miércoles, 6 de marzo de 2013

PRINCIPIO DE ACUERDO

PRINCIPIO DE ACUERDO
Con mis labios sedientos de silencio,
a la espera de todo lo que guardas
cuando callas y vienes a mi boca
en busca de la savia de las olas
que desalan su sueño en tus orillas,
al amparo y la paz de los relojes,
cuando olvidan la gracia y el esfuerzo
de cultivar el tiempo,
en eterna e inútil moribundia
si no me alojas en tu seno dulce,
con el sentir de tu eco que me dice
dónde estás y no estás al mismo tiempo,
en la imprecisa búsqueda
de lo que en mí duerme de la naturaleza,
con el rumor de luz de primavera
que ya lo enhebra todo en luz de hojas,
dejándome cegar con la blancura
del color de la cal y de tu boca,
recorriendo la paz de los suburbios
de todas las ciudades de tu cuerpo,
sigo notando el pálpito del viento,
que trae un suave rumor lejano de la muerte.

Con el hermoso pacto de estos presupuestos
me exiliaré en tus ojos y en tu boca,
me precipitaré en la sima de tu geografía,
como se precipita súbito el deseo
por los acantilados de mis ojos,
profanaré mi cuerpo entre tus llamas,
y así, ya consumido,
mi corazón rendido y deshojado,
me ofreceré en los brazos de la muerte,
cuando todos los poemas estén escritos ya.

lunes, 4 de marzo de 2013

ESE DIOS ES DE DERECHAS



Llevo varios días en la lectura de algo así como una secuencia ordenada de la Doctrina Social de la Iglesia. Las razones no vienen al caso. Esto me ha permitido poner al día de chapa y pintura lo esencial de toda esta doctrina y de este pensamiento. Guste o no guste, es el fondo difuso -y a veces muy preciso y vistoso en la calle y en los medios- de lo que envía como mensaje esta institución de la iglesia a media humanidad. Por eso, y por decencia intelectual, hay que repasarlo y repensarlo. Sin prejuicios y sin ataduras. Seguramente en ese repaso habrá muchos elementos de convergencia y otros muchos de divergencia.
Porque los prejuicios, creo, siguen estando en ellos. Quiero decir en casi todos los que se erigen en armadores de toda esa doctrina. Desde la Rerum Novarum, 1891, de León XIII, pasando por otros textos como Quadragesimo Anno, Mater et Magistra (1961), Pacem in Terris (1963), Gaudium et Spes del Vaticano II, Laborem Exercens (1981), hasta los últimos escritos del ¿dimitido? Benedicto XVI: Caritas in Veritate, todas reflexiones de los papas -que son palabra de Dios para ellos- se mantienen en el mismo principio.
Hasta donde yo llego, y si tuviera que explicarlo con la sencillez de un niño, diría que ellos piensan que todo está fundamentado en la creación del hombre por Dios, en la relación INDIVIDUAL del ser humano con ese Dios. Todo ello está en la base del desarrollo vital de cada ser humano como individuo único e irrepetible. Lo demás es desarrollo de esa máxima.
Enseguida empiezan a echar marcha atrás y a poner peros al considerar lo elemental y a todas luces real del desarrollo colectivo de la persona y de las influencias que el medio ejerce en el ser humano. Pero de ninguna manera sueltan la defensa del ser como uno y como único en la relación con el dios de su religión.
En realidad lo que parece esconderse en esta base es el temor a soltar el dominio de la persona en manos de la colectividad. Es como si temieran que la guía del ser humano pasara del Dios al Estado o a la colectividad. Como ellos se han erigido en intérpretes de esa voluntad divina, todo queda en sus manos y, en realidad, esa relación individual entre el ser humano y Dios queda falseada por las doctrinas de sus intérpretes. Parece que todo encaja bastante bien y se entiende la reticencia a valorar el sentido social y colectivo de la persona.
Eso sí, como para lavarse la conciencia, se manifiestan por todas partes con la coletilla de que es bueno tener en cuenta a los demás y practicar con ellos la caridad. Por eso toda esa moral católica del mercadillo solidario y de la perrita para el Domund, de las colectas  caritativas y de los donativos a las instituciones, de los regalos y de las comidas de los pobres… Todo eso es complementario de la base del individuo, de la propiedad privada y del derecho y la bondad del enriquecimiento.
En esa moral entre el individuo y el dios, ¿quién le pone los límites a la justicia y a la caridad? Sencillamente nadie en forma social y pública; siempre queda todo a la decisión de quien tiene que practicar la caridad. Y siempre reparte de lo que le sobra  y como elemento complementario.
Por eso la doctrina social de la iglesia se ha desarrollado desde el momento histórico en que germinaban los movimientos sociales de la revolución industrial y las teorías marxistas. Hasta entonces simplemente no había habido necesidad de salir al paso de algo que ponía en peligro las interpretaciones de las leyes divinas y que arrebataba la dependencia del ser humano de algo externo a él pues se le planteaba por primera vez de manera sistemática una teoría racional desde el ser humano y para cualquier ser humano. Y eso les llevó, desde el primer momento y de manera radical, a la negación del marxismo y de todo lo que pudiera contener de social y de organización desde la racionalidad.
Analizar las manifestaciones teóricas, pero también las prácticas en las calles y plazas, en los últimos años y en el último siglo termina siendo relativamente sencillo desde esta perspectiva.
Siempre la iglesia ha ido a rebufo de los acontecimientos sociales y políticos. No puede ser de otra manera: su base no le permite otras maniobras pues su moral se basa en dependencias de elementos no racionales y no puede dar el salto al cambio continuo de la Historia; solo se va  adaptando como buenamente puede a lo irremediable y a lo que se va incorporando como evidente. Lo peor es que, cuando lo hace, encima saca pecho y se proclama defensora desde siempre de lo que ha estado negando y persiguiendo hasta el día anterior.
Muchos miles de millones de persona se han arrimado, aunque solo sea formalmente, a ese esquema moral durante los dos mil últimos años. No es bueno tirarlo todo a la basura sin pensar por qué ha sucedido tal cosa. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, reza el refrán. Quizás. Pero ese algo es un pronombre demasiado indefinido como para no pensarlo y desguazarlo, y así separar el polvo de la paja. Pero esa es tarea más larga.
En todo caso, apuntar algo tan elemental como el hecho de que todos tendemos, en el fondo, a asomarnos a algo que nos parece de derecho natural, como fundamento de lo que es más permanente, y que la iglesia aproxima a su moral divina, nos podía iluminar bastante. Por ejemplo.
Sigo pensando que la moral es necesaria, como lo es la ética. Una vida sin estos fundamentos no es tal, o al menos no puede ser considerada propia del ser humano. Pero una moral y una ética que procedan del sentido común y del razonamiento sereno de la persona, de la experiencia histórica y de la visión hacia un futuro mejor y menos desigual.
Para ello no hay que ser demasiado lince ni hacerse portador de nada que no sea la capacidad del ser humano para el pensamiento, para la bondad y para el sentido colectivo de la realidad.
Después vendrá el análisis de cada elemento concreto de la realidad: matrimonio, propiedad de bienes, aborto, comercio, ecología, salarios, organización del trabajo, organizaciones políticas y sociales… Pero los principios son algo demasiado importante como para no tenerlos bien en cuenta antes de ponernos a la obra concreta.
El dios que interpreta la iglesia oficial es de derechas y políticamente les viene muy bien  a algunos. No sé si el de otras interpretaciones lo será también. Tengo dudas razonables. De que sea, y de que sea de derechas.

jueves, 28 de febrero de 2013

LAS OREJAS AL LOBO



Me sigue pareciendo un hecho histórico este asunto de la renuncia del Papa. Por lo inusual en todos los siglos y por las verdaderas causas que hayan podido motivar esta dimisión.
He visto las imágenes de su salida del Vaticano y su traslado a Castel Gandolfo (Vaya un lugar paradisíaco para descansar, para leer, para pensar, para escribir, para mirar, para respirar, para amar, para…). Las he visto en un par de canales de los del TV Party, o sea, de los que emiten ad maiorem papae gloriam. Creo que los otros canales generalistas no las han transmitido y me parece que se equivocan en este caso porque el asunto tiene algo más de importancia que un sarao barriobajero.
En la que depende directamente de la iglesia de España, directamente lo han echado todo a perder con esas caras melifluas que se arrodillan y se mueren de gusto solo con que el Papa mire para cualquier sitio, o comentan como milagro cualquier nimiedad. En la otra habían incluido a un agnóstico y a un par de católicos menos meapilas y el presentador se las veía y se las deseaba para contenerlos y para que no le chafaran el festejo. En todo caso, lograron colar algunas reflexiones sencillas pero muy enjundiosas, por si acaso se podían oír y acaso pensar en ellas.
En ambas cadenas, todo se adornó con llamadas de espectadores que no hacían otra cosa que poner la guinda melosa al pastel de caramelo que se estaba degustando. Tampoco se podía esperar demasiado de este sector de participantes telefónicos.
Creo que terminan consiguiendo -una vez más- lo contrario de lo que seguramente buscan. Y no tengo por qué pensar que fingen sus exaltaciones e hipérboles; seguramente se lo creen y viven felices en esos parámetros. Mejor para ellos. Pero a mí me producen una sensación de desánimo que no consigue otro resultado que apartarme un poco más de esas prácticas y de esos esquemas.
Tal vez hoy no fuera el mejor día para reflexionar acerca de las razones que han llevado al abandono del líder de más de mil millones de personas, que, aunque en distintos grados, son muchas personas, y por eso este fenómeno es histórico e importantísimo. Pero es que esta es la clave. Por otra parte, el susodicho líder no desaparece, seguirá con el halo de misterio y de peregrinación hasta las puertas de su casa.
Alguien, creo que el más sosegado de todos los contertulios, agnóstico él, vino a recordar que la iglesia católica está bastante afectada por asuntos de todo tipo: pederastia, homosexualidad, asuntos de dinero, luchas por el poder, esquemas eclesiales, dogmas ininteligibles, iglesias vacías, auge de otras variantes religiosas, falta de participación y de democracia… Suponía él -y supongo yo- que este pontífice le ha visto las orejas al lobo -o mejor a los lobos-, ha dado una patada en la mesa y sencillamente ha abandonado ante la imposibilidad de arreglar tanto desaguisado. Es como si viniera a decir algo así como esto: Esta barca hace aguas por muchas partes y hay mucho que arreglar en ella. Si no nos ponemos todos a la obra, esto tiene difícil solución. Yo no puedo, vosotros veréis qué se puede hacer. ¿SE ME ENTIENDE?
Supongo que en esa casa hay muchas orejas abiertas. Tal vez para haber escuchado lo que no era necesario que hubieran escuchado. No sé si para escuchar y hacer caso también a estas reveladoras palabras de confesión.
Lo peor es que el asunto afecta a demasiadas personas en el mundo. Y esto lleva dos mil años de rodaje.

miércoles, 27 de febrero de 2013

SI PRONUNCIO TU NOMBRE

SI PRONUNCIO TU NOMBRE
Si digo rosa estoy poniendo nombre
a todos los rosales de la tierra,
a toda podadera que dio forma
a la ornada presencia del rosal,
a la simiente, al flujo de la lluvia,
a la semilla hundida entre la tierra
y a quien soñó algún día su existencia.

Porque decir tu nombre es dar certeza
a todos los demás nombres del mundo,
a todos los recuerdos del pasado
que habitaban el sueño del olvido;
es desencadenar una tormenta
de todo lo que fue antes cielo y nube,
tejido desgastado por el uso,
restos entre los restos de los restos
e ilusiones perdidas en el fluir del tiempo.

Porque hacerte presente en la palabra
significa tocarte con los labios,
libar de los sonidos que te encarnan
y sembrarte de luz y crecimiento,
es recoger en forma de sentencia
la plenitud, el ser definitivo.

Hoy digo rosa, nieve, amor, alondra,
y pronuncio tu nombre
como fiesta suprema de los nombres,
como noble resumen
de todo lo que quiero que llene mi conciencia.

martes, 26 de febrero de 2013

UNAS GOTAS DE NOSTALGIA


Confieso que hay asuntos que me cansan y que me causan hastío. Por más que procuro evitarlos, me los encuentro por todas las esquinas. Estoy hasta el gorro de Urdangarín y de Barcenas. Ambos me parecen dos indeseables, pero ya he afirmado muchas veces que me parece más indeseable la sociedad que permite y jalea que existan estos tipos y que solo se rasga las vestiduras cuando la justicia los pone en la picota. Por estar harto lo estoy hasta de los medios de comunicación pues sigo pensando que actúan siempre al servicio de sus intereses económicos hinchando o pinchando globos según les conviene.
En tales situaciones no sé dónde esconderme ni con qué distraerme.
Hoy ha venido en mi auxilio la lectura de un ensayo de cerca de doscientas páginas titulado “La revolución divertida”. Es su autor Ramón González Férriz. Analiza las principales revueltas sociales desde los años sesenta hasta nuestros días.
Estoy en desacuerdo con algunos elementos secundarios, pero me parece que acierta en la tesis central: Todas las pretendidas revoluciones se han forjado como intento de remover el sistema social pero han terminado diluyéndose en el propio sistema; incluso las últimas ni siquiera en la teoría han proclamado su deseo de cambiar el sistema. El futuro no se presenta más esperanzador. Parece como si la única diferencia entre la derecha y la izquierda es la mayor sensibilidad con que la izquierda gestiona en capitalismo. Otra cosa es proponer salirse de él.
Por las páginas del ensayo circulan los esquemas del mayo francés, y los posteriores destinos de sus principales dirigentes; los hippies y los yippies americanos; los beatniks y los Beatles; todos los movimientos contraculturales y anarquistas; la movida madrileña y los libertarios catalanes; los nacionalistas; los llamados intelectuales en todas sus variantes; los movimientos antiglobalización; la aparente revolución de internet; y hasta el 15-M. El libro solo tiene un año pero hoy ya podría recoger todos los movimientos espontáneos más actuales.
El autor defiende que, en el fondo, todos los intentos de revolución desde el 68 son burgueses; o al menos se tornan en algún momento burgueses. No es nada nuevo: ya lo sabíamos. No creo que eso les quite ni les añada ningún elemento de verdad ni de mentira, simplemente los describe.
Hay una idea externa que a mí me llama mucho la atención. Es la de que el propio sistema capitalista es revolucionario en sí mismo y por ello es capaz de engullir cualquiera de estos movimientos. Los movimientos anticapitalistas aspiran a partir de la libertad del ser humano para que todo se coloque a su servicio como principio y como fin. El propio capitalismo ha ido desarrollando en su publicidad la bondad de la individualidad como elemento positivo y de distinción frente a los demás. Por eso ha podido con todos los intentos y se los ha comido arrebatándoles aquello que era su propia esencia.
Habría que añadir inmediatamente que el capitalismo  produce industrialmente y eso de la exclusividad es solo un señuelo. Pero funcionar claro que funciona. A las pruebas me remito en vestidos, calzados, automóviles…
Y una idea más personal por lo que me afecta como sufridor o beneficiario más directo. Esto dice el autor: “Volver a rebelarse en las calles, volver a convertir la provocación en un arma liberadora… , y creer que después de eso vendría un mundo nuevo y más justo ha sido una estrategia ineficaz. No porque no sea natural y en cierta medida hasta buena y liberadora en sí misma; puede que sea incluso una constante histórica que por alguna razón creemos que se ha acentuado ahora. Pero en cualquier caso, eso no impide ver un rasgo, muy singular y muy llamativo, en la nueva cultura juvenil: ha vuelto la mirada al pasado; no para conocerlo y aprender de él, sino para envidiarlo y querer volver a él: Los jóvenes de los sesenta se divirtieron tanto, consiguieron tanto, y luego tuvieron tantas comodidades, que no hay un futuro mejor que volver a repetir su experiencia”. Pg. 180-1 Yo no soy precisamente un prototipo, pero el parrafito tiene una enorme carga explosiva para parte de mi generación. Y para mí mismo en varios apartados.
Y esto otro: “El mundo a principios del siglo XXI  es una mezcla asombrosa de estética rebelde y ortodoxia económica, de discurso revoltoso y adoración del confort material. Y a consecuencia de ello, los individuos más afortunados de ese mundo afortunado, especialmente si son de izquierdas, sienten una tensión entre su “éxito material” y su “virtud interior”. No es que duden de la legitimidad con que han conseguido lo que tienen -a fin de cuentas, en muchos casos, es fruto de logros políticos como la educación pública o con becas, la progresiva no discriminación por sexos, la meritocracia o en España simplemente la democracia-, peor aun así hay cierta brecha entre sus aspiraciones a un mundo más radicalmente igualitario y su satisfacción personal con el bienestar que les ha sido concedido. Naturalmente hay centenares de causas justas por las que seguir luchando. Pero la mayoría de estos viejos soisante-huitards ya no pueden salir a la calle -excepto, quizá, en ocasiones especialmente clamorosas- para gritar y correr ante la policía. Su expresión del disenso se produce mediante el voto, pero también mediante decisiones de consumo en general y de cultura en particular. Sin duda, a su modo de ver, esos muchachos que se manifiestan ante las grandes instituciones económicas y políticas tienen mucha razón, y hasta es posible que a los viejos revolucionarios les dé cierta envidia no poder estar en su lugar armando una buena protesta. Pero ahora su papel es otro. Quizá compran café del comercio justo, optan por un coche poco contaminante, le hacen un contrato a la chica inmigrante que les ayuda con los niños, donan una parte de sus merecidos ingresos a una ONG, firman manifiestos o escriben airados artículos”. Pg. 176-7
Estas y muchas más cosas. Para pensar y revisar. Y para actuar también.

domingo, 24 de febrero de 2013

sábado, 23 de febrero de 2013

LA VUELTA DEL LABERINTO


LA VUELTA DEL LABERINTO
De aquellos laberintos que guardaban
el paso hasta el jardín definitivo,
hoy solo quedan huellas. Fue la noche
y la intensa zozobra la que hizo
que me sintiera escaso, mutilado,
pues ignoré la muerte y toda travesía
del cero al infinito rumiando
los pasos intermedios, tan sabrosos;
me volví indiferente ante mí mismo
y no supe cifrar los dulces límites
del reino del dolor. Mi corazón
no guardaba conciencia
de la moralidad de mis acciones.

Aquel amplio deseo del olvido,
del cese en el quedarse sin saberse
de toda ciencia humana trascendiendo
tantas veces buscado y avistado
hoy fueron mi redoble de conciencia,
mi empuje hacia el placer del pensamiento,
mi vuelta hasta el dominio de lo escaso,
de lo mortal, de todo lo impreciso,
de todo lo que duele y causa herida,
de ese río con aguas que acumula
lodo y tierra, placer de nieve y frío.

Hoy vivo en la omisión del laberinto,
en la amnesia de la escondida cueva
donde se pierde todo lo ganado,
en el sabor cambiante de lo mío,
en el caer y ver que estoy sin fuerzas,
mas puedo levantarme lentamente
y seguir poco a poco mi camino.
Mañana Dios dirá: será otro día.