tilda a sí mismo de cultural: conciertos, festivales, series,
juegos en general, redes sociales, deportes...?
. Casi todo se ha banalizado
y apenas alcanza el nivel de la reflexión y del silogismo más elemental. Hasta
la vida social y política vive del relámpago de la imagen y el éxito se alcanza
por cualquier medio sin importar su validez.
. ¿Qué relación
guardan el esfuerzo y la reflexión personal frente al éxito público? Compárese,
por ejemplo, qué pasa con un investigador en principios básicos, o un humanista
bien formado, y un deportista o cantante de medio pelo.
. ¿Cómo se puede
exigir a los niños y a los jóvenes que actúen en contra de lo que la sociedad
les propone día a día? ¡Qué fariseos somos!
Son solo algunos
indicios que apuntan más al tejido social que a los representantes
administrativos.
Se ha dicho muchas
veces: educa la tribu. Todos estamos involucrados en algo tan importante y
sagrado como es la educación en el más amplio sentido de la palabra. De ella
depende casi todo: no solo la formación personal, ética y moral de la persona,
sino la convivencia y hasta la supervivencia en armonía de la comunidad.
Tal vez aquí también
deberíamos formularnos aquella famosa reflexión que preguntaba no tanto por lo
que la comunidad puede hacer por nosotros, sino por qué puede cada uno de
nosotros hacer por ella.
Y luego ya si eso...