Y EL VERBO SE HIZO CARNE
Quizá sea despojar
esta cita bíblica de todo su valor misterioso y de toda su aura de atracción.
Pero ya pido perdón por adelantado si alguien se siente concernido y molesto
por ello. Entiendo que de la cita se desprende la idea de que se pasó de la
teoría a la práctica, de aquello que se puede concebir en la mente de manera
ideal a una figura de carne y hueso, con dimensiones medibles y sujeta a la
apreciación de las cosas reales: “El Verbo se hizo carne y habitó entre
nosotros”. Aquella esperanza que existía solo en la mente pasó a ser real y a
compartir las coordenadas de los demás mortales, a regirse por las normas de
los demás miembros de la comunidad. En ese descenso a la realidad de cada día,
la idea viene a perder algunas de sus cualidades inmaculadas y perfectas y se
abren en sus entretelas surcos de debilidad y de imperfección, de contradicción
y de limitaciones. Si se quiere usar otra formulación, hemos pasado de las
musas al teatro.
Vaya usted a saber por
qué se me ha ocurrido este símil bíblico, pero creo que no está mal traído y me
puede servir para mi propósito.
La política, la peor,
aquella que se ocupa de los casos personales y olvida las ideas y las necesidades
perentorias de la mayoría, anda engolfada en toda una serie de casos judiciales
que atañen en buena parte al Gobierno, a la cúpula del PSOE y a sus aledaños.
Los conductores de toda la representación son los medios de comunicación, que
comen del morbo y lo atizan como si no hubiera un mañana. Y no está mal que se aireen
estos casos, que se juzguen y que se castiguen como dicten las leyes. Lo que se
critica aquí es la desproporción entre los hechos supuestos y las
calificaciones y aprovechamientos que de ellos se hacen.
Pero andábamos en
aquello de que “el verbo se hizo carne”, ahora ya con minúsculas.
Resulta que hay un
“verbo” que supuestamente se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros, una
persona que se mantenía en el imaginario del ideal, del ejemplo, de la ética
bien cumplida y del espejo en el que poder mirarse. Se trata de José Luis
Rodríguez Zapatero, expresidente de Gobierno y ahora encausado por delitos que
las leyes castigan penalmente. Las investigaciones se hallan en los primeros
pasos, la presunción de inocencia debe prevalecer siempre, sus explicaciones
ante tales acusaciones están por llegar, el juicio llamado de telediario ya
está visto para sentencia en demasiados comunicadores y tertulianos, algunos
jueces dan pasos difícilmente comprensibles para los no iniciados, los indicios
no pintan demasiado bien... Y en este plan.
Resulta que aquel
Verbo, o verbo, bajó a habitar entre nosotros, se hizo carne (en muchos casos
de cañón) y se dejó ver las costuras, no del todo bien cosidas.
Si por desgracia los
indicios se convirtieran en certezas legales, vendríamos a comprobar una vez
más que la condición humana es débil, tiene caídas y hay que estar siempre
dispuestos a levantarnos y a volver al camino de la buena ética y del buen
ejemplo.
A mí también me
resulta muy difícil imaginar conductas negativas en Zapatero y quiero seguir
creyendo que todo se va a solucionar favorablemente; pero, como nadie puede
tirar alegremente la primera piedra, habrá que esperar el desarrollo de la
causa. Y, si los resultados fueran negativos, tal vez podríamos pedir el
reconocimiento público del yerro y volver a las citas bíblicas: Ante los acusadores,
Jesús dice a la mujer adúltera: "Yo tampoco te condeno. Vete y no peques
más”.
Y de nuevo vuelta a
las ideas, a los principios que sustentan las ideologías, a las políticas que
de ellas se deben derivar y a las actuaciones de cada día. Con independencia de las
personas individuales que las representen en un momento concreto y con el optimismo
de los que entienden las debilidades humanas puntuales y exigen a la vez
enderezar la senda y seguir en el buen camino.