DE IDA Y VUELTA
Y desde hoy es ya todo
memoria, esa especie de repesa que contiene en el presente los restos de los
días y las horas.
Vuelta de Estambul y
choque con la noticia del adelanto de elecciones en España. Pero vamos por
partes. No haré ni un sucinto resumen de mi estancia en Bizancio: no estoy para
tratados. Tan solo, como siempre, algunas notas que me surgen casi a
vuelapluma.
La primera es la de la
situación geográfica de la ciudad; esto seguramente explica todo lo demás.
Puente entre mares y continentes, espacio de paso de grandes caminos para el
intercambio, cruce de religiones... Con estos tres elementos se cuece todo lo
que allí ha sucedido y sucede.
La segunda es la
importancia que la estructura religiosa sigue teniendo en la realidad de cada
día y en las costumbres de tantos millones de personas. Parece que se puede
saborear una mezcla evidente y extraña de actividad comercial con las estrictas
medidas religiosas impuestas por las leyes coránicas. Es verdad que, en los
tiempos modernos, esta es casi la única república laica de la zona; pero la
realidad diaria es muy distinta y los signos de superestructura religiosa son
muy claros: por cada esquina una mezquita y en cada recodo algún texto del
Corán, como si una gota malaya les recordara sus obligaciones. Para mayor
desgracia, parece que en estos últimos años se camina hacia atrás en lo que a
la presencia y al poder religioso se refiere. La presencia del burka y el hiyab
es continua. El muecín se hace oír a cada pocas horas en toda la ciudad.
Un tercer aspecto
llamativo es la mezcla de los elementos religiosos con la presencia del lujo y
de los metales preciosos en adornos y en ventas. Habría que ver cómo se casa
esto con la desigualdad de los habitantes en su desarrollo diario.
El desajuste de una
ciudad inmensa, que no parece tener límites y la sensación de pérdida de la
identidad personal en un conjunto tan enorme; algo propio de todas las
megalópolis.
Las espléndidas
mezquitas en su luz y en su recogimiento, en sus rituales y en sus muestras
(hombres / mujeres) de discriminación.
La ingente cantidad de
elementos que se repiten en la religión musulmana y en la religión cristiana.
La lista de ejemplos sería muy larga.
Las reliquias, que
recogen tanto la ingenua devoción de muchas gentes como la explotación
turística que de ellas se hace. He ¿visto? el madero en el que flagelaron a
Jesús, un pelo de Abraham, dos huellas del pie de Mahoma... Como para quedarse
ciego de tanto ver. Y las personas guías esforzándose en presentar todo eso
como algo que no ofrece dudas. Y yo disimulando por no estropear el momento...
El control exhaustivo
de documentos en todo lugar, signo de la desconfianza en la que se vive por
aquellos parajes y la devaluación que del desarrollo de la vida común tiene que
suponer.
El respeto y casi
devoción por los gatos, que campan a sus anchas por calles y lugares públicos
como si fueran sagrados.
Y un conjunto de
sensaciones que hay que ordenar un poco mejor y rumiar más despacio, pero que,
en una primera aproximación, me dejan un sabor agridulce que confirma lo que
conocía y que veo repetido en otros espacios y tiempos similares. Por debajo de
todo ello existe una escala que apunta a la supervivencia y a su sustento en un
lugar físico adecuado, a una estructura de ideas, muchas de ellas religiosas,
que se ajustan al poder social y económico y que dan como resultado una
realidad social y política determinada.
Como el Corán y la
invitación al rezo se deja oír por todas partes, en unos minutos de relax le
respondí con unos versos jocosos y de desahogo. Son estos:
SONETO PARA UN
CANTAMAÑANAS
De Madrid a Estambul
fui pasajero
por descubrir si Alá
se revelaba
y encontré un muecín
cantamañanas
que canta y reza todo
el cancionero.
Parecía de un sonido
mensajero
que no encuentra
descanso y que proclama
cinco veces al día una
soflama
monótona y extraña al
viajero.
¿Qué canta el muecín
en su atalaya
si despierta al
dormido, y las conciencias
no están para
monsergas ni creencias?
Que Yahvé le responda
con sus rezos,
pero que ambos
comprendan que no hay nada
como honrar el respeto
y el silencio.