martes, 25 de agosto de 2026

NADA EN EXCESO

 

            NADA EN EXCESO

Serán la edad, las horas de lectura, tantas páginas llenas de intentos de conceptos, la experiencia vital sencillamente. Qué sé yo qué será. Será quizás que incluso la verdad se redefine según la concepción del tiempo y del espacio.

El caso es que ni aun en verano se calman los excesos ni se apaciguan las apariencias. Incluso termina uno por pensar que es en esta época cuando los trenes de la mesura descarrilan con más frecuencia y con más facilidad. La rutina ha dado paso a la improvisación y al desvarío, y hay que hacer todo aquello que durante el resto del año se somete al tenaz poder de la costumbre. Por eso, cualquier hecho se convierte en estos meses en perro de presa para los medios, que no lo dejan hasta que no queden ni los restos de los huesos: Ahí, por ejemplo, los asuntos de Ceuta (muy graves) o los inmuebles de la simpar presidenta de la Comunidad de Madrid (no menos graves, por lo que dejan entrever).

En el templo de Delfos (mira que ya ha llovido), figuraba este adagio: (μηδὲν ἄγαν) (meden agan). Es una frase en griego antiguo que significa «nada en exceso» o «la moderación en todo», un pilar de la filosofía clásica sobre el equilibrio y la sensatez.

En la misma dirección, aquella idea del «justo medio» de Aristóteles. O el “ne quid nimis” del poeta latino Horacio.

O, en una traducción popular y aproximativa, "piénsatelo dos veces", "cuenta hasta tres"...

Pues Parece que todo se nos ha olvidado. Mira que nos lo recuerdan en griego, en latín y en nuestro idioma materno, en nuestro castellano. Pues como quien oye llover en pleno ciclón.

La aplicación de este adagio, aforismo o verdad como un templo es tan universal, que no sabe uno con qué arista quedarse para que sirva de ejemplo. Porque se nos va la vista a los usos políticos y a tanta apariencia e insulto como se prodiga por ahí, pero pienso en cualquier otra faceta de la vida, tanto colectiva como personal, y me encaja su aplicación.

En el fondo, el principio hace relación a la conexión que debe existir entre los impulsos y la lógica, entre la razón y el corazón, entre “piensa el sentimiento y siente el pensamiento” unamuniano, entre “el corazón tiene razones que la razón no entiende” de Blaise Pascal, entre... Y a esa especie de impulso vital, o élan vital de Henri Bergson, que empuja a seguir buscando, aun sabiendo que no se alcanzará nunca la verdad lógica y que la razón necesita el empuje del impulso y del sentimiento.

De manera que, incluso desde la posición más sincera y honrada, andamos inmersos en un constante balanceo entre la razón y el corazón, entre lo que pensamos y lo que deseamos, entre lo que nos entra por los ojos y aquello que merece que le demos una vuelta antes de aceptarlo o cumplirlo. Si nos situamos en el nivel de la oposición por la oposición, del deseo por el deseo, del instante como si no hubiera un mañana, de dejarse llevar por lo que pidan los sentidos y las apariencias sociales..., entonces estamos traicionando el espíritu y el contenido de esta verdad. Vamos, como si fuéramos un/a influencer de chichinabo.

Hace escasos días leía esta afirmación de la escritora Irene Vallejo: “Nos mueven porque nos conmueven”. No sabría decir qué tanto por ciento tiene de razón, creo que mucha. No es tiempo de mesura y de reflexión, sino de apariencia y de imagen fugaz, de eslóganes y de likes, de democracias numéricas y de impulsos dirigidos por fuerzas aparentemente ciegas, pero a la vez muy visibles. Con el pretexto de éticas que respeten libertades personales, nos convierten en carne de cañón, en una hoguera de escala de valores licuados y hasta gaseosos, sin ninguna consistencia y, lo que es peor, impuestos.

Y, cuando la publicidad sale a escena, ya no tiene término medio, pues necesita renovarse y superarse a sí misma de forma continua. La publicidad quiere decir aquí, claro, todo aquello que echamos a la plaza pública y a la apariencia.

A ver si el tiempo del otoño -por cierto, ha empezado a llover- nos recoge y nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos, en nuestra individualidad y en nuestra pertenencia a la comunidad, en nuestra conciencia particular y en nuestras obligaciones sociales, en ese difícil equilibrio entre la razón y el corazón.

Meden agan. Nada en demasía. Aunque, qué quieren que les diga, si quieren sobrepasarse, háganlo por la conciencia individual y siempre en el recelo de las imposiciones y apariencias en las que vive este gran teatro del mundo.

martes, 18 de agosto de 2026

EN LOS CAMPOS DE GRANADA

 

EN LOS CAMPOS DE GRANADA

 

Cuando cantaban los gallos

picando poros al alba,

mataron a Federico

en los campos de Granada.

 

Cuatro disparos de odio

y la sangre en la garganta.

Dos ángeles de la mano

por el cielo lo llevaban,

mientras los gitanos bailan

con ritmo de zarabanda.

 

Son los odios de Caín

que contra Abel se tornaban

y dejan posos de sangre

en los campos de Granada.

 

La sangre de Federico

a otras alboradas llama

y suena de nuevo alegre

en los campos de Granada.

viernes, 14 de agosto de 2026

Y, SIN EMBARGO...

 

Y, SIN EMBARGO...

El caso es que ayer mismo criticaba en esta ventana la existencia de esas superestructuras que nos marcan el camino, que nos señalan metas, que ordenan nuestras costumbres y que señalan hitos y campos en los que vamos desarrollando nuestra vida. Lo hacía con el pretexto de tanto ruido informativo y social como ha producido el ya pasado (y fue ayer mismo) eclipse solar.

Hoy, solo un día después, sigo pensando lo mismo; pero creo que hay alguna otra puerta que abrir y alguna ventana que no cerrar para que corra el aire y podamos contemplar el campo.

Lo primero es reconocer que esas losas o gotas malayas, que no te dan ni un momento de respiro, han existido siempre, desde las más elementales asociaciones humanas, incluso de cualquier organismo vivo: la convivencia exige cesión de poder y sumisión a elementos que acaso no aplaudimos personalmente. La historia en general está llena de ejemplos. Es verdad que pensamos sobre todo en la religión y en los poderes económicos y políticos como superestructuras que siguen ahí como martillos pilones y no tienen pinta de desfallecer en su influencia e imposiciones; pero los ejemplos de segundo o de tercer orden llenan nuestros días y todos los del pasado.

La segunda ventana apunta al hecho, defendido por no pocos pensadores -pienso ahora en Schopenhauer, por ejemplo-, de que “el ser humano más que racional es un ser deseante”, de que anda en angustia permanente intentando buscar sentidos a la vida, sentidos que acaso no tiene, o no los encuentra. En tal situación, el aire de la angustia se levanta y corre por todas las esquinas en forma de pesimismo. Acoto que este nivel de “ser deseante” tal vez lo debemos rebajar a ser instintivo o escasamente reflexivo: Schopenhauer se enfadaría menos conmigo; Nietzsche, en cambio, me animaría a elevarlo y a empujarlo más arriba, hasta la altura de la voluntad.

Soportar ese pesimismo con la cabeza alta y dispuestos a resistir el chaparrón del desencanto no es nada sencillo. Acecha el peligro de una vía de escape golosa y egoísta: la de dejarse llevar por la corriente y por la dirección en la que corra el aire que más sople. Traducir esto a la vida diaria es dejarse arrastrar por las costumbres que nos vengan marcadas, se siervos de la moda (de todo tipo, no solo de la moda corporal) y sentirse uno más en el rebaño.

A las superestructuras esto les viene como anillo al dedo, pues suman sus fuerzas y sus intereses a la desgana y a la predisposición de los que no quieren cargar con su propio camino y con sus decisiones personales. Se crea así un círculo vicioso que se retroalimenta y que duerme el sueño del engaño y de la comodidad.

Pero, ¿quién está dispuesto a romper ese círculo vicioso? ¿Quién tiene capacidad para romperlo, si vive en una comunidad y es, ante todo, un ser social? ¿Se aísla uno y se convierte en eremita hasta que se le agoten las hierbas del campo y se muera de inanición? ¿Se pone cada mañana la coraza del rechazo a las modas y a las indicaciones que le llegan, como cantos de sirena, del exterior?

No podemos exigir a los demás que sean héroes, ni los demás nos pueden imponer lo mismo a nosotros. De nuevo, lo menos malo (no lo mejor) se halla en un justo intermedio, que nos abemos bien cómo definirlo ni en lo justo ni en lo intermedio, tan solo en algo que intuimos y a lo que solo nos podemos aproximar.

¿Elimina esta breve reflexión la oposición de ayer mismo a las superestructuras? Creo que de ninguna manera. Tan solo advierto y me advierto de la imposibilidad de eliminarlas del todo, de la necesidad de recordarnos a cada momento que hay que ser críticos con ellas y de que una buena dosis de sentido común y de buena voluntad siempre vienen en nuestra ayuda. Para el eclipse de sol, ya pasado, y para todas las acciones de nuestra vida.

miércoles, 12 de agosto de 2026

ECLIPSADOS

 

ECLIPSADOS

En sentido literal y de Perogrullo, uno solo puede ser eclipsado por un eclipse. Hoy estamos todos eclipsados en esta piel de toro porque se produce un eclipse de sol. ¡Y es total!

El término “eclipse” procede del griego ékleipsis (ἔκλειψις), que significa «desaparición» o «abandono». A su vez, este término procede del verbo ekleipein (ἐκλείπειν), formado por el prefijo ex- (de fuera) y leipein (dejar o abandonar). Literalmente se interpretaba como «dejar de ser visible» o «fallar». Disculpas por el prurito filológico, pero siempre he defendido que hay que partir de la etimología para después tratar de comprender cuál ha sido el recorrido histórico de la palabra y cuántos y cuáles han sido los añadidos de todo tipo que se han pegado a su sentido originario para entender a todo lo que se refiere hoy: superado, ensombrecido, ocultado, empequeñecido...

O sea, que algo desaparece, se queda fuera de foco y se abandona. En este caso, el sol. Y nosotros, como pánfilos, todo el tiempo mirando al sol y dependiendo de él para ahora sentirnos también abandonados por un momento por su presencia. Y, a pesar de que tan solo es un momento, parece que el mundo se va a acabar y que no hay un mañana. ¿Será que tanto lo necesitamos?

El caso es que esto no es nada nuevo. Todas las culturas han predicho algún eclipse. Así mayas, caldeos...; o, entre los griegos, aquel Tales de Mileto, que aprovechó para forrarse con sus cálculos.

Llevamos no sé cuántas semanas con la tabarra del eclipse, hasta le punto de que este hecho nos ha dejado eclipsados ante todo lo demás. Y el mundo sigue moviéndose, continúan sucediendo cosas, el fenómeno durará apenas un minuto. Después volverá la repetición, el día y la noche, el gozo y la tristeza, el bien y el mal..., la pertinaz rutina y la costumbre.

Mientras tanto, esa superestructura que aplasta y eclipsa todo lo demás, y que exalta y engrandece lo que le da la gana, es decir, los medios de comunicación, nos tiene imbéciles y alelados en espera del santo advenimiento del eclipse: preparaciones múltiples, desplazamientos, derroches de combustibles, desgaste de la naturaleza, negocio a gogó... Y olvido y “eclipse” de casi todo lo demás.

Los asuntos de planetas y estrellas tenían en la antigüedad muchas más implicaciones que las que tienen ahora: la defensa de una teoría o de otra significaba un modelo de vida y una escala de valores específica. No pocos pensadores pagaron con su vida la defensa de la evidencia física ante las creencias religiosas. Hoy todo eso anda medio (solo medio) superado.

El fenómeno, por extraño, llama la atención en muy diversos grados e intensidades. Extraordinario e importantísimo para los investigadores del espacio; espectáculo tonto y comercial para la mayoría de los ciudadanos, que lo verán de muy diversas maneras; entre otras, desde el sillón del comedor de casa, pues la televisión lo repetirá numerosas veces.

Si sirviera al menos para echar a andar nuestro pensamiento acerca de lo que puede significar el universo y el eco debilísimo que de él somos cada uno de nosotros. Si nos diéramos cuenta en nuestra vida diaria de la importancia del sol y de cuánto seguimos dependiendo de él. Si nos diera por analizar en qué medida debemos ajustarnos a las leyes de la naturaleza y cuánto debemos respetarla y cuidarla. Si pensáramos...

Pues nada, que siga el espectáculo. Cada uno sabrá dónde pone sus ojos, su mente y su butaca. Y, si el eclipse nos deja eclipsados, que sea solo por ese minutito extraordinario; pero que nos devuelva pronto a  la luz y al sol de la razón.

jueves, 6 de agosto de 2026

DIÁLOGO CON UN ESTOICO

 

 

DIÁLOGO CON UN ESTOICO

 

Piensa el estoico y, en su voz, razona:

-Rechaza la obsesión por el futuro,

pues sentirás temor, desconfianza;

no pienses demasiado en el pasado,

pues súbdito serás de la nostalgia.

 

No goces en exceso de los éxitos,

ni entristezcas tu alma en los fracasos:

ambos son solo muestras naturales

de aquello que el destino ha predispuesto

para el bien discurrir de nuestro tiempo.

 

Apacigua el anhelo y los deseos

de las cosas que no te pertenecen

y aplica tus trabajos al dominio

de lo que sí depende de ti mismo:

si no, serás un ser desventurado.

 

Apela a la razón como maestra

que oriente tus acciones y tus días;

aspira a ser un ser imperturbable

ante la adversidad y la victoria.

 

Piensa el que escucha y, a su vez, responde:

-¿Y el lugar del placer y las pasiones?

¿Y la emoción, que agita las conciencias

e impulsa las acciones hacia el mundo

extraño y sorprendente del futuro?

¿Y sentirse felices de estar vivos?

 

Razón y corazón son complemento

de un ser que se debate entre las brumas

de una razón que quiere la verdad

y se pierde en su búsqueda

y el empuje espontáneo, incontrolado,

de una pasión que vive cuando rompe

las reglas que le marca la razón.

 

(Maestro estoico y aprendiz oyente

se miran y, sin pausa, se dirigen

al castillo interior donde meditan

sus luces y sus sombras en silencio).

jueves, 30 de julio de 2026

ES MIÉRCOLES TAL VEZ

 

ES MIÉRCOLES TAL VEZ

 

Es miércoles según el calendario,

veintinueve de julio, un nuevo día

que arrastra los calores de una ola

que no termina nunca de marcharse.

El cielo luce gris y ceniciento,

pues guarda la memoria de un incendio

producido muy lejos de estas sierras.

Una ligera brisa me da alivio

y aleja de mis manos la pereza.

Salgo a comprar el pan y por las calles

reconozco otra vez las mismas gentes,

las sombras que se esconden y algún gato

que sigue solitario y cabizbajo:

es lo mismo que hacen las personas

contado en un distinto abecedario.

 

Vuelvo a casa, contemplo el calendario

y atraso una semana; a mi memoria

acuden los recuerdos que marcaron

un miércoles en todo semejante

a este que he de vivir, pues siempre es miércoles

y la vida es costumbre, juego, engaño.

 

jueves, 23 de julio de 2026

POETAS Y FILÓSOFOS

 

 

POETAS Y FILÓSOFOS

Dejar la puerta abierta a varios tipos de lectura tiene sus ventajas y sus inconvenientes (o, como decía un antiguo alcalde de la ciudad estrecha, sus pros y sus “encontras”): se te cuelan libros intrascendentes al lado de otros que se repiten por la huella que han dejado. Uno de los que componen este último apartado es Juan de Mairena, ese compendio de filosofía popular del filósofo heterónimo de don Antonio Machado, profesor de casi todo y agitador de conciencias entre sus alumnos y lectores. A él vuelvo con frecuencia y de él extraigo ideas que me sirven para rumiar y para darle forma a mi manera de ver la vida.

Cuando he leído un libro varias veces, lo que suelo hacer es revisar con calma aquello que he dejado subrayado o apuntado al margen. Es lo que más me ha interesado en otras lecturas y es también lo que me resume el contenido.

Juan de Mairena me ha gastado varias veces el afilado del lápiz con el que subrayo o apunto. Por eso, apenas tengo que volver y tomar una idea para darle vueltas en la noria de la razón.

Ahí va un ejemplo: «Después de la verdad -decía mi maestro- nada hay tan bello como la ficción.

Los grandes poetas son metafísicos fracasados.

Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas.

El escepticismo de los poetas puede servir de estímulo a los filósofos. Los poetas, en cambio, pueden aprender de los filósofos el arte de las grandes metáforas, de esas imágenes útiles por su valor didáctico e inmortales por su valor poético. Ejemplos: el río de Heráclito, la esfera de Parménides, la lira de Pitágoras, la caverna de Platón, la paloma de Kant, etc.

También de los filósofos pueden aprender los poetas a conocer los callejones sin salida del pensamiento, para salir -por los tejados- de esos mismos callejones; a ver, con relativa claridad, la natural aporética de nuestra razón, su profunda irracionalidad, y a ser tolerantes y respetuosos con quienes la usan del revés...».

Filosofía y poesía; poesía y filosofía. ¿No son, en el fondo, la misma cosa? ¿En cuánto se aproximan? Si esto fuera verdad, ¿en qué lugar se sitúa una buena parte de la creación poética que circula por el mundo? ¿Qué fondo tiene la poesía que yo mismo creo? ¿Por qué cada día reduzco más el círculo de mis lecturas a la poesía y a la filosofía? Esa verdad a la que tanto filósofos como poetas aspiran ¿en qué medida es subjetiva u objetiva? ¿Es más en los poetas que en los filósofos?

Y en este plan.

No puedo olvidar que Juan de Mairena es un filósofo metafísico y poeta, porque don Antonio Machado fue tanto un poeta como un filósofo popular y metafísico a la vez.

Tal vez todos deberíamos ser algo así como una mezcla de ambas cosas, buscadores de una verdad que no se nos dará nunca por completo, pero que nos empujará continuamente a buscarla.

jueves, 16 de julio de 2026

¿DE DONDE NACE O DE DONDE PACE?

 

 ¿DE DONDE NACE O DE DONDE PACE?

«La oveja no de donde nace, sino de donde pace» es un refrán español muy popular que viene a indicarnos que el lugar donde uno se cría, las experiencias que vive y las personas con las que se comparte la vida (donde "pace") moldean la personalidad mucho más que el lugar exacto en el que se nace.

El refrán viene a cuento por unas palabras escritas por M. Rajoy, expresidente del Gobierno, en un periódico deportivo afirmando que la selección de fútbol francesa es muy buena, pero que no tiene jugadores nacidos en Francia. Tal asunto, además de ser una flagrante mentira, presupone unos sentimientos escondidos no se sabe dónde que reducen el concepto de ciudadano a unos niveles casi solo instintivos y de tinte digamos oscuro..

Este hecho, que podría quedarse en el nivel de simple anécdota, me sirve para considerar el asunto del espacio territorial y temporal en la vida de una persona.

Si la niñez es el territorio ideal de una vida, el lugar en el que se desarrollan los primeros años de la misma, esos en los que todo es nuevo y luminoso y todo sirve para gozar e ir descubriendo el sentido de la propia vida, renunciar a ella es un pecado gravísimo. Adornar los recuerdos e iluminar los hechos, por pequeños e insignificantes que, desde la perspectiva del tiempo, puedan parecer, es sencillamente de bien nacidos. Mi pueblo es el más bonito de la provincia, pues no faltaba más; mi mirada hacia él, hacia su paisaje y hacia su paisanaje, es siempre benevolente y positiva, y mi defensa del mismo es casi radical.

Pero el mundo lleva a la persona por unos lugares y por unas circunstancias que en ninguna manera estaban previstas, y el azar hace de las suyas a su antojo. Y en ese paso del tiempo se va fraguando la personalidad y el roce con la vida. El ser humano tiene que ir haciendo frente a todo lo que la vida le propone. Unas veces lo hace en el mismo territorio y otras en lugares bien distintos. La globalización y todas las circunstancias que propone el mundo actual hacen que muchas personas dividan su tiempo en un aquí y allí alternativo y sin fijeza real.

¿De dónde hay que ser, por tanto? La respuesta ya nos la dieron los clásicos y es más vieja que la pana. El concepto de "ciudadano del mundo" (o cosmopolita) fue acuñado por el filósofo griego Diógenes de Sinope en el siglo IV a. C. Según relata el historiador Diógenes Laercio, cuando le preguntaron de dónde venía, él respondió que era kosmopolítes, que significa "ciudadano del mundo".

Es verdad que en el fútbol sigue existiendo cierto regustillo por lo próximo y se defiende un mal entendido orgullo de comunidad que domina a otra distinta. Los medios de comunicación, y los deportivos en particular, se ocupan de exagerar terminología hasta convertir todo en una batalla casi a muerte. Les va el negocio en ello y la masa se deja llevar con extrema facilidad.

Pero sería bueno rebajar el tono y alzar la mirada más allá de nuestras narices. España se halla a un paso de ganar el mundial de fútbol. Ojalá que lo gane. ¿Será por ello nuestra comunidad mejor o peor que todas las demás del mundo mundial? ¡Qué va! Vamos a sentirnos sanamente orgullosos, pero con mesura, pues, para que uno gane, otro tiene que perder. Otro día consideraremos la importancia de la suma de esfuerzos y los objetivos comunes como fórmula menos mala para alcanzar éxitos en todas las facetas de la vida. Y de lo que facilita todo el ser “buena gente” y nada estrellitas ni superhéroes.

Y el mundo seguirá girando sin sentido, nosotros volveremos a la sana rutina de la convivencia, y a tirarnos los trastos a la cabeza unos a otros, o tal vez a darnos un abrazo que mejore esa convivencia. Y seguiremos recordando en positivo el lugar donde nacimos. Y seguiremos siendo ciudadanos de un mundo que tanto nos ofrece y que tanto podemos mejorar con nuestro comportamiento.

Como escribí hace tiempo en un breve: «Valerano en Valero; / en Béjar, bejarano; / y siempre ciudadano / del mundo entero».

lunes, 13 de julio de 2026

CADA DÍA ES UN DON

 

CADA DÍA ES UN DON

 

Cada día es un don que nos regala

el deambular sin fin del universo.

Lo primero, la luz, que da sentido

a la penumbra ciega de la noche;

con ella se despiertan los sentidos

y se vuelven certeza nuestros sueños.

Después ya no hay descanso,

todo se precipita y se hace ofrenda.

El aire es ahora brisa; el agua, fuente

donde aplacar la sed de las fatigas;

las sombras, refrescante refrigerio;

las palabras de aliento de los otros

que acompañan también nuestro camino

escriben, en trabajo solidario,

el cuaderno de la fraternidad;

una mesa de pan bien abastada,

-como dijo el poeta-

que congrega la risa y la nostalgia;

las manos que despiertan el recuerdo

de lo que fue y aspira a seguir siendo...;

tantas pequeñas cosas

que salen cada día a nuestro encuentro

y, humildes, nos recuerdan

que a su lado seguimos existiendo

sin más necesidades ni carencias.

¿Para qué otras riquezas si con estas

nadamos en el mar de la abundancia?

 

Pues la vida es un don, es un regalo,

y tenemos la suerte de vivirla

compartiendo lo grande y lo pequeño

en los hermosos gestos de la fraternidad.

lunes, 6 de julio de 2026

PLATÓN DESCRIBE LA NATURALEZA DEL AMOR

 

PLATÓN DESCRIBE LA NATURALEZA DEL AMOR

Es amor el deseo a toda costa

de aquellas cosas buenas que conducen

al estado de la felicidad.

Es también poseerlas para uno

y tenerlas sin merma para siempre.

El tercer componente que define

la esencia del amor es el que sigue:

aspirar a ese siempre con la fórmula

de la procreación de la belleza

en la forma carnal y en la que expresa

toda forma creativa que proclama

la esencia misma de la inmortalidad.

Amor es, por lo mismo, todo aquello

que aspira a no morir.

 

No es la fama, tampoco los honores,

aquello que perdura, sino el arte

que mana de los que aman la belleza:

así los inventores y poetas

fecundos en el alma y en el conocimiento.

 

Los cuerpos todos gozan la belleza

y hacerlos semejantes es oficio

de emparentar lo sabio con lo bello,

de ascender enlazando cosas bellas,

de uno solo hasta dos y hasta el conjunto

que acumula la suma de los cuerpos

y las hermosas reglas de conducta

que ha aportado el feliz conocimiento.

Y dejar que este lleve a la belleza,

que ahora ya es absoluta y se regala

a la contemplación como disfrute

del mayor y mejor entendimiento.

lunes, 29 de junio de 2026

NI CONTIGO NI SIN TI

 

 

NI CONTIGO NI SIN TI

Cada ser humano va forjando su camino en la vida y, con él, la escala de valores que conforman una manera de pensar. Algunos sesudos pensadores defienden que todas las verdades terminan siendo reales a pesar de la diferencia de elementos que incorporen y que defiendan. Así, la verdad de un creyente en un dios único es verdad para el que lo cree, su verdad, porque se ha ido construyendo con los elementos que el individuo ha ido acumulando y que le encajan para su bienestar y para su interpretación del mundo. A mí no me parece un asunto sin importancia, si al menos este camino particular estuviera basado no en la costumbre pastueña y la repetición de actos por el hecho de que se vienen haciendo así. Si no le exigimos actos de reflexión y de razonamiento, estamos perdidos y nos confundiremos en una infinita variedad de verdades personales, todas con el mismo valor, pero con mayor poder de imposición por parte de aquellos que tienen más poder en el desarrollo de la vida diaria.

Y tal vez exista un peligro mayor en esta multitud de verdades: el de que las convirtamos en absolutas y desde ellas neguemos el valor de las demás.

Tengo la impresión (la realidad diaria me lo enseña) de que esta segunda situación es la que se está produciendo en España. Cada cual tiende a cuadrar su pensamiento (o algo que se le parezca) en algo que se iguala con la verdad. La verdad es su verdad. El siguiente paso es hacer esa verdad absoluta y única e intentar eliminar de raíz cualquiera otra que haya salido a pasear. La consecuencia social es eso que llamamos polarización o negación de forma absoluta de los que opinan de otra manera y la apertura de toriles para que salga a la plaza cualquier cinqueño con total libertad para dar cornadas a diestro y siniestro, sin atender a razones ni justificar en absoluto cualquier herida que pueda producir. Con esa libertad absoluta en la mano, las verdades y la ética recorren el camino inverso y en forma descendente: se pierden los referentes y cualquier decoro mental y formal. En ese momento y en ese nivel, los bulos y los insultos no tienen que pedir permiso pues se hacen moneda de cambio y se cuelan por todas las esquinas. Las consecuencias inmediatas son las del desencanto y el refugio en el bando que mejor acoja a cada cual, o al menos en el que menos se sienta extraño, con el peligro de diluir parte de su verdad en la verdad del grupo y anular parte de su propia visión de la vida. Si los tiempos se vuelven difíciles y la situación se pone de espaldas, el peligro de esa disolución es mayor y el peligro aumenta.

La vida es un vaivén y una suma de contrarios que, bien tomados, nos dan un balance de cierta seguridad y a la vez de cierta desconfianza en lo que pensamos y en lo que hacemos. En saber cocinar ambos ingredientes nos va mucho para una mejor convivencia. Por lo demás, la condición humana nos exige relación y sociabilización, escucha y atención, templanza en las exigencias y buenas formas en las manifestaciones. Si no hay un buen grado de tales cosas, tal vez tengamos que recordar con desánimo las palabras que se atribuyen a Tomás de Aquino, aquel aristotélico que parecía tener solución para todo: «Para quienes creen, ninguna explicación es necesaria; para quienes no creen, ninguna explicación es posible».

Él seguía dándole vueltas a la existencia de Dios y a la demostración de la misma. Yo me conformo con imaginarlo para la convivencia diaria y el grado de exclusión al que hemos llegado en esta comunidad en casi todos sus niveles.

martes, 23 de junio de 2026

ME SALE A DEVOLVER

 

ME SALE A DEVOLVER

Se cumplen los últimos días para cumplimentar eso que llamamos declaración de la renta. Supongo que solo aquellos a quienes les salen las declaraciones positivas y con obligación de tributar lo han dejado para el último momento; los demás ya hemos pasado este trámite, tan sencillo como decir amén a todo, pues una nómina no da para más apaños.

En estas mismas fechas se ha hecho pública una sentencia que condena a unas personas a numerosos años de cárcel por una serie de delitos y a otra la señala con muchísimos menos, sin obligación de ir a la cárcel y sin la pena de devolver el dinero que había rapiñado (casi cuatro millones de euros); según el auto, "por haber colaborado con la justicia”. Y olé.

No tengo suficientes conocimientos técnicos para criticar la sentencia y tengo que creer que los jueces han sentenciado conforme a derecho y tal como indican las leyes; pues no son otra cosa que técnicos cualificados, obreritos, que deberían fichar a las ocho de la mañana, cumplir con una curva de trabajo y rendimiento y marcharse para casa como otro funcionario cualquiera. Nunca fichar después de las ocho ni antes de las tres. Las siete horas de rigor. O las ocho. Como un tejedor o un empleado de comercio. O, si me apuran, como un trabajador de la enseñanza. Se me entiende, ¿verdad?

Nunca he sido ni soy partidario de que nadie tenga que ingresar en la cárcel: el fin de un juicio es la reparación del delito y la recuperación personal y social del reo. Así me lo dicta mi conciencia y así lo he leído y he visto razonado en algunos de los principales filósofos del derecho de todos los lugares y tiempos: “si lo dijera yo, se me podría tachar...”. Para ello, claro, necesitamos que el reo se muestre de verdad arrepentido y dispuesto a cambiar su forma de actuar.

Pero hay algo que resulta totalmente necesario para el entendimiento y la convivencia; se trata de la analogía, que consiste en actuar de la misma manera en situaciones semejantes. Lo contrario nos sumerge en la confusión y en el caos.

Los que aspiramos al sentido común, aunque seamos legos (digo, es un decir) en la materia, necesitamos todas las explicaciones posibles de lo que significa “colaboración con la justicia” y en qué ha consistido en este caso concreto; de lo contrario, las dudas nos asaltan y nos arrojan en el mundo de la desconfianza. Necesitamos también explicaciones acerca de los grados en que se rebajan las penas cuando “se colabora con la justicia”. Porque entendemos la rebaja, pero de ahí a que se vaya uno de rositas y, además, las cuentas le salgan a devolver...

A algunos, por defraudar medio millón de euros les han caído decenios de años de cárcel. Al que había defraudado casi cuatro millones no se le castiga con cárcel por haber “colaborado con la justicia”. No parece que sea mal negocio este de” colaborar”: te sale a cuenta, a devolver, a seguir la vida de despendole y de famoseo. Ya estoy viendo la porra de años que les van a caer encima a otros encausados que han confesado haber defraudado cantidades más altas. A no ser que “colaboren con la justicia” y entonces tal vez tengamos que terminar aplaudiéndoles sus colaboraciones y erigiendo una estatua en plaza pública en su honor. El buen lector sabe hacia dónde apunto.

No tengo capacidad para interpretar los códigos (digo, es un decir), pero confieso que me quedo perplejo, sorprendido, confuso y extrañado.

Y eso que a mí la declaración me ha salido a devolver y hasta me han pagado no sé qué atrasos de otros años. Imagino a más de uno intentando “colaborar con la justicia” estos días, levantando algún trapo sucio, tratando de que la declaración le salga a devolver. Apúrense, que se acaba el plazo.

jueves, 18 de junio de 2026

UNA DOCENA DE AFORISMOS

 

 

UNA DOCENA DE AFORISMOS (PARA EL RINCÓN DE PENSAR)

. No sé si soy más un elector o un elegido: más bien no soy yo quien elige las cosas, sino las cosas las que me van eligiendo a mí.

. Deseo mantener el estado físico en el cual todavía es posible fingir (edad, salud...).

. Amor: Extraño compuesto de naturaleza (física y química) más imaginación.

. Con frecuencia siento envidia de los animales: ni conocen la existencia de males futuros, ni saben lo que se dice de ellos.

. Vejez y muerte: No abandonamos el mundo, es el mundo el que comienza a abandonarnos.

. Militar y militante: ojalá solo fueran palabras parónimas.

. La duda te sitúa en un estado de inseguridad mental; la certeza te ancla en otro en el que el ridículo llama a la puerta.

. Una frase lapidaria de un exiliado: “No tendría donde ir (volver): se me han muerto todos, hasta mis enemigos”.

. El patriotismo, en todas sus modalidades, no es más que un egoísmo colectivo.

. No tengas más enemigos que aquellos que son enemigos del sentido común.

. Cualquier ética valiosa ha de tener siempre un ingrediente de estética.

. El valor supremo de cualquier ética ha de ser siempre el de la virtud. Los premios o castigos que de ella se deriven no hacen más que degradar la libertad y la dignidad humanas.

viernes, 12 de junio de 2026

Y EL VERBO SE HIZO CARNE

 

Y EL VERBO SE HIZO CARNE

Quizá sea despojar esta cita bíblica de todo su valor misterioso y de toda su aura de atracción. Pero ya pido perdón por adelantado si alguien se siente concernido y molesto por ello. Entiendo que de la cita se desprende la idea de que se pasó de la teoría a la práctica, de aquello que se puede concebir en la mente de manera ideal a una figura de carne y hueso, con dimensiones medibles y sujeta a la apreciación de las cosas reales: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Aquella esperanza que existía solo en la mente pasó a ser real y a compartir las coordenadas de los demás mortales, a regirse por las normas de los demás miembros de la comunidad. En ese descenso a la realidad de cada día, la idea viene a perder algunas de sus cualidades inmaculadas y perfectas y se abren en sus entretelas surcos de debilidad y de imperfección, de contradicción y de limitaciones. Si se quiere usar otra formulación, hemos pasado de las musas al teatro.

Vaya usted a saber por qué se me ha ocurrido este símil bíblico, pero creo que no está mal traído y me puede servir para mi propósito.

La política, la peor, aquella que se ocupa de los casos personales y olvida las ideas y las necesidades perentorias de la mayoría, anda engolfada en toda una serie de casos judiciales que atañen en buena parte al Gobierno, a la cúpula del PSOE y a sus aledaños. Los conductores de toda la representación son los medios de comunicación, que comen del morbo y lo atizan como si no hubiera un mañana. Y no está mal que se aireen estos casos, que se juzguen y que se castiguen como dicten las leyes. Lo que se critica aquí es la desproporción entre los hechos supuestos y las calificaciones y aprovechamientos que de ellos se hacen.

Pero andábamos en aquello de que “el verbo se hizo carne”, ahora ya con minúsculas.

Resulta que hay un “verbo” que supuestamente se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros, una persona que se mantenía en el imaginario del ideal, del ejemplo, de la ética bien cumplida y del espejo en el que poder mirarse. Se trata de José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente de Gobierno y ahora encausado por delitos que las leyes castigan penalmente. Las investigaciones se hallan en los primeros pasos, la presunción de inocencia debe prevalecer siempre, sus explicaciones ante tales acusaciones están por llegar, el juicio llamado de telediario ya está visto para sentencia en demasiados comunicadores y tertulianos, algunos jueces dan pasos difícilmente comprensibles para los no iniciados, los indicios no pintan demasiado bien... Y en este plan.

Resulta que aquel Verbo, o verbo, bajó a habitar entre nosotros, se hizo carne (en muchos casos de cañón) y se dejó ver las costuras, no del todo bien cosidas.

Si por desgracia los indicios se convirtieran en certezas legales, vendríamos a comprobar una vez más que la condición humana es débil, tiene caídas y hay que estar siempre dispuestos a levantarnos y a volver al camino de la buena ética y del buen ejemplo.

A mí también me resulta muy difícil imaginar conductas negativas en Zapatero y quiero seguir creyendo que todo se va a solucionar favorablemente; pero, como nadie puede tirar alegremente la primera piedra, habrá que esperar el desarrollo de la causa. Y, si los resultados fueran negativos, tal vez podríamos pedir el reconocimiento público del yerro y volver a las citas bíblicas: Ante los acusadores, Jesús dice a la mujer adúltera: "Yo tampoco te condeno. Vete y no peques más”.

Y de nuevo vuelta a las ideas, a los principios que sustentan las ideologías, a las políticas que de ellas se deben derivar y a las actuaciones de cada día. Con independencia de las personas individuales que las representen en un momento concreto y con el optimismo de los que entienden las debilidades humanas puntuales y exigen a la vez enderezar la senda y seguir en el buen camino.

lunes, 8 de junio de 2026

DE BOTELLONES Y PERREOS

 

 

DE BOTELLONES Y PERREOS

Ya lo dijo el poeta: “Madrid (es) rompeolas de todas las Españas”. Y es que Madrid es muy grande y diversa: resulta ser el altavoz más potente de lo que sucede en este viejo país. En los últimos días y semanas se vienen sucediendo acontecimientos tan multitudinarios como la visita del Papa León XIV, o los conciertos de un tal Benito, conocido en el negocio cono Bud Bunny. Poco antes los evangelistas han congregado en un estadio a varios miles de personas para escuchar anuncios y experiencias extrañas también de tipo religioso. Y así cada día y cada semana.

Sigo con atención el recorrido y los discursos del Papa y la forma y contexto en los que se producen. Estamos en medio de la visita y esto sigue. Comparto todas esas afirmaciones generales que invitan al bien común, a no tener miedo y a defender la igualdad de todos los seres humanos por el hecho de serlo ¡Cómo iba a predicar algo distinto! Del tal Benito reconozco que no sé casi nada; si acaso he leído algunas de las letras de sus perreos cuya reproducción me avergonzaría por mucho tiempo; también leo descripciones de una llamada “casita” a la que aseguran que acceden señoritas de buen ver y no sé si de buenas o de malas intenciones: ellas sabrán; yo solo imagino y desconfío. Algo similar debo reconocer de los fieles evangelistas, en lo que al escaso conocimiento que de ellos poseo.

Me parece que, a pesar de todas las variantes que se le quieran echar al asunto, todos estos acontecimientos tienen en común un seguimiento por parte de un grupo numeroso de personas absolutamente dóciles y pastueñas, que acuden a dejar su voluntad y su pensamiento a los pies de un líder que los ilumina y los sitúa en un estado de aceptación sin condiciones de todo lo que se les diga.

En alguna ocasión he calificado estas concentraciones de “botellones místicos”. Lo he hecho con los asuntos religiosos y aún lo subrayaría más con los asuntos musicales de Benito y similares.

Pero es que, si alzo la mirada (tal es el lema de la visita del Papa), me sucede tres de los mismo. Véase lo que pasa con distintas ¿estrellas? de la canción, o con deportistas no menos ¿galaxias o galácticos? Y en este plan en casi todos los órdenes de la vida.

Con todas las acotaciones que se quieran hacer, y que yo también hago, me quedo con los rezos religiosos y mando al cesto de los papeles a los perreos de Benito y a él con ellos. Al menos los rezos nos invitan al recogimiento y nos proponen una ética y un comportamiento que invoca el bien común y no el instinto y la explosión de lo inmediato e individual.

Luego ya vienen los peros y el paso de las musas al teatro.

Los que tangan menos claro el camino y no sepan si ir al rezo o al perreo debe tener cuidado porque los acechan por todas las esquinas. Lo menos malo, como siempre, es ir a uno mismo; y dejarse ayudar, pero en igualdad de fuerzas y dándole cabida a la razón.

“El mundo como voluntad y representación” que afirmaba Schopenhauer. Poquito de voluntad y mucho de representación. Y de la más rancia y simplona.

Añado a mi consideración la que hacía un lector en un periódico hace tan solo unos días. No puedo dar su nombre porque no se identificaba, pero lo firmo del todo: Eso sí, gritando que todo ello al cuadrado debe ser aplicado a Benito, a todos los líderes de pacotilla y a las legiones de pastueños entregados a la liturgia de una celebración en la que el impulso puede mucho más que la razón:

«Unos están a Rolex y otros a setas. Cuando el papa baja del avión y es recibido en la escalinata, un grupo de amigos come una buena ración de churros y los moja en el chocolate salido de una formulación química de una pequeña productora local. Los chicos, nerviosos, esperan a las puertas del Palacio Real a que llegue la comitiva. Han llegado desde cualquier colegio de los Salesianos o de las Carmelitas de cualquier lugar de España, con la mochila cargada de bocadillos y sin saber muy bien qué significa la visita del Papa, pero ellos están a pasarlo bien. Una mujer abre las ventanas de su casa de Getafe para airearla mientras se prepara para hacer la limpieza semanal. Su marido agarra el carrito de la compra camino del Mercadona más cercano en busca de pescado congelado, patatas, hamburguesas y yogures de marca blanca. Sus hijos acaban de salir para jugar el partido de balonmano en el polideportivo del barrio. La vida sigue en cualquier rincón de nuestra existencia y la visita del Papa la celebran sobre todo políticos, periodistas y la curia española, a la que le van a pasar el dedo por el mueble para comprobar la espesa capa de polvo que nadie se atreve a limpiar.

Y cada cual va a su liturgia, porque es la liturgia diaria la que sostiene este mundo desconcertante.

miércoles, 3 de junio de 2026

FRANCISCO DE VITORIA ARTICULA EL DERECHO INTERNACIONAL Y PONE RESTRICCIONES A LA GUERRA

 Se cumple el quinto centenario de la llamada "Escuela de Salamanca", que puso las bases de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional. Predicó con fuerza contra las guerras, de tan desgraciada actualidad en nuestros días y con tan poco seguimiento de sus principios.

FRANCISCO DE VITORIA ARTICULA EL DERECHO INTERNACIONAL Y PONE RESTRICCIONES A LA GUERRA

Homenaje a la “Escuela de Salamanca” en su quinto centenario

 

Coherencia y bien común sientan las bases

para una ética justa y compartida.

Las partes que componen un conjunto

no son abandonados elementos

que han de ser a su vez considerados

con cualidades propias y distintas:

Cada ser es coherente y representa

una forma de ser del bien común,

de ese todo que forman todos juntos:

el ser salva al conjunto, porque ya es el conjunto

y el conjunto refleja las bondades

que viven en el ser como individuo.

Son los seres iguales en derechos

en todas latitudes y contextos.

Debemos legislar desde esta base:

La dignidad como algo universal

y derecho de todo ser humano.

 

Aplica estos conceptos a la guerra,

que tantos infortunios ocasiona.

Si existe -o existiera- guerra justa,

habría de cumplir estrictamente

algunas condiciones para ello:

la intencionalidad o fines de la misma:

si no se halla un fin justo, no se inicie;

proporcionalidad entre las partes

y nunca aplastamiento del que tiene

las fuerzas más potentes de su parte;

no atacar a personas inocentes

(si acaso no son todas casi siempre):

niños, ancianos, gentes indefensas;

buscar un juez neutral cuando no exista

acuerdo racional entre las partes;

practicar cívica desobediencia,

negando la asistencia voluntaria

a una guerra injusta y arbitraria;

trabajar sin descanso en todo tiempo

en busca de la paz y contra el hecho

de cualquier lucha, guerras o contienda.

 

Vendrán siglos futuros, causas nuevas,

guerras que olvidarán estos preceptos

y actuará el ser humano como necio

animal de costumbres rechazables

que no logra entender que todo es malo

sin amor y justicia entre los hombres.

 

Aquí, desde la docta Salamanca,

para América, Europa, para el mundo

y para la conciencia, que despierte

la acción de cada ser y del conjunto

de todo lo que puebla el universo.