domingo, 24 de febrero de 2013

sábado, 23 de febrero de 2013

LA VUELTA DEL LABERINTO


LA VUELTA DEL LABERINTO
De aquellos laberintos que guardaban
el paso hasta el jardín definitivo,
hoy solo quedan huellas. Fue la noche
y la intensa zozobra la que hizo
que me sintiera escaso, mutilado,
pues ignoré la muerte y toda travesía
del cero al infinito rumiando
los pasos intermedios, tan sabrosos;
me volví indiferente ante mí mismo
y no supe cifrar los dulces límites
del reino del dolor. Mi corazón
no guardaba conciencia
de la moralidad de mis acciones.

Aquel amplio deseo del olvido,
del cese en el quedarse sin saberse
de toda ciencia humana trascendiendo
tantas veces buscado y avistado
hoy fueron mi redoble de conciencia,
mi empuje hacia el placer del pensamiento,
mi vuelta hasta el dominio de lo escaso,
de lo mortal, de todo lo impreciso,
de todo lo que duele y causa herida,
de ese río con aguas que acumula
lodo y tierra, placer de nieve y frío.

Hoy vivo en la omisión del laberinto,
en la amnesia de la escondida cueva
donde se pierde todo lo ganado,
en el sabor cambiante de lo mío,
en el caer y ver que estoy sin fuerzas,
mas puedo levantarme lentamente
y seguir poco a poco mi camino.
Mañana Dios dirá: será otro día.

viernes, 22 de febrero de 2013

LA LENGUA VENENOSA


Las cosas no por obvias dejan de ser menos verdaderas, y recordarlas alguna vez debería removernos, agitarnos y quitarnos la modorra de encima. Una obviedad es que, después de la tempestad, vuelve la calma; o que después de la noche torna la mañana. Ya digo, obviedades.
Se lo decía a mi esposa hace un par de días, cuando veía a Rubalcaba dando réplica a la exposición del presidente del Gobierno en el llamado debate sobre el estado de la nación: “Veo a este hombre un poco más confuso que en otras ocasiones, lo noto un poquito menos ágil en su exposición y como si estuviera algo más inseguro”. Entre nosotros dos aquello no era algo importante, pero sí curioso: lo habíamos visto siempre como un parlamentario brillante y agudo, y, sobre todo, sabíamos que lo que realmente importaba e importa es si las ideas que defiende son mejores o peores para la sociedad. Le predije a mi esposa que los medios de derechas -vuelvo a decir que son prácticamente todos, y de estos son de extrema derecha casi todos- se le iban a echar encima como lobos.
Aquella misma noche y al día siguiente pude comprobar que, por desgracia, no me había equivocado. Pero me había quedado corto en la apreciación: no era como lobos sino como hienas o como cuervos sobre la carroña o la carne muerta. Vi a un presentador de telediario de TV 13, emisora de la iglesia católica, que ensartó sinónimos degradantes hasta que se quedó sin respiración. El pobre hombre no se ahogó de milagro. ¡Y todo en horario de información y en emisora de la iglesia! Después las televisiones, emisoras y periódicos competían en descalificar groseramente al jefe de la oposición.
Lo peor de todo, según entiendo, es que este es su método, esta es su manera de actuar y en ella se mueven como pez en el agua. Por ello, no debemos esperar otra forma. Su escala de valores es ganar o perder, triunfar o ser humillados, ser los jefes o no acordarse ni de dónde está la fábrica si no lo son. Su fundamento es enfrentarse para ganar, para mandar, para ser superiores a los demás, para humillar si se puede, para ganar a cualquier coste. Por eso los fines en ellos justifican los medios y los emplean en cualquier sentido con tal de que les favorezcan; por eso siguen hablando de competitividad en lugar de buscar la competencia; por eso desprecian las luchas de clases para quedarse ellos en la que disfruta de los beneficios; por eso maldicen a los que ponen de manifiesto las diferencias entre ricos y pobres con tal de que las riquezas estén a su nombre; por eso se burlan de los que diferencian derechas de izquierdas mientras ellos se afirman en la derecha más rancia; por eso se reúnen en los guetos de seguridad de chalets exclusivos y de cuentas bancarias mientras se aprovechan de los desahucios y de los negocios incalificables del ladrillo; por eso -esto es lo que más me duele a mí- se manifiestan con esas formas tan chulescas y perdonavidas; por eso…
Como si lo que se juzgara en aquel hemiciclo fuera un enfrentamiento pugilístico entre dos boxeadores más o menos noqueados y ellos fueran los ultras que jalearan cualquier puñetazo al hígado del contrario.
Este país no se merece ser golpeado de esa manera, no es la vaquilla de feria que corren los tontos del pueblo para darle bajonazos, ni la verbena de verano con dos terrazas, una para los que toman la bebida en la barra y otra en la que son los camareros los que llevan reverencialmente las bebidas hasta las mesas mientras los señoritos hacen sonar una escasa propina en la bandeja.
Las noches pasan y vuelven los días; el invierno se va y vuelven a zurear las palomas en lo alto de las ramas buscando el amor… La vida sigue, y, con ella, la cruda realidad de cada hora, las necesidades acuciantes, los lloros y las risas, las angustias y las satisfacciones, el trabajo que no llega y las facturas que no dejan de venir, el discurrir sin pausa de la vida.
A todos estos hooligans que los encierren y que les saquen tarjeta roja. O simplemente que los alfabeticen porque, si no, la convivencia se hace muy difícil. Ah, y que la iglesia vaya tomando nota y no se queje después de lo que le pasa y le seguirá pasando cada día más.
N.B. La reflexión se aplica con la misma base para los hinchas del otro fondo si el partido o la pelea cambian de rumbo. Creo que he dejado muestras de ello en esta misma ventana.

miércoles, 20 de febrero de 2013

HOY QUIERO PRESUMIR: BUSCO TRABAJO


Durante los dos últimos años he asistido en el Buen Pastor a la comparecencia de muchas personas que se acercaban a dejar su currículo, por si acaso quedaba algún resquicio y encontraban allí un hueco con el que llenar su deseo de trabajo y de sueldo con el que seguir vivos. Es fácil adivinar que, prácticamente siempre, sin ningún éxito. Allí he visto lágrimas y peticiones de todo tipo, como corresponde a la situación en la que estamos metidos y al sistema social que no revisamos y que, mucho menos, estamos dispuestos a cambiar. En el pecado llevamos la penitencia.
Todo el mundo ha aprendido a completar un currículo con sus apartados de identificación, de preparación académica, experiencia y otros datos diversos. Como si oyen llover: eso no da trabajo.
Con alguna frecuencia reviso los currículos, sobre todo académicos, de algunas personas de las que me interesa alguna cosa. En la red está casi todo.
En todos los casos me llama la atención lo cuidados que están y lo engordados y de buen año que se presentan siempre. En ellos se apunta cualquier mínima experiencia, cualquier charla, todos los cursillos y cursos, las asistencias a cualquier lugar..., todo, todo. Así salen páginas y páginas en un desfile interminable.
Entiendo que cada cual haga lo que estime más oportuno, pero reivindico la presencia en los currículos de otras cualidades y elementos que me parecen mucho más valiosos y que nadie apunta.
Como he dejado mi voluntariado en el Buen Pastor y “estoy en paro”, echo mi vista atrás y lo primero que advierto es que no tengo un currículo bien elaborado, de modo que no sé si podré buscar otro empleo, y menos encontrarlo.
El pudor me impide confesar la edad pero aún puedo moverme sin dificultades y soy persona válida: no es poco. Por lo demás, los datos están en esa ventana universal que es la red social.
No tengo apuntadas mis intervenciones públicas y esto achica mi expediente mucho. Qué pena. Pero, por si alguien me quiere creer, no son pocas. Lo siento, tenía que haberlas apuntado, con día, hora, tema y asistentes.
Sí tengo por las paredes unos papeles de esos que firma el rey en forma de títulos universitarios: Licenciado en Filología Románica; Licenciado en Filología Hispánica; Graduado Social; Cursos de Doctorado en la Universidad de Salamanca…, y muchos, mucho cursos de esos de menos duración.
Por si el trabajo tuviera que ver con la enseñanza, recuerdo mi experiencia dando clases en Cursos Internacionales de la Universidad de Salamanca; Clases de lengua y literatura en mi cátedra del instituto Ramón Olleros de Béjar; un curso, ya lejano, en el colegio Nuestra Señora del Castañar de Béjar; Cursos en la Universidad de la Experiencia; varios cursos de profesor en la UNED. No está mal, pero me interesaría que se conociera la calidad de las clases, el grado de satisfacción de los alumnos, el desarrollo de los temas, la incidencia posterior en esos mismos alumnos… ¿Cuánto cuenta eso y cómo se puntúa? Es que nunca lo veo apuntado en los currículos. ¿Y vale lo mismo dar clase durante treinta años en el mismo organismo que un año en veinte organismos diferentes? ¿Cómo se valora eso en los expedientes?
Como se suele hablar de otras aficiones y experiencias, apuntaré algunas de las mías. ¿Cuánto valen mis cortas experiencias en el monte, siguiéndole la pista al cisco y al carbón y durmiendo en el chozo al amparo de la luna? ¿Y los miles de horas de clases particulares con las que ganarse unas perras para seguir en la brecha? Recuerdo mi  participación en aquel grupo de amigos y de música que se llamó Oro Viejo; en la creación del Grupo Cultural San Gil; mis pasos por el Casino Obrero en dos juntas, una como presidente; no se me olvidan los años en los que acudí al ayuntamiento en representación de la izquierda de esta estrecha ciudad, ni tampoco los dos últimos años en el Buen Pastor, entre otras cosas.
Me quedaron algunas fuerzas para escribir varios libros y estudios, y para expresar mis pensamientos en centenares de artículos de prensa. Desde hace doce años vengo escribiendo casi cada día algún esquema de idea y de ellos dejo constancia en mi blog personal. Son varios miles de páginas de las que espero que se salven unas cuantas al menos. Si alguno quiere contratarme, que las lea, por si acaso. Me sigue apasionando la lectura y escribo cada día, la naturaleza me atrae cada vez un poco más y en ella encuentro paz y acomodo como en casi ningún otro lugar; me puedo pasar horas y horas con solo la lectura y la música de fondo, y en lo alto de mi escala sigue ondeando la idea que me guía: SOLO QUIERO QUERER Y QUE ME QUIERAN.
Y ahora tendría que describir esa larga fila de aportaciones en charlas o conferencias, o en otras asociaciones, pero no guardo referencia de ellas. Qué le vamos a hacer.
En realidad, a mí me gustaría que se contratara -también a mí- fijándose en otros elementos que tampoco veo en los currículos, tales como la bondad o maldad de la persona, su forma de pensar, las aspiraciones que tiene, el carácter que lo sostiene, las habilidades sociales, su idea de la justicia y de la vida…, en fin ese último fondo en el que vacía cada día y cada hora su formación y sus capacidades.
Ahora veo que no he confeccionado un currículo con los apartados oficiales y que me he ido del guion establecido. Sospecho que lo voy a tener difícil para encontrar ese trabajo que busco. Tal vez volveré la mirada a mí mismo y buscaré ocupación en mis propias manos y en mi cabeza. A ver si pillo al menos un contrato a tiempo parcial.

martes, 19 de febrero de 2013

ALGUNAS EXIGENCIAS A LAS LEYES


Por tanto, si puedo exigir que sea alguien distinto del legislador el que tenga que juzgar los delitos, si los delitos sobre los que juzgar deben ser los que se hallan en las leyes, con todas sus deficiencias y olvidos, y si el fin de las posibles penas impuestas por esos delitos solo tienen que perseguir la recuperación del juzgado y no la venganza, algo debería yo poder exigirles tanto a las leyes que salen del legislador como a los jueces que las juzgan.
Por ejemplo la claridad y concreción de las mismas. Lo contrario es dar facilidad a los leguleyos y a los numerosos bufetes de abogados que solo pueden pagar los ricos para que las interpreten con dilaciones y recursos sin fin siempre a su favor y solo a su favor.
Por ejemplo, que la interpretación del juez, al fin inevitable, sea siempre la más benévola y tendente a la recuperación. ¿De qué pueden servir las penas capitales o las penas de cadena perpetua, pongo por caso?
Por ejemplo la imposibilidad de la tortura como método de declaración.
Por ejemplo, la necesidad de la presunción de inocencia, incluso en los casos más evidentes y socialmente más escandalosos.
Por ejemplo la necesidad de fijar límites para la presentación de pruebas. También lo contrario favorece casi siempre a los más poderosos, como se puede observar cada día.
Por ejemplo el castigo más frecuente por acusación temeraria.
Por ejemplo que el castigo haga visible el intento de eficacia y de utilidad para la prevención y para la recuperación del reo.
Por ejemplo la necesidad de mantener la posibilidad del indulto pero solo para casos excepcionales en los que la pena sea muy desproporcionada y en aquellos en los que el reo se halle absolutamente arrepentido y dispuesto a la integración social. Conseguida la recuperación del reo, no queda más que venganza.
Por ejemplo que en la pena se tenga en cuenta el mal que se haya producido a la sociedad pues es la sociedad la que castiga.
Por ejemplo que no hay mejor cura de un delito que su prevención.
Que para ello nada hay más saludable que el conocimiento, la ilustración, el sentido común y la buena voluntad de las personas. La sabiduría popular ya lo dejo cifrado: “tengas juicios y los ganes”. ¿No se puede volver a gritar aquí y ahora que la inversión más rentable es la que se aplica a la enseñanza y a la educación?
Supongo que los juristas habrán analizado estas y otras características y habrán desarrollado todas sus bondades y maldades.
A los que no somos juristas nos bastaría con tener algún esquema claro de lo que hay y de lo que queremos. Tal vez aplicarlo a lo que vemos cada día nos daría otro enfoque algo más pausado y un poquito más certero.

lunes, 18 de febrero de 2013

DE NUEVO ENTRE LOS PINOS


Mi nieta Sara, esa cosa tan pequeñita a la que tanto quiero -y no la quiero más `porque no sé cómo hacer para quererla más, aunque estoy dispuesto a hacer un cursillo- tiene tres años y dice que su cumpleaños es “cuando la primavera vaya acabando”.
Es verdad que las estaciones huelen a división del año, a cambio de actitud, a mirada diferente.
Esta mañana he salido a pasear por los pinos a las ocho y media de la mañana. Hacía meses que no respiraba su aire ni sentía su aroma. Tal vez desde el otoño. Estamos en invierno y, además, por estos pagos, “primavera tarda”; pero algo había en el ambiente que me reconfortaba.
Tal vez las sensaciones , cuando son multisensoriales, empiecen por la vista, pero enseguida interviene el olor y, si la intensidad lo permite, termina siendo el sabor el que lo invade todo.
La ladera suroeste de la subida a los pinos sigue pelada, aunque la vegetación baja se ha ido asentando lentamente desde el último incendio; incluso algunos robles han arraigado y empiezan a dejarse ver, aún con las hojas secas del último año. Alguien tendría que ocuparse de la repoblación de esta pendiente para que la escasa tierra no se desplome hasta el río, allá en lo hondo.
La mirada se alza de forma natural hacia la sierra. Allí luce la nieve en lo más alto, descansando de la noche cara al cielo y esperando los rayos del sol que poco a poco la van despojando de sus vestiduras hasta quedarse desnuda en piedra y sol. Estos son los mejores meses del año para la nieve en Béjar, cuando está más limpia y despejada. Lástima que no sea demasiada y que el velo no luzca en todo el lomo de la loba.
El ambiente está fresco y el suelo conserva la humedad de las lluvias pasadas. Su contacto con los primeros rayos de sol que asoman por lo alto de la montaña provoca un olor especial a pino. Porque los pinos siguen allí perennes y obstinados, altivos y esbeltos ante la noche y ante el día. Parece como si por ellos no pasara el tiempo. Los árboles de hoja caduca, sin embargo, se muestran desnudos y a la espera de que la naturaleza les devuelva sus ropajes en los que colgar su pudor y el ritmo de la vida.
Qué bien se entiende aquí cualquier oxímoron; sobre todo aquellos de “la música callada”, “la soledad sonora”. Aquí solo es la brisa la que se mueve apenas mientras se escucha un fondo de música de pájaros que saludan al día y tal vez a algo más. Por la doble cascada del regato apenas baja agua en una época en la que tendría que lucir un caudal generoso. No sé cuál es la causa.
Los pinos están limpios y a su base han nacido pequeños retoños que aspiran poco a poco a engrandecer su presencia antes de que sean trasplantados o simplemente talados. Así, el aspecto del bosque es siempre más agradable.
Como hago siempre, en cada fuente bebo un sorbo de agua, de esa agua limpia que viene de la sierra y que se remansa en hilos que dejan su sonido pertinaz en la base de la fuente, en un responso lento y eterno. Yo respiro y bebo, bebo y respiro. Y en ese ambiente imagino y pienso, siento y me complazco; a veces hasta me olvido y me dejo en sensaciones agradables.
Esta mañana, cuando terminaba mi paseo y estaba a punto de dejar el pinar, contemplé con agrado cómo un par de palomas jugaban en las ramas de un árbol junto al río. Sus saltos de rama en rama, persiguiéndose mutuamente, eran la mejor imagen y la mejor lección de que la naturaleza empieza a dar muestras de la nueva estación que ya presiente, de que la vida se renueva y de que hay un hálito especial en el ambiente. Los pinos hoy me dieron un avance. Todo se hará con la lentitud y el ritmo que la naturaleza quiera, pero ya nos manda sus primeros recados.
Hoy tuve sed de pinos y los pinos me dieron el aire para respirar y el agua para beber. Y yo quedé saciado y satisfecho.

domingo, 17 de febrero de 2013

MI VOLUNTARIADO EN EL BUEN PASTOR

                   
Hoy. Día diecisiete de febrero de dos mil trece, finaliza mi pertenencia como voluntario a la junta directiva del Buen Pastor de Béjar. Han sido dos años largos, desde aquellos comienzos de dos mil once, cuando me incorporé, sin tener ni idea de lo que me aguardaba y con la única intención de ayudar en lo que pudiera a los ancianos que allí vivían y viven.
La experiencia ha sido todo un cúmulo de sensaciones, casi todas positivas. Creo que, para que esto se produzca, lo mejor es partir de no pedir ni esperar nada; de esa manera, todo lo que sucede es como si te lo dieran por añadidura y todo pasa a engrosar el saco de los recuerdos positivos. En este caso, no es difícil que esto se produzca pues no se me alcanza qué es lo que se podría esperar de allí.
El Buen Pastor es una institución privada sin ánimo de lucro, que nació con fines caritativos a mediados del siglo diecinueve y que se ha mantenido desde entonces al servicio de las gentes más necesitadas de Béjar y de su comarca. Por sus juntas directivas han pasado muchas personas y cada una ha dejado la impronta de su trabajo y de su voluntad.
Apenas he dejado constancia de mi labor en esta ventana informática. No sé cuál puede ser el motivo. Tampoco me importa demasiado. Sí sé que he dedicado muchas, muchísimas horas a este voluntariado y que mi conciencia está contenta consigo misma. No es poco.
A estas alturas creo que sé bastante, o tal vez incluso mucho, de los entresijos del Buen Pastor. Tal vez eso me lleve a organizar datos y experiencias en algún escrito estructurado que podría ver la luz en algún medio para conocimiento sobre todo de los bejaranos. Veremos qué pasa. Porque creo que, a pesar de todo, muchos vecinos de aquí no conocen ni la estructura, ni los fines ni el funcionamiento real de algo que consideran suyo.
Por ejemplo, mucha gente sigue considerando que aquello es simplemente un centro de caridad. De hecho, popularmente es conocida como Casa de Caridad. Hoy mismo, en la asamblea de socios, una mujer se quejaba -con toda la razón- por el uso abundante que se hace de este apelativo. Es verdad que, a comienzos del siglo veintiuno, hablar de caridad poco tiene que ver con lo que la realidad imponía en los dos siglos pasados. Pero es que esto nació en los ambientes sociales, culturales y religiosos en los que nació, y aún quedan muchos restos de todo aquello; como quedan en otros ámbitos de la vida.
Todo lo que suene a caridad es fiel reflejo de la ausencia de justicia; por ello, habrá que concluir que todo el que reside allí tiene los mismos derechos que cualquier otra persona y, por tanto, está por justicia y no por caridad. No es menos cierto, sin embargo, que los costes son mucho menores que los que se exigen en otros centros de ancianos. Hay socios que ayudan, hay bancos de alimentos de donan alimentos, hay voluntarios que entregan sus horas de forma gratuita, y hay cuotas mensuales que pagan los residentes  Todo ello explica la realidad compleja del centro.
Y, entre los voluntarios, los hay con más o con menos disponibilidad, con distintas capacidades, con diferentes actitudes, con mayor o menor intensidad, con ideas diferentes… Por encima de todas estas variables queda siempre la buena voluntad que he observado en todos ellos.
Por lo que a mí respecta, solo sé decir que he dado muchas horas y creo que he puesto mi mejor voluntad. Y creo que los residentes lo saben y lo han apreciado.
La realidad que uno encuentra en la residencia es variable y de todos los matices: hay personal laboral diverso, hay familias de todas las clases, hay residentes de muy distintos caracteres y todos ancianos, hay administraciones, hay entornos variables, hay caracteres e ideologías…, hay un poco de todo.
Cada cual sabrá con qué demonios tiene que lidiar. El resultado sé que es bueno y que el tópico de que se aprende más de lo que se enseña es real.
Atrás voy a dejar centenares de realidades y de situaciones especiales, retratos de ancianos que ya van a componer para siempre páginas del álbum de mi vida, abrazos con los que tan sencillo ha sido alegrar el día a muchas personas, gestos y sonrisas que han valido lo que no está en los papeles, y muchísimas anécdotas de todo tipo. A veces, me enorgullece reconocerlo, he parecido como un cura en un confesonario, o, en términos más actuales, un mediador en conflictos entre ancianos niños.
Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / que es el morir; / allí van los señoríos / derechos a se acabar / e consumir”.
Y todos somos ríos, con mayor  o menor caudal y con mayor o menor agua limpia o sucia.