martes, 23 de junio de 2026

ME SALE A DEVOLVER

 

ME SALE A DEVOLVER

Se cumplen los últimos días para cumplimentar eso que llamamos declaración de la renta. Supongo que solo aquellos a quienes les salen las declaraciones positivas y con obligación de tributar lo han dejado para el último momento; los demás ya hemos pasado este trámite, tan sencillo como decir amén a todo, pues una nómina no da para más apaños.

En estas mismas fechas se ha hecho pública una sentencia que condena a unas personas a numerosos años de cárcel por una serie de delitos y a otra la señala con muchísimos menos, sin obligación de ir a la cárcel y sin la pena de devolver el dinero que había rapiñado (casi cuatro millones de euros); según el auto, "por haber colaborado con la justicia”. Y olé.

No tengo suficientes conocimientos técnicos para criticar la sentencia y tengo que creer que los jueces han sentenciado conforme a derecho y tal como indican las leyes; pues no son otra cosa que técnicos cualificados, obreritos, que deberían fichar a las ocho de la mañana, cumplir con una curva de trabajo y rendimiento y marcharse para casa como otro funcionario cualquiera. Nunca fichar después de las ocho ni antes de las tres. Las siete horas de rigor. O las ocho. Como un tejedor o un empleado de comercio. O, si me apuran, como un trabajador de la enseñanza. Se me entiende, ¿verdad?

Nunca he sido ni soy partidario de que nadie tenga que ingresar en la cárcel: el fin de un juicio es la reparación del delito y la recuperación personal y social del reo. Así me lo dicta mi conciencia y así lo he leído y he visto razonado en algunos de los principales filósofos del derecho de todos los lugares y tiempos: “si lo dijera yo, se me podría tachar...”. Para ello, claro, necesitamos que el reo se muestre de verdad arrepentido y dispuesto a cambiar su forma de actuar.

Pero hay algo que resulta totalmente necesario para el entendimiento y la convivencia; se trata de la analogía, que consiste en actuar de la misma manera en situaciones semejantes. Lo contrario nos sumerge en la confusión y en el caos.

Los que aspiramos al sentido común, aunque seamos legos (digo, es un decir) en la materia, necesitamos todas las explicaciones posibles de lo que significa “colaboración con la justicia” y en qué ha consistido en este caso concreto; de lo contrario, las dudas nos asaltan y nos arrojan en el mundo de la desconfianza. Necesitamos también explicaciones acerca de los grados en que se rebajan las penas cuando “se colabora con la justicia”. Porque entendemos la rebaja, pero de ahí a que se vaya uno de rositas y, además, las cuentas le salgan a devolver...

A algunos, por defraudar medio millón de euros les han caído decenios de años de cárcel. Al que había defraudado casi cuatro millones no se le castiga con cárcel por haber “colaborado con la justicia”. No parece que sea mal negocio este de” colaborar”: te sale a cuenta, a devolver, a seguir la vida de despendole y de famoseo. Ya estoy viendo la porra de años que les van a caer encima a otros encausados que han confesado haber defraudado cantidades más altas. A no ser que “colaboren con la justicia” y entonces tal vez tengamos que terminar aplaudiéndoles sus colaboraciones y erigiendo una estatua en plaza pública en su honor. El buen lector sabe hacia dónde apunto.

No tengo capacidad para interpretar los códigos (digo, es un decir), pero confieso que me quedo perplejo, sorprendido, confuso y extrañado.

Y eso que a mí la declaración me ha salido a devolver y hasta me han pagado no sé qué atrasos de otros años. Imagino a más de uno intentando “colaborar con la justicia” estos días, levantando algún trapo sucio, tratando de que la declaración le salga a devolver. Apúrense, que se acaba el plazo.

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