martes, 8 de septiembre de 2026

ENTRE LA FE Y LA RAZÓN

 

ENTRE LA FE Y LA RAZÓN

Día de fiesta mayor en esta ciudad estrecha y en tantas otras de la geografía española. No quiero detenerme en su significado. Tan solo doy constancia de que quien más quien menos debería sumarse a las celebraciones como un vecino más que comparte los días y los meses con las otras personas de la comunidad. Pues, aun siendo consciente de esta idea, lo cierto es que no me animo a compartir paseos ni ritos ni concentraciones.

Ahora mismo (son las diez de la mañana) ya habrá muchas personas en camino hacia el monte del Castañar para participar en la fiesta religiosa y social de la procesión de la Virgen del Castañar. Yo me quedaré en casa. Me agotan los calores, pero me agotan más otras consideraciones en las que hoy me cuesta un poco más entrar para reflexionar.

La casualidad, o casi, me ha pillado en la relectura de una obra perturbadora: Jesucristo nunca ha existido, de Emilio Bossi (Milesbo), 213 páginas. ¡Qué contraste! ¡Una reflexión en forma de ensayo, con base documental y organización racional frente a una concentración cuya base es la devoción y la fe religiosa ¡El mismo día y a la misma hora!

Y yo sin querer restar importancia a ninguna de las dos manifestaciones, porque cada una tiene su explicación y obedece a determinadas necesidades. Tal vez sea verdad aquello de que los extremos se tocan, pero no es menos cierto que su convivencia se antoja difícil. Mientras que Milesbo analiza un buen número de fuentes para concluir en la negación de la existencia de Jesucristo, los romeros del Castañar (y los de tantos lugares hoy y siempre) hacen tabla rasa de sus quehaceres y angustias diarias para reunirse en torno de una imagen religiosa y un mundo mitad fiesta y mitad fe. Su verdad se construye con su fe y con sus creencias; y se reafirma con sus ritos y costumbres.

La razón y la fe que circulan por caminos distintos.

¿Hay que renunciar a alguna de ellas? ¿Hay que conjugarlas? ¿Hay que engañarse pero sabiendo que uno se está engañando? ¿Hay que echarle narices al asunto y cargar con la realidad de cada vida, dejando de lado las melifluas costumbres y modelos de la fe?

Yo he subido varias veces hasta El Castañar, en este día de fiesta. Hace ya algunos años que no asisto a esta celebración. Me quedaré leyendo y rumiando de nuevo las razones y los elementos racionales que aporta Milesbo. Después, actuaré vete a saber cómo. Hace un año (tal vez dos), escribí una crónica en forma de romance de la fiesta de El Castañar. Lo hice sin asistir a la misma, pero con el conocimiento de todos sus detalles. Con perdón, la clavé. Por ahí anda en libro.

Y así la vida siempre, mitad razón, mitad esparcimiento y un dejarse llevar por elementos que se escapan a nuestro dominio y a nuestra explicación. Porque los romeros mañana serán vecinos que se enfrentarán a las dificultades de cada día y deberían pensar en la mejor forma de solucionarlas y de echarle a la vida algún esquema racional que intente explicarla y conducirla por senderos que no nos queden lejos. Y yo seré romero cualquier día cuando las aglomeraciones se hayan asentado y el monte me reciba en su silencio y en su dorada luz de otoño en el paisaje.

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