ME SALE A DEVOLVER
Se cumplen los últimos
días para cumplimentar eso que llamamos declaración de la renta. Supongo que
solo aquellos a quienes les salen las declaraciones positivas y con obligación
de tributar lo han dejado para el último momento; los demás ya hemos pasado
este trámite, tan sencillo como decir amén a todo, pues una nómina no da para
más apaños.
En estas mismas fechas
se ha hecho pública una sentencia que condena a unas personas a numerosos años
de cárcel por una serie de delitos y a otra la señala con muchísimos menos, sin
obligación de ir a la cárcel y sin la pena de devolver el dinero que había rapiñado
(casi cuatro millones de euros); según el auto, "por haber colaborado con la
justicia”. Y olé.
No tengo suficientes conocimientos
técnicos para criticar la sentencia y tengo que creer que los jueces han sentenciado
conforme a derecho y tal como indican las leyes; pues no son otra cosa que
técnicos cualificados, obreritos, que deberían fichar a las ocho de la mañana,
cumplir con una curva de trabajo y rendimiento y marcharse para casa como otro
funcionario cualquiera. Nunca fichar después de las ocho ni antes de las tres.
Las siete horas de rigor. O las ocho. Como un tejedor o un empleado de
comercio. O, si me apuran, como un trabajador de la enseñanza. Se me entiende,
¿verdad?
Nunca he sido ni soy
partidario de que nadie tenga que ingresar en la cárcel: el fin de un juicio es
la reparación del delito y la recuperación personal y social del reo. Así me lo
dicta mi conciencia y así lo he leído y he visto razonado en algunos de los principales filósofos
del derecho de todos los lugares y tiempos: “si lo dijera yo, se me podría
tachar...”. Para ello, claro, necesitamos que el reo se muestre de verdad arrepentido
y dispuesto a cambiar su forma de actuar.
Pero hay algo que resulta
totalmente necesario para el entendimiento y la convivencia; se trata de la
analogía, que consiste en actuar de la misma manera en situaciones semejantes.
Lo contrario nos sumerge en la confusión y en el caos.
Los que aspiramos al
sentido común, aunque seamos legos (digo, es un decir) en la materia,
necesitamos todas las explicaciones posibles de lo que significa “colaboración
con la justicia” y en qué ha consistido en este caso concreto; de lo contrario,
las dudas nos asaltan y nos arrojan en el mundo de la desconfianza. Necesitamos
también explicaciones acerca de los grados en que se rebajan las penas cuando
“se colabora con la justicia”. Porque entendemos la rebaja, pero de ahí a que
se vaya uno de rositas y, además, las cuentas le salgan a devolver...
A algunos, por
defraudar medio millón de euros les han caído decenios de años de cárcel. Al
que había defraudado casi cuatro millones no se le castiga con cárcel por haber
“colaborado con la justicia”. No parece que sea mal negocio este de” colaborar”:
te sale a cuenta, a devolver, a seguir la vida de despendole y de famoseo. Ya
estoy viendo la porra de años que les van a caer encima a otros encausados que han
confesado haber defraudado cantidades más altas. A no ser que “colaboren con la
justicia” y entonces tal vez tengamos que terminar aplaudiéndoles sus colaboraciones
y erigiendo una estatua en plaza pública en su honor. El buen lector sabe hacia
dónde apunto.
No tengo capacidad
para interpretar los códigos (digo, es un decir), pero confieso que me quedo
perplejo, sorprendido, confuso y extrañado.
Y eso que a mí la
declaración me ha salido a devolver y hasta me han pagado no sé qué atrasos de
otros años. Imagino a más de uno intentando “colaborar con la justicia” estos
días, levantando algún trapo sucio, tratando de que la declaración le salga a
devolver. Apúrense, que se acaba el plazo.