jueves, 16 de julio de 2026

¿DE DONDE NACE O DE DONDE PACE?

 

 ¿DE DONDE NACE O DE DONDE PACE?

«La oveja no de donde nace, sino de donde pace» es un refrán español muy popular que viene a indicarnos que el lugar donde uno se cría, las experiencias que vive y las personas con las que se comparte la vida (donde "pace") moldean la personalidad mucho más que el lugar exacto en el que se nace.

El refrán viene a cuento por unas palabras escritas por M. Rajoy, expresidente del Gobierno, en un periódico deportivo afirmando que la selección de fútbol francesa es muy buena, pero que no tiene jugadores nacidos en Francia. Tal asunto, además de ser una flagrante mentira, presupone unos sentimientos escondidos no se sabe dónde que reducen el concepto de ciudadano a unos niveles casi solo instintivos y de tinte digamos oscuro..

A mí este señor no me ofrece demasiada confianza, pues no le concedo capacidad (que me perdone) ni casi para presidir una comunidad de vecinos; pero este hecho, que podría quedarse en el nivel de simple anécdota, me sirve para considerar el asunto del espacio territorial y temporal en la vida de una persona.

Si la niñez es el territorio ideal de una vida, el lugar en el que se desarrollan los primeros años de la misma, esos en los que todo es nuevo y luminoso y todo sirve para gozar e ir descubriendo el sentido de la propia vida, renunciar a ella es un pecado gravísimo. Adornar los recuerdos e iluminar los hechos, por pequeños e insignificantes que, desde la perspectiva del tiempo, puedan parecer, es sencillamente de bien nacidos. Mi pueblo es el más bonito de la provincia, pues no faltaba más; mi mirada hacia él, hacia su paisaje y hacia su paisanaje, es siempre benevolente y positiva, y mi defensa del mismo es casi radical.

Pero el mundo lleva a la persona por unos lugares y por unas circunstancias que en ninguna manera estaban previstas, y el azar hace de las suyas a su antojo. Y en ese paso del tiempo se va fraguando la personalidad y el roce con la vida. El ser humano tiene que ir haciendo frente a todo lo que la vida le propone. Unas veces lo hace en el mismo territorio y otras en lugares bien distintos. La globalización y todas las circunstancias que propone el mundo actual hacen que muchas personas dividan su tiempo en un aquí y allí alternativo y sin fijeza real.

¿De dónde hay que ser, por tanto? La respuesta ya nos la dieron los clásicos y es más vieja que la pana. El concepto de "ciudadano del mundo" (o cosmopolita) fue acuñado por el filósofo griego Diógenes de Sinope en el siglo IV a. C. Según relata el historiador Diógenes Laercio, cuando le preguntaron de dónde venía, él respondió que era kosmopolítes, que significa "ciudadano del mundo".

Es verdad que en el fútbol sigue existiendo cierto regustillo por lo próximo y se defiende un mal entendido orgullo de comunidad que domina a otra distinta. Los medios de comunicación, y los deportivos en particular, se ocupan de exagerar terminología hasta convertir todo en una batalla casi a muerte. Les va el negocio en ello y la masa se deja llevar con extrema facilidad.

Pero sería bueno rebajar el tono y alzar la mirada más allá de nuestras narices. España se halla a un paso de ganar el mundial de fútbol. Ojalá que lo gane. ¿Será por ello nuestra comunidad mejor o peor que todas las demás del mundo mundial? ¡Qué va! Vamos a sentirnos sanamente orgullosos, pero con mesura, pues, para que uno gane, otro tiene que perder. Otro día consideraremos la importancia de la suma de esfuerzos y los objetivos comunes como fórmula menos mala para alcanzar éxitos en todas las facetas de la vida. Y de lo que facilita todo el ser “buena gente” y nada estrellitas ni superhéroes.

Y el mundo seguirá girando sin sentido, nosotros volveremos a la sana rutina de la convivencia, y a tirarnos los trastos a la cabeza unos a otros, o tal vez a darnos un abrazo que mejore esa convivencia. Y seguiremos recordando en positivo el lugar donde nacimos. Y seguiremos siendo ciudadanos de un mundo que tanto nos ofrece y que tanto podemos mejorar con nuestro comportamiento.

Como escribí hace tiempo en un breve: «Valerano en Valero; / en Béjar, bejarano; / y siempre ciudadano / del mundo entero».

No hay comentarios: