martes, 8 de noviembre de 2011

YA ES EL CUARTO SONETO Y NO ME ABURRO

(Soneto elevado a la cuarta, en respuesta a uno elevado a la tercera de Anonymus)
Ya es el cuarto soneto y no me aburro
de incitarte a seguir haciendo versos
que sirvan de sencillo esparcimiento,
y me comporto aquí como baturro.

No es verdad que deponga como churros
por más que con la técnica convengo
en que hay caminos limpios a que vengo
con paso sosegado. Pero curro

lo que queda de huella en mis papeles:
la noche me sorprende deglutiendo,
sin dejar que me duerma en los laureles.

De inspiración y musas yo no entiendo,
salvo si son de carne muy turgente
y encienden dulces fuegos en mi mente.

Y entonces, ¡ay entonces!, qué contento,
me olvido de los versos por completo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

PUES DEJÉMOSLO ASÍ


(Respuesta a otro soneto de Anonymus)

Pues dejémoslo así, si es tu deseo,
ya que yo divertirme solo quise;
al fin y al cabo no son mis varices
sino las tuyas las que exigen retos.

En cuanto al mundo pastoril, no creo
que ya puedas cumplir lo que te dice
mitad la vanidad, mitad deslices
de un mundo de apariencia y devaneo.

Es receta de antiguos la que daba,
tomada de la luz de la experiencia.
Observa que en dormir cabe el poder

de perderse en el reino de la nada
o de engolfarse en la sabrosa ciencia
de morir en la gloria del placer.

Pero he de suscitarte otras recetas
por que expongas tus dotes de poeta.

domingo, 6 de noviembre de 2011

DIOS ME LIBRE DE DAR MANOS A MANOS


(Soneto con estrambote, dúplica al soneto sin título de Anonymus)

Dios me libre de dar manos a manos
y de ofrecer ayuda al caminante,
pues estos tiempos son duda constante
y hasta zozobra para  todo humano.

El mérito estará en saber si damos
esquinazo al dolor y, esto no obstante,
notamos que las huellas  son constantes
recuerdos de otros días ya lejanos.

En tanto que ese día  busca celda
en el cuadrante gris del calendario,
y en tanto que el sillón dicte sus normas

de posar en sus muelles las caderas,
dale descanso al cuerpo en solitario
y embaúla, cual Sancho, a todas horas.
Que vida pastoril solo requiere
comer, dormir sin fin y soltar vientre.

sábado, 5 de noviembre de 2011

!TE HAS OPERADO Y ES DE LAS VARICES!


(Para mi amigo Antonio Merino)

Te llamo por teléfono y me dices
que en una tarde gris  y en cama dura
te han quebrado del cuerpo la estructura:
te has operado  y es de las varices.

Y pienso que es mejor que te organices
pues te conduces ya en la edad madura
y no es cuestión de dar pie a la amargura:
es máxima absoluta ser felices.

Mete mano a la vida -y a otras cosas-,
ríete de ti mismo y  de las venas,
y estira bien la pata en los caminos.

Sentirás que la vida es muy gozosa,
que el trato de la mano no da  pena
y que el cuerpo merece cualquier mimo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

EL FIN ES EL SER HUMANO

Si el fin no es el mercado ni la ganancia particular sino el hombre, el ser humano, la mejor capitalización será, sin ninguna duda, la que invierta sus esfuerzos y sus recursos en ese ser humano, en ese ser en el que va a poner todo su entusiasmo y del que espera todos los beneficios cuando desarrolle todas sus potencialidades. O sea, que, incluso en términos estrictamente económicos, y hasta monetarios, la mejor inversión es la de considerar al ser humano como fin y nunca como medio.
Como medio se le ha tratado durante casi toda la Historia: primero desde la esclavitud mental y religiosa, que lo sometía a voluntades extrañas y esotéricas, interpretadas por los poderosos siempre; después como una fuerza más de la cadena productiva, de la que había que obtener las mayores plusvalías, o sea, como simples fardos o tornillos; por último como masas sin capacidad de reacción ante la potencia de los llamados mercados, dominados también por un grupo absolutamente minoritario y despiadado que no se conforma con nada y que carece de escrúpulos por esconderse en la impersonalidad y en las cuentas bancarias.
Por encima de todas estas situaciones, hay que hacer emerger al ser humano -utilizo conscientemente la palabra “emerger” porque considero que anda en nuestros días sumergido y ahogado en un mar de agua que no le deja respirar siquiera- hasta ponerlo en la cúspide y en la meta de toda planificación y de todo esfuerzo y sistema social. No es nada fácil pedir las voluntades de los ciudadanos, ni siquiera las de muchos de los que peor lo pasan en situaciones como las actuales: los tiempos y los urgencia no siempre dejan razonar.
¿En qué hay que invertir para capitalizar a cada ser humano y no solo a unos pocos de tal manera que no aumentemos cada día el abismo que separa a un grupo de privilegiados del resto? Sospecho que, a poco que serenamente razonáramos, nos pondríamos de acuerdo. La inversión que más réditos nos va a producir a medio y a largo plazo es la que dediquemos a la educación. Con ella conseguiremos despertar en todos y en cada uno de los ciudadanos las inquietudes suficientes como para que despierte y para que desarrolle sus particulares capacidades, que ha de poner sin reparos al servicio de la comunidad.
Echo la vista atrás y considero la extensión y la calidad de la educación. A lo largo de la Historia, el asunto de la educación ha sido un asunto de minorías, un asunto  aristocrático reservado solo para unos cuantos privilegiados. Primero bajo la batuta conventual y religiosa, los únicos que tenían tiempo libre y adquirían la posibilidad y el privilegio de aprender a leer y a escribir, y desde el sometimiento a los criterios religiosos y de los que los administraban. Después, desde el Renacimiento, como posibilidad de ir incorporando el valor del ser humano y sus posibilidades desde el Humanismo. Todavía en la mitad del S XIX los primeros años escolares no eran obligatorios: la ley Moyano es de la segunda mitad, si no me falla la memoria. Y la extensión de la obligatoriedad hasta los dieciséis años es de hace no más de veinticinco años, medida recibida con gran rechifla y protesta de la derecha, por supuesto. Que cada cual analice qué grupos sociales han empujado siempre en un sentido y en otro y que extraiga sus propias conclusiones. Lo mismo se puede decir de la enseñanza media y de la universitaria.
Y, si aún queda un ratito para pensar, que se analicen las últimas medidas en materia de educación que se han aprobado en varias Comunidades Autónomas hace tan solo unos meses.
Porque los elementos teóricos tienen que preceder a las actuaciones prácticas, pero no anularlas sino todo lo contrario, tienen que justificarlas y servir de pilar para llevarlas a cabo con energía. A partir de este principio, se ejecutan planes de estudios, horarios profesionales, carreras docentes, calendarios, construcciones escolares, tipos de asignaturas, perfiles académicos, valor de las enseñanzas, objetivos de las mismas, división y tipos de enseñanzas públicas, concertadas o privadas, existencia o no de subvenciones, parte del PIB que se dedica a la educación, escalas de valores… y todo un enorme conjunto de medidas que afectan a la economía dineraria pero que, sobre todo, modifican el valor de futuro de las sociedades. ¿Cómo va a ser lo mismo dar preminencia, por ejemplo, al cultivo interior de la persona que dedicar más esfuerzos a los aspectos exteriores y de triunfo?
Una concepción socializada de la enseñanza, entendida en su sentido más amplio y humanista, no puede permitirse el lujo de dejar fuera de juego a ningún elemento de la comunidad. Cada uno tendrá que desarrollar sus potencialidades, que no serán las mismas en todos; la comunidad tiene la obligación de facilitar a todos las mismas posibilidades y de exigirles después según las diversas capacidades. Por eso, si no alzamos la mirada, también en este campo, sobre todo en este campo, nos quedaremos una vez más en una lucha fratricida en la que van a vencer solo que pertenecen a un grupo de privilegiados pero va a perder muchísimo más toda la comunidad. También en términos estrictamente monetarios.
Y, por supuesto, con una gestión activa y racional de todos los medios, que las ideas no nos deben ocultar las buenas prácticas ni las máximas exigencias
Qué lejos todo esto de pensar pobremente en exámenes y en expedientes, en aprobar oposiciones y en situarse confortablemente en la rueda de la fortuna, de mirar a la lucha para ver vencedores y vencidos, de acogotarnos solo con gestión de unas perras, y con tirarnos los trastos a la cabeza en medio de insultos y de acusaciones siempre personales y morbosas.
Dicen que esta noche empieza la campaña electoral. Pues qué bien.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

PONER LA VELA

          
Parece que no ganamos para sustos y que lo peor está aún por llegar. Me levanto últimamente con el sonsonete de las noticas y de las opiniones que en la SER se van desgranado cada mañana. Procuro ponerme la coraza porque tampoco estoy dispuesto a venirme al suelo desde primeras horas, pero oigo, escucho y sigo sacando conclusiones.
Mañana mismo empieza la campaña, una campaña que ya está hecha desde hace muchos meses y que arrojará una victoria aplastante de la derecha. No será, desde luego, con mi voto. Y no lo será porque me resisto a simplificar en el esqemita de que lo que no funciona mal hay que cambiarlo por principio. No antes de analizar por qué sucede lo que sucede y qué se puede vislumbrar para el futuro. Mientras en niveles populares, de esos que los alfabetizados puedan entender, no se discurra y serenamente no se vuelva a los principios, dejándose apabullar solo por lo más inmediato, conmigo que no cuenten.
Sigo reclamando los principios y las ideas trabadas, la ideología y la mirada amplia. Aunque los tiempos no den tregua y mucha gente no disponga de un momento siquiera porque la necesidad la acucia.
¿Por qué no hay algún medio público que, en vez de dar minutos de mítines, en los que se dice lo que quieren oír los asistentes y las frases preparadas para los medios, no se analiza un principio cada día desde los puntos de vista de los partidos que se presentan? Si es que los tienen distintos, claro, Y, si son los mismos, también.
A mí me dan ganas de hacer algo de eso durante todos estos días. Pero es que yo no soy experto ni cobro un real por glosar conceptos; tampoco soy ningún aspirante a nada y acaso tampoco me escuche nadie, y menos, me haga caso.
Por ejemplo, unas palabras acerca de la CAPITALIZACIÓN. Parece claro que vivir por encima de las posibilidades no conduce a buenas metas. Claro que, si no se matiza, que me digan a mí qué puede gastar una familia que no tenga ingresos. Según este principio, que se muera directamente para no gastar por encima de lo que puede.
Pero podemos suponer que, en conjunto, incluso es necesario no solo no gastar por encima de lo que se puede (ladrillazos y similares) sino ahorrar y dejar campo libre y seguro para las generaciones que nos sucedan. Esto, en conjunto o en particular es lo que se llama capitalización. La persona, la fábrica o el grupo que no tengan en su horizonte cierto grado de capitalización corren el riesgo de la zozobra y hasta de la quiebra o la desaparición. El ejemplo de la industria textil de esta ciudad en la que vivo podría muy bien ejemplificar lo que digo. Me pregunto si los que más se han descapitalizado son las personas, las familias, los bancos o el Estado. Al menos habría que tener la honradez de repartir responsabilidades y no hacer un pimpampún de los demás cuando acaso no podamos ni mirarnos al espejo.
El motor de la capitalización en un régimen capitalista no es otro que el deseo particular de agrandar  los beneficios particulares; si una fábrica o un banco se capitaliza, lo que busca es obtener mayores beneficios para sus dueños o para sus accionistas. Para ellos solos. La comunidad únicamente les interesa como campo de mercado en el que poder seguir actuando. Desde un punto de vista socialista, la recapitalización podrá exigir sacrificios pero los pedirá a todos y buscará con esos beneficios que el futuro sea más positivo también para todos. Porque lo que interesa a la visión capitalista es el bien particular, mientras que el eje del punto de vista socialista es la comunidad, el ser humano como tal, no como dueño. El apoyo ideológico del socialismo tiene que ser moral mientras que el del capitalista es simplemente económico; el primero es común mientras que el capitalista es individual y siempre egoísta.
Desde estas dos bases tan diferentes, no parece que sea la misma una petición de sacrificios o de esfuerzos a los ciudadanos, claro que no. Para ello, por supuesto, tienen que estar claros algunos principios, algunas ideologías; de lo contrario, todo nos parecerá que tiene el mismo sello. Y así…
Yo me apunto a un socialismo humanista, a un planteamiento colectivo en el que se busque la mejora y la felicidad del individuo, pero de cualquier individuo de la comunidad. Por eso creo en la sentencia de don Antonio Machado que me gusta recordar: “Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre”. Claro que también es sentencia del maestro la siguiente: “En política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”.

martes, 1 de noviembre de 2011

LA VOZ DORMIDA


Son las once y media de este último día del mes de octubre cuando escribo estas palabras apresuradas, que manan solas en un manantial agitado. Hace tan solo un rato que he vuelto del cine. Qué poco voy al cine últimamente. He visto y he sentido “La voz dormida”, una película de Benito Zambrano basada en la novela del mismo nombre de la escritora Dulce Chacón.
Había leído la novela pero no la tenía en mi mente y no la puse en paralelo con la película hasta que llevábamos diez minutos de proyección.
Parece que lo más justo sería que dijera algo acerca de las imágenes, de la luz, de las secuencias, del ritmo narrativo, de la caracterización de personajes…, o sea, dar alguna opinión acerca de los elementos que componen aquello que aspira sobre todo a ser una obra de arte ¿Para qué? Que lo hagan los críticos de cine, que para eso les pagan. Todo queda superado por la intensidad y el dramatismo de lo que allí se presenta. Es verdad que el director toma partido, es verdad que observo cierta exageración en las caracterizaciones, es verdad que el tema de la guerra (in)civil se repite con mucha frecuencia, es verdad que acaso falten contrapuntos, es verdad…
 A la mierda con la verdad. La mayor verdad es reconocer de nuevo que aquello fue una barbarie en todos los niveles; la verdad es que los sucesos que en la película se narran fueron por desgracia el pan de cada día; la verdad es que el compincheo entre falange, ejército  e iglesia resulta totalmente asqueroso; la verdad es que hubo muchísimo hijo de puta durante la guerra y, sobre todo, después de la guerra; la verdad es que todo fue un atropello y un sindiós, a pesar de tanto meapilas y tanta adoratriz; la verdad es que se me escurrieron demasiadas lágrimas en la oscuridad de la sala; la verdad es que estuve a punto de gritar de rabia desde mi butaca; la verdad es que la herencia de aquel desaguisado todavía anda por las calles; la verdad es que una dosis de este tipo de recuerdos viene muy bien pero muchos tragos resultan demasiado dolorosos; la verdad es que salimos con la salmodia de que lo peor es que todo lo que había aparecido en pantalla había sido, por desgracia, verdad; la verdad es que descubrí a una actriz maravillosa, María León, que había encontrado una entonación inocente, perfecto contraste al tono absolutamente dramático de la película; la verdad es que otra vez se demuestra que lo peor no fue la contienda sino los largos años posteriores; la verdad es que los muertos no fueron los únicos, ni acaso los principales, sufridores de tanto horror y de tanto odio acumulado sino sus familiares; la verdad es que, si hay paraíso, estará negado a aquellos que se dicen sus principales valedores por estos pagos; la verdad es que la película encierra muchas verdades terribles… Estas sí que son verdades, aunque no sean muy académicas.
Me asomo a internet para conocer alguna crítica de los profesionales de la misma y me encuentro con una de un tal José Arce que no hace referencia a casi ningún elemento de construcción formal, salvo a su “limpísima fotografía y disposición pictórica casi enfermiza”, y solo se fija en lo siguiente: “El cine español insiste en el tema de la Guerra Civil, con un drama excesivamente frío en su puesta en escena y planificación. Buenas interpretaciones y tendencias panfletarias para una propuesta incapaz de alcanzar un público nuevo”. La madre que lo parió.