miércoles, 27 de mayo de 2026

VOLTAIRE SE APOSENTA EN LA DUDA

 

VOLTAIRE SE APOSENTA EN LA DUDA

 

Es absurdo vivir en la certeza,

pues nada es absoluto y en la historia

cualquier dato o teoría, que alumbraba

verdades que se hacían definitivas,

han sido revisadas y cambiadas

por otras a su vez también parciales.

Los seres no venimos a este mundo

con ideas o conceptos ya formados,

todo se ha de adquirir en el camino

que andamos peregrinos en la vida;

en él nos va moldeando la experiencia

y en él se van formando las verdades,

que no son más que dudas que se agitan

en busca de otras menos pasajeras.

 

No es la duda un estado placentero,

pero es la condición del ser humano:

la certeza es absurda y solo incita

a servir como esclavos a otros seres

de extraña condición, y a vivir lejos

de toda aspiración de estirpe humana.

Desconfía, por lo tanto, de todo hecho;

desafía al poder, la autoridad

civil o religiosa;

anula la censura y favorece

el valor de la ciencia, el desarrollo

de aquello que conduzca cada día

al mundo en el que habita la razón.

 

La duda es el progreso, es la constancia

del poder y el valor del ser humano,

en sus límites siempre y en sus ansias

de crecer en la duda, y, en la duda,

levantarse y caer:

ser simplemente humano.

miércoles, 20 de mayo de 2026

¡PIOVE, PORCO GOVERNO!

 

 

¡PIOVE, PORCO GOVERNO!

La famosa sospecha que echa en las espaldas de cualquier Gobierno todos los males se ha utilizado casi siempre, pero no sé si con tanta frecuencia e intensidad como en estos momentos. Llevamos ya varios años en los que todo parece que mana desde la fuente que debe de poseer el presidente del Gobierno escondida en alguna parte de su cuerpo. Al menos eso es lo que quiere hacer saber la oposición de derechas. Todo es “sanchismo”. No puedo por menos de traer al recuerdo a un antiguo regidor de la ciudad estrecha en la que vivo, que, incluso un año en el que la nieve escaseó, echó la culpa de que nevara poco al entonces presidente Felipe González. Así, literalmente, la cita no se mueve ni un punto de la realidad.

La última es una acusación que se hace ante un juez al expresidente Rodríguez Zapatero. También la culpa es de Pedro Sánchez. No faltaba más, claro. Todo se singulariza en una persona, sea blanco o negro, llueva o haga frío. Así se evita analizar los hechos, se empuja peligrosamente (por oposición) a crear cesarismos peligrosísimos, se polariza todo, se anula la serena discusión de ideas y se crea un ambiente de putrefacción que hiede y tapa la nariz y el entendimiento. Cuando no hay ideas, sino solo intereses, todo vale con tal de conseguir el fin propuesto, que no es otro que el derrocamiento del poder establecido.

Pero vayamos al caso de ahora mismo. Mis consideraciones, jerarquizadas, ordenadas y en forma de guion, son estas:

1.- La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero y acuse quien acuse. Es lo primero que hay que considerar e investigar.

2.- Si de las investigaciones se derivan responsabilidades penales, hay que asumirlas, recaigan estas obre quien recaigan, de nuevo, sea este Agamenón o su porquero.

3.- Pártase del principio de la presunción de inocencia.

4.- La investigación está en los primeros pasos y nadie ha aportado pruebas de las acusaciones que se imputan.

5.- Me cuesta muchísimo encajar la personalidad y la trayectoria del señor Rodríguez Zapatero en esos tejemanejes. Pero esta es solo una impresión personal.

6.- Con independencia de cuál sea el final de este proceso, que ahora solo se inicia, ¿alguien va a considerar alguna vez en serio lo que significa el tráfico de influencias: quién lo genera, quién se presta a él, qué estructuras de todo tipo lo favorecen, con qué frecuencia y en qué niveles de la vida social, laboral y de la política se produce...? ¿No es esta la clave de tantísimos comportamientos personales, sociales y políticos?

7.- Y, para no alargar mucho el guion: cualquiera de estos hechos que tanto llaman la atención y que tanto alimentan el morbo y llenan programas de los medios de comunicación ¿no nos oculta -por su repetición- la serena discusión acerca de si un sistema político es mejor o peor que otro y algo menos malo que el que predican los demás?

¿Cuándo, entre unos y otros, nos van a dejar opinar acerca de ideas, o sea de ideologías, y no solo de comportamientos individuales, y de hechos aislados, muchas veces inventados o descaradamente multiplicados, que se pierden en acusaciones singulares y que nos impiden aportar alguna luz acerca de los sistemas y las ideologías diferentes? ¿Quién está más interesado y saca mayor producto de este enfangamiento?

No me imagino la condena de Rodríguez Zapatero ni nada encaja con su trayectoria. Le deseo lo mejor. Pero, como le ha sucedido a tantos, debe someter su comportamiento a las leyes. Y reivindico, por encima de cualquier comportamiento personal, la bondad -o, si prefieren, la menor maldad- de un sistema ideológico social que piensa en sentido comunitario y que no deja a los más necesitados al amparo del aire, frente a otros que eligen como prioridad los derechos de los que más poseen y su defensa, si es que además no les echan además la culpa a los más desfavorecidos de su situación deficitaria.

En esto sí que se cumplirá aquella frase bíblica que afirmaba lo siguiente: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

jueves, 14 de mayo de 2026

CONTRA ESTO Y CONTRA AQUELLO

 

             CONTRA ESTO Y AQUELLO

En esa manía que tenía el filósofo Unamuno de protestar “Contra esto y aquello” y el reconocimiento por su parte de lo que de él se pensaba: “La leyenda de ser yo un escritor atrabiliario, siempre en contradicción, no satisfecho con nada ni con nadie y dedicado más a negar y destruir que a afirmar y reconstruir. Lo cual es falso” me merece un breve comentario.

Creo que de la lectura de sus escritos sí se puede deducir esa predisposición a buscarle tres pies al gato y a ponerle puntos sobre las íes a casi toto. Pero es que a mí este sambenito no me parece que sea ningún desdoro, sino más bien una muestra de sentimiento positivo y casi de orgullo.

Ser propenso a la crítica no está reñido con estar abierto también a la comprensión, pero con el ánimo de no detenerse ahí, sino de aspirar a superar y a mejorar lo que se trae entre manos. Me parece que esta era la actitud del filósofo. Y debe ser la de cada uno de nosotros.

¿Por qué se metía en todos los fregados y opinaba de todo lo humano y lo divino? Seguramente por al menos estas dos razones. La primera se debe a su interés por todo lo que le concernía como persona individual (que es todo) y como elemento activo de la comunidad. La res publica para Unamuno no era otra cosa que la forma de proyectarse y de dar salida a su pensamiento y a su manera de vivir; lo más personal se convierte en lo más universal, según escribía en su obra cumbre “Del sentimiento trágico de la vida”. La segunda tal vez se explica por el nivel de conocimiento, que no es otra cosa que el nivel de conciencia y de su actividad, tan elevado y tan superior en él a la media de los componentes de su momento temporal. Este cóctel seguro que le empujaba a dar opinión acerca de todo lo que se le ponía por delante. Otras causas de segundo nivel, aunque no menos justificadas, tenían que ver con la necesidad material de aportar medios de vida para su familia numerosa y el no escondido empuje de la vanidad al sentirse solicitado por todo y por todos.

Me pregunto en qué medida cada cual se puede sentir empujado también a dar opinión y a echar su cuarto a espadas acerca de esto y de aquello, de lo uno y de lo otro. Al fin y al cabo, ¿de qué se compone en su mayor parte la vida si no es de esta manera de intercambiar palabras y las opiniones que estas encierran?

Hacerlo desde las dos premisas apuntadas antes para Unamuno no nos daría tal vez mal resultado. Cuidado, que nos tienen que interesar las cosas públicas y proyectarnos en ellas. Y hay que hacerlo con algún grado de reflexión y de conocimiento. Porque, de lo contrario, deberíamos aplicar aquella máxima de Wittgenstein que aconseja: “Lo que se puede decir de alguna manera, puede ser dicho con claridad; y de lo que no se puede hablar, de eso es mejor callar”.

Inmediatamente, como siempre, le entran a uno ganas de aplicarlo al presente personal y social. Habrá que echarle leña al fuego personal por el interés social, y habrá que hacerlo con cuidado y aspirando a un nivel de claridad, de comprensión y de deseo de mejorar las cosas. Y habrá que pedirle a todo lo que pulula por el mundo de parlamentos, redes sociales de toda calaña, corrillos, tertulias, salones, paseos y hasta sobremesas que cuiden también estos dos aspectos. Nos va a todos un poco la vida en ello.

jueves, 7 de mayo de 2026

SÓPCRATES Y LOS JUICIOS ACTUALES

 

SÓPCRATES Y LOS JUICIOS ACTUALES

Asistimos estupefactos estas últimas semanas a juicios que encausan a representantes públicos tanto de la izquierda como de la derecha. Cada cual se hará su composición de lugar y arrimará el ascua a su sardina, como suele suceder casi siempre.

Hay aspectos muy notables que distinguen una causa de la otra: manera de reaccionar de unos y de otros, tiempo pasado desde que se cometieron los hechos, sucesos que comprometen a un pequeño número de personas o a una trama completa, desarrollo de los juicios...

El caso es que ahí andan los abogados defensores y las partes acusadoras jugándose las justificaciones y las fuerzas para condenar o para absolver. Los demás asistimos a un partido del que, aunque no jugamos, sí sufrimos las consecuencias. Porque no solo se juzga a unas personas, sino toda una forma de entender la vida personal y social.

En la realidad de un juicio hay que entender que los acusados tiendan a utilizar todos los recursos posibles para que no sean condenados; parece propio de la débil condición humana, y yo al menos estoy dispuesto a entenderlos. Pero no a comulgar con sus estrategias ni a defenderlas como ideal de justicia.

Hay ejemplos en la Historia que nos enseñan otra manera de comportarse y de afrontar una causa, con más gallardía y con miradas más amplias.

Varias veces he recurrido al ejemplo del filósofo griego Sócrates como argumento de autoridad. Al filósofo -ya anciano de setenta años- se le acusó literalmente de corromper a la juventud «no creyendo en los dioses en los que creía la polis, sino en divinidades nuevas, diferentes». Como sucede ahora, Sócrates también tuvo la oportunidad de pronunciar un alegato final. Estas fueron sus palabras:

«Atenienses, os acojo con afecto y os amo, pero obedeceré más a la conciencia que a vosotros, y mientras respire y pueda no cesaré de filosofar, de exhortaros, de examinar sin tregua a quienquiera de vosotros que encuentre, diciéndole  lo acostumbrado: “Tú, el mejor de los hombres por ateniense, ciudadano de la ciudad más grande y afamada en sabiduría y poder, ¿no te avergüenzas de poner tu cuidado en los medios para detentar lo más posible en negocios, reputación y honores, cuando para nada te preocupas del pensamiento, de la verdad y de la  conciencia, ni se te ocurre hacer de eso lo máximamente bello?” Y si alguno de vosotros lo niega, afirmando que se cuida de tales cosas, ni le atacaré ni me iré; le interrogaré y observaré a fondo, y le avergonzaré si no me parece poseer la virtud, aunque él así lo crea; le reprocharé que nada son para él las cosas del más alto valor, y le censuraré tomar lo pequeño por lo grande. Estas son las cosas que la conciencia me ha ordenado, sabedlo bien. Y pienso que mi obediencia a la conciencia es el máximo bien acaecido a la ciudad».

Después, la condena y la renuncia a traicionar a su propio pensamiento no comprando la absolución, incluso con la ironía final del pago del gallo a Esculapio. Y la muerte serena, cubierto su rostro con una sábana.

El ejemplo se explica solo y no necesita ser glosado. En unos casos se busca por todos los medios la salvación del reo, aunque todos los indicios apunten a la culpabilidad; en otros se anhela la verdad, aunque acarree un castigo injusto.

Modelos de comportamiento diferentes. Cada uno sabrá con cuál quedarse.