jueves, 14 de mayo de 2026

CONTRA ESTO Y CONTRA AQUELLO

 

             CONTRA ESTO Y AQUELLO

En esa manía que tenía el filósofo Unamuno de protestar “Contra esto y aquello” y el reconocimiento por su parte de lo que de él se pensaba: “La leyenda de ser yo un escritor atrabiliario, siempre en contradicción, no satisfecho con nada ni con nadie y dedicado más a negar y destruir que a afirmar y reconstruir. Lo cual es falso” me merece un breve comentario.

Creo que de la lectura de sus escritos sí se puede deducir esa predisposición a buscarle tres pies al gato y a ponerle puntos sobre las íes a casi toto. Pero es que a mí este sambenito no me parece que sea ningún desdoro, sino más bien una muestra de sentimiento positivo y casi de orgullo.

Ser propenso a la crítica no está reñido con estar abierto también a la comprensión, pero con el ánimo de no detenerse ahí, sino de aspirar a superar y a mejorar lo que se trae entre manos. Me parece que esta era la actitud del filósofo. Y debe ser la de cada uno de nosotros.

¿Por qué se metía en todos los fregados y opinaba de todo lo humano y lo divino? Seguramente por al menos estas dos razones. La primera se debe a su interés por todo lo que le concernía como persona individual (que es todo) y como elemento activo de la comunidad. La res publica para Unamuno no era otra cosa que la forma de proyectarse y de dar salida a su pensamiento y a su manera de vivir; lo más personal se convierte en lo más universal, según escribía en su obra cumbre “Del sentimiento trágico de la vida”. La segunda tal vez se explica por el nivel de conocimiento, que no es otra cosa que el nivel de conciencia y de su actividad, tan elevado y tan superior en él a la media de los componentes de su momento temporal. Este cóctel seguro que le empujaba a dar opinión acerca de todo lo que se le ponía por delante. Otras causas de segundo nivel, aunque no menos justificadas, tenían que ver con la necesidad material de aportar medios de vida para su familia numerosa y el no escondido empuje de la vanidad al sentirse solicitado por todo y por todos.

Me pregunto en qué medida cada cual se puede sentir empujado también a dar opinión y a echar su cuarto a espadas acerca de esto y de aquello, de lo uno y de lo otro. Al fin y al cabo, ¿de qué se compone en su mayor parte la vida si no es de esta manera de intercambiar palabras y las opiniones que estas encierran?

Hacerlo desde las dos premisas apuntadas antes para Unamuno no nos daría tal vez mal resultado. Cuidado, que nos tienen que interesar las cosas públicas y proyectarnos en ellas. Y hay que hacerlo con algún grado de reflexión y de conocimiento. Porque, de lo contrario, deberíamos aplicar aquella máxima de Wittgenstein que aconseja: “Lo que se puede decir de alguna manera, puede ser dicho con claridad; y de lo que no se puede hablar, de eso es mejor callar”.

Inmediatamente, como siempre, le entran a uno ganas de aplicarlo al presente personal y social. Habrá que echarle leña al fuego personal por el interés social, y habrá que hacerlo con cuidado y aspirando a un nivel de claridad, de comprensión y de deseo de mejorar las cosas. Y habrá que pedirle a todo lo que pulula por el mundo de parlamentos, redes sociales de toda calaña, corrillos, tertulias, salones, paseos y hasta sobremesas que cuiden también estos dos aspectos. Nos va a todos un poco la vida en ello.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente reflexión