jueves, 5 de febrero de 2026

LAS ÁGUEDAS

 

LAS ÁGUEDAS

De nuevo, el calendario se desayuna señalando que estamos en el día llamado de las Águedas. Y el imaginario, esa escala de valores oculta que ha ido creando en nosotros la costumbre y que, de manera genérica, llamamos cultura popular lo concreta en la repetición de unos actos que vienen a representar algo con lo que estamos más o menos de acuerdo, o al menos, algo con lo que hemos convivido durante mucho tiempo.

También en la ciudad estrecha se celebra esta festividad; lo hace un grupo de mujeres (concreto: un grupo) que se visten de manera especial, salen a la calle todas juntas, se acercan a la alcaldía, donde representan una simulación de toma de poder femenino, no se abstienen de la misa tradicional, de la procesión habitual, de la comida de hermandad y supongo que del baile correspondiente. Vale.

Cada cual tiene su pensamiento -o su dejarse llevar por la inercia-; pero, sea el que sea, este pensamiento responde a una manera de pensar espontánea o meditada. Por supuesto, también posee cada cual el derecho de expresarse a su manera y de dar a conocer su forma de ver y de vivir la vida. Lo mismo que los demás a considerar respetuosamente la suya y la de los otros para, de esa manera, enriquecerla y elegir aquello que considere mejor para sí y para los demás. Eso es lo que hago en estas breves líneas.

Desde ese presupuesto, este tipo de celebraciones me parece viejuno y pasado de tiempo. Tengo la impresión -por decirlo con atenuación- de que manifestar un solo día la necesidad de que la mujer debe ejercer el mismo poder que el hombre, porque posee los mismos derechos por el simple hecho de ser persona, y después volverse a la cocina el resto del año, en poco o en nada hace avanzar esa situación y esos derechos; y no sé si no se consigue precisamente lo contrario de lo que se quiere alcanzar, si es que se quiere alcanzar algo.

Parece que existen otras fórmulas para dar a conocer esas reivindicaciones, si es que lo son, que el festejo callejero, la foto, la misa y la procesión. Echo en falta algún acto de reflexión en el que se analice cuál ha sido la situación de la mujer en la sociedad y cuáles han sido las ideas y los grupos sociales que la han consentido, la han favorecido y hasta la han impulsado. Y, si se piensa y se extraen consecuencias, tal vez después se actúe en coherencia individual y colectivamente.

Una copla muy reciente, creada por un tamborilero de esta provincia, alega lo siguiente: «El día cinco de febrero, la que manda es la mujer, y, en el pueblo Santa Marta, el que venga lo va a ver». La letra sirve para cualquier otro lugar. Les aseguro que el citado músico toca mucho mejor la gaita y el tamboril que compone letras.

La historia de la mujer, en general -lo he escrito muchas veces- es para echarse a llorar. Tampoco la del hombre es para tirar cohetes. No sé si va a avanzar mucho con estos festejos.

A pesar de todo, a divertirse y a pasarlo bien.

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