viernes, 12 de noviembre de 2021

NOTAS A PIE DE VIDA (2011)

  

NOTAS A PIE DE VIDA (2011)

Me llegan ejemplares de la tercera entrega de mis diarios Notas a pie de vida 2011. A ver si cojo carrera en la edición, pues han de ser entre 15 y veinte entregas. Solo está siendo esto posible gracias a la editorial malagueña Caligrama y a la disposición y la amistad de Jesús Majada en la edición y de Antonio Merino en la corrección. De nuevo la amistad por encima de cualquier otra consideración. Mil gracias a ambos.

Como soy muy descreído en lo que a comercialización y a todo lo que a las ventas se refiere, es más que probable que la distribución sea manual, aunque no está decidido del todo.

Lo dicho, un hito más en el paso de los ya dilatados días. Y los que quedan. No puedo asegurar que guardan cuanto sé de mí, pero sí mucho de lo que me ocupa cada día en el discurrir del tiempo.

 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

NO SOIS TIEMPO DE OLVIDO


NO SOIS TIEMPO DE OLVIDO

Aún es plural el tiempo que me habita,

sigo siendo vosotros todavía,

por más que necesite algún adverbio

para dar luz a un fondo ya con niebla.

 

He girado visita al camposanto,

al sereno y desierto cementerio,

donde se hallan dormidos vuestros restos,

eterna compañía de la tierra.

 

Unos jóvenes árboles plateados

guardan en sus raíces vuestra tumba,

desde sus ramas hablan con las hojas,

que lloran por vosotros tiernas lágrimas.

 

En un rincón perdido y silencioso,

encima de la lápida, estas hondas palabras:

“El tiempo se ha quedado

dormido entre sus brazos”.

 

No sois tiempo de olvido todavía,

mi tiempo es vuestro tiempo y en sus horas

seguís dándome fuerza, que me empuja

a dar sentido al tiempo que me habita.

lunes, 8 de noviembre de 2021

SARA SALE CON SUS AMIGAS

 

SARA SALE CON SUS AMIGAS

Las cinco de la tarde, día de otoño,

sábado, seis, noviembre, veintiuno.

Me dices que es tu tiempo, que has quedado

 para salir, al fin, con tus amigas.


Finjo y miro con aire distraído.

 

Te vistes no de niña, sino al gusto

de una chica que ya siente la vida:

pantalón de alto talle, zapatillas,

peinado con reflejos, pelo al viento,

y un bolso donde guardas tus secretos.

 

Te observo, recupero del pasado

los recuerdos de tanto compartido:

tú eras siempre princesa, ahora eres reina,

te vas al mundo azul con tus amigas,

a explorar, con cautela, las sorpresas

que la vida te guarda en sus caminos.

 

Quisiera acompañarte en tu paseo,

aunque sé que eres tú la que has de andarlo,

a solas, cara a cara, paso a paso.

 

Irás y volverás hasta nosotros,

según marquen las horas y los días.

Siempre te aguardará nuestro cariño

esperando que en todos tus anhelos

encuentres experiencias positivas.

viernes, 5 de noviembre de 2021

PASEO OTOÑAL

 

PASEO OTOÑAL

Salgo al campo buscando hacerme espacio,

otro espacio distinto al que ahora habito.

El viento ha despeinado a los cerezos

con su peine de frío. Los castaños

se agotan en el ocre de sus hojas

y los fresnos se arricen ya desnudos.

Hay pájaros que vuelan despistados,

entonando en las copas de los pinos

una canción tal vez desafinada.

El cielo funde azules y a la sierra

le han salido ya canas en sus sienes.

 

Todo parece luz, color de otoño

que revelan sus últimos suspiros

y anuncian la llegada de otros días

en que reinan la noche y el olvido.

 

Mi corazón camina meditando

si soy espacio y tiempo hechos ya otoño

en el correr confuso de la vida.

jueves, 4 de noviembre de 2021

CON LAS MANOS EN LA MASA

CON LAS MANOS EN LA MASA

El concepto de tiempo me puede. Lo hace porque lo siento tan necesario como imposible. El tiempo es solo esa coordenada difusa que cada uno de nosotros va creando con sus obras a lo largo de la vida. Por eso, el tiempo, su definición y su dimensión, son diferentes según los sujetos y sus realidades. Tal vez lo que más se acerca a eso que llamamos tiempo sea la suma de las actividades de cada cual. Si así fuera o fuese, tal vez deberíamos preocuparnos más por los componentes que por la suma, pues esa suma no es más que un constructo ideal. Me pegará el maestro Kant con sus a priori, pero yo me dejo azotar.

Por ejemplo, el dinero. Suelo andar despreocupado del vil metal, o eso puede parecer, porque mis gastos personales son pocos y mi escala de valores me hace ser un poco tacañillo. Pero debo reconocer que su posesión da posibilidades que sin ella no se podrían ni soñar. Con la posesión de cualquier cosa, se puede empezar a ejercer el juego de las posibilidades y de las elecciones.

Así, con cincuenta euros, por ejemplo, puedo pensar en acercarme a un centro comercial y asomarme a las estanterías. Estas naranjas no me gustan mucho, pues las últimas destilaban poco zumo. Podría comprar una caja de leche desnatada, pero de esta marca, que tiene un sabor algo distinto. Me apetecen unos bombones de chocolate, aunque no sean lo mejor para el peso. No me apetecen esos yogures porque tienen lactosa. Mejor los pimientos rojos que los verdes. ¿Por qué no un poco de empanada y tenemos la cena hecha? Y con una botella de vino… Y así, por pasillos y estanterías, hasta que el carro se vea casi lleno y habremos jugado a las posibilidades de esto sí, esto no; aquello también, y lo de más allá, para otro día.

A la llegada a la caja, la realidad tal vez nos juegue una mala pasada y nos recuerde que, con cincuenta euros, no se puede ir muy lejos ni ejercer en demasía la elección de productos. Acaso incluso el cajero o la cajera nos inviten a devolver la mitad de los productos porque el billete no nos alcanza. No importa, nos queda la reserva de la tarjeta bancaria, ese recurso que nos hace invisibles ante los demás y tras la que ocultamos nuestras deficiencias o nuestras reservas.

 Por si estos hechos no nos resultaran suficientes, nos queda la realidad más general de gastar o de no gastar, de ir a la compra o de dejarlo para otro día. Lo importante es la sensación y la seguridad de que podemos hacer uso de algo que está en nuestras manos.

¿Podemos decir lo mismo del concepto del tiempo? Incluso si fuera algo real y externo a nosotros, tenemos la seguridad de que se nos agotará más pronto que tarde, sin que podamos hacer nada contra él. Así que, sea porque no existe o sea porque no lo podemos controlar, tal vez debamos sentirnos más fuertes con los elementos que conformamos nosotros mismos y que terminan componiendo un cuadro de diversos colores del que los pintores somos también nosotros mismos.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

CHÁNDALES

CHÁNDALES

Claro que, unos pasos más adelante, me da por fijarme en mi propia vestimenta. Visto chándal marrón, camisa del mismo color y chaqueta negra; y calzo unas zapatillas que uso desde hace varios años y que se ajustan a mi pie perfectamente. Abriga ya todo como lo que es apropiado para el invierno, pues la vestimenta del verano ya no se me pega a la piel como deseo y quiero.

Juro que el chándal no está roto y que me ha de durar varias temporadas más, a pesar del empeño de mis allegados en que use otro que me han comprado no hace mucho. Me resisto a estrenar el nuevo porque creo que no lo necesito y porque me sirve para argumentar la necesidad de no gastar más que lo que realmente sea necesario: no encuentro forma menos mala para mostrar un poco de respeto a nuestro planeta y para asegurar una vida algo más saludable que el de gastar menos. O acaso no debería tirarme el pego y sea simplemente la inercia y la vagancia la que me haga repetir siempre la misma indumentaria, qué sé yo. Qué dirán los del PIB y los del crecimiento económico, me van a correr a palos.

Y, mirando mi chándal y su utilidad, me dejo llevar otra vez por el camino etimológico y rastreo el valor primero de la palabra. Después, recorro con ella el camino que la ha llevado hasta el presente, en su forma y en sus modificaciones de significado. Lo he hecho varias veces ante mis alumnos, como muestra de los cambios inevitables de la lengua, que, como cualquier ser vivo, nace, crece, se multiplica y muere.

CHÁNDAL. Acudo al DRAE: (Del francés chandail, jersey de los vendedores de verdura). Ropa deportiva que consta de un pantalón y de una chaqueta o jersey amplios. La primera acepción, claro, es la fetén; la segunda refleja el significado actual.

O sea, que ese traje, tan deportivo él y tan universal, tan de tono festivo y alegre, resulta que se refiere a una vestimenta especial de vendedores de verdura. Y todo para no ponerse perdidos con la verdura y poderse cambiar al volver a casa. Pero, agárrense las manos y tápense la nariz: chándal es abreviatura de marchand d´ail, o sea, mercader o vendedor de ajos. Como para no cambiarse de ropa y lavarse bien las manos. De modo que voy vestido con una indumentaria propia de los vendedores de ajos y de verduras en general. Y así jóvenes y viejos, grandes y chicos, hombres y mujeres en todo el ancho mundo, tanto en los días de san Juan, en los que se recoge el ajo, como en el resto del año.

Menos mal que me miro y, al menos, no descubro ningún roto ni en el pantalón ni en la camisa de mi chándal. Pero me imagino que la moda, esa fiebre que empuja a seguir como ovejas lo que nos mandan desde los focos de la publicidad y del dinero, sobre todo a los jóvenes y a los que poseen una coraza mental y cultural menos fuerte contra los rayos luminosos de fuera, andará ya en el diseño de los chándales con rotos y con hilos colgando que dejen media pierna al aire.

Me volveré a fijar en las muchachas de los pantalones rotos para preguntarles por sus chándales. Su uso o desuso será un buen termómetro para medir la temperatura de la moda en lo que al chándal se refiere.

Yo lavaré bien mi chándal y mi boca, por si acaso queda por ahí algún rastro de olor a ajos.

martes, 2 de noviembre de 2021

PANTALONES

PANTALONES

Hace frío cuando salgo a la calle. Son los primeros días otoñales en los que sentimos la ausencia de un  verano que cada año dura más. De pronto, apenas dar vuelta a la esquina, aparece un grupo de chicas, tal vez quinceañeras, que se dirigen seguramente a su centro de estudios. Me fijo en su vestimenta. Dos de ellas llevan sus pantalones con unos rotos enormes y unos hilos colgando. Enseguida me aseguro de que esa rotura viene de fábrica, y es más que probable que hayan tenido que pagar un precio mayor precisamente por estar confeccionados con esos ostensibles rotos, que dejan a las chicas con media pierna al aire. Es la moda. Se llevan así. Hay que seguir al rebaño y estar a la bajura de las circunstancias. Vaya por Dios. Que no se resfríen. Y que no confundan un resfriado con la infección del virus de la Covid.

Me quedo pensando en esa palabra que designa a una pieza de vestir tan universal y tan variada:  PANTALÓN. Cómo cambian los tiempos. A veces se hacen circulares y vuelven, nostálgicos, a su origen.

Parece demostrado que la palabra de marras procede del italiano Pantaleon o Pantaleone, nada menos que un personaje ridículo, viejo avaro veneciano de la Commedia dell’Arte, del siglo diecisiete. La revolución francesa lo adaptó para referirse a aquellos sans culottes, paisanos de las clases bajas que no se podían permitir abrigarse con un culotte, o sea, los artesanos y trabajadores menos remunerados. Y de ahí, a nuestro castellano, en el que, de rondón, se ha colado hasta convertirse en figura universal, interclasista e intercultural, que no puede faltar ni en las mujeres de más avanzada edad. Tanta fuerza ha llegado a tener que se convirtió en símbolo de fortaleza o de flaqueza, según los casos: "Llevar los pantalones", "Bajarse los pantalones".

La variedad, como corresponde a una sociedad con abundancia, es enorme y ya no sirve solo el genérico pantalón, ahora hay que buscarle formas diferentes para que, como la gripe, cada año se pueda anunciar con algún aditamento nuevo y así obligar a los adictos a la moda a comprar (palabra que forma doblete con comparar), a efectuar una compra más, aunque la necesidad brille por su ausencia. Es lo mismo que hacen los equipos de fútbol con sus camisetas.

Y ahí andamos, con la moda y con los pantalones a cuestas, con rotos y sin romper, altos y bajos, con botones o sin botones, con cremallera o sin ella, con doblez o sin ella, lisos o arrugados…

Cuando yo era niño, se usaban pantalones cortos con una raja en el trasero. Imagínense con qué utilidad. Se conoce que ya era un anuncio de los pantalones que hoy están llenos de rotos. O tal vez no.

Siento que los fríos vientos serranos ayuden a coger resfriados a estas muchachas quinceañeras. Pero parece que lo están deseando: antes se remendaban los rotos; ahora se pagan a buen precio los que ya vienen de fábrica.

La Historia, la moda, el sistema social, la silueta de esas jóvenes, mi nieta también con pantalones rotos… Y yo buscándole tres pies al gato en etimologías y en sorpresas callejeras.

Me voy a abrigar, que viene el frío y no quiero vestirme de romano.