Juro que me ha costado un sobreesfuerzo
tirarte de la lengua con mis dardos,
pero se te soltó de pronto tanto
que temí por la fuerza de tu verbo.
Repetiré que solo era un intento
de animar a tu pluma y a tu mano,
remisas a la magia y al encanto
de seguir practicando un simple juego.
Llevamos, me parece, ratos buenos
en iniciales dimes y diretes,
desde el pretexto aquel de las varices.
No estoy de los dos últimos contento
y pienso que el fastidio algunas veces
termina por tocarnos las narices.
Sin más disquisiciones ni remilgos:
si hay que pedir perdón, aquí lo pido.
Give me five, compañero, te suplico.