miércoles, 27 de mayo de 2026

VOLTAIRE SE APOSENTA EN LA DUDA

 

VOLTAIRE SE APOSENTA EN LA DUDA

 

Es absurdo vivir en la certeza,

pues nada es absoluto y en la historia

cualquier dato o teoría, que alumbraba

verdades que se hacían definitivas,

han sido revisadas y cambiadas

por otras a su vez también parciales.

Los seres no venimos a este mundo

con ideas o conceptos ya formados,

todo se ha de adquirir en el camino

que andamos peregrinos en la vida;

en él nos va moldeando la experiencia

y en él se van formando las verdades,

que no son más que dudas que se agitan

en busca de otras menos pasajeras.

 

No es la duda un estado placentero,

pero es la condición del ser humano:

la certeza es absurda y solo incita

a servir como esclavos a otros seres

de extraña condición, y a vivir lejos

de toda aspiración de estirpe humana.

Desconfía, por lo tanto, de todo hecho;

desafía al poder, la autoridad

civil o religiosa;

anula la censura y favorece

el valor de la ciencia, el desarrollo

de aquello que conduzca cada día

al mundo en el que habita la razón.

 

La duda es el progreso, es la constancia

del poder y el valor del ser humano,

en sus límites siempre y en sus ansias

de crecer en la duda, y, en la duda,

levantarse y caer:

ser simplemente humano.

miércoles, 20 de mayo de 2026

¡PIOVE, PORCO GOVERNO!

 

 

¡PIOVE, PORCO GOVERNO!

La famosa sospecha que echa en las espaldas de cualquier Gobierno todos los males se ha utilizado casi siempre, pero no sé si con tanta frecuencia e intensidad como en estos momentos. Llevamos ya varios años en los que todo parece que mana desde la fuente que debe de poseer el presidente del Gobierno escondida en alguna parte de su cuerpo. Al menos eso es lo que quiere hacer saber la oposición de derechas. Todo es “sanchismo”. No puedo por menos de traer al recuerdo a un antiguo regidor de la ciudad estrecha en la que vivo, que, incluso un año en el que la nieve escaseó, echó la culpa de que nevara poco al entonces presidente Felipe González. Así, literalmente, la cita no se mueve ni un punto de la realidad.

La última es una acusación que se hace ante un juez al expresidente Rodríguez Zapatero. También la culpa es de Pedro Sánchez. No faltaba más, claro. Todo se singulariza en una persona, sea blanco o negro, llueva o haga frío. Así se evita analizar los hechos, se empuja peligrosamente (por oposición) a crear cesarismos peligrosísimos, se polariza todo, se anula la serena discusión de ideas y se crea un ambiente de putrefacción que hiede y tapa la nariz y el entendimiento. Cuando no hay ideas, sino solo intereses, todo vale con tal de conseguir el fin propuesto, que no es otro que el derrocamiento del poder establecido.

Pero vayamos al caso de ahora mismo. Mis consideraciones, jerarquizadas, ordenadas y en forma de guion, son estas:

1.- La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero y acuse quien acuse. Es lo primero que hay que considerar e investigar.

2.- Si de las investigaciones se derivan responsabilidades penales, hay que asumirlas, recaigan estas obre quien recaigan, de nuevo, sea este Agamenón o su porquero.

3.- Pártase del principio de la presunción de inocencia.

4.- La investigación está en los primeros pasos y nadie ha aportado pruebas de las acusaciones que se imputan.

5.- Me cuesta muchísimo encajar la personalidad y la trayectoria del señor Rodríguez Zapatero en esos tejemanejes. Pero esta es solo una impresión personal.

6.- Con independencia de cuál sea el final de este proceso, que ahora solo se inicia, ¿alguien va a considerar alguna vez en serio lo que significa el tráfico de influencias: quién lo genera, quién se presta a él, qué estructuras de todo tipo lo favorecen, con qué frecuencia y en qué niveles de la vida social, laboral y de la política se produce...? ¿No es esta la clave de tantísimos comportamientos personales, sociales y políticos?

7.- Y, para no alargar mucho el guion: cualquiera de estos hechos que tanto llaman la atención y que tanto alimentan el morbo y llenan programas de los medios de comunicación ¿no nos oculta -por su repetición- la serena discusión acerca de si un sistema político es mejor o peor que otro y algo menos malo que el que predican los demás?

¿Cuándo, entre unos y otros, nos van a dejar opinar acerca de ideas, o sea de ideologías, y no solo de comportamientos individuales, y de hechos aislados, muchas veces inventados o descaradamente multiplicados, que se pierden en acusaciones singulares y que nos impiden aportar alguna luz acerca de los sistemas y las ideologías diferentes? ¿Quién está más interesado y saca mayor producto de este enfangamiento?

No me imagino la condena de Rodríguez Zapatero ni nada encaja con su trayectoria. Le deseo lo mejor. Pero, como le ha sucedido a tantos, debe someter su comportamiento a las leyes. Y reivindico, por encima de cualquier comportamiento personal, la bondad -o, si prefieren, la menor maldad- de un sistema ideológico social que piensa en sentido comunitario y que no deja a los más necesitados al amparo del aire, frente a otros que eligen como prioridad los derechos de los que más poseen y su defensa, si es que además no les echan además la culpa a los más desfavorecidos de su situación deficitaria.

En esto sí que se cumplirá aquella frase bíblica que afirmaba lo siguiente: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

jueves, 14 de mayo de 2026

CONTRA ESTO Y CONTRA AQUELLO

 

             CONTRA ESTO Y AQUELLO

En esa manía que tenía el filósofo Unamuno de protestar “Contra esto y aquello” y el reconocimiento por su parte de lo que de él se pensaba: “La leyenda de ser yo un escritor atrabiliario, siempre en contradicción, no satisfecho con nada ni con nadie y dedicado más a negar y destruir que a afirmar y reconstruir. Lo cual es falso” me merece un breve comentario.

Creo que de la lectura de sus escritos sí se puede deducir esa predisposición a buscarle tres pies al gato y a ponerle puntos sobre las íes a casi toto. Pero es que a mí este sambenito no me parece que sea ningún desdoro, sino más bien una muestra de sentimiento positivo y casi de orgullo.

Ser propenso a la crítica no está reñido con estar abierto también a la comprensión, pero con el ánimo de no detenerse ahí, sino de aspirar a superar y a mejorar lo que se trae entre manos. Me parece que esta era la actitud del filósofo. Y debe ser la de cada uno de nosotros.

¿Por qué se metía en todos los fregados y opinaba de todo lo humano y lo divino? Seguramente por al menos estas dos razones. La primera se debe a su interés por todo lo que le concernía como persona individual (que es todo) y como elemento activo de la comunidad. La res publica para Unamuno no era otra cosa que la forma de proyectarse y de dar salida a su pensamiento y a su manera de vivir; lo más personal se convierte en lo más universal, según escribía en su obra cumbre “Del sentimiento trágico de la vida”. La segunda tal vez se explica por el nivel de conocimiento, que no es otra cosa que el nivel de conciencia y de su actividad, tan elevado y tan superior en él a la media de los componentes de su momento temporal. Este cóctel seguro que le empujaba a dar opinión acerca de todo lo que se le ponía por delante. Otras causas de segundo nivel, aunque no menos justificadas, tenían que ver con la necesidad material de aportar medios de vida para su familia numerosa y el no escondido empuje de la vanidad al sentirse solicitado por todo y por todos.

Me pregunto en qué medida cada cual se puede sentir empujado también a dar opinión y a echar su cuarto a espadas acerca de esto y de aquello, de lo uno y de lo otro. Al fin y al cabo, ¿de qué se compone en su mayor parte la vida si no es de esta manera de intercambiar palabras y las opiniones que estas encierran?

Hacerlo desde las dos premisas apuntadas antes para Unamuno no nos daría tal vez mal resultado. Cuidado, que nos tienen que interesar las cosas públicas y proyectarnos en ellas. Y hay que hacerlo con algún grado de reflexión y de conocimiento. Porque, de lo contrario, deberíamos aplicar aquella máxima de Wittgenstein que aconseja: “Lo que se puede decir de alguna manera, puede ser dicho con claridad; y de lo que no se puede hablar, de eso es mejor callar”.

Inmediatamente, como siempre, le entran a uno ganas de aplicarlo al presente personal y social. Habrá que echarle leña al fuego personal por el interés social, y habrá que hacerlo con cuidado y aspirando a un nivel de claridad, de comprensión y de deseo de mejorar las cosas. Y habrá que pedirle a todo lo que pulula por el mundo de parlamentos, redes sociales de toda calaña, corrillos, tertulias, salones, paseos y hasta sobremesas que cuiden también estos dos aspectos. Nos va a todos un poco la vida en ello.

jueves, 7 de mayo de 2026

SÓPCRATES Y LOS JUICIOS ACTUALES

 

SÓPCRATES Y LOS JUICIOS ACTUALES

Asistimos estupefactos estas últimas semanas a juicios que encausan a representantes públicos tanto de la izquierda como de la derecha. Cada cual se hará su composición de lugar y arrimará el ascua a su sardina, como suele suceder casi siempre.

Hay aspectos muy notables que distinguen una causa de la otra: manera de reaccionar de unos y de otros, tiempo pasado desde que se cometieron los hechos, sucesos que comprometen a un pequeño número de personas o a una trama completa, desarrollo de los juicios...

El caso es que ahí andan los abogados defensores y las partes acusadoras jugándose las justificaciones y las fuerzas para condenar o para absolver. Los demás asistimos a un partido del que, aunque no jugamos, sí sufrimos las consecuencias. Porque no solo se juzga a unas personas, sino toda una forma de entender la vida personal y social.

En la realidad de un juicio hay que entender que los acusados tiendan a utilizar todos los recursos posibles para que no sean condenados; parece propio de la débil condición humana, y yo al menos estoy dispuesto a entenderlos. Pero no a comulgar con sus estrategias ni a defenderlas como ideal de justicia.

Hay ejemplos en la Historia que nos enseñan otra manera de comportarse y de afrontar una causa, con más gallardía y con miradas más amplias.

Varias veces he recurrido al ejemplo del filósofo griego Sócrates como argumento de autoridad. Al filósofo -ya anciano de setenta años- se le acusó literalmente de corromper a la juventud «no creyendo en los dioses en los que creía la polis, sino en divinidades nuevas, diferentes». Como sucede ahora, Sócrates también tuvo la oportunidad de pronunciar un alegato final. Estas fueron sus palabras:

«Atenienses, os acojo con afecto y os amo, pero obedeceré más a la conciencia que a vosotros, y mientras respire y pueda no cesaré de filosofar, de exhortaros, de examinar sin tregua a quienquiera de vosotros que encuentre, diciéndole  lo acostumbrado: “Tú, el mejor de los hombres por ateniense, ciudadano de la ciudad más grande y afamada en sabiduría y poder, ¿no te avergüenzas de poner tu cuidado en los medios para detentar lo más posible en negocios, reputación y honores, cuando para nada te preocupas del pensamiento, de la verdad y de la  conciencia, ni se te ocurre hacer de eso lo máximamente bello?” Y si alguno de vosotros lo niega, afirmando que se cuida de tales cosas, ni le atacaré ni me iré; le interrogaré y observaré a fondo, y le avergonzaré si no me parece poseer la virtud, aunque él así lo crea; le reprocharé que nada son para él las cosas del más alto valor, y le censuraré tomar lo pequeño por lo grande. Estas son las cosas que la conciencia me ha ordenado, sabedlo bien. Y pienso que mi obediencia a la conciencia es el máximo bien acaecido a la ciudad».

Después, la condena y la renuncia a traicionar a su propio pensamiento no comprando la absolución, incluso con la ironía final del pago del gallo a Esculapio. Y la muerte serena, cubierto su rostro con una sábana.

El ejemplo se explica solo y no necesita ser glosado. En unos casos se busca por todos los medios la salvación del reo, aunque todos los indicios apunten a la culpabilidad; en otros se anhela la verdad, aunque acarree un castigo injusto.

Modelos de comportamiento diferentes. Cada uno sabrá con cuál quedarse.

lunes, 27 de abril de 2026

«SACAR DE LA ECUACIÓN»

 

«SACAR DE LA ECUACIÓN»

Esto de la lengua es un sinvivir, no te da respiro ni un momento y te trae de cabeza a cada instante.

Resulta que habíamos acordado que se trata de algo que se parece a un ser viviente, o sea que nace, crece, se reproduce y muere. Pues de todo este proceso también habíamos acordado que el período intermedio era y es el más complejo y el que más dificultades plantea. Como en el ser humano, que unas veces nos sale sapo y otras nos sale rana; o como en una familia en la que un hijo es modelo y otro resulta ser la oveja negra. Hasta ahí, todos de acuerdo. Controlar ese crecimiento y esa reproducción debería ser tal vez preocupación constante.

Hay modelos y organismos que algo dicen y sugieren al respecto. Ahí están todos los docentes que trabajan en la descripción y en la explicación de cualquier lengua, o las entidades e instituciones que sirven -o deberían servir- como argumento de autoridad: academias, escritores... ¿Son suficientes? ¿Son los adecuados? ¿Actúan de manera correcta? ¿Se les hace caso? Y en este plan.

Tengo para mí que existen otros organismos a los que se les hace mucho más caso y que imponen los usos y los cambios en la lengua, o sea que son los que marcan el camino en el crecer y en el reproducirse de ese sistema de comunicación que llamamos lengua de una comunidad.

Los ejemplos son casi infinitos. Valga uno de ellos. Aunque se tenga un oído poco fino, seguro que, en los últimos tiempos, se habrá oído con alguna frecuencia esta expresión: «si sacamos -lo que sea- de la ecuación». Con ella venimos a indicar algo así como esto: «si eliminamos un factor en la resolución de una situación o dificultad planteada».

Que el asunto apunta a contextos matemáticos parece evidente. No sé cuál es el nivel de recuerdo de las matemáticas entre la gente corriente, pero sospecho que no es muy elevado; sore todo si vamos elevando el grado de esas ecuaciones y nos vamos al tercero o al cuarto. Pues hay que volver a repasarlas para entender eso de «sacar de la ecuación». Habrá que reconocer que a los de “letras” se les impone un castigo excesivo.

De cuál sea el origen de la citada expresión habrá que pedir explicación a los filólogos, que de esto deberían saber algo. Tal vez sea más sencillo preguntarse, y hasta averiguar, a quién se debe la bromita de su propagación y su paso al uso ordinario. ¿Erraríamos si afirmáramos que los medios de comunicación tienen mucho que ver en todo ello? ¿Y si, además, lo concretáramos en los medios deportivos?

Una vez más -¡y van...!- estos altavoces mediáticos, y no sé si bien formados e informados, nos dictan y nos imponen los usos que van modificando cada día nuestra lengua sin razones que lo justifiquen. Se puede observar sin ser ningún reputado filólogo ni un conocedor profundo de las estructuras lingüísticas; tan solo hay que escuchar y pensar un poco.

Y, para rematar el desaguisado, podemos preguntar a los que saben y estos nos abrirán los ojos para que veamos que -¡una vez más, y van...!- de nuevo es la lengua del imperio la que está detrás de la expresión y la que nos impone sus usos y sus significados, que nosotros calcamos como súbditos alegres y tontos.

Yo creo que podemos volver a recordar cómo se resuelve una ecuación de segundo grado, y hasta de cuarto; pero no sé si es necesario «sacar de la ecuación» cuando podemos «separar un elemento» o «descartar una opción», u otras muchas posibilidades que posee nuestra propia lengua.

Que la lengua crece y se multiplica, está siempre en movimiento, no puede ni debe estancarse ni oxidarse. Pero, por favor, dejen que esa evolución la orienten los que saben algo más del asunto. No los saquen de la ecuación y sálganse ustedes de ella. Papanatas, que son unos papanatas. Y unos esclavos agradecidos.

lunes, 20 de abril de 2026

ORTEGA Y GASSET ANALIZA LAS CIRCUNSTANCIAS

 ORTEGA Y GASSET ANALIZA LAS CIRCUNSTANCIAS

Tu vida es colisión con el futuro,

pues has de luchar siempre con aquello

que enfrenta tu razón con el contexto

en que transcurre el curso de tu vida.

Lo que hacemos, vivimos, suponemos,

nos llama, nos rodea, nos oprime,

igual que lo que damos por supuesto.

Rechazar o admitir las circunstancias

son opciones que tiene el individuo

-también lúcidamente acompañarlas-.

Meditar en vivir nuevas propuestas

choca con las costumbres asentadas

en el momento mismo del presente.

 

Si quieres vivir vida más profunda,

prepárate a vivir contra el futuro

y a inventarlo y crearlo a cada instante.

Tu labor especial de ser pensante

es descubrir las reglas que sustentan

las creencias y reglas del presente

para intentar también cómo cambiarlas.

Proyecta otra mirada diferente

sobre cualquier externa circunstancia

y examina también internamente

todos los pormenores y creencias.

Habrá lucha continua entre esas formas

diferentes de ver cómo es el mundo.

No siempre los esfuerzos tienen éxito,

pero es mejor perder en la batalla

que estar a lo que dicte la costumbre.

La verdad no es igual a simple suma

de lo que dictamine mayoría:

vivir así supone rechazar

el código moral de tu conciencia.

 

Trabaja en el dominio de tu vida:

la razón es vital y en ella duermen

la llama y la energía de la vida.

lunes, 13 de abril de 2026

EL ALGORITMO NO SE EMOCIONA

EL ALGORITMO NO SE EMOCIONA

Ando estos días como un niño con zapatos nuevos, descubriendo algunas de las cualidades de la IA. Ya he leído antes algún libro que describe sus posibilidades y sus peligros. Pero ahora lo experimento personalmente, aunque sea en pequeñas dosis y en un campo muy concreto, el de la creación de canciones a partir de mis poemas. Con un programa que me han proporcionado mis hijos (ellos son profesionales informáticos) hago mis pinitos en este mundo que se me presenta apasionante.

El procedimiento es tan sencillo como esto: yo le ofrezco al programa una letra, le sugiero algunas sencillas indicaciones de lo que quiero, y su algoritmo me regala la música. Las dos partes forman una canción.

Supongo que también es posible hacerle alguna sugerencia y pedirle que te regale tanto la letra como la música. Ni se me ocurre intentarlo: ¿cuál sería entonces mi participación? Lo que hago es pedir ayuda desde mis textos poéticos. El algoritmo se encarga de ajustar melodías al significado y al ritmo de esas letras. No me sentiría bien si no fuera así. En muy poco tiempo la fórmula algorítmica me da su resultado.

Lo dicho, como un niño con zapatos nuevos. Mi fondo de creación es tan abundante, que puedo elegir temas y resoluciones casi de cualquier tipo.

Pero no todo el monte es orégano. La fórmula, que parece mágica, también se resiente. ¿Cuál es su grieta más visible? Pues que, curiosamente, aquello que parece más exacto se vuelve más inexacto. Quiero decir que la inteligencia trabaja con la lógica, pero se halla carente de sentimientos. El algoritmo no se emociona. Una de las cualidades fundamentales de la creación poética, si no la más importante, es la de provocar emoción, la de hacer nudos en la garganta. Y esto se consigue casi siempre rompiendo los caminos lógicos y llamando a la sorpresa y a la imagen inesperada; es decir, rompiendo la lógica. A esto todavía no llega la IA. Tal vez ni falta que hace, porque entonces nos suplantaría en casi todo y nos anularía como seres capaces de crear algo nuevo. Por todo ello, las músicas que genera el algoritmo se muestran algo rígidas y no siempre se acompasan al ritmo y a la distribución del poema ni de su contenido. Sin embargo, los beneficios superan en mucho a los perjuicios.

Hay un aspecto muy positivo en lo que me regalan la IA y su música; se trata de la fuerza con la que se realzan las palabras del poema. Muchas veces los poemas se leen mal; pero, incluso cuando se leen bien, las palabras resultan menos sonoras que cuando lucen con música a su lado. He elegido casi al azar algunos de mis poemas y reconozco que me suenan con más potencia sonora y significativa al lado de los sonidos y formando canciones. Mi imaginación vuelve a los primeros tiempos, en los que los poemas eran cantados y parece que lo entiendo mejor ahora desde la experiencia propia.

Supongo que habrá muchas personas entrando en el mundo de la IA. Esto no ha hecho más que empezar. Con sus ventajas y con sus evidentes peligros de todo tipo. La misma consideración de siempre: los adelantos técnicos son buenos si bien usásemos de ellos.

Yo, de momento, tengo al algoritmo ahí al lado, para que me ayude y siempre para divertirme, nunca para que me sustituya. Entre otras cosas, porque no tengo claro que la IA pueda nunca crear en poesía mucho más que ripios mecánicos. O sea, pobreza poética.

Está muy claro: la IA no se emociona. Ni falta que nos hace.

lunes, 6 de abril de 2026

RESURREXIT

 RESURREXIT

«Cuando pasa el Nazareno / de la túnica morada / con la frente ensangrentada, / la mirada del Dios bueno /y la soga al cuello atada...».

Son los primeros versos de un poema muy popular del poeta salmantino y extremeño Gabriel y Galán, autor también muy popular en otros tiempos y cargado de emoción en sus versos más que de otras cualidades.

Procesiones, cristos, vírgenes, capuchones, silencios, fervores, vacíos racionales, caravanas, luces, sombras, naturaleza, primavera...

Semana Santa en los primeros días de la nueva estación. Se funden la luz y la idea religiosa de la salvación. Resurrexit. Sin ella, nada en la religión cristiana tiene sentido. Con ella tal vez tampoco.

La sociedad sigue vistiendo a sus dioses según su conveniencia y según sus deseos. El dolor puede mover a compasión, y la compasión lleva acaso al recogimiento y a la aceptación de lo que imaginamos detrás de aquello que representamos. Los dioses son creaciones de los seres humanos, los necesitan por razones muy diversas: consuelo, esperanza, justificaciones varias... Quién soy yo para eliminar de una persona estos sueños, que, por el hecho de serlos y de repetirlos, acaso se conviertan en sus realidades.

A mí me queda la libertad de interpretarlas y de intentar comprenderlas. Son tantas y tan diversas, que me resulta casi imposible hacerlo. Los elementos paganos se funden con los religiosos y todos juntos forman una realidad compleja que viene a representar todo un arco iris de ideas, de deseos, de manifestaciones... Pocas veces el mundo es una representación tan amplia y llamativa; pocas veces se mezclan los colores y las sensaciones como lo hacen en eso que llamamos Semana Santa.

Casi siempre aprovecho cualquiera de estos días para leer algún EvangelIo. Esta vez le tocó el turno al de Lucas, el evangelista que más se detiene en la descripción de los milagros. Añado a ello la visita a alguna procesión, mis paseos por el campo y mi proximidad a la naturaleza, la corta presencia de mis seres más queridos, y siempre la lectura, que no ceja. El mundo es muy amplio; sus gentes, también. Yo solo soy un tipo raro que no entiende casi nada del misterio de la vida y del milagro de la misma. Sobre todo al ver cómo la vivimos.

Por detrás de los elementos naturales está la explosión de la luz, está la primavera, está la nueva realidad de lo que ha de ser claridad durante los próximos meses. Tras las procesiones y otros actos religiosos están los dioses. Y ahora los dioses parece que juegan en la playa y andan distraídos con lo que los seres humanos siguen perpetrando en su nombre. La sangre del Calvario parece haberse desbordado por medio mundo y tanto Yahvé como Jesús Dios y Alá no nos invitan a torrijas, sino a bombas de racimo. A todos el dolor nos viene dado sobre todo por los crímenes que nos sirven día a día en nuestras casas.

Más que resurrección lo que vemos es cómo se acumulan la muerte y los desastres. No sé qué pensarán estas tres formas de un solo dios. Mejor sería que de verdad resucitaran y, en su poder, proclamaran el estado de paz y el amor como forma de vida, en vez de defender los guantazos y la fuerza bruta como arma de guerra.

De nuevo las palabras del poeta

«¡Cantar de la tierra mía, / que echa flores / al Jesús de la agonía, / y es la fe de mis mayores! / ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!».

domingo, 22 de marzo de 2026

ARISTÓTELES EXPLICA QUÉ ES EL ALMA

 

ARITÓTELES EXPLICA QUÉ ES EL ALMA

 

No cuestiones en nada su existencia,

concéntrate en hallar sus propiedades

y disfruta de su naturaleza.

Olvídate de asuntos religiosos,

pues no son, en verdad, nuestro camino.

 

Entre todos los seres naturales,

verás que los vivientes tienen alma,

pero no los llamados no vivientes:

es esa la barrera infranqueable

que hace separación de las dos clases.

Busca las cualidades de esa alma,

investiga sin pausa sus funciones

describe y analiza su energía:

encontrarás, sin duda, al ser humano

como ese ser viviente y racional,

que nace, se alimenta, crece y luego

se reproduce a veces y envejece,

habla, siente, apetece, se desplaza

y al fin de un cierto tiempo, también muere.

 

Ese impulso vital que el cuerpo habita,

esa extraña potencia que allí duerme,

ese hecho irreductible y primigenio

que aspira sin descanso a hacerse historia,

que se hace acto viviente y desarrolla

lo que era ya potencia y ya era vida.

 

Antecede la vida a la materia

y en ella manifiesta su energía,

descarga su vigor, su dinamismo

y echan a andar las formas de la vida.

 

Más tarde, las esencias y las formas:

sensaciones, razones, intelecto,

definiciones, actos y potencias,

materia, volición, discernimiento...

 

La vida en los sentidos, la existencia

gozosa y compartida sin descanso.

Acaso tu razón no te convenza,

pero ahí sigue su fuerza y su misterio.

miércoles, 18 de marzo de 2026

CANTIDAD Y CALIDAD

 

 

CANTIDAD Y CALIDAD

Em casi todos los actos de la vida diaria solemos aplicar el concepto de cantidad como sinónimo de verdad, frente al de calidad, que nos queda en un lugar secundario. Tal vez sea porque la cantidad somos capaces de describirla y de controlarla con más facilidad que la calidad. Piénsese qué ocurre con las elecciones, con cualquier propuesta que se formule en un grupo para ser aprobada o rechazada, o para otra situación cualquiera.

Ayer mismo se celebraron elecciones políticas en Castilla y León; hace tan solo un par de días se eligió una junta directiva en un grupo determinado; casi a diario se defiende que aquello que tiene más partidarios -hoy habría que decir seguidores- o asistentes es lo mejor y así es alabado.

No sé si no podríamos decir que vivimos bajo una dictadura numérica. O, si prefieren, bajo una democracia reducida a la suma de dígitos y números. Y, sin embargo, seguimos defendiendo que esta es la forma menos mala para entendernos y para no sumergirnos en otras fórmulas peores.

Yo tampoco quiero que se elimine esta fórmula, que expresa la voluntad de las personas, elaborada de forma personal y vete a saber atendiendo a qué suma de intereses. Pero tengo mis dudas y me gustaría verla implementada con el reconocimiento de las minorías, de aquellas opiniones que son menos en número, pero que están argumentadas y representan los impulsos, los deseos o los pensamientos de otros miembros de la comunidad.

Si la verdad la igualamos con la mayoría, tal vez estemos negando la existencia de conceptos que son válidos por sí, con independencia de que sean defendidos o negados por un número mayor o menor de personas. Hay verdades que no se pueden sustentar en la mayoría ni en la minoría: son verdades o mentiras con independencia de las opiniones. ¿Cómo se puede decidir por mayoría si el agua funde a un número o a otro de grados? ¿Y decidir la existencia o inexistencia de Dios por mayoría de votos (es un ejemplo histórico)? ¿Y la divinidad de Jesucristo, como se hizo en el Concilio de Nicea? Mira que si no llegan a la mayoría ¿cualificada o simple?).

Si, a pesar de todo, negáramos el valor de los conceptos, habría que admitir que todo se haría relativo y que solo nos quedarían los intereses. Y, sobre todo, estaríamos dando validez a cualquier fórmula para conseguirlos: el fin (intereses) justificaría cualquier medio. Ya estoy imaginando y viendo el desarrollo de las campañas con fórmulas y actos que dan un poco de pudor y de vergüenza ajena al mirarlos.

¿Qué hacemos, de ese modo, con las minorías? ¿Les negamos que tengan parte de verdad en sus argumentos por el hecho de que numéricamente han obtenido resultados negativos? ¿Les empujamos a que, en próximos comicios, se olviden de las ideas que defienden y pasen a alabar aquello que la mayoría quiere oír, o dicen las encuestas que quiere oír? ¿Les empujamos directamente a la desaparición como formaciones sociales y políticas? ¿Los analistas sociales y periodistas de diverso pelaje analizan por ideas o por resultados?

Me parece que el asunto no es tan sencillo ni se puede reducir a una variable solo numérica. Si así fuera, todos los partidos no ganadores tendrían que reinventarse cada vez y basarse solo en criterios numéricos y de ganadores o perdedores. ¡Qué pobreza! Si la gente quiere bailar la sardana, pues a ello; si quiere que sea una jota, pues a ello, que la verdad y el razonamiento se han quedado en casa. Me parece más honrado presentar un programa de ideas en el que se basen las realizaciones concretas, porque eso es una visión de la vida que se considera más beneficiosa para la mayoría. Si este no es aceptado, se analizan las causas; y, si se sigue pensando lo mismo, a seguir con el esquema y con la propuesta. La victoria numérica no se puede igualar con la verdad; solo indica -y no es poco- que el gobierno se ha de someter a ella. Pero sin dejar de considerar cualquier razonamiento que se presente. Por eso, cada propuesta debe ser presentada y discutida. Algunos creen que por haber ganado numéricamente ya pueden olvidarse de estos requisitos y dirigen como si de una fábrica se tratara.

Hata la corriente filosófica del Utilitarismo defendía el bien común, aquel que alcanzaba al mayor número de personas. Y no de cualquier manera.

Porque, como defendía Unamuno, «no se trata de vencer, sino de convencer». También dejó dicho don Antonio Machado que «todo necio confunde valor y precio». Y ahí estamos.

Dicho lo cual, felicidades a los ganadores. Y a todos, a analizar los resultados y las ideas que se defienden. Buscando que sean ganadoras; pero, antes, que sean las que se consideran mejores. O menos malas.

jueves, 12 de marzo de 2026

VOTAR: PREGUNTAS RETÓRICAS

 

 

VOTAR: PREGUNTAS RETÓRICAS

En un sistema democrático como este en el que vivimos, cada cierto tiempo somos convocados a las urnas para revalidar o para cambiar los gobiernos y sus propuestas. Nunca son demasiadas las veces si lo hacemos con serenidad, con campañas propositivas y sin descalificaciones e insultos varios. Este es el momento en el que se juntan todas las variables que inclinan la papeleta en un sentido o en otro, o que la alejan de la urna con la abstención.

Me formulo, y me atrevo a formular, algunas preguntas antes de tomar una decisión:

1.- ¿Favorece la higiene democrática el cambio de orientación política cada cierto tiempo?

2.- ¿Cómo se puede presentar un partido sin una ideología más o menos determinada en la que se incluya de manera manifiesta la búsqueda del bien común?

3.- ¿No es lógico pensar que, cuando no hay ideología, solo quedan los intereses?

4.- ¿No resulta evidente que quien más intereses defiende es quien más elementos y posesiones tiene para defender? ¿Quiénes son estos?

5.- Si los que menos posesiones tienen también piensan solo en sus intereses personales; ¿no resulta elemental pensar que, a la larga, están allanando el camino para los más poderosos? Los que tal practican suelen ser calificados con el sintagma de esclavos agradecidos.

6.- ¿No parece normal hacer un balance de lo realizado por el gobierno saliente, sobre todo después de varias décadas de estancia en el poder?

7.- ¿No hay una historia detrás que pone al descubierto lo que defiende cada formación política? ¿O todo es descubrir mediterráneos en 15 días de campaña?

8.- ¿Acaso no es fundamental entender que unos defienden más dosis de respuestas sociales y públicas y otros defienden más las respuestas privadas: sanidad, educación, cohesión social, mirada ecológica, desarrollo sostenible, ordenación del territorio, transportes...?

9.- ¿No tenemos derecho a mirar a las personas, como cabezas visibles de los proyectos, y fijarnos en sus cualidades y en sus defectos: formación, coherencia, desarrollo vital, intereses particulares, manifestaciones públicas, aportaciones en ideas a la comunidad...?

10.- ¿No tenemos el derecho a soñar un futuro mejor, más justo, más cohesionado y participativo?

Se me acumulan los elementos que conforman la reflexión antes de depositar la papeleta. Con este decálogo me conformo: no es poca cosa. Lo demás es decisión de cada uno.

 Aunque no se ha nombrado a ningún partido, es fácil suponer que no estoy pensando en ninguno de los que se sitúan en la derecha. El voto siempre es secreto, pero esta vez me doy el gustazo de hacerlo público: mi papeleta tendrá el nombre de PSOE. Siempre por aproximación, como formula menos mala y dispuesto cada dia a pedir a los que resulten elegidos mejoras y progreso en favor de los más necesitados. Pero ya digo, la decisión es personal.

Vamos a ello. Que no nos equivoquemos.

lunes, 9 de marzo de 2026

OCHO DE MARZO

 

OCHO DE MARZO

Ocho de marzo. Día de la mujer. Manifestaciones, eslóganes, declaraciones: nadie quiere quedarse al margen por si lo señalan. Muchísimas variables que considerar (no *a considerar, coño). Yo sigo sin entender alguna de ellas; hasta el punto de que me parece que se vuelven contra aquello que se quiere conseguir.

Pero una cosa es un aspecto parcial y otra el fondo general en el que se asienta el movimiento. Lo he escrito muchas veces: la historia de la mujer, en conjunto, es para echarse a llorar y hasta para salir a la calle con un grito ensordecedor. Tampoco la del hombre es para reír a carcajadas.

Pero que nadie crea que este mediterráneo se ha descubierto en estos últimos años; porque esa misma historia, tan deprimente en lo que a igualdad de género se refiere, está moteado de mujeres que también salieron a su manera a la calle y fueron pioneras de estas aspiraciones. Y, sobre todo, lo hicieron en unas condiciones absolutamente más dificultosas que las que existen ahora mismo en los países de occidente.

Un par de breves muestras contrapuestas. La primera dibuja el desprecio hacia el género masculino, incluso por aquellos teóricamente mejor preparados en su formación. Se trata de Séneca en sus Consolaciones a Marcia. La segunda suma unas cuantas frases de Lisístrata, aquella comedia de Aristófanes en la que las mujeres mostraban sin tapujos su iniciativa, su ingenio, su realidad y hasta su poder sexual, ante una guerra que, como todas, no es más que muestra de insensatez, de sinrazón, de fracaso y de imbecilidad

Son ejemplos deliberadamente tomados del mundo clásico, tan lejano en el tiempo, pero tan de actualidad ahora mismo. Podíamos haber hecho lo mismo con ejemplos de mujeres españolas que jalonan nuestra historia y que tuvieron pocos reparos en mostrar su opinión y en ejercer su poder.

Vamos con los ejemplos:

Séneca en sus Consolaciones:

«Si no te supiera, Marcia, tan alejada de la debilidad del carácter femenino como de sus demás defectos, y que tus costumbres se tienen como un ejemplo antiguo, no me atrevería a enfrentarme a tu dolor, en el que incluso los hombres de buen grado se estancan y languidecen, ni habría esperado, en una ocasión desaconsejable, ante un juez tan desfavorable, frente a una acusación tan desagradable, poder conseguir que absolvieras a tu suerte».

Las mujeres en Lisístrata, de Aristófanes:

«Si nos dejarais dirigir la ciudad como dirigimos el hogar, todo iría mejor: no malgastaríamos recursos y mantendríamos la paz».

«Si los hombres no pueden controlar su deseo, entonces nosotras podemos controlar la guerra.».

«Somos nosotras quienes llevamos la carga cuando los hombres dilapidan el dinero en guerras».

«Si los hombres no pueden dejar de pelear, nosotras sí podemos unirnos».

Mucho hecho. Mucho por hacer. Mucha mejora en la explicación. No exclusión, sino complicidad e inclusión. Más estudiar y descubrir las raíces y los principios, que son los más sólidos y duraderos, y los que explican y pueden ayudar más y mejor a mejorar cualquier situación diaria.

Y, siempre, igualdad entre las personas, tan solo y sobre todo, por el hecho de serlo.

jueves, 5 de marzo de 2026

NO WAR

 

NO WAR

Suenan vientos de guerra en una sinfonía desafinada, estridente e inagotable. El tiempo pasa y todo se repite: la fuerza frente a la razón, el dueño sobre el siervo, el esclavo que quiere ser digno y el esclavo agradecido, el que ve solo intereses propios y el que levanta la mirada por encima de su ombligo y la proyecta en el futuro.

Hace ahora exactamente veintitrés años (cuánto tiempo), escribía mi colaboración en el desaparecido periódico El Adelanto. Tiene fecha de domingo, 18 de febrero de 2003. La guerra de Irak. Otros gobernantes diferentes en España (a cada uno lo suyo, que las posturas son ahora en el Gobierno de España totalmente diferentes a aquellas serviles y egoístas del presidente de entonces), Otros similares en USA. Solo voy a cambiar el nombre de Irak por el de Irán; el resto lo repito literalmente. El fondo, y casi las formas, siguen siendo los mismos.

NO WAR:

¿Cómo suspender el ánimo ante esta marea humana, que mira horrorizada las consecuencias de una guerra llamada preventiva? ¿Cómo intentar ser neutral sin saber muy bien qué significa eso cuando aprietan los miedos y el corazón se encoge? ¿Por qué no intentar ser radical, si esto significa algo así como acercarse a las raíces de las cosas?

No me atrevo a decir demasiadas cosas, por mi relativismo congénito, pero algunas sí, y no debo dejarlas en el fondo del fango. Uno tiene la impresión de que el ser humano ya no vale como ser humano sino como algo colocado en unas circunstancias, y son estas circunstancias las que imponen el valor de ese ser. De este modo, no hay guerras a secas, sino guerras pongamos justas o injustas, largas o cortas, sofisticadas o chapuceras, y en este plan. Uno venía tradicionalmente dando mucha importancia a los ambientes en los que se producen los hechos porque pensaba que los condicionaban y los explicaban.

Pero lo había hecho siempre pensando en que solo desde esos contextos justos era desde donde se podía desarrollar con armonía la capacidad humana, de todo ser humano, por el hecho de serlo, sin más. Ahora todo se hunde y se somete a una moral dictada desde el poder omnímodo del gigante occidental y de sus fieles canes lamedores (y eso que ellos dicen que ladramos nosotros).

No tengo muchas dudas a la hora de alinearme con una configuración de valores entre los que observo en Occidente y en Oriente. Me tapo la nariz con frecuencia, pero elijo lo que me parece menos malo. Y esto es Occidente.

Pero reniego de muchas cosas: reniego del te mato por si acaso; hago ascos a la zafiedad de presentar una guerra como salvaguarda de no sé qué valores cuando lo que realmente importa es el petróleo y las cuentas de dividendos de las grandes compañías (casi todas en manos USA); estoy hasta el gorro de que el tío Sam me dicte casi todo, y, si es  a través de la coca-cola y del cine de Hollywood, ya ni te cuento; sospecho que en Irán los dividendos ni se reparten, porque se los queda todos el salvador iluminado; me entristece que la amenaza enemiga ciegue la razón y empuje a todo un pueblo, el iraní, a refugiarse bajo las alas de quien lo controla a su antojo... Estoy hasta el cogote de tantas cosas...

Si sirviera de algo, le pediría al tío Sam y al presidente de mi país que pensaran algo más en personas y menos en números y en victorias o derrotas, que invirtieran más en desarrollo democrático y humano como camino verdadero hacia la paz. Una cosa sí tenemos clara: es precisamente este modelo propugnado por los países ricos el que nos tiene en una situación continua de injusticia y de desigualdad. Porque, mientras prevenimos con una guerra, estamos matando de hambre y de miseria a muchas comunidades humanas.

Y hablo, claro, no solo de miseria económica, que también, sino de la otra, de esa que jibariza al ser humano hasta convertirlo en un superviviente errabundo y sin ninguna dignidad, solo al pairo de los números y de la imagen, de la cadena de producción y del ocio papanatas.

Hay que invertir, claro, pero en democracia y en dignidad, en igualdad de oportunidades, en democracia real no nominal ni farisea, en educación, por ejemplo, como campo de igualdad entre todos los seres humanos. Aunque no lleguemos al déficit cero, coño, que eso no es más que un pobre factor numérico, y la vida es algo mucho más rico ¿O no se dan cuenta de que, con estos cuentos y con tanta cuenta, se nos están descubriendo ustedes como una poza vacía de agua y de hondura, como algo seco y enjuto, mísero e insuficiente.

Y al otro señor, del que tengo menos datos, pero casi todos negativos, hay que exigirle sencillamente que deje vivir y viva, que no se erija en salvador de nada, y menos en nombre de Alá o de no sé qué zarandajas, que se pase una temporadita como uno de sus súbditos, sin medicinas ni educación, sin palacios ni servidores, y sin aires oscuros de grandeza. Otro mísero que tal baila. Y una petición más por elevación. A Alá y a Jehová, patrones reclamados de ambos bandos. ¿No podrían dejarnos en paz por un rato para que nos equivoquemos nosotros solitos? Porque hay que ver las que preparan. Para divertimentos, prefiero quedarme con los juegos de los dioses griegos, tan juguetones ellos, tan casi humanos. Déjennos, por favor, por una temporada, no nos inspiren tanto, que nos tienen las cabezas llenas de serrín y no nos aclaramos. O, al menos, dejen de “iluminar” a estos jefecillos salvadores de no sé cuántas patrias. Porque -casi repetiré unos versos de Comendador- “mirad, colegas, / como dice mi padre, / se hacen las cosas bien, / o no se hacen”.

NO WAR, coño.

lunes, 2 de marzo de 2026

FUESE Y NO HUBO NADA

 

FUESE Y NO HUBO NADA

El descubrimiento de la verdad resulta muchas veces decepcionante. La vida es una suma de sucesos encadenados. Esta suma encadenada nos permite adelantarnos en nuestra intuición a lo que imaginamos para el futuro. Es como si realizáramos un ejercicio de prestidigitación y acercáramos al presente aquello que solo existe en nuestro deseo y en nuestra fantasía.

Cuando esto sucede, nos hacemos dueños de las normas que han de regir en esa realidad no producida; las adornamos y las concretamos a nuestra conveniencia y a nuestros intereses, agrandamos y disminuimos sin tener en cuenta que la realidad nos puede jugar una mala pasada, creamos una expectación solo alimentada por nosotros mismos.

Pero hay que pasar de las musas al teatro, y eso ya no depende solo de nuestra voluntad. En la realidad están implicados muchos más y los resultados no nos tienen en cuenta porque se rigen por otras coordenadas que escapan a nuestro control.

Las soluciones también nos pueden resultar más satisfactorias que lo que esperábamos, aunque sospecho que menos veces: nuestro interés casi siempre atiende a nuestros deseos y esos no siempre se cumplen porque siempre esperamos más.

La vida está llena de estos descubrimientos. Mayores y menores, importantes o aparentemente poco llamativos.

Recientemente se han desclasificado -ya era hora- papeles que tienen que ver con el fallido golpe de Estado del 23-F. Casi todo el mundo se ha quedado como en un aire; sobre todo aquellos que esperaban cualquier mar océano de noticias extrañas en ellos o comprobaciones, negro sobre blanco, de la participación de algunos personajes públicos. Parece como si en el circo se hubieran negado a actuar los leones y no hubieran querido comer a nadie. A ver si va a resultar que todo era algo mucho más simple y que lo que queríamos no va a ser posible. Vaya por dios, qué decepción, dirán algunos.

En cualquier nivel de la vida podemos repetir el esquema, y así lo que esperamos para mañana en un examen, en una compra en el mercado o en una entrevista de trabajo nos puede resultar algo ilusionante o nos puede desanimar según se ajuste más o menos con aquello que esperábamos.

Tal vez tendríamos que templar gaitas con más frecuencia y no esperar demasiado de las cosas para no caer en el abismo de la decepción.

¿Será verdad que no sabemos todo lo que ocurrió aquella aciaga noche? Seguro que así es. Pero no esperemos saberlo del todo nunca. De ningún suceso conocemos todo, pues siempre se nos quedan detalles por el camino. ¿Tenemos derecho a seguir sospechando? Pues claro; pero hagámoslo sin aspavientos, con templanza y sin esperar descubrir mediterráneos en cada esquina; porque entonces la desilusión nos visitará siempre. Y tampoco parece lo más sólido edificar castillos en el aire.

El ejemplo del golpe de Estado es muy elocuente, pero a mí me interesa mucho más el discurrir de cada día, ese en el que somos cada uno de nosotros actores principales.

Hay gente -medios de comunicación sobre todo- que viven de elevar el ruido hasta los últimos decibelios y de andar en el filo de la noticia no contrastada y en la imaginación de que Troya se conquista cada día. Eso fomenta la emoción, atrae la atención momentánea y poco sirve para serenar y razonar tranquilamente. Sería bueno tomar distancia y contar hasta diez siempre.

En la obra don Quijote, hay un episodio en el que el caballero tiene que salir al campo a defender la honra de una dama. Pero, oh decepción, el otro contrincante (Tosilos) se rinde antes de que los dos rivales se encuentren. Y buena aparte de los espectadores se enfada por no asistir a la caída y al vencimiento de uno de ellos, a la sangre derramada y al aplastamiento. La expectación se diluyó y todo lo que anunciaba batalla, sangre y furia se quedó en retirada. Otro que «Y luego, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese, y no hubo nada».

Como el mundo es un espectáculo, todo lo que no sea ruido y representación tiene escaso éxito. Y pocos seguidores. Vaya por dios.

lunes, 23 de febrero de 2026

23-F AQUEL POBRE GORRINO DEL TRICORNIO

 

23-F: AQUEL POBRE GORRINO DEL TRICORNIO

 

Aquel pobre gorrino del tricornio

que acudió al Parlamento y lo asaltó

al grito aguardentoso y estridente,

que a todos los presentes asustó

de “se sienten” y “quietos todo el mundo”.

Aquel enorme y sucio pistolón,

la oquedad y el vacío en su cabeza,

la fuerza y el insulto a la razón.

Aquel impulso ciego por mostrarse

de la patria y del mundo salvador.

Aquellas huellas negras en el techo,

recuerdo de un imbécil soñador,

cuya fuerza tan solo se mostraba

en la entraña de un viejo pistolón

(lo demás era solo cobardía,

ensoñación idiota del valor).

Aquellas reacciones en la calle

y el impulso que a tantos empujó.

La sensación de cura ante el espanto,

la esperanza de no repetición...

 

Hoy me vuelven de nuevo a la memoria

los actos de aquel día tan lejano,

tan próximo y difícil de entender

salvo acaso tal vez en la cabeza

de aquellos que se afanan y se ofuscan

en pensar que este mundo es solo suyo,

que hay bienes absolutos y son ellos

los sátrapas y jueces encargados

de dictar las sentencias y las sendas

del discurrir de todos los demás.

 

Dioses y semidioses, héroes, sátrapas,

sacerdotes del templo de la nada,

iluminados todos, simples magos,

héroes de pacotilla con pistolas,

sin nada sustentado en la razón...,

dejad vuestros trabajos salvadores,

buscaos otra nueva ocupación;

o, mejor, sumergíos en el olvido

y no turbéis ya más mi corazón.