¡PIOVE, PORCO GOVERNO!
La famosa sospecha que
echa en las espaldas de cualquier Gobierno todos los males se ha utilizado casi
siempre, pero no sé si con tanta frecuencia e intensidad como en estos
momentos. Llevamos ya varios años en los que todo parece que mana desde la
fuente que debe de poseer el presidente del Gobierno escondida en alguna parte
de su cuerpo. Al menos eso es lo que quiere hacer saber la oposición de
derechas. Todo es “sanchismo”. No puedo por menos de traer al recuerdo a un
antiguo regidor de la ciudad estrecha en la que vivo, que, incluso un año en el
que la nieve escaseó, echó la culpa de que nevara poco al entonces presidente
Felipe González. Así, literalmente, la cita no se mueve ni un punto de la
realidad.
La última es una
acusación que se hace ante un juez al expresidente Rodríguez Zapatero. También
la culpa es de Pedro Sánchez. No faltaba más, claro. Todo se singulariza en una
persona, sea blanco o negro, llueva o haga frío. Así se evita analizar los
hechos, se empuja peligrosamente (por oposición) a crear cesarismos
peligrosísimos, se polariza todo, se anula la serena discusión de ideas y se crea
un ambiente de putrefacción que hiede y tapa la nariz y el entendimiento. Cuando
no hay ideas, sino solo intereses, todo vale con tal de conseguir el fin
propuesto, que no es otro que el derrocamiento del poder establecido.
Pero vayamos al caso
de ahora mismo. Mis consideraciones, jerarquizadas, ordenadas y en forma de
guion, son estas:
1.- La verdad es la
verdad, la diga Agamenón o su porquero y acuse quien acuse. Es lo primero que
hay que considerar e investigar.
2.- Si de las
investigaciones se derivan responsabilidades penales, hay que asumirlas,
recaigan estas obre quien recaigan, de nuevo, sea este Agamenón o su porquero.
3.- Pártase del
principio de la presunción de inocencia.
4.- La investigación
está en los primeros pasos y nadie ha aportado pruebas de las acusaciones que
se imputan.
5.- Me cuesta
muchísimo encajar la personalidad y la trayectoria del señor Rodríguez Zapatero
en esos tejemanejes. Pero esta es solo una impresión personal.
6.- Con independencia
de cuál sea el final de este proceso, que ahora solo se inicia, ¿alguien va a
considerar alguna vez en serio lo que significa el tráfico de influencias:
quién lo genera, quién se presta a él, qué estructuras de todo tipo lo
favorecen, con qué frecuencia y en qué niveles de la vida social, laboral y de
la política se produce...? ¿No es esta la clave de tantísimos comportamientos
personales, sociales y políticos?
7.- Y, para no alargar
mucho el guion: cualquiera de estos hechos que tanto llaman la atención y que
tanto alimentan el morbo y llenan programas de los medios de comunicación ¿no
nos oculta -por su repetición- la serena discusión acerca de si un sistema
político es mejor o peor que otro y algo menos malo que el que predican los
demás?
¿Cuándo, entre unos y otros, nos van a dejar opinar acerca de ideas, o sea de ideologías, y no solo de comportamientos individuales, y de hechos aislados, muchas veces inventados o descaradamente multiplicados, que se pierden en acusaciones singulares y que nos impiden aportar alguna luz acerca de los sistemas y las ideologías diferentes? ¿Quién está más interesado y saca mayor producto de este enfangamiento?
No me imagino la
condena de Rodríguez Zapatero ni nada encaja con su trayectoria. Le deseo lo
mejor. Pero, como le ha sucedido a tantos, debe someter su comportamiento a las
leyes. Y reivindico, por encima de cualquier comportamiento personal, la bondad
-o, si prefieren, la menor maldad- de un sistema ideológico social que piensa
en sentido comunitario y que no deja a los más necesitados al amparo del aire, frente
a otros que eligen como prioridad los derechos de los que más poseen y su
defensa, si es que además no les echan además la culpa a los más desfavorecidos
de su situación deficitaria.
En esto sí que se
cumplirá aquella frase bíblica que afirmaba lo siguiente: Las puertas del
infierno no prevalecerán contra ella.