lunes, 28 de septiembre de 2026

POLARIZACIÓN / CRISPACIÓN

 

POLARIZACIÓN / CRISPACIÓN 

POLARIZACIÓN:

La polarización es el proceso o fenómeno por el cual un conjunto, opinión o sistema se divide en dos o más direcciones, grupos o posturas opuestas y extremas.

Dependiendo del área en la que se utilice, este término tiene diferentes significados.

Polarización social y política: Es la división de una comunidad o país en dos bloques ideológicos contrarios, donde las personas se sitúan en los extremos y rechazan las posturas moderadas o contrarias. Fue nombrada palabra del año 2023 por la Fundéu RAE debido a su gran uso en los medios.

 Polo: Proviene del latín polus, y este del griego pólos (pivote, eje de rotación o extremo de un eje). Se refiere originalmente a los extremos de la Tierra o de un imán.

 -izar: Sufijo de origen griego/latino tardío que significa «convertir en», «dotar de una propiedad» o «hacer algo».

-ción: Sufijo latino -ctionem, que indica la «acción y efecto» de un verbo.

CRISPACIÓN:

El verbo crispar según la Real Academia Española (RAE) significa causar una contracción repentina en un músculo o tejido, o irritar y exasperar a alguien.

La palabra crispar viene del latín crispāre, que significa rizar, ondular o arrugar.

Origen y evolución del significado

Significado original en latín: Deriva de crispus («rizado» o «con bucles»), usado para describir el cabello rizado o las superficies onduladas.

Evolución física: Con el tiempo, pasó a denotar la acción de contraer o encoger de manera repentina los tejidos o los músculos, como cuando la piel o los músculos se contraen por frío, miedo o tensión.

Sentido figurado: A partir de esa idea de tensión muscular y nerviosa, el significado se extendió en español para expresar la acción de irritar, exasperar o poner a alguien nervioso (como tener los nervios «crispados»).

 

Habrá que empezar pidiendo perdón por estas precisiones filológicas, porque el patio está como está y conviene poner a cada uno es su sitio. Si no partimos de las etimologías, estamos al borde del precipicio y cada uno volará como el dé la gana.

Es verdad que la lengua evoluciona, que cada término se va cargando de connotaciones y usos que desvían su significado, y que es la comunidad de hablantes la que va dando forma a su lengua. Otra perogrullada que hay que repetir. Pero quien no conoce el punto de partida seguro que andará perdido por el camino.

A estas alturas del partido, hemos llegado a usar ambos términos como sinónimos porque nos viene bien para nuestros intereses y para hacer de todo una zona gris en la que remover la mierda sin que se note mucho. Yo mismo confieso ser un perjudicado más por no haber puesto cuenta en la diferencia que los dos vocablos comportan. Pues mea culpa.

Se afirma que en España hay mucha polarización, que la sociedad está polarizada. Si tal cosa fuera cierta, estaríamos atribuyendo a todas las partes la misma fuerza e intensidad en ese error. Es la traducción popular del “todos son iguales”, o sea, la maldita equidistancia. No reconocer alguna parte de culpa suele significar equivocación, pero repartirla al cincuenta por ciento, como si eso arreglara algo, es engañarse, hacer el avestruz y contribuir a que esa polarización se mantenga y hasta se acentúe.

El partido mayoritario de la oposición viene ahora a afirmar que, cuando ellos gobiernen, la polarización va a disminuir. Está por ver, pero, en todo caso, esto vendría a significar que reconoce ser causante y ejecutante de una buena parte de lo que llamamos polarización. Y, además, que la está practicando con fines espurios.

Dos no se pegan si uno no quiere. En estos momentos parece que la derecha hace bandera y esencia de su existir en la exageración y en la oposición sistemática, sin ofrecer alternativa posible a ninguna situación. El vulgo resume afirmando que la oposición está ahí para oponerse. Qué tontería tan grosera. Claro que está para oponerse, para oponerse en aquello que considere que está mal formulado y argumentado, y ofreciendo razonadamente su alternativa a la situación concreta.

Lo que realmente existe es crispación, ese deseo de mantener irritada y tensionada a la comunidad, haciendo (curiosidades que tiene la vida) real aquella frase procedente de otras épocas y de otros espectros ideológicos de “cuanto peor, mejor”.

Tal vez no deberíamos olvidar un par de hechos:

1.- Es verdad que, en el “cuanto peor, mejor” las comunidades suelen hartarse y rompen con tal de explorar otras opciones.

2.- También es posible que esas mismas comunidades despierten y no se dejen dar gato por liebre si descubren que ni todo vale ni se pueden supeditar los medios ilegales a los fines.

En España puede que haya polarización, porque nadie está libre de culpas. Pero lo que realmente existe es crispación, esa acción continuada que busca irritar, exasperar o poner a alguien nervioso y sacarlo de las casillas de la serenidad y del razonamiento. Y lo peor es que se hace desde el insulto y desde el destierro de la razón y de las propuestas alternativas.

Cada uno sabrá la coraza que tiene y la capacidad para discernir las razones de los impulsos, el diálogo del enfrentamiento y las ideas de los intereses. Allá cada cual.

viernes, 25 de septiembre de 2026

CON PERDÓN, MARICARMEN ES UN PRETEXTO

 

CON PERDÓN, MARICARMEN ES UN PRETEXTO

Es reacción que se repite de manera sistemática: cuando se produce algún hecho que sacude las conciencias de muchas personas, se convierte en algo que se sitúa en el nivel de la “humanidad” y que se intenta separar de eso que llamamos “ideología”. Ahora mismo está sucediendo con la realidad del desahucio de una anciana de 87 años en Madrid. Su nombre es Maricarmen y está siendo la protagonista de todas las conversaciones del país. Los medios de comunicación han visto carne de morbo y se han agarrado a la noticia hasta el punto de que la están descuartizando y están hasta haciendo harina con los huesos. El morbo sigue vendiendo y volcarse en un hecho tan llamativo y que toca tanto al corazón produce unos beneficios en audiencia y en dividendos muy sabrosos.

¿Quién puede dudar de que Maricarmen necesita ser atendida por los medios que sea, por el hecho de ser persona? Tan de Perogrullo es esto, que nadie se atreve a sostener nada contrario. Pues claro que hay que buscar solución a esta situación tan lamentable. Pero esto solo es pan para hoy y hambre para mañana.

Cada día se producen en este país -y en todos- desahucios en condiciones similares y hay gente que se queda a la intemperie y sin auxilio social y comunitario. Pero es que centrar el foco en una imagen produce mucho y cuesta poco, queda uno bien y parece que demuestra una disposición absoluta a la solución de este hecho injusto. Algo distinto es encarar sin tapujos la forma de solucionarlos y, sobre todo, de prevenirlos.

El meollo de esta dificultad se halla en algo más amplio y farragoso. ¿Tiene o no tiene límites la propiedad privada? ¿Qué solución propone cada partido para esta pregunta? ¿Y cada uno de nosotros cuando nos toca de cerca? ¿Choca o no choca este hecho con el derecho a la propiedad privada y a la libertad de mercado? Si se quieren poner parches a la propiedad privada, ¿cuántos pisos pueden quedar exentos: ninguno, uno, dos..., diez? ¿Cómo se actualizan las llamadas rentas antiguas? ¿Una persona no puede canalizar sus esfuerzos y ahorros en el mundo inmobiliario? ¿Cuál es el parque de vivienda pública, en cantidad y calidad? ¿Hay que topar las rentas? ¿Hay que liberalizar el suelo? ¿Cuánto y cómo?  ¿Cómo se interpreta aquello de la Constitución que afirma que España se constituye en un Estado social y democrático de derecho? ¿Y que cada español tiene derecho a una vivienda? Ya hay experiencias para poder opinar... Y en este plan.

La situación de Maricarmen tiene que ser un símbolo para reflexionar acerca de aquello que nos afecta a casi todos: en su defensa y en su aplicación se asienta una de las bases más sólidas o frágiles para la convivencia. Dedicarle morbosamente minutos y minutos en los telediarios y otros espacios, sin mirar al bosque y viendo solo este árbol seco, no soluciona casi nada y su efecto se disolverá como un azucarillo. Y, entonces, la amargura seguirá en Maricarmen y en tantas personas como ella, que no tienen donde caerse vivos y se sienten expulsados de la comunidad sin ningún arma con la que defenderse.

Los representantes públicos tienen que tener el coraje de encarar las razones que causan estas consecuencias, con todas las variables y las dificultades que esto comporta, que no son pocas. Los medios de comunicación bien podrían ser mesurados y no apuntarse al morbo y al hecho concreto, sin analizar serenamente y con especialistas todo lo que supone el contexto en el que se producen los hechos individuales. Y todos nosotros entender que todo es ideología, que depende de la escala de valores que defendamos para que se apliquen unas soluciones u otras en los hechos concretos del día a día. Porque la beneficencia y la caridad están bien, pero solo como sustitutas de la justicia; de lo contrario, suelen ser tormentas primaverales que duran poco y arrebatos que vienen muy bien al paraguas de otras fuerzas poco confesables. Maricarmen, como todos los demás, tiene derecho a la justicia y esta tiene que encontrar cobijo en la ideología antes que en la caridad. Como escribí en un poema reciente, en su endecasílabo final: lo demás son efectos secundarios.

No podemos dar licencia a la costumbre ni banalizar el mal, como ya nos enseñó la pensadora Annah Arendt. Radicales, pero serenos, mirando al bosque y no solo al árbol, sumando variables y no excluyendo razones. Y también con la mente dispuesta a entender que el corazón tiene razones que la razón no entiende.

lunes, 21 de septiembre de 2026

HOY LIBRO

 

HOY LIBRO 

De manera inconsciente y sin reposo, el tiempo pasa, que es lo que siempre pasa. La naturaleza va dando por fin muestras de que su acomodo tiene otros parámetros y nuevos horarios. La actividad humana no puede hacer otra cosa que adaptarse también a lo que esa naturaleza le va indicando. Tal vez a la vida no hay que ponerle pegas, tan solo hay que acompañarla y acompasarse con su evolución.

En los aleros de mis tejados, las golondrinas han convocado asamblea con un único asunto en el orden del día: el cambio de casa y de territorio. Acuden todas las del contorno y se reúnen por centenares al amparo del sol que más calienta. Un rato antes de la hora fijada -que siempre tiene que ver con el sol en posición más directa-, se solazan bailando y reconociéndose en el aire, haciendo piruetas y dibujando figuras geométricas que parecen responder a las leyes más intrincadas de la geometría y de la lógica. Después de estos ejercicios, se posan en los aleros a tomar el sol y a contarse sus penas. Así permanecen durante casi toda la mañana. El ejercicio lo repiten durante varios días. De repente, un día cualquiera, que solo ellas tienen fijado en el calendario de la meteorología, no acuden a la cita. Tan solo alguna queda perdida y sola, deambulando por los aires y sin saber qué hacer.

La colonia de golondrinas ha madrugado, se ha alzado en el aire y ha emprendido el viaje hacia lugares más cálidos, en su anual migración. Los primeros vagidos de la siguiente primavera volverán a dar cuenta de ellas, de sus vuelos, de sus figuras y de sus nidos. Como las escobas, retamas o piornos señalan la llegada del verano en lo alto de la sierra, así las golondrinas anuncian la presencia del otoño astronómico; y yo estoy seguro de que, en su conciencia, también meteorológico.

Buen viaje de ida y vuelta.

Ya los antiguos pensadores clásicos (estoicos, epicúreos, cínicos, escépticos...) señalaban la necesidad de ajustar nuestras vidas a la naturaleza y a sus evoluciones. No sé si siempre lo hacemos con justeza precisamente, pero en buena medida así lo tenemos que realizar.

Véase, si no, cómo se ajustan los horarios y las costumbres cuando llegan los días del otoño.

Ayer mismo paseaba por el parque de esta ciudad estrecha en la que vivo y escuchaba esta conversación:

-          Buen día para el paseo, pero tú no tenías que estar aquí: es hora de ir a buscar a tu nieto al colegio, pues es la hora de salida.

-          Así es cada día, pero hoy libro: tiene su padre día de descanso.

El diálogo siguió, pero yo me desinteresé y presté mi atención a otras cosas.

Los abuelos y los nietos, las obligaciones laborales y las costumbres familiares que dividen trabajos entre sus miembros, abuelos que se sienten libres por un día y abuelos que añoran tener esa obligación aunque sea solo por un día.

Las golondrinas cambian de lugar. Las familias cambian sus horarios y sus obligaciones. Todos hacen su particular trashumancia y migración. Pero la naturaleza siempre está en el fondo para indicar caminos y sendas, esas que se repiten y que van conformando nuestras vidas y nuestro paso por el tiempo.

Hoy las golondrinas no están ya en los aleros de mi tejado, el abuelo tendrá que ir a acompañar a su nieto desde el colegio a casa, y yo me quedaré solo pensando en cómo todo tiene su evolución y sus costumbres. Y volveré a sentir que todo se halla en las leyes sin sentido de la naturaleza. Quizás las que a mí me rigen tampoco tengan demasiado sentido, salvo el de seguir andando como un sonámbulo los caminos del tiempo y del espacio.

Hoy libro. Pensaré en ello.

martes, 15 de septiembre de 2026

INFORME PISA

 

INFORME PISA

Tampoco hoy quiero hacer abstracción de la realidad inmediata, y reflexiono acerca de la educación. Los estudiantes (no todos: a ver quién me explica por qué los de enseñanza secundaria todavía están a la espera de que les abran las puertas de los centros) empiezan curso después de las largas vacaciones veraniegas.

La educación me sigue pareciendo la piedra cierre de bóveda de la sociedad y no aparto mi mente de ella. Tal vez también porque casi siempre fue mi profesión y porque sigo pensando que amé aquella tarea desde la convicción de su importancia.

Y aparece, como para despertar las conciencias, el informe PISA. Con él se han sucedido reflexiones y opiniones que tratan de explicar y hasta de solucionar las deficiencias que en él se apuntan. Yo también quiero echar mi cuarto a espadas. Sobra decir que, como siempre, lo haré en forma de guion y con la humildad y el respeto que impone un asunto de tanta envergadura e importancia. Veamos

. Si no se tiene en cuenta que la causalidad es siempre múltiple, no merece la pena seguir argumentando. Echar, por tanto, culpas o piropos a un solo elemento no está cerca de la solución.

. Se constata en los datos que los peores resultados se recogen en matemáticas y en comprensión lectora. Los datos primero se describen y luego se interpretan. Pues las causas serán las que sean, pero, detrás de los datos, se esconde un claro retroceso en la capacidad para el uso del medio principal de adquisición de conocimiento como es la lengua. A la vez, se deduce el descenso en la capacidad para la abstracción y para los conceptos: en ello consisten las matemáticas y la propia lengua.

. Si disminuye la capacidad de abstracción y del dominio del medio para captar, cifrar y transmitir los mensajes, la comunicación y la convivencia se resienten de manera evidente.

. Cuantos más elementos de causa se describan más cerca estaremos de paliar estas deficiencias, pero cuidado con amontonar y con no jerarquizarlos, porque podemos caer en la dispersión y en no arreglar del todo nada. Señalar alguno de los principales y atacar su dominio puede no ser un mal camino.

. Los dedos apuntan a la administración como elemento que debe aportar más y mejores soluciones. No me opondré yo a ello, pero también quiero señalar a la propia sociedad y a sus elementos más visibles y poderosos, no siendo que estemos fiando casi todo a los demás y tengamos en nuestras manos más fuerza que la que parece.

. De nuevo se vuelven mis ojos hacia la escala de valores y hacia los medios de comunicación que los hacen visibles y hasta los imponen. ¿No vivimos en la época de la imagen? ¿Quién, sino los medios, son los que imponen estos formatos? ¿Cómo es posible pasar de la velocidad de las imágenes a la reflexión y a la calma de la lectura, de la abstracción y del razonamiento? ¿En qué formato se presenta casi todo ese mundo que se tilda a sí mismo de cultural: conciertos, festivales, series, juegos en general, redes sociales, deportes...?

. Casi todo se ha banalizado y apenas alcanza el nivel de la reflexión y del silogismo más elemental. Hasta la vida social y política vive del relámpago de la imagen y el éxito se alcanza por cualquier medio sin importar su validez.

. ¿Qué relación guardan el esfuerzo y la reflexión personal frente al éxito público? Compárese, por ejemplo, qué pasa con un investigador en principios básicos, o un humanista bien formado, y un deportista o cantante de medio pelo.

. ¿Cómo se puede exigir a los niños y a los jóvenes que actúen en contra de lo que la sociedad les propone día a día? ¡Qué fariseos somos!

Son solo algunos indicios que apuntan más al tejido social que a los representantes administrativos.

Se ha dicho muchas veces: educa la tribu. Todos estamos involucrados en algo tan importante y sagrado como es la educación en el más amplio sentido de la palabra. De ella depende casi todo: no solo la formación personal, ética y moral de la persona, sino la convivencia y hasta la supervivencia en armonía de la comunidad.

Tal vez aquí también deberíamos formularnos aquella famosa reflexión que preguntaba no tanto por lo que la comunidad puede hacer por nosotros, sino por qué puede cada uno de nosotros hacer por ella.

Y luego ya si eso...

martes, 8 de septiembre de 2026

ENTRE LA FE Y LA RAZÓN

 

ENTRE LA FE Y LA RAZÓN

Día de fiesta mayor en esta ciudad estrecha y en tantas otras de la geografía española. No quiero detenerme en su significado. Tan solo doy constancia de que quien más quien menos debería sumarse a las celebraciones como un vecino más que comparte los días y los meses con las otras personas de la comunidad. Pues, aun siendo consciente de esta idea, lo cierto es que no me animo a compartir paseos ni ritos ni concentraciones.

Ahora mismo (son las diez de la mañana) ya habrá muchas personas en camino hacia el monte de El Castañar para participar en la fiesta religiosa y social de la procesión de la Virgen de El Castañar. Yo me quedaré en casa. Me agotan los calores, pero me agotan más otras consideraciones en las que hoy me cuesta un poco más entrar para reflexionar.

La casualidad, o casi, me ha pillado en la relectura de una obra perturbadora: Jesucristo nunca ha existido, de Emilio Bossi (Milesbo), 213 páginas. ¡Qué contraste! ¡Una reflexión en forma de ensayo, con base documental y organización racional frente a una concentración cuya base es la devoción y la fe religiosa ¡El mismo día y a la misma hora!

Y yo sin querer restar importancia a ninguna de las dos manifestaciones, porque cada una tiene su explicación y obedece a determinadas necesidades. Tal vez sea verdad aquello de que los extremos se tocan, pero no es menos cierto que su convivencia se antoja difícil. Mientras que Milesbo analiza un buen número de fuentes para concluir en la negación de la existencia de Jesucristo, los romeros de El Castañar (y los de tantos lugares hoy y siempre) hacen tabla rasa de sus quehaceres y angustias diarias para reunirse en torno de una imagen religiosa y un mundo mitad fiesta y mitad fe. Su verdad se construye con su fe y con sus creencias; y se reafirma con sus ritos y costumbres.

La razón y la fe que circulan por caminos distintos.

¿Hay que renunciar a alguna de ellas? ¿Hay que conjugarlas? ¿Hay que engañarse pero sabiendo que uno se está engañando? ¿Hay que echarle narices al asunto y cargar con la realidad de cada vida, dejando de lado las melifluas costumbres y modelos de la fe?

Yo he subido varias veces hasta El Castañar, en este día de fiesta. Hace ya algunos años que no asisto a esta celebración. Me quedaré leyendo y rumiando de nuevo las razones y los elementos racionales que aporta Milesbo. Después, actuaré vete a saber cómo. Hace un año (tal vez dos), escribí una crónica en forma de romance de la fiesta de El Castañar. Lo hice sin asistir a la misma, pero con el conocimiento de todos sus detalles. Con perdón, la clavé. Por ahí anda en libro.

Y así la vida siempre, mitad razón, mitad esparcimiento y un dejarse llevar por elementos que se escapan a nuestro dominio y a nuestra explicación. Porque los romeros mañana serán vecinos que se enfrentarán a las dificultades de cada día y deberían pensar en la mejor forma de solucionarlas y de echarle a la vida algún esquema racional que intente explicarla y conducirla por senderos que no nos queden lejos. Y yo seré romero cualquier día cuando las aglomeraciones se hayan asentado y el monte me reciba en su silencio y en su dorada luz de otoño en el paisaje.

viernes, 4 de septiembre de 2026

UN SILENCIO ATRONADOR

 

 

UN SILENCIO ATRONADOR

Hay una figura retórica que se utiliza con alguna frecuencia, aunque se haga sin consciencia de que se está usando, salvo, claro, en el ambiente poético. Se trata de lo que se conoce con el nombre de oxímoron y consiste en unir dos palabras de significado opuesto en una misma estructura sintáctica para crear un nuevo sentido o concepto. El título que encabeza estas líneas es un claro ejemplo. Con el uso del oxímoron se busca la sorpresa y la reafirmación de un concepto desde su lado contradictorio. Los escritores místicos del s. XVI nos regalaron muy buenos ejemplos.

Ayer mismo se produjo una intervención muy esperada del presidente del Gobierno en el Parlamento acerca de todo lo sucedido en Ceuta. Cada cual expuso su punto de vista y no pocos cargaron contra el Ejecutivo por su gestión. Los espectadores sabrán qué consecuencias tienen que extraer de todo ello.

Yo fijo mi atención en un aparente detalle, que, me parece, supera la anécdota para subir hasta el nivel de la categoría. Intervenía el presidente del Gobierno y, en un momento de su exposición, formuló esta pregunta, que a mí me parece más retórica que otra cosa: ¿Qué habrían hecho ustedes en esta situación, usar la fuerza física y dejar que miles de personas se ahogaran en el mar? No entrecomillo porque no sé si las palabras son totalmente literales, pero sí su contenido. En ese momento, se hizo el silencio. El orador se calló y durante unos segundos levantó la vista y miró hacia los escaños donde se sentaban los diputados que antes habían acusado de todo al presidente. Le faltó levantar también el dedo o la mano entera e ir señalando a buena parte del hemiciclo como si de un muy lento barrido cinematográfico se tratara. Cada segundo se hizo más largo e intenso. El silencio se hizo atronador. Creo que el orador debía haber alargado el silencio al menos durante un minuto, que se habría hecho eterno, acusador y terrible. ¿Qué habrían hecho ustedes en esta situación, usar la fuerza física y dejar que miles de personas se ahogaran en el mar? Supongo que ese silencio debió sobrecoger los corazones de no pocos diputados, si es que les queda algo de corazón por ahí perdido. Algo parecido imagino para miles o millones de espectadores que estuvieran contemplando la imagen. Por cada segundo que pasaba, el silencio atronaba más y más ¿Qué habrían hecho ustedes en esta situación, usar la fuerza física y dejar que miles de personas se ahogaran en el mar? El episodio concluyó con un aplauso fervoroso por parte de muchos congresistas. El oxímoron había cumplido su misión: desde el silencio había provocado un grito en algunas conciencias.

Creo que entre todos nosotros, también, claro, entre nuestros representantes públicos de todos los niveles, se debería practicar con más frecuencia el oxímoron del silencio. Nos acercaría más a la reflexión, a relativizar las cosas y a convencernos de que el ambiente de crispación en el que andamos instalados solo conduce a la degradación de la convivencia. El ejemplo propuesto se puede trasladar a todos los ambientes de la vida, a cada momento y a cada persona. Que cada cual se haga cargo de comprobarlo.

Nuestro mejor instrumento de comunicación es, con diferencia, la palabra. Pero ya se ve que a veces el silencio dice mucho más que la palabra, sobre todo si es mal utilizada.

Cerraré con algún oxímoron que nos regaló Juan de Yepes, san Juan de la Cruz: “La música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora...”.

Pues eso.

martes, 1 de septiembre de 2026

FRAGMENTOS

 

FRAGMENTOS

. Escúchate en el viento de la tarde y serás el murmullo de la vida que va y viene sin rumbo ni sentido. No permitas, no obstante, que se apague esa dulce melodía.

. A la ermita se va por los senderos donde nunca perturban los reclamos, en busca de la esencia que guarda la oración por uno mismo.

. La corteza en el árbol disfraza la pureza de la savia y disimula la perfección interna de los bosques.

. Cualquier observación me certifica que todo es quebradizo, débil, frágil; pero he de conquistar la lejanía o agotar mi esperanza en el intento.

. Observa cómo el musgo se encoge con vergüenza en el invierno y se empapa de luz en primavera.

. Vivir en la inocencia de lo simple, en el ritual de lo sencillo: si viene la añoranza, darle paso; si se va, despedirla con abrazos. Y seguir dibujando en el presente ese mapa de afectos variable que sostiene la vida y la ennoblece.

. ¿Qué decir como elogio del otoño? Es tiempo de sentir la austeridad, de dejarse aromar por la nostalgia y de entender que el árbol de la vida se desdibuja y sueña “otro milagro de la primavera”.

. El viento desmelena los árboles del parque mientras las hojas bailan el baile de la muerte. Es otoño. Paseamos al borde del silencio de la noche.

. El pájaro es feliz: todo lo canta y en el aire dibuja los mapas que confirman la forma que le ocupa de vivir y proclamar la luz del mundo.

. Reconoce el valor de la palabra; también ofrece alivio si se dice sin ánimo de enfado. Úsala para dar cobijo a la esperanza; si no, vuélvete al soliloquio del silencio.

. Una gota de agua se posa desvalida en una rama. El sol se ha estremecido al contemplarla, la ilumina y la deja mecerse al son de aire.

. Cada día permito que me habiten aquellos que fui y los que aún no he sido. Con ellos me retiro a conversar y compongo mi ser a cada instante,

. Como el árbol se apoya en sus raíces, yo he de buscar aquello que me trajo a navegar el tiempo y el espacio. A su sombra encontraré el cobijo y el descanso que alivien mi creciente desaliento.

. Paradoja: Regalar y ofrecerse a cada instante: la forma de ser más nosotros mismos.

. El discurrir del tiempo certifica la gran inconsistencia de las cosas.

. El gozo y el dolor, distintas formas de dibujar el tiempo y la memoria.