DIÁLOGO CON UN ESTOICO
Piensa el estoico y, en su voz, razona:
-Rechaza la obsesión por el futuro,
pues sentirás temor, desconfianza;
no pienses demasiado en el pasado,
pues súbdito serás de la nostalgia.
No goces en exceso de los éxitos,
ni entristezcas tu alma en los fracasos:
ambos son solo muestras naturales
de aquello que el destino ha predispuesto
para el bien discurrir de nuestro tiempo.
Apacigua el anhelo y los deseos
de las cosas que no te pertenecen
y aplica tus trabajos al dominio
de lo que sí depende de ti mismo:
si no, serás un ser desventurado.
Apela a la razón como maestra
que oriente tus acciones y tus días;
aspira a ser un ser imperturbable
ante la adversidad y la victoria.
Piensa el que escucha y, a su vez, responde:
-¿Y el lugar del placer y las pasiones?
¿Y la emoción, que agita las conciencias
e impulsa las acciones hacia el mundo
extraño y sorprendente del futuro?
¿Y sentirse felices de estar vivos?
Razón y corazón son complemento
de un ser que se debate entre las brumas
de una razón que quiere la verdad
y se pierde en su búsqueda
y el empuje espontáneo, incontrolado,
de una pasión que vive cuando rompe
las reglas que le marca la razón.
(Maestro estoico y aprendiz oyente
se miran y, sin pausa, se dirigen
al castillo interior donde meditan
sus luces y sus sombras en silencio).