martes, 26 de marzo de 2013

EL TIPO DEL COLCHÓN


Hace tan solo unos días veía con sorpresa una notica en la que se daba cuenta de la labor de un señor paisano de Salamanca que andaba creando colchones a los que incorporaba una pequeña caja fuerte con su llave y su combinación correspondiente, como si de un minibanco se tratara. Este colega es un avispado pues se ha adelantado a lo que realmente vamos a tener que hacer todos aquellos a los que no nos haya dado por gastar el último céntimo en vinos de fin de semana.
En Chipre, la Unión Europea, que yo cada día sé menos qué cosa representa, ha impuesto a todo el que tenía unos ahorros una quita (del verbo quitar: que se lo ha quitado) de no sé qué tanto por ciento. Vamos, que se ha quedado con la mitad o más de sus ahorros, como quien oye llover y está tomando un café calentito en un sofá del bar.
Dos salvedades se me ocurren de inmediato. La primera es que esto parece que no les afecta a todos aquellos que no tienen nada de lo que les puedan “quitar” pues bastante tienen con mirar para el cielo y pedirle que acelere porque no hay manera de que llegue el fin de mes. La segunda es la de que, en situaciones de dificultad, los que más tienen deben ser los que más aporten. Así dicho, hasta dan ganas de firmar.
Lo malo de todo esto es que el asunto es una imposición a palo seco de un sanedrín que viene predicando a diario el liberalismo como solución a los problemas que ellos mismos no hacen más que agrandar. De modo que, cuando hay ganancias, déjese al mercado que corra a su aire y que los poderosos sigan haciendo los bolsillos más grandes y las cuentas con más ceros; y, cuando las cañas se tornan lanzas, entonces a repartir los sacrificios y a someterse a los dictados de los que, desde el despacho, cuadran las cuentas para que la ortodoxia del mercado no se tuerza.
Hace muchos años, la izquierda suspiraba por la entrada en Europa. Los más jóvenes tal vez no saben que aquello quería decir aproximarse a las costumbres, a la escala de valores y a las libertades de que gozaban en otros países; en manera alguna tenía que ver con la avaricia de los mercados ni con las grandes multinacionales que dictan las normas con guante blanco, con pluma de oro y en papel de seda. Hoy la situación es muy distinta. El tiempo no pasa en balde, pues el tiempo pasa, que es lo que siempre pasa, y el panorama es bien diferente.
Hoy los grandes organismos son los que deciden desde sus cuevas bien surtidas y servidas por los lacayos. Casi todos los gobiernos en la Unión son de derechas -poca gente destaca este hecho-, el FMI parece haber estado dirigido en los últimos años por discípulos de Alcapone (Rato, Strauus-Khan y Lagarde), las multinacionales quitan y ponen rey a su antojo, y los países siguen mirando solo para dentro de sus fronteras. Así, el más poderoso ordena y manda, quita y pone, ordena los tiempos e impone castigos o premios.
Algunos quisimos ser Europa no por los mercados sino por la racionalidad y por la posibilidad de pensar y de decir con tranquilidad. Hoy la vieja Europa anda hecha unos zorros y no sé si Júpiter se atrevería a visitarla ni en una vaquería. A pesar de su incontinencia amatoria, acaso no le cogería ni un apretón de primavera. Salvo que el señor del colchón les hiciera un precio de amigos y pusiera la cama gratis.

lunes, 25 de marzo de 2013

HAY MAÑANAS DE LUCES Y DE SOMBRAS

HAY MAÑANAS DE LUCES Y DE SOMBRAS
Henchido de montaña y de la lluvia,
hastiado de infinito y de misterio,
me sigo interesando por los ecos
de todo lo que sé que en la experiencia
es ebriedad de espacios.

Hay mañanas  de sombras y de luces
en las que apenas trato con los rayos
que me han de dejar ebrio
de nubes, luz y agua.

Cuando miro a las cumbres,
arrabales del cielo en la blancura,
presiento en mis entrañas
un lejano rumor de cataclismo,
me encierro en la zozobra de la búsqueda
de no sé qué verdad inexistente
y no quedo tranquilo y satisfecho
hasta el don  absoluto del hallazgo.
Al áspero contacto con la piedra,
que me grita incesante su presencia perpetua,
confirmo la certeza
de que mi vida está siempre de viaje,
con esa brevedad de lo superfluo
 que no encuentra su sitio.

Entonces busco encaje
en el tiempo sin causa de los sueños
y me quedo a dormir en la penumbra
de la imaginación.
Las llamadas sencillas de la naturaleza
(agua, rumor y viento entre los árboles
-y un buen trago de té con aguardiente-)
me devuelven la vida por delante,
en el pobre sentir de mi conciencia.

viernes, 22 de marzo de 2013

DEMASIADOS DECIBELIOS


Seguimos enfangados en un lodo que no cesa y que cada día se pone más espeso porque la lluvia no da tregua y no hay manera de que escampe en este ciclón interminable. Me refiero, por supuesto, al ciclón político y social; el otro es siempre bienvenido y augura una primavera hermosa y llena de esplendor.
No estoy seguro, sin embargo, de que en esta sociedad el grado de choriceo sea muy superior al de las otras que nos rodean. Por el norte y, por supuesto, por el sur. Lo que ocurre es que la distancia pone olvido y siempre agrandamos lo que está más a la vista y nos es dado en aluvión.
Todo es rechazable, escandaloso y hay que reprimirlo y corregirlo. No creo que nadie dude de ello y, por tanto, insistir en lo obvio es como llamar tonta a la gente. Vale.
Algo muy diferente es la forma con la que se encauza la regulación, la puesta en público y la persecución de todo este asunto.
Me reafirmo en la impresión de que se sobreactúa muchísimo, de que lo que realmente importa es poner cara a las personas implicadas para que sirvan como diana y tiro al blanco de la gente de a pie, que, por comparación, se siente justamente desalentada y con el enfado a flor de piel. Y hay interesados, muy interesados, en que esto sea así. Son los medios de comunicación, que viven del morbo y del cálculo insidioso, de la fragmentación de la noticia, de poner el foco exclusivamente en la persona y no en el desaguisado social que se haya formado. El morbo vende y todo se pone al servicio de la cuenta de resultados del medio y del grupo que lo sustenta.
Porque mi torpeza mental sigue sin ver que se analicen las causas que hayan podido generar lo que se haya producido. Tampoco las consecuencias, sobre todo sociales, que los hechos pueden causar. Todo se va en el momento, en la exclusiva, en el escándalo, en la exageración, en el grito, en poner el dedo en la cara para humillar, en el tú más, en el griterío, en el yo tenía razón y te he pillado, en yo fui el primero que lo dije, en no dejar ni siquiera terminar una frase para confrontar ideas, en un caldo de desaliento, en…
Me da asco una sociedad -porque los medios crean opinión y caldean o enfrían un ambiente general hasta hacer de él lo que su inmenso poder quiera- que se divierte y se enfada al son que le tocan desde unos intereses tan particulares y no siempre confesables. Creo, además, que hemos llegado a tal grado de degeneración, que no hay casi medio que se salve. Comenzaron los que siempre han hecho bandera del desprecio, de la risa y de la desigualdad su forma de actuación, de modo que se convierten en odiosos no tanto porque lo que propongan sea verdad o no sino por la manera de presentarlo, esos medios que han proliferado en los últimos años con concesiones gratuitas de sus amigos; y, erre que erre, se han ido contagiando los pocos medios que se movían en un mayor grado de sensatez y de análisis. Parece como si la contaminación hubiera llegado a todos los lugares y nadie se pudiera librar de ella. No todos practican esa degeneración con el mismo grado, por supuesto, pero uno empieza a sentirse casi huérfano de opiniones sosegadas y de alcance, de firmas que analicen a las causas y adviertan de las consecuencias; en fin, de gente que se mueva por el pensamiento y no por el instinto.
Sé que generalizar, como siempre, es injusto. Yo mismo estoy cayendo ahora en el impulso y en el desahogo. Pero la tendencia es la tendencia. Y el peligro se me ofrece evidente. Que al periódico El Mundo, por ejemplo, le siga interesando la foto para señalar y la información parcial y sesgada para tener titular durante muchos días con los que crear y derribar héroes y villanos, y así vender, que es lo único que le importa, no me extraña: es lo que ha hecho siempre y por esa razón a mí me resulta repulsivo, creo que ha hecho muchísimo mal a la convivencia en este país y me provoca vómitos; que El País parezca deslizarse por la misma pendiente me preocupa mucho más. Porque no me quedan muchos más referentes de alcance general en los que pueda apoyarse la sociedad que quiera limpiar lo sucio pero desde el análisis sereno y reflexivo. No pienso ahora en asuntos concretos, siempre menos importantes, por particulares, sino en tendencias que creo observar
Sigo pidiendo a gritos que se analicen las causas que pueden haber provocado -es otro ejemplo- tanto el asunto del ex tesorero del PP como el latrocinio de los ERE de Andalucía. Solo de esa manera se podrá impedir que se repitan con frecuencia. Por si alguien se atreve y los medios le dejan, ahí les abro un par de espitas: a) Mantenerse durante mucho tiempo en un puesto de poder tiende a generar vicios que no son fáciles de combatir; ergo cámbiese a las personas de puesto. b) Mientras no tendamos a considerar que estar en un puesto no implica ninguna superioridad intelectual o de sueldo, todos tenderán a hacerse con ellos como sea y los demás los mirarán con una mal disimulada admiración y reverencia que a nada bueno conduce.
Para empezar, puede servir. Si hace falta, puedo proporcionar un índice más largo y articulado. Lo malo es que tal vez eso no venda en este caldo de cultivo irrespirable que hemos creado entre todos.

jueves, 21 de marzo de 2013

CIEGO QUISIERA SER


CIEGO QUISIERA SER
Ciego quisiera ser para tener más tacto
y tocar con mis manos tenazmente
todo lo que tú tienes en mi cuerpo.

Cuando escalo los montes de tu geografía,
o bajo hasta las simas de tu hondura,
siento latir mis venas,
que andan dentro de ti, son residentes
que han tomado el dominio
de vasta posesión.

En cambio, si me entraño
y me quedo perdido  por mí mismo,
conozco tus poderes, me someto,
como ciego a la luz más cegadora,
a lo que oigo de ti, a lo que degusto
de ese apoderamiento
que has convertido en reino, donde moras
en la más honda esencia.

Ya solo soy en ti
y, si quiero tenerte,
me busco en ese tú que en mí respira.

miércoles, 20 de marzo de 2013

SOLO LA SOLEDAD HABLA EN SÍ MISMA


SOLO LA SOLEDAD HABLA EN SÍ MISMA
Solo la soledad habla en sí misma,
cuando se ha desasido de los ruidos
que ensucian los plurales y el lenguaje,
cuando el despojo se ha quedado mudo
y no hay ya más apoyos
que los que esconde en sí el desasimiento.

Todo ha sido ebriedad,
hartura de la vida en sin sentido
de todos los sentidos. La ignorancia
de los significados de esa vida
dio empuje al ánimo en la búsqueda
del exacto sabor de la ceguera.

En un momento supo
que acaso cualquier verso
ha de tener sabor siempre de lluvia
para que moje el suelo y purifique
todo lo que conduzca
al hermoso silencio del amor.

Y se dejó al momento de sí mismo,
quedó pobre en silencio
y fue feliz en sí, lleno y henchido
de todo el privilegio de la desposesión.

martes, 19 de marzo de 2013

UNA BÚSQUEDA INJUSTA E IMPOSIBLE

UNA BÚSQUEDA INJUSTA E IMPOSIBLE
Me falta una palabra cada día
que diga con certeza
lo que pienso y declaro en mi conciencia,
los argumentos de una simple idea
que justifique este correr sin pausa
hacia ninguna parte.
Tengo sed de osadía y rienda suelta
a lo que acaso duerme
en el triste salón de los olvidos,
algo que fije la tenaz presencia
de lo que me devora cada tarde.

Y sé muy bien que no es lo más exacto,
que pido lo que no me pertenece
pues entro en el silencio
-siempre dueño de la última palabra-
y enciendo la memoria:
los hijos y su hermosa descendencia,
la esposa en el secreto de todo del laberinto
y el eterno proceso
de todos los regalos de la Historia,
cierta capacidad para sentirme solo
y alguna ineptitud para el acopio
de todo lo que acerque a la mentira.

El mundo es siempre puntos suspensivos
y yo me encuentro en medio de la frase.
Buscaré la sintaxis adecuada
y un sencillo  nivel de coherencia
para un todo tranquilo y placentero.
Y, si ha de ser efímero el sentido,
que se agote en el aire y en el fuego,
que purifique al menos los contornos,
que los dioses lo olviden
con la suave ternura de la ausencia.

lunes, 18 de marzo de 2013

Y ES LUNES DE MAÑANA



 Incierta la mañana todavía, los pasos me llevaron, sin aviso, en camino distinto al de otros días. Hoy no fueron los pinos mis amigos, ni respiré sus aires, ni escuché sus latidos cuando los mueve el viento.
Me perdí, calle abajo, en la calleja que sujeta en perfil la carretera que lleva a la estación donde otros días se paraban los trenes. Gibraherrero es su nombre. Es recoleta y vive solitaria. Tan solo la acompaña una veloz y estrecha regadera, que encauza las bravías aguas que vienen monte abajo desde el verde Regajo de los Moros. Una mujer esbelta venía calleja arriba y un muchacho más joven sujetaba el dogal de un perro negro. También aquí se respiraba el aire puro y limpio de estos montes serranos.
Los árboles, castaños sin injertos, del llamado Paseo de la Fabril se encuentran ya de parto; están rompiendo aguas para mostrar al mundo la gloria de la vida en forma de hojas tiernas. Son tal vez los primeros en estas latitudes. Yo los conozco bien, son mis amigos; como lo es el almendro que, en la pared de enfrente, ya luce con sus hojas, frente al sol y a las nieves que viven en el cielo. Para ser más exactos, los castaños están catalogados y bien saben que el parto es por su orden. Es el tercer castaño, joven y desmochado, el que primero dice cada año que ya no aguanta más. Los demás simplemente le toman la palabra, y, al cabo de unos días, ya todo es hoja tierna y verde en fiesta.
Hoy todo fue distinto. Unas vallas prohibiendo a los vehículos su paso anunciaban que allí pasaba algo diferente. Y allí estaba la muestra bien patente. Algunos operarios devastaban, desde casi la base, las ramas, sin piedad, de los castaños hasta dejar aquello como un triste y oscuro cementerio. Más pensé en una tala que en un vulgar desmoche. Menos mal que el castaño que ya enseña sus hojas en la más tierna edad seguía sin ser cortado por el medio.
Un técnico me dijo que había habido protestas de algunos residentes de la zona porque en tiempo de otoño caían de las ramas las castañas y herían las capotas de sus coches. Imbéciles, idiotas. ¿Qué queréis que descienda de esas ramas del esbelto castaño, el maná del desierto o acaso descomunales ruedas de molino? Se lamentaba el técnico y asentía a mi expresión de rabia y de cabreo: “Es la Diputación la que controla y regula este espacio de calzada”. ”!Y a mí qué me interesa!”, le respondí sin pausa.
Nadie sabe que aquello ha sido y sigue siendo lugar de sombra y charla en las tardes sin tregua del estío, que salir al amparo de la sombra y al descanso tranquilo de los bancos es dar certeza y muestra de que existe la vida, de que ahí están los otros, cargados con el peso de sus vidas, que vienen a contarnos por un rato sus cuitas y sus risas, sus simples ilusiones, sus desdichas. Cuántas veces contemplé allí a mis padres, al serano, conversando con otros o conmigo, o dejando correr sin darse cuenta el paso de las horas.
Yo sé que a la arboleda hay que cuidarla, que tiene que vestirse y desvestirse con el tiempo y que a veces precisa que la embridemos fuerte para que viva alegre y vigorosa. Es lo que hacemos todos. Pero hoy aquello olía a páramo y desierto, a degollina y muerte, a guillotina y campo de batalla cuando solo se muestra en abundancia la carne de los muertos.
Enfrente vive gente a la que unas castañas abollan un poquito las relucientes chapas de sus coches. Vaya por Dios; se les han concedido pisos y viviendas en condiciones harto favorables y ahora sus remilgos hacen ascos de unas simples castañas.
Son los síntomas claros de lo que apunta vivo en todas partes: son los coches más graves e importantes que las mismas personas, y el técnico de turno arregla su parcela sin conciencia de que el hombre es la suma de muchas otras cosas y que es esa armonía entre las partes lo que le da valor a su presencia.
Hoy el ejemplo fue en el suave Paseo de la Fabril, pero todos los días es lo mismo en el cemento verde de mi plaza, donde suben los coches sin vergüenza, robando los espacios a los juegos y risas de los niños, donde amplios altavoces resuenan en los coches provocando el asombro y el escándalo sin que nada parezca conmover a los dueños idiotas de los mismos, y menos a las hembras que muestran complacencia -permitidme que no sea más explícito- cuanto más suba el tono de la música. Poned en masculino lo que va  por delante de los guiones si es ella la que llega conduciendo.
Por eso este misántropo se enfada y muestra en diminuto un desahogo, que no puede ser más porque, en el fondo, hay poco que regar desde un pozo sin agua y en desierto.
Es lunes de mañana. De frente se presenta la semana. Veremos, dijo un ciego, y se puso a mirar por la ventana.