domingo, 31 de mayo de 2015

SOY TIEMPO Y SOY ESPACIO


Ser espacio y ser tiempo no es solo tener unos límites marcados en los que apareces y desapareces, en el absoluto olvido precedente y en el paulatino posterior; ni tampoco unos mojones dentro de los cuales te mueves para rozar, tocar o ver. Si así fuera, cada uno de nosotros sería algo diferente al propio espacio y al propio tiempo.
Ser tiempo es ser una persona diferente según los elementos naturales y atmosféricos se presenten de una manera o de otra distinta. Un día de lluvia conforma a una persona distinta de aquella que articula un día soleado. Poco importa que a uno la lluvia le guste y a otro le disguste tener que utilizar el paraguas, o que a uno le moleste el sol y a otro se le suelte la sonrisa si se asoma a la ventana y ve que el sol luce en todo lo alto. Lo importante es que cada uno de nosotros se armoniza y se hace naturaleza y luz y espacio según el propio espacio y el propio tiempo.
Somos uno y somos muchos a la vez. Hoy no somos los de ayer ni somos los de mañana. No conocemos tampoco lo que queda de cada uno de nosotros a medida que pasa el tiempo o que cambiamos de lugar. Porque algo tiene que quedar para dar continuidad a la conciencia, pero no sabemos precisar qué sea ese algo.
Por eso, cuando me levanto y miro a través de las ventanas de mi terraza, sé que soy otro y que no soy el mismo con la luz en lo alto o con las nubes en el horizonte, con el cielo claro o amenazando lluvia, en tiempo de frío o en tiempo de calor. El sol me afecta, como les afecta a las rocas y a los árboles; se me mete en el cuerpo, como lo hace con los prados y con los caminos, para que ya sean otros prados y otros caminos diferentes; y la lluvia me cala y me hace agua, como convierte en regato las laderas o lava la cara de las plantas para que sean otras plantas. Ahora mismo estoy en medio de la noche y soy también noche, como lo son los edificios que desde aquí diviso o son noche los cauces de los ríos y los astros del cielo que intuyo allá a lo lejos.

Soy uno y soy todas las especies. Y todas las especies son conmigo noche y día, lluvia y sol, bruma y ceguera de luz, conciencia universal encadenada. Y, en esa conciencia universal encadenada, soy nada, diminuto, por menor, eco, vagido, sombra…, tiempo y espacio. 

sábado, 30 de mayo de 2015

EL TIEMPO Y TÚ


EL TIEMPO Y TÚ

La luz de amanecida se desnuda
y el tiempo hace descanso y se sosiega.
Es la clarividencia en la hermosura,
es la ceguera intensa de la luz
cuando se torna cuerpo a ras de tierra.
El viento le da vuelo. Las montañas
se yerguen y se peinan. Hay un fondo
de campos y de nubes que reciben
alborozados el fulgor del día.
Las aves se abalanzan codiciosas
en busca de la luz, y se alzan a los cielos
con unos sentimientos aturdidos.
Las aguas rumorean en los ríos,
con una fuerza clarificadora,
y todo canta una canción de gozo.
La luz y el tiempo bailan, se complacen
en el dominio de la sabiduría.

Tan solo faltas tú en este momento
de intensa claridad. Mas poco importa:
tú permaneces
con la constancia terca de las rocas,
por encima del tiempo y de los brillos

fugaces del frescor de la mañana. 

jueves, 28 de mayo de 2015

LAS PALABRAS DE SÓCRATES


La historia de la filosofía se suele enseñar según períodos que van marcando diferencias y rumbos distintos a partir de lo que antes se ha concebido y expresado racionalmente. La primera división clásica es la de los filósofos presocráticos y la de Sócrates y toda la legión de sus seguidores. Sócrates marcó un cambio de rumbo que, de manera muy resumida, empujaba al ser humano a dejar de mirar antes a los elementos naturales que al ser humano y a marcar la flecha de la introspección, del ser humano como valor central, del nosce te ipsum. Hasta entonces era la física, eran los átomos, era el universo, eran Pitágoras, Parménides o Heráclito, eran los sofistas y eran los dioses; después, y ya para siempre, fueron el ser humano y sus posibilidades.
Y todo lo confió a la palabra, al argumento inductivo y a la conclusión inevitable que lanza al que llega a ella, no a una certeza absoluta, sino a un nuevo punto de partida para nuevos caminos y para nuevos descubrimientos. Tal es el método socrático. Y siempre, el muy mamón, desde la palabra hablada: ¡no nos dejó escrita ni una jodida línea! Todo lo conocemos a través de sus discípulos, Platón sobre todo.
Los sofistas también utilizaban la palabra, pero como instrumento para su negocio; sus enseñanzas y conclusiones tenían que aspirar a ser absolutas e indiscutidas: así alcanzaban el prestigio y subían su caché. El camino llegaba a la meta en la conclusión de su razonamiento. Lo de Sócrates era otra cosa, él no daba nada por concluido nunca ni se erigía en campeón de la verdad: la perseguía siempre e invitaba a perseguirla como mejor manera de enriquecer la vida en el razonamiento y en las costumbres. Tal vez por eso no dejó las palabras escritas, como si quisiera decirnos que las persigamos, que las intercambiemos, que las ordenemos y que no las perdamos de vista en nuestro comportamiento vital. La palabra así, bien utilizada, nos sirve para el conocimiento interior y personal, para delimitar nuestras posiciones, nuestras cualidades y nuestros defectos. Y, sobre todo, para situarnos ante los demás. Porque es la palabra el principal instrumento de intercambio, el elemento que nos hace más sociales y más ciudadanos, más habitantes activos de una comunidad y mejores personas. La palabra de Sócrates es la de la reflexión, no la de la certeza absoluta, y mucho menos la de la autoafirmación y la de la exclusión de los demás, pues no busca la eliminación sino la verdad como paraguas en el que refugiarnos todos.
Qué diferencia con otras intenciones tan “modernas” en las que, cuando nos fallan los ánimos, acudimos a libros de autoayuda, que se anuncian como la panacea y la salvación de todos los males con presentación de remedios infalibles en un corto tiempo. Todo sucedáneo, todo placebo, todo mentira, todo engañifa.

Tengo la sensación de que, en estos días, muchos necesitamos mucho más las palabras y el método de Sócrates que los libros y las frases de autoayuda en las que tanto nos refugiamos. Nos implican mucho más y nos hacen protagonistas definitivos, y son mucho más hondas y duraderas. Así que, hoy, un poquito más de Sócrates, vía Platón, y menos libros de autoayuda, vía comentarios insulsos y faltos de reflexión.

miércoles, 27 de mayo de 2015

EVOHÉ


Deseo huir a marchas forzadas (magnis itineribus) del lodazal de los anónimos en los periódicos y de los desahogos generales que no vienen a cuento por parte de desconocidos que parecían estar esperando la más mínima ocasión para echar fango generalista. A su lado aparecen opiniones de algún desorientado que, carente absolutamente de datos, arregla el mundo en dos patadas y se queda tan ancho y satisfecho. Muy complicado todo para mí. Me resisto a entrar al trapo y, además, juro que pienso en lo que dicen, a pesar de todo, y me salen resultados que -me digo- no pueden ser del todo verdad porque son muy pobres, y yo también seguramente tendré algo que aprender y que cambiar. Pero juro que no lo veo. Todo ello me pone de mal humor y me disgusta.
En esta huida me he encontrado con las páginas de Ovidio en su “Arte de amar”. Se trata de una relectura, pues ya había caído bajo mis ojos hace algunos años. Es, sin duda, un referente clásico para lo que describe el título, el Arte de Amar.
Si tratáramos de definir qué es eso de Arte y qué es eso de Amar, tal vez andaríamos un poco más avisados. El autor se mueve en el nivel de los artificios y de las tretas para conseguir sencillamente la conquista física del género opuesto. Que nadie vaya a las páginas a buscar elementos ideales, ni de felicidad ni de concordia filosófica. Se trata de conquista sexual pura y dura.
Después de dos mil años, todo parece infantil y hasta un poco de novela rosa de Telecinco, e incluso se podría decir que el libro no tiene más alcance que el del pasarratos. Y, sin embargo, el libro sigue siendo referente universal. ¿Por qué? Causalidad múltiple: moda, inercia literaria, papanatismo…, y tal vez que los medios y las tretas no han cambiado precisamente mucho en dos milenios.
Hay algo que a mí me llama poderosamente la atención, muy por encima de cualquier otra consideración. Se trata de la función que, en asuntos de amor, se le asigna al hombre y a la mujer. Y me apena que el género femenino sea en Ovidio sencillamente un objeto de conquista, una torre que hay que asaltar (“el arte de amar es una milicia”, dice literalmente alguna vez) y que, una vez asaltada, abre sus puertas y se rinde sin ninguna condición. El hombre es el activo y la mujer el objeto pasivo que nunca puede tomar iniciativa, como ser inferior y solamente receptivo. Todo el libro no es más que una suma de consejos para que el hombre actúe con éxito y para que la mujer se preste de mejor manera a esa conquista.
Cada hecho hay que explicarlo en su contexto pero me pregunto hasta qué punto no se sigue repitiendo el esquema en nuestros días. Y me pregunto con mucha tristeza hasta qué tanto por ciento asciende el número de mujeres que se presta a este esquema y se deja llevar en esta función pasiva y hasta degradante, contribuyendo así a que se perpetúe en su perjuicio y en su falta de valoración. La moda, el cine, las costumbres…, casi todo muestra la complacencia de muchas mujeres en ese rol pasivo y de ser seductor pero objeto de conquista.
La vida no es más que una suma de relaciones. Desarrollarlas en plano de desigualdad crea un ambiente desigual y desequilibrado. Si el que ejerce de sometido y de esclavo no solo no se subleva sino que se muestra agradecido, no sé qué posibilidades quedan de que la escala de valores se invierta.

De este modo, el libro de Ovidio, como el del Arcipreste de Hita y otros, puede resultar ingenioso, pero dibuja un panorama desolador y de desigualdades intolerables. Cada cual sabrá cuál es su función.

martes, 26 de mayo de 2015

TARDE DE LLUVIA


TARDE DE LLUVIA

Fíjate en la tristeza de la tarde,
observa cómo llora con la lluvia
que, poco a poco, deja su lamento
sobre la tierra. Los regatos surcan
los lechos escondidos de los montes
y beben de sus pechos y se alargan
como un lento cortejo de silencio.
Los pájaros confunden en sus vuelos
la trayectoria exacta de sus alas.
A lo lejos, se escucha el eco azul del horizonte.

Tú estás entre la lluvia y eres lluvia,
te adivino
como un presentimiento ya dispuesto
a compartir conmigo la certeza de ser,
de estar en el camino frente a frente.

Voy a buscarte, ofréceme tu mano,
mojémonos los cuerpos y los labios,
démonos a la lluvia y, con su canto,
perdámonos del todo entre las aguas.

La tarde se ha hecho cáliz y nosotros
bebemos su murmullo hasta agotarla

en una comunión interminable.

lunes, 25 de mayo de 2015

JORNADA DE REFLEXIÓN


Ayer se celebraron elecciones municipales. También, por supuesto, en Béjar. Los resultados han sido contundentes. PP nueve concejales; PSOE, tres; Tú Aportas Béjar, tres; Ciudadanos, uno; Izquierda Unida, uno.
Primero la obviedad por cortesía: enhorabuena a los vencedores.
La víspera del domingo fue el día de reflexión. El humorista Forges lo reflejaba muy bien en su viñeta afirmando que la reflexión se iba a producir pensando y gritando quién iba a ganar la liga o quién iba a meter el mejor gol. Por ahí, pensaba el humorista, iban a ir las reflexiones de una buena parte de los ciudadanos.
A mí me parece que la verdadera jornada de reflexión es hoy y todos los días que vienen. A ella dedico unas líneas.
En el nivel general, se rompe el bipartidismo. No me parece ni bueno ni malo: depende de cómo se administren los resultados. Sí refresca el ambiente la necesidad de tener que hablar y pactar para llegar a acuerdos. Pero este mismo hecho comporta la dificultad del propio acuerdo si no se está dispuesto a ceder por todas partes.
Como persona de izquierdas que me considero, me alegro de que la derecha haya sufrido una bajada general en votos y en concejales. No porque ellos hayan bajado, sino porque eso significa subida para la izquierda. Hasta ahora acumulaban más poder que nunca jamás partido alguno había tenido en la democracia.
Oigo habar a todo el mundo casi solo en términos de victoria o derrota, de subida o bajada, de ganar o perder… Como si esto fuera un combate o una riña de niños. Es verdad que hay que incluir siempre la variable de los asuntos personales, pero mucho más importante es la reflexión acerca de cómo van a quedar nuestros pueblos y nuestras ciudades, cómo va a producirse su gobernabilidad y cuál va a ser la dirección que van a tomar.
Pero yo continúo formando parte de la Gestora de un partido en Béjar. Creo, además, que la verdadera y genuina política es la municipal. Me interesa, por tanto, algo más lo que ha sucedido en esta ciudad estrecha.
Es verdad que el PP ha bajado bastante en número de votos y en concejales. No me consuela demasiado: lo que se les ha marchado se ha refugiado en buena parte en Ciudadanos, una marca más blanda y razonable. Por si fuera poco, han mantenido mayoría absoluta.
El socialismo anda dividido en Béjar por razones que cada día logro justificar menos y entender peor. La marcha de muchos militantes a una formación nueva ha supuesto la división del voto y la representación tan menguada de cada una de las dos formaciones: 3 PSOE y 3 TAB. Queda, me queda, nos queda tarea por delante para tratar de solucionar esta ruptura. Y compruebo día a día que no se presenta el asunto fácil. Mi paciencia tampoco será infinita, por supuesto. Por encima de todo ello, el socialismo en Béjar tiene que hacérselo mirar y reorientar su actividad en otro sentido. Siempre me ha parecido que dedicar casi todo el esfuerzo en ganar elecciones es cosa sin fuerza y propia de la derecha. La izquierda tiene que ganar las elecciones no en la campaña electoral sino inyectando y propagando sus ideas día a día, en la participación de actividades sociales y culturales, en las reuniones y en las asociaciones diversas de la ciudad. Si así fuera, la campaña ya estaría hecha y además permanecería y se haría más sólida cada día y cada año. Pero para ello hay que participar y provocar el intercambio de ideas y de actividades, y no quedarse en casa viendo venir lo que se produce por ahí en el tejido social y cultural. Esa tarea es muy lenta y tiene mucho de ideología en vena. No es precisamente lo que más se lleva.
No sé muy bien qué quieren hacer en adelante los de TAB. No es buena señal que celebren alborozadamente la consecución de tres concejales. A partir de hoy, aunque llega el verano, empieza el frío para ellos, el frío de la soledad y de la falta de referentes. Y todo ello habiendo roto el partido en unas condiciones absolutamente especiales, propiciando la mayoría absoluta para la derecha y habiendo sacado menos votos que el PSOE, aun apareciendo ante la ciudadanía desde una posición de campeones de la honestidad y de la valentía. En resumen, ellos sabrán, pero no estoy seguro de que les haya merecido la pena. Tal vez ellos argumenten algo distinto y me convenzan.
Los resultados de IU siempre me apenan porque creo que recogen menos fruto del que siembran. La izquierda real no sé si se identifica con la izquierda posible. Y la izquierda posible tiene sus contextos específicos según el tiempo y el lugar en el que se consideren.
La reflexión acerca de por qué en Béjar la gente se pasas el tiempo criticando al PP y luego lo votan masivamente es larga y debe ocupar sitio aparte.
Por encima de los resultados desnudos, está el panorama que se le presenta a la ciudad. La población envejece, los jóvenes se marchan y, sobre todo, la participación y la implicación sociales son cada día más escasas. Y esto último sí que empobrece a la comunidad. Se seguirá con el ordeno y mando, se hará más visible el clientelismo y hasta el sentimiento de agradecimiento por recoger algunas migajas por parte de los cautivos, se continuará propiciando lo menos racional y lo más rancio en las costumbres y todos nos recogeremos algo más en nuestro egoísmo. Me gustaría equivocarme pero son mis primeras impresiones. Ya veo que no son las mejores ni las más positivas.
A pesar de todo, hay que seguir remando y revisando las ideas y las actividades, porque también tiene que haber equivocaciones desde el otro lado del río.

Pues a ello. Sin morir en el intento, pero sin relajarse del todo.

jueves, 21 de mayo de 2015

UNA TRÍADA QUE FUNCIONA


Las páginas más hondas de Machado me siguen llegando de la mano de su heterónimo Juan de Mairena. Cada párrafo supone el resumen de un tratado y un puñal que me pincha y que me provoca reacción. Y tal vez ninguna página como aquellas en las que califica y explica la estética barroca con este quinteto de características: “Una gran pobreza de intuición”; “Culto a lo artificioso y desdeño de lo natural”; “Carencia de temporalidad”; “Culto a lo difícil artificial y su ignorancia de las dificultades reales”; “Culto a la expresión indirecta, perifrástica, como si ella tuviera por sí misma un valor estético”.
En estas cinco cualidades resume la base de la creación de aquel siglo de oro de las letras.
Como se ve, no siente Machado demasiado aprecio por esta época, sobre todo por lo que le falta de intuición y de palpitación; y por lo mucho que posee de definición, de abstracción y de representación. En el barroco, según Machado, se conceptualiza mucho y se vive poco, se filosofa mucho y se narra poco, el concepto no baja a personalizarse y a tomar vida en una imagen y en un acontecimiento, la emoción más que emoción es casi susto y sumisión… De este modo, dice también Mairena, “(crea el barroco) una lírica intelectual, tan absurda como una geometría sentimental o un álgebra emotiva”.
Todo es discutible por definición y nada hay absoluto. Creo, sin embargo, que las palabras de Juan de Mairena se acercan mucho a la realidad. Que eso signifique mayor o menor bondad es harina de otro costal. Además, todo debe ser interpretado desde su contexto pues en él se concibió y a él responde.

Esto explica, sin duda, que en cualquier composición de Machado aparezcan elementos naturales, historia, sentimiento y elementos humanos. Si hay que reducir más su esquema, dicho en términos populares, un poema de Machado es naturaleza con bicho y consecuencia emotiva. Leerlo así es un placer. Yo hoy he terminado de darle una vuelta más a sus obras completas.