ENTRE LA FE Y LA RAZÓN
Día de fiesta mayor en
esta ciudad estrecha y en tantas otras de la geografía española. No quiero
detenerme en su significado. Tan solo doy constancia de que quien más quien
menos debería sumarse a las celebraciones como un vecino más que comparte los
días y los meses con las otras personas de la comunidad. Pues, aun siendo
consciente de esta idea, lo cierto es que no me animo a compartir paseos ni
ritos ni concentraciones.
Ahora mismo (son las
diez de la mañana) ya habrá muchas personas en camino hacia el monte del
Castañar para participar en la fiesta religiosa y social de la procesión de la
Virgen del Castañar. Yo me quedaré en casa. Me agotan los calores, pero me
agotan más otras consideraciones en las que hoy me cuesta un poco más entrar
para reflexionar.
La casualidad, o casi,
me ha pillado en la relectura de una obra perturbadora: Jesucristo nunca ha
existido, de Emilio Bossi (Milesbo), 213 páginas. ¡Qué contraste! ¡Una reflexión en
forma de ensayo, con base documental y organización racional frente a una
concentración cuya base es la devoción y la fe religiosa ¡El mismo día y a la
misma hora!
Y yo sin querer restar
importancia a ninguna de las dos manifestaciones, porque cada una tiene su
explicación y obedece a determinadas necesidades. Tal vez sea verdad aquello de
que los extremos se tocan, pero no es menos cierto que su convivencia se antoja
difícil. Mientras que Milesbo analiza un buen número de fuentes para concluir
en la negación de la existencia de Jesucristo, los romeros del Castañar (y los
de tantos lugares hoy y siempre) hacen tabla rasa de sus quehaceres y angustias
diarias para reunirse en torno de una imagen religiosa y un mundo mitad fiesta
y mitad fe. Su verdad se construye con su fe y con sus creencias; y se reafirma
con sus ritos y costumbres.
La razón y la fe que
circulan por caminos distintos.
¿Hay que renunciar a
alguna de ellas? ¿Hay que conjugarlas? ¿Hay que engañarse pero sabiendo que uno
se está engañando? ¿Hay que echarle narices al asunto y cargar con la realidad
de cada vida, dejando de lado las melifluas costumbres y modelos de la fe?
Yo he subido varias
veces hasta El Castañar, en este día de fiesta. Hace ya algunos años que no
asisto a esta celebración. Me quedaré leyendo y rumiando de nuevo las razones y
los elementos racionales que aporta Milesbo. Después, actuaré vete a saber cómo.
Hace un año (tal vez dos), escribí una crónica en forma de romance de la fiesta
de El Castañar. Lo hice sin asistir a la misma, pero con el conocimiento de
todos sus detalles. Con perdón, la clavé. Por ahí anda en libro.
Y así la vida siempre,
mitad razón, mitad esparcimiento y un dejarse llevar por elementos que se
escapan a nuestro dominio y a nuestra explicación. Porque los romeros mañana
serán vecinos que se enfrentarán a las dificultades de cada día y deberían
pensar en la mejor forma de solucionarlas y de echarle a la vida algún esquema
racional que intente explicarla y conducirla por senderos que no nos queden
lejos. Y yo seré romero cualquier día cuando las aglomeraciones se hayan
asentado y el monte me reciba en su silencio y en su dorada luz de otoño en el
paisaje.