lunes, 9 de marzo de 2026

OCHO DE MARZO

 

OCHO DE MARZO

Ocho de marzo. Día de la mujer. Manifestaciones, eslóganes, declaraciones: nadie quiere quedarse al margen por si lo señalan. Muchísimas variables que considerar (no *a considerar, coño). Yo sigo sin entender alguna de ellas; hasta el punto de que me parece que se vuelven contra aquello que se quiere conseguir.

Pero una cosa es un aspecto parcial y otra el fondo general en el que se asienta el movimiento. Lo he escrito muchas veces: la historia de la mujer, en conjunto, es para echarse a llorar y hasta para salir a la calle con un grito ensordecedor. Tampoco la del hombre es para reír a carcajadas.

Pero que nadie crea que este mediterráneo se ha descubierto en estos últimos años; porque esa misma historia, tan deprimente en lo que a igualdad de género se refiere, está moteado de mujeres que también salieron a su manera a la calle y fueron pioneras de estas aspiraciones. Y, sobre todo, lo hicieron en unas condiciones absolutamente más dificultosas que las que existen ahora mismo en los países de occidente.

Un par de breves muestras contrapuestas. La primera dibuja el desprecio hacia el género masculino, incluso por aquellos teóricamente mejor preparados en su formación. Se trata de Séneca en sus Consolaciones a Marcia. La segunda suma unas cuantas frases de Lisístrata, aquella comedia de Aristófanes en la que las mujeres mostraban sin tapujos su iniciativa, su ingenio, su realidad y hasta su poder sexual, ante una guerra que, como todas, no es más que muestra de insensatez, de sinrazón, de fracaso y de imbecilidad

Son ejemplos deliberadamente tomados del mundo clásico, tan lejano en el tiempo, pero tan de actualidad ahora mismo. Podíamos haber hecho lo mismo con ejemplos de mujeres españolas que jalonan nuestra historia y que tuvieron pocos reparos en mostrar su opinión y en ejercer su poder.

Vamos con los ejemplos:

Séneca en sus Consolaciones:

«Si no te supiera, Marcia, tan alejada de la debilidad del carácter femenino como de sus demás defectos, y que tus costumbres se tienen como un ejemplo antiguo, no me atrevería a enfrentarme a tu dolor, en el que incluso los hombres de buen grado se estancan y languidecen, ni habría esperado, en una ocasión desaconsejable, ante un juez tan desfavorable, frente a una acusación tan desagradable, poder conseguir que absolvieras a tu suerte».

Las mujeres en Lisístrata, de Aristófanes:

«Si nos dejarais dirigir la ciudad como dirigimos el hogar, todo iría mejor: no malgastaríamos recursos y mantendríamos la paz».

«Si los hombres no pueden controlar su deseo, entonces nosotras podemos controlar la guerra.».

«Somos nosotras quienes llevamos la carga cuando los hombres dilapidan el dinero en guerras».

«Si los hombres no pueden dejar de pelear, nosotras sí podemos unirnos».

Mucho hecho. Mucho por hacer. Mucha mejora en la explicación. No exclusión, sino complicidad e inclusión. Más estudiar y descubrir las raíces y los principios, que son los más sólidos y duraderos, y los que explican y pueden ayudar más y mejor a mejorar cualquier situación diaria.

Y, siempre, igualdad entre las personas, tan solo y sobre todo, por el hecho de serlo.

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