«La oveja no de donde
nace, sino de donde pace» es un refrán español muy popular que viene a
indicarnos que el lugar donde uno se cría, las experiencias que vive y las
personas con las que se comparte la vida (donde "pace") moldean la
personalidad mucho más que el lugar exacto en el que se nace.
El refrán viene a
cuento por unas palabras escritas por M. Rajoy, expresidente del Gobierno, en
un periódico deportivo afirmando que la selección de fútbol francesa es muy
buena, pero que no tiene jugadores nacidos en Francia. Tal asunto, además de
ser una flagrante mentira, presupone unos sentimientos escondidos no se sabe
dónde que reducen el concepto de ciudadano a unos niveles casi solo instintivos
y de tinte digamos oscuro..
A mí este señor no me
ofrece demasiada confianza, pues no le concedo capacidad (que me perdone) ni
casi para presidir una comunidad de vecinos; pero este hecho, que podría
quedarse en el nivel de simple anécdota, me sirve para considerar el asunto del
espacio territorial y temporal en la vida de una persona.
Si la niñez es el
territorio ideal de una vida, el lugar en el que se desarrollan los primeros
años de la misma, esos en los que todo es nuevo y luminoso y todo sirve para
gozar e ir descubriendo el sentido de la propia vida, renunciar a ella es un
pecado gravísimo. Adornar los recuerdos e iluminar los hechos, por pequeños e
insignificantes que, desde la perspectiva del tiempo, puedan parecer, es
sencillamente de bien nacidos. Mi pueblo es el más bonito de la provincia, pues
no faltaba más; mi mirada hacia él, hacia su paisaje y hacia su paisanaje, es
siempre benevolente y positiva, y mi defensa del mismo es casi radical.
Pero el mundo lleva a
la persona por unos lugares y por unas circunstancias que en ninguna manera
estaban previstas, y el azar hace de las suyas a su antojo. Y en ese paso del
tiempo se va fraguando la personalidad y el roce con la vida. El ser humano
tiene que ir haciendo frente a todo lo que la vida le propone. Unas veces lo
hace en el mismo territorio y otras en lugares bien distintos. La globalización
y todas las circunstancias que propone el mundo actual hacen que muchas
personas dividan su tiempo en un aquí y allí alternativo y sin fijeza real.
¿De dónde hay que ser,
por tanto? La respuesta ya nos la dieron los clásicos y es más vieja que la
pana. El concepto de "ciudadano del mundo" (o cosmopolita) fue
acuñado por el filósofo griego Diógenes de Sinope en el siglo IV a. C. Según
relata el historiador Diógenes Laercio, cuando le preguntaron de dónde venía,
él respondió que era kosmopolítes, que significa "ciudadano del
mundo".
Es verdad que en el
fútbol sigue existiendo cierto regustillo por lo próximo y se defiende un mal
entendido orgullo de comunidad que domina a otra distinta. Los medios de
comunicación, y los deportivos en particular, se ocupan de exagerar terminología
hasta convertir todo en una batalla casi a muerte. Les va el negocio en ello y
la masa se deja llevar con extrema facilidad.
Pero sería bueno
rebajar el tono y alzar la mirada más allá de nuestras narices. España se halla
a un paso de ganar el mundial de fútbol. Ojalá que lo gane. ¿Será por ello
nuestra comunidad mejor o peor que todas las demás del mundo mundial? ¡Qué va!
Vamos a sentirnos sanamente orgullosos, pero con mesura, pues, para que uno
gane, otro tiene que perder. Otro día consideraremos la importancia de la suma
de esfuerzos y los objetivos comunes como fórmula menos mala para alcanzar
éxitos en todas las facetas de la vida. Y de lo que facilita todo el ser “buena
gente” y nada estrellitas ni superhéroes.
Y el mundo seguirá
girando sin sentido, nosotros volveremos a la sana rutina de la convivencia, y
a tirarnos los trastos a la cabeza unos a otros, o tal vez a darnos un abrazo
que mejore esa convivencia. Y seguiremos recordando en positivo el lugar donde
nacimos. Y seguiremos siendo ciudadanos de un mundo que tanto nos ofrece y que
tanto podemos mejorar con nuestro comportamiento.
Como escribí hace
tiempo en un breve: «Valerano en Valero; / en Béjar, bejarano; / y siempre
ciudadano / del mundo entero».