martes, 19 de marzo de 2013

UNA BÚSQUEDA INJUSTA E IMPOSIBLE

UNA BÚSQUEDA INJUSTA E IMPOSIBLE
Me falta una palabra cada día
que diga con certeza
lo que pienso y declaro en mi conciencia,
los argumentos de una simple idea
que justifique este correr sin pausa
hacia ninguna parte.
Tengo sed de osadía y rienda suelta
a lo que acaso duerme
en el triste salón de los olvidos,
algo que fije la tenaz presencia
de lo que me devora cada tarde.

Y sé muy bien que no es lo más exacto,
que pido lo que no me pertenece
pues entro en el silencio
-siempre dueño de la última palabra-
y enciendo la memoria:
los hijos y su hermosa descendencia,
la esposa en el secreto de todo del laberinto
y el eterno proceso
de todos los regalos de la Historia,
cierta capacidad para sentirme solo
y alguna ineptitud para el acopio
de todo lo que acerque a la mentira.

El mundo es siempre puntos suspensivos
y yo me encuentro en medio de la frase.
Buscaré la sintaxis adecuada
y un sencillo  nivel de coherencia
para un todo tranquilo y placentero.
Y, si ha de ser efímero el sentido,
que se agote en el aire y en el fuego,
que purifique al menos los contornos,
que los dioses lo olviden
con la suave ternura de la ausencia.

lunes, 18 de marzo de 2013

Y ES LUNES DE MAÑANA



 Incierta la mañana todavía, los pasos me llevaron, sin aviso, en camino distinto al de otros días. Hoy no fueron los pinos mis amigos, ni respiré sus aires, ni escuché sus latidos cuando los mueve el viento.
Me perdí, calle abajo, en la calleja que sujeta en perfil la carretera que lleva a la estación donde otros días se paraban los trenes. Gibraherrero es su nombre. Es recoleta y vive solitaria. Tan solo la acompaña una veloz y estrecha regadera, que encauza las bravías aguas que vienen monte abajo desde el verde Regajo de los Moros. Una mujer esbelta venía calleja arriba y un muchacho más joven sujetaba el dogal de un perro negro. También aquí se respiraba el aire puro y limpio de estos montes serranos.
Los árboles, castaños sin injertos, del llamado Paseo de la Fabril se encuentran ya de parto; están rompiendo aguas para mostrar al mundo la gloria de la vida en forma de hojas tiernas. Son tal vez los primeros en estas latitudes. Yo los conozco bien, son mis amigos; como lo es el almendro que, en la pared de enfrente, ya luce con sus hojas, frente al sol y a las nieves que viven en el cielo. Para ser más exactos, los castaños están catalogados y bien saben que el parto es por su orden. Es el tercer castaño, joven y desmochado, el que primero dice cada año que ya no aguanta más. Los demás simplemente le toman la palabra, y, al cabo de unos días, ya todo es hoja tierna y verde en fiesta.
Hoy todo fue distinto. Unas vallas prohibiendo a los vehículos su paso anunciaban que allí pasaba algo diferente. Y allí estaba la muestra bien patente. Algunos operarios devastaban, desde casi la base, las ramas, sin piedad, de los castaños hasta dejar aquello como un triste y oscuro cementerio. Más pensé en una tala que en un vulgar desmoche. Menos mal que el castaño que ya enseña sus hojas en la más tierna edad seguía sin ser cortado por el medio.
Un técnico me dijo que había habido protestas de algunos residentes de la zona porque en tiempo de otoño caían de las ramas las castañas y herían las capotas de sus coches. Imbéciles, idiotas. ¿Qué queréis que descienda de esas ramas del esbelto castaño, el maná del desierto o acaso descomunales ruedas de molino? Se lamentaba el técnico y asentía a mi expresión de rabia y de cabreo: “Es la Diputación la que controla y regula este espacio de calzada”. ”!Y a mí qué me interesa!”, le respondí sin pausa.
Nadie sabe que aquello ha sido y sigue siendo lugar de sombra y charla en las tardes sin tregua del estío, que salir al amparo de la sombra y al descanso tranquilo de los bancos es dar certeza y muestra de que existe la vida, de que ahí están los otros, cargados con el peso de sus vidas, que vienen a contarnos por un rato sus cuitas y sus risas, sus simples ilusiones, sus desdichas. Cuántas veces contemplé allí a mis padres, al serano, conversando con otros o conmigo, o dejando correr sin darse cuenta el paso de las horas.
Yo sé que a la arboleda hay que cuidarla, que tiene que vestirse y desvestirse con el tiempo y que a veces precisa que la embridemos fuerte para que viva alegre y vigorosa. Es lo que hacemos todos. Pero hoy aquello olía a páramo y desierto, a degollina y muerte, a guillotina y campo de batalla cuando solo se muestra en abundancia la carne de los muertos.
Enfrente vive gente a la que unas castañas abollan un poquito las relucientes chapas de sus coches. Vaya por Dios; se les han concedido pisos y viviendas en condiciones harto favorables y ahora sus remilgos hacen ascos de unas simples castañas.
Son los síntomas claros de lo que apunta vivo en todas partes: son los coches más graves e importantes que las mismas personas, y el técnico de turno arregla su parcela sin conciencia de que el hombre es la suma de muchas otras cosas y que es esa armonía entre las partes lo que le da valor a su presencia.
Hoy el ejemplo fue en el suave Paseo de la Fabril, pero todos los días es lo mismo en el cemento verde de mi plaza, donde suben los coches sin vergüenza, robando los espacios a los juegos y risas de los niños, donde amplios altavoces resuenan en los coches provocando el asombro y el escándalo sin que nada parezca conmover a los dueños idiotas de los mismos, y menos a las hembras que muestran complacencia -permitidme que no sea más explícito- cuanto más suba el tono de la música. Poned en masculino lo que va  por delante de los guiones si es ella la que llega conduciendo.
Por eso este misántropo se enfada y muestra en diminuto un desahogo, que no puede ser más porque, en el fondo, hay poco que regar desde un pozo sin agua y en desierto.
Es lunes de mañana. De frente se presenta la semana. Veremos, dijo un ciego, y se puso a mirar por la ventana.

domingo, 17 de marzo de 2013

PALABRAS PARA UN CUMPLEAÑOS


PALABRAS PARA UN CUMPEAÑOS
(Para Mayca Martínez)
No es el tiempo el que marca las distancias
de la cuna a la arruga o al declive,
no el espacio el que anuncia si se vive
en el mejor perfil de la prestancia;

es vivir la ilusión con elegancia,
descerrajar costumbres, divertirse,
dar testimonio fiel de que se ríe
con más gusto si rige la abundancia;

es comer hasta hartarse la manzana
del árbol del Edén, echarle el ojo
a todo lo que ofrezca la mañana;

es quedarse a vivir en otros ojos
y al llegar de la tarde la desgana
volver a perseguir la luz y el gozo.

Vivir, Mayca, es, al fin, el complemento
de una oración con múltiples sujetos

jueves, 14 de marzo de 2013

OTRA VEZ EL ÁRBOL Y EL BOSQUE


Con el botellón de fondo en casa san Pedro, incluida paloma mensajera sobre chimenea y lluvia mojando al personal de a pie; apabullado por la cantidad de portavoces, voceros y entendidos vaticanistas que engrandecían cualquier detalle hasta situarlo en el nivel del paroxismo; sin un euro en el bolsillo pues todo se me ha ido en impuestos para pagar el despliegue informativo; fascinado por la fascinación de los que asistían al concierto litúrgico y jaleaban al cantante antes de que saliera a saludar al escenario, sin tener en cuenta si afinaría o andaría ronco; ni ilusionado ni decepcionado porque de donde hay agua no se puede sacar petróleo; con la convicción de asistir a una liturgia siempre especial y atractiva, precisamente por el halo de misterio y por la grandiosidad.
Y, en otro orden de cosas, avisado de la resolución de Bruselas acerca del abuso en la práctica en los desahucios en España, algo que hasta el más incipiente novicio en el curso del sentido común había ya advertido, salvo los defensores a ultranza del status quo del mercado, o sea, los ricos poderosos.
Vengo a leer en el PAÍS, periódico en el que aún confío un poco -cómo será mi opinión acerca de los demás- la noticia de que “El 86% de los aspirantes a una plaza docente en Madrid no pasó la prueba de conocimientos. El test incluía preguntas que debe responder un alumno de 12 años”.
La enseñanza. Otra vez la enseñanza. Y, dentro de ella, la memoria, su valor y sus usos. Los ejemplos, como siempre, se vuelven a centrar en asuntos de equivalencias de pesos y medidas, asuntos geográficos y aplicaciones ortográficas.
Me duele que un asunto de tanta importancia -quiero decir la educación, por supuesto, no los ejemplos parciales que se citan- se resuelva desde uno y desde otro lado con tanta ligereza. Coño, a quien diga que el Duero pasa por Madrid, sencillamente que lo echen y que no le vuelvan a admitir ni la siguiente instancia para pedir trabajo; quien escriba “conduzta y Valladoliz” que se encierre en su casa y se dedique a tomar el sol; y quien diga que Badajoz es una provincia andaluza, que se vaya a la ribera del Guadiana a refrescarse en verano, pero solo y sin mochila.
Pero quien aduzca esto como arma para reprimir otras reivindicaciones o para tratar de ordenar la enseñanza solo en el camino memorístico, estará haciendo un mal irreparable a los niños y jóvenes que transitan por los distintos niveles educativos.
¿Nadie quiere preguntarse por qué se producen estos disparates? ¿Alguien quiere situar estos errores en el contexto que los pueda explicar y, sobre todo, intentar descubrir el mundo que se vislumbra tras ellos?
Porque errores son, y muy de bulto, esencialmente si todo lo fiamos al almacenamiento de datos y no a su relación y a la supeditación a los principios de los que tienen que ser ejemplos y nada más que ejemplos.
Me ocupo del asunto de la lengua como instrumento de comunicación entre los seres humanos. También de su reflejo en la escritura, con sus reglas a veces farragosas y no siempre lógicas. Nunca me he escandalizado por un error aislado, por muy espectacular que parezca, sino de las tendencias y del mundo de deficiencias que esos errores aislados dejen entrever. Escribir una vez esperto, con el error de la equis, es una golondrina que no hace verano, pues cualquier escribano echa un borrón y aliquando dormitat Homerus. Separar, sin embargo, el sujeto del verbo, cuando no se interpone nada entre ellos, es descoyuntar la idea y poner la mente gráficamente en blanco. El primer ejemplo lo castiga la sociedad vulgar con la burla mientras que el segundo pasa casi siempre desapercibido y sin queja. Así son las cosas.
Unos y otros deberíamos pensar que una buena parte de nuestra sociedad, incluidos muchos de los que aspiran a trabajar con los niños en la escuela, son producto de la imagen, de la falta de reflexión, de la inmediatez y de lo que apenas dura y está flexionado y entrelazado. Acostumbrarse a razonar y a formar silogismos no es lo que más se lleva en nuestra escala de valores; sumar causas y consecuencias, tampoco. Esto sí es lo importante, y no los ejemplos aislados.
Porque, como siempre, detrás de los elementos inmediatos y de los ejemplos tan llamativos, están las escalas de valores, los ideales sociales, los ejemplos por los que nos movemos, los representantes públicos a los que aplaudimos y subimos a los pedestales frente a aquellos a los que no hacemos caso en absoluto, las publicidades que nos acosan a cada instante, los medios de comunicación y sus poderes de idiotización, y toda la parafernalia que va dejando el poso que respiramos a cada momento.
Un ejemplo sencillo que suelo repetir con frecuencia. Algunos de estos aspirantes a profesores no conocen el nombre de las provincias por las que pasa el Duero. ¿A que muchos de ellos han ido a Tailandia en viaje de fin de carrera o a las playas de Cancún? Idiotas. Con lo hermoso que es pasear por la ribera del Duero en Soria, por ejemplo, leyendo unos poemas de Machado. O por el Canalizo, junto al Cuerpo de Hombre, que está aún más cerca. Tontos del culo. Gilipollas.
Gilipollas ellos, pero no menos quien no vea que las agencias y el dinero promocionan los países exóticos e ignoran lo hermoso del conocimiento de lo inmediato, de lo que nos rodea y en lo que vamos haciendo y gastando nuestra vida. Claro que, si echamos el rato en lo más cercano, tal vez nos echemos a pensar en sus valores, en sus propietarios y en sus usos. Y tal vez eso termine por ser algo peligroso. ¿Y quién tiene el dinero de las agencias de viaje? ¿Los parados? Ay, ay, ay.
Así que menos simplezas por parte de todos y a levantar la voz y la mirada. El que no piense, a la calle; y el que no deje pensar, también a la calle. Que ya está bien de analfabetos y de aprovechados de un lado y del otro.

miércoles, 13 de marzo de 2013

UN PACTO NECESARIO CON LA...

UN PACTO NECESARIO CON LA…
Cuando menos la esperas, aparece
y saluda al tendido, como el diestro
que presiente el triunfo. Sin embargo,
otras veces
-estas son las peores, no lo olvides-
amaga simplemente,
insinúa que tal vez cualquier rato,
cuando menos la esperes,
se sentará a la mesa
y pedirá arrogante su menú del día.
No dará ni las gracias
a la legal bondad del camarero
ni abonará la cuenta. A la salida,
se vestirá otra vez su gabardina
y, con gesto y mirada despectivos,
dejará su tarjeta de visita
con cita indefinida y caprichosa.
Mientras tanto, los otros comensales
se mirarán confusos y aturdidos,
pensando en el vigor y el desparpajo
de aquella visitante caprichosa;
procurarán que avise el restaurante
si aguarda su visita
para salir de naja y no encontrarse
de nuevo con su cara.
Pero sabrán que es vano su deseo
pues la visitadora tiene pase libre
en todos los locales
de las causas ganadas o perdidas
y entra y sale a su antojo
sin que nadie le niegue la comida.

Lo mejor es, acaso,
buscar un pacto honroso,
prepararle la mesa con cuidado,
tener dispuesto todo por si llega
cuando menos la esperes y te pide
que le sirvas de postre
porque tiene ese antojo simplemente.
Has de vivir con ella mucho tiempo
y no convienen tratos
indigestos, airados, enojosos.

lunes, 11 de marzo de 2013

CUESTIÓN DE AMIGOS

CUESTIÓN DE AMIGOS
Me detengo en la luz de las mañanas,
mirando cómo pasa por el aire
la densidad del mundo entre la bruma;
si subo paso a paso hasta los pinos,
se me viene a la vista todo el monte
y el cielo se me pone por montera.

Allí convoco a cónclave a las cosas:
a la lluvia dormida entre los charcos,
al invierno grisáceo que ha oxidado
las calles y los patios, a los ecos
de todas las palomas y las nieves
que han dejado el recuerdo río abajo.

Me quejo de las nubes que me ciegan,
de la luz que me invento
en los entresijos de mis soledades,
y creo que me sonríen con dulzura,
con una cucharada de nostalgia
y una pizca de amor en sus sonidos.

Se viste como nunca de aromas la mañana
y yo exhumo rumores de luces y de brisas.

domingo, 10 de marzo de 2013

EXPERIENCIA

EXPERIENCIA
Que la vida va en serio
uno lo empieza a comprender muy pronto.
Todo es ponerse a ello,
o, más bien, que te pongan.
Porque fueron los años
de la escasez y el hambre;
porque la guerra no fue solamente
descerrajar las sienes con un tiro
o llamar a la muerte en una esquina
con banderillas negras de castigo;
porque allí no llegaron los juguetes
a compartir el tiempo con los niños,
ni los cuentos con santos, ni las botas
de la marca Gorila;
porque la noche se hizo también niña
para bajar rodando a las laderas
a dormir en el chozo en el otoño;
porque, apenas sonaron vagamente
las horas del reloj, las dimensiones
se alzaron a gritar sus diferencias;
porque nadie me dijo que las sombras
me habrían de velar el horizonte,
porque vi que la lluvias en las huertas
no regaban lo mismo las simientes;
porque, en fin, la conciencia de la vida
se me ofreció rodando entre los aros
y a la vuelta a mi casa cada tarde.
Que la vida va en serio
uno lo empieza a comprender en serio
cuando se pone en serio con la vida.