ANDALUCES DE JAÉN
Bezpaña Perros:
Proviene de una deformación fonética antigua que unía los términos Bezpaña (una
variante de España) y perros (que en el lenguaje antiguo se utilizaba como
sinónimo de frontera o confín).
Eso es exactamente,
frontera entre unos territorios de la alta meseta y los valles que se inclinan
suavemente hasta el mar.
Por Despeñaperros
entramos y, con el aperitivo de las llanuras manchegas y los riscos de Sierra
Morena, nos dejamos sorprender por el mar inmenso de olivos, que tiene sus
ondulaciones y sus llanuras, pero que no ceja en su color verde, ese que marca
perennemente el olivar andaluz.
“Tres morillas me
enamoran en Jaén: / Axa, Fátima y Marién. / Tres moricas tan garridas / iban a
coger olivas, / y hallábanlas cogidas en Jaén: / Axa, Fátima y Marién”. Las
tres hijas de la leyenda moruna. Ya ellas veían correr sudores en la recogida
de la aceituna.
El mundo andalusí está
presente aquí en todos los rincones, pues este territorio fue campo de batalla
durante siglos, y desde aquí se atacó también la reconquista que terminó con el
reino nazarí en Granada.
Pero Jaén es suma de
siglos y de sudores, de calores y de convivencias; sus pequeños reinos dejaron
huella en sus pequeñas ciudades y poco hay que no sea contraste entre los
siglos de dominación árabe y la reconquista cristiana. Porque en Jaén se
asienta un arte renacentista como en pocos lugares de España. Jaén, Úbeda,
Baeza, Linares, Andújar, Arjona... En toda ella se consolidan las líneas del
arte traído de Italia. Parecería que se cumplía de nuevo el empeño de borrar
vestigios de los anteriores pobladores y de dejar constancia del poder nuevo y
de la nueva religión.
El ambiente anda
embrujado a la sombra de ceniza de los olivos y las tierras conservan los
esfuerzos milenarios de todos los seres humanos que han dado vida al paisaje y
a sus olivos.
“Andaluces de Jaén, / aceituneros
altivos, / decidme en el alma quién, / quién levantó los olivos. // No los
levantó la nada, / ni el dinero ni el señor, / sino la tierra callada, / el
trabajo y el sudor...”.
En los ya días grises
del primer otoño, la aceituna verdea y se enseña arracimada a quien la quiera
mirar: “Jaén, levántate brava / sobre tus piedras lunares, / no vayas a ser
esclava / con todos tus olivares”.
Y junto a los
olivares, como barcos de piedra, todos los edificios de solidez que apaciguan
los calores y edifican las sombras. Catedral, basílica, palacios nobiliarios,
restos de alcazabas... Hay un nombre que se repite en casi todos los lugares:
Andrés de Vandelvira, maestro cantero autodidacta, que dejó el territorio cuajado
de proyectos y de realidades en obras religiosas y civiles. Allí siguen para
ser contempladas por los viajeros.
Nuestro lugar de
parada es siempre Baeza, ciudad señorial que rezuma renacimiento por todas las
calles y paredes. Antonio Machado enseñó en las aulas del antiguo instituto,
hoy sede universitaria. Sentarse en la misma silla que él lo hizo supone para
un lector y admirador de sus creaciones y de sus pensamientos una emoción muy
especial: “¡Desde mi ventana, campos de Baeza / a la luna clara! / Montes de Cazorla,
Aznaitín y Mágina! De luna y de piedra / también los cachorros / de Sierra
Morena”.
Cazorla en la lejanía,
pero a la vista; y Cazorla en la imaginación, nacimiento del Guadalquivir,
metáfora de la vida del poeta: “¡Oh Guadalquivir!. / Te vi en Cazorla nacer; /
hoy, en Sanlúcar, morir. / Un borbollón de agua clara / debajo de un pino verde
/eras tú, / ¡qué bien sonabas! / Como yo, cerca del mar, / río de barro salobre,
/ ¿sueñas con tu manantial?”.
Jaén guarda recuerdos revolucionarios
e íntimos del poeta cabrero Miguel Hernández en todas sus tierras y especialmente
en Quesada, lugar de origen de Josefina Manresa. Allí es emotivo imaginar los
versos de las Nanas de la cebolla, con toda la intensidad emocional en sus
entrañas. Yo lo hice y me guardo lo que sentí.
Y los guarda también
de creadores actuales como Joaquín Sabina o Antonio Muñoz Molina. Ellos dan lustre
a estas tierras de ceniza y de olivares.
En los altos de La
Loma y en los más altos de Andújar se yerguen el castillo de Baños de la Encina
y el santuario de Santa María de la Cabeza, que da réplica menor en el oriente
andaluz al Rocío mayor en el occidente de las tierras del Guadalquivir.
A la vuelta, una
mirada última desde Despeñaperros a todos esos olivares y el pensamiento en las
gentes que viven y hacen el tiempo entre el sol y la aceituna, que sueñan con
una sana mezcla de cultura cristiana y andalusí y que ofrecen al viajero un regalo
de luminosidad, de costumbres conservadas, de religiosidades expresivas y de
miradas hacia el horizonte y al futuro.
“Ciudad de Baeza, /
soñaré contigo / cuando no te vea”.