lunes, 15 de abril de 2013

SICUT NUBES

Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra. Qué verdad más verdadera.
Esta mañana, la segunda plenamente primaveral por estos pagos, me fui a Salamanca para cumplir con una obligación médica: algunas observaciones prescribían hacerme un TAC para dejar claras algunas situaciones y eliminar sospechas.
Antes de las once ya estaba esperando y preparando mi abdomen con un compuesto dulzón pero soportable. Después, la prueba: un contraste con escasa reacción, una enfermera muy amable, un tubo que guardaba en su interior vete a saber qué elementos técnicos o fotográficos, y, en diez minutos, vístase y aguarde unos días para los resultados.
Siempre he confesado ser un muy mal enfermo, aunque algo voy aprendiendo con la práctica. Desde que me senté en la espera, intenté matar el tiempo con la lectura. Unos cuentos breves -y en este caso rayando la ironía y el absurdo- ocupaban mi mente y me distraían de otras imágenes menos placenteras. A mi lado había dos monjas, seguramente carmelitas, una muy joven y otra de mediana edad. La primera aguardaba para hacerse una Resonancia. Mi cuerpo no andaba para imaginaciones pero no podía por menos de compararla allí mismo, con hábitos pardos y extensísimos, y a los diez minutos, en el tubo y semidesnuda. No atizaba mi imaginación ninguna idea morbosa -me voy haciendo mayor- pero sí pensaba en cómo se sentiría ella. El mundo, la vida, las ilusiones, la sociedad, las costumbres… Qué revoltijo.
Pensaba también en la última vez que estuve en ese hospital, en operación de hernia discal, en pleno verano caluroso, hace ya casi tres años; o en otras ocasiones, en busca de mejora para una hernia y otras cosas…
Tempus fugit. Pero no todo son nubes, ni naves, ni sombra. Porque la esencia de la vida sigue ahí, múltiple y diversa, heterogénea y homogénea a la vez, llevándonos sin pausa pero haciéndonos conscientes -a quien quiera mirar y contemplar- de la degradación y de la renovación de los hechos.
Esta tarde he completado la lectura de las páginas escritas en forma de diario por un preso especial durante la guerra incivil. Aquí se podría adivinar que también el tiempo huye si se considera el trayecto vital y lo que supone que te eliminen la libertad durante años. Pero también el tiempo se hace eterno en espera de la ansiada libertad.
Todo es contradicción y disparate, absurdo y paradoja, réplica y contrarréplica. Ordenarlo todo en el tiempo es tal vez la misión de la vida. Organizar y adecentar los hechos y anegarse con ellos viviéndolos sin tasa y sin descanso.
Las nubes, las naves, las sombras… La vida que se marcha de las manos en huida veloz y apresurada.

domingo, 14 de abril de 2013

BANDERAS AL VIENTO

Desde mi terraza veo ondear en la otra parte del río una bandera tricolor. Catorce de abril. Día de la República.
No me resulta sencillo saber hasta dónde y entre cuánta gente se guarda ahora mismo la memoria del sentimiento de la forma republicana ni lo que han significado las dos que en la historia de España han existido. Tendría, por tanto, que refugiarme en mí y en mis experiencias y lecturas para emitir opiniones.
Sí sospecho que cada día es mayor el número de personas que defienden la proclamación de esa tercera república en España. Los representantes actuales de la monarquía no han hecho mucho en los últimos tiempos por su defensa y se ha abierto la veda en los medios de comunicación en las críticas a la institución real.
Llevábamos casi cuarenta años en los que el tema parecía tabú y todos, en consenso tácito, callaban o incluso elevaban al séptimo cielo cualquier gesto realengo; de ese modo, se había creado un ambiente almibarado y dulzón de todo ese mundo en el que tan bien se movían los negocios de todos los mandones de los medios de comunicación, especialmente los llamados del mundo rosa. Como por naturaleza la institución tiende al inmovilismo, los poderosos se sentían también como pez en el agua y pescaban a manos llenas. Así hemos tirado durante muchos años.
Hoy todo parece bastante cambiado. La izquierda, como puede y desde las escasas oportunidades que tiene en los medios, azuza su opinión favorable a la república. Algunos medios de comunicación de derecha han abierto sus páginas a la crítica monárquica porque todo vale con tal de ganar lectores o espectadores, no porque tengan interés ideológico en defender la monarquía. Otros siguen impertérritos en la defensa a ultranza pues la monarquía es casi su seña de identidad. La gente mayor mantiene algo así como una mezcla de sueño y de agradecimiento a la figura del presente rey por su actitud y actividad (yo no tengo este asunto tan claro) el 23 F. Los más jóvenes, desligados históricamente de este hecho son los más alejados de todo lo que huela a monarquía.
De modo que casi todo viene de nuevo a resolverse en un conflicto de intereses de grupos y de puntos de vista un poco estrechos.
A uno le interesaría que la defensa o el rechazo vinieran sobre todo de las bases ideológicas que puedan justificar o no un sistema como ese. No veo que las discusiones se planteen en ese nivel. Una vez más. Creo que es la base para después defender con solidez cualquier postura.
Pero es que, ay, me parece que este asunto no tiene un pase racional. Pienso además que hay mucho defensor que lo sabe pero no se atreve a reconocerlo porque se le caerían todos los tejados de su defensa. ¡Reyes y en el siglo veintiuno! Por favor, ni los Reyes Magos. Castas, privilegios, exenciones de ley, papanatismo al por mayor, opacidades de cuentas, herederos porque sí, siervos… Qué barbaridad. Ni un pase mental tiene eso. Por eso tal vez hay gente que prefiere sencillamente no menearlo para que no huela tan mal.
Para ser honrado con mi conciencia, no tengo tan claro que, en la práctica (protocolos, gastos, elecciones, enfrentamientos…), resulte tan nefasto como se aparece en la teoría. Tampoco que aporte beneficios sobre otras fórmulas.
En todo caso, todo esto debería resolverse con normalidad y sin demasiadas estridencias en el siglo veintiuno. Históricamente, cada cambio de formato ha supuesto un enfrentamiento sangriento. Hoy no debería producirse nada de eso, si la gente decidiera cambiar la fórmula: se trataría de formatos, no de personas ni de despreciar ni ensalzar tontamente a nadie.
Allí sigue la bandera ondeando al aire de la tarde. Parece como si se quisiera elevar hacia lo alto frente a la sierra en otros aires de libertad más intensos.

viernes, 12 de abril de 2013

DE OTRAS GUERRAS

DE OTRAS GUERRAS
Yo te hablo de otras guerras más hermosas,
que tienen más de rosas que de espadas.
No hay tanques, no hay tiranos, no hay disparos,
ni nadie que persiga a los vencidos.

Retírate a ti mismo, a lo más hondo
de toda la certeza que poseas
y alístate en las filas de otra guerra
más alta y duradera. Y en el fuego
de otra hoguera más libre
perecerás de amor, no de otra herida.

Has de buscar la luz de la VERDAD
como primer combate en esta guerra.
-Tu primera batalla-
Entre el alto poder de la razón,
encontrarás la duda  y el consuelo
para ganar el BIEN que allí se encierra.
-Tu segundo combate-
Lo demás es vivir BELLEZA suma,
perpetua libertad, salud más pura,
gracia de ser al fin tierna dulzura
y quietud, complacencia y hermosura.
-Es la madre de todas las batallas-

VERDAD, BIEN y BELLEZA:
cuánta guerra te aguarda en tus honduras.

miércoles, 10 de abril de 2013

HORAS DE LUZ

HORAS DE LUZ
Amanece.
                    La luz se despereza
con una lentitud desconcertante
y el silencio se hace eco en soledad.

La hora del medio día.
                                          Qué contagio
de total plenitud y de absoluto
más allá de la luz
y más acá de todas las tinieblas.

Es media tarde.
                              El aire
se asoma a los balcones de la contemplación.
Abajo, el agua lame
la cara más brillante de las piedras,
evita la quietud y desafía al tiempo.

Anochece.
                       El silencio
se apodera y adensa las espumas
de ese rumor que habita entre las cosas.
La luz es otra vez viejo recuerdo
de un suicidio de amor por los caminos,
retorna a la quietud y al dulce desengaño.

Baja la noche a esa quietud y el cuerpo
se deja en soledad y en duermevela.

Solo queda tu cuerpo y en sus mapas
reverbera otra luz más cegadora.

martes, 9 de abril de 2013

JOSÉ LUIS SAMPEDRO


Con frecuencia me quejo desde esta ventana de las exageraciones que creo observar en ciertos comportamientos y de las derivas incondicionales de muchas personas a favor de otras que, por la razón (o más bien la sinrazón) que sea, son sus referentes públicos o privados. Me quejo de los botellones místicos que se convocan cerca del papa, al lado o encima de los deportistas de élite, junto a los famosetes de turno, y así…
Pues yo a veces rompo incoherentemente este principio para dejarme llevar por el sentimiento más que por la razón. Lo hago con mi nieta, lo hago menos con el resto de mi familia y lo hago de vez en cuando con alguna otra persona que no es de mi círculo más próximo.
Tal vez la diferencia esté en el tipo de personas y en el de comportamientos que se elijan para esa incondicionalidad. Convendría que no ocurriera muchas veces, pero no sé cuántas ni cuándo tienen que suceder. En algunos casos no pienso ponerles límites.
Entre los personajes públicos con los que me ocurre esto se encuentra José Luis Sampedro. He escrito conscientemente personaje, y no persona, no porque no me interese la persona, sino porque la persona, para mí, se ha convertido en símbolo, que es lo que perdura y con lo que me quedo, por más que las personas pongan cara a esa idea.
José Luis Sampedro acaba de fallecer a la edad de noventa y seis años. Hasta ahora mismo se ha mantenido con una vitalidad encomiable. Dicen, y me lo creo, que han sido sus ideas las que lo han mantenido vivo y en forma. Yo no lo he conocido personalmente, pero sí lo he visto en entrevistas, he leído libros suyos y siempre lo he seguido casi con devoción.
Era profesionalmente un economista, desde hace muchos años un escritor, y desde siempre un humanista pensador y filósofo. Decía que existían dos tipos de economistas, “los que ayudan a los ricos a ser más ricos y los que ayudan a los pobres a ser menos pobres” En otras ocasiones dejó perlitas como estas: "Mi única ambición ahora es morir como un río en el mar. Ya noto la sal"; "Esto acaba por degradación moral. Hemos olvidado justicia y dignidad"; "Me pueden apartar y jubilar. Pero no me pueden jubilar de mí mismo"; “Yo no puedo decir si hay Dios o no. Creo que no, pero no tengo seguridad. Ahora, tengo la seguridad de que el Dios que nos vende el Vaticano es falso, y lo compruebo leyendo la Biblia con la razón y no con la fe. Cuando creemos lo que no vemos, acabamos por no ver lo que tenemos delante”; "¿Libertad? Vaya a un supermercado sin dinero y verá lo libre que es”;En 2000 años, la humanidad ha progresado técnicamente de forma fabulosa, pero nos seguimos matando con una codicia y una falta de solidaridad escandalosas. No hemos aprendido a vivir juntos y en paz”…
¿Cómo no voy a ser incondicional suyo? Pero es que, sobre todo, pienso que lo decía y lo cumplía; su testimonio de vida me parece tan importante al menos como su testimonio verbal. Ahí estuvo al pie del cañón hasta que su vida se ha apagado, quizás con todas estas lluvias, hasta perderse en el mar, a jubilarse por propia cuenta y sin molestar a nadie. Se lleva una imagen manifiestamente mejorable del mundo en el que él tanto empeño puso por mejorarlo; yo me quedo con una imagen nítida, recia y amable a la vez, sincera y simple, de un hombre que no tenía otra meta que la mejora de la sociedad desde la razón tranquila y firme.
Pasar los ojos por sus páginas era descubrir a borbotones la presencia de un mundo desigual y de un corazón ardiente dispuesto a azuzar cualquier conciencia con tal de dar mejor forma a toda esa realidad putrefacta. Y todo desde la convicción serena y natural de quien sigue en la duda siempre, pero también en la certeza de que el camino emprendido por nuestras sociedades no es el mejor precisamente.
Esta semana se juegan partidos de fútbol que acercan a los equipos a ganar la copa de Europa. José Luis Sampedro sí que tenía que haber ganado la copa de Europa del humanismo, de la coherencia, de la honradez y de la sabiduría. Yo hubiera ido a tribuna a partirme las manos aplaudiendo.

lunes, 8 de abril de 2013

QUINTO ANIVERSARIO


CUARTO ANIVERSARIO
El ritmo ritual ha roto el paso
tranquilo y silencioso de los días.
De nuevo la memoria me convoca
a la espesura de la tarde aquella
en que se paró el tiempo y la ceguera
se apoderó de toda mi pupila.

Se ha renovado el sol ya cuatro veces
y tú no has acudido a su presencia,
tú que eras tan morena. Las estrellas
se miran sorprendidas
y musitan con miedo las letras de tu nombre.
La primavera vuelve
y ya no es lo que era
la flor alborotada del almendro
cuando tú la mirabas.
La luz es hoy opaca en los objetos
y todo se sustancia en el silencio.
Quizás las amapolas
se estén acostumbrando
a que todo sea noche
y las calles no sepan
de tus menudos pasos por sus piedras.

Pero yo sé que habitas mi recuerdo
porque tiene constancia mi memoria
del rastro de tu luz y de las cosas
que no se lleva el tiempo
aunque pasen los años
-son cuatro soles ya-
sin tu abrazo doliéndome en el alma.

domingo, 7 de abril de 2013

UNOS CUANTOS ESCRACHES


Las palabras nombran las cosas en una aproximación siempre pobre pero insustituible para la supervivencia y para las relaciones humanas. Cuando se produce una nueva realidad, se pone en marcha la máquina de las palabras para enviarnos una, sola o en compañía, que se apodera de esa realidad y la pone en circulación entre los hablantes. Solo desde ese momento existe realmente la imagen de la realidad y la realidad misma. Las formas utilizadas por el sistema son muy variadas, pero siempre terminan haciéndose la con idea que de la realidad nos hacemos.
Desde hace muy escasas fechas esta comunidad peninsular se ha familiarizado con un palabro raro: “escrache”, de configuración fonética extraña y de origen lejano; el DRAE solo lo recoge como usado coloquialmente en Hispanoamérica, con la acepción segunda de “fotografiar a una persona”. No importa demasiado el origen ni la forma en que se ha expandido, lo hemos aprendido y basta. Además, todos conocemos también que esa fotografía está cargada de colores y de connotaciones negativos.
De modo que con un escrache le sacamos los colores a la gente, los colores de la vergüenza y de los abusos, ponemos en evidencia a aquellos que creemos que, de manera más directa, operan en acciones que comportan consecuencias negativas para otras, sobre todo para las más necesitadas. Con el escrache acotamos el territorio, ponemos cara, edad y arrugas, nombre y cargo, dirección y horarios a personas concretas.
Cualquiera podría pensar que es peligroso este ejercicio. Y tal vez tenga razón. A mí también me da un poco de miedo y me causa reparos. Y no es por la acción en sí sino por si esa costumbre se generaliza y se convierte en un estrechamiento de la privacidad de los individuos, o peor aún, en una forma visual de apartar a quien pueda molestar por cualquier nimia razón.
Pero es que, como siempre, tomamos el rábano por las hojas. Y se nos rompe, porque no siempre la tierra está tupida como ahora. Porque nos escandalizamos con las fotografías de primer plano pero nos pasan a diario álbumes de fotos en gris que no señalamos de ninguna manera aunque nos perjudiquen en todo.
No conozco ni una llamada a la violencia de los que en estos momentos practican los escraches y sí les oigo repetir cuáles son sus fines, siempre sociales, en favor de los más desfavorecidos y a la luz del día, sin ocultaciones ni triquiñuelas de ningún tipo. Así que los puristas de turno que se aten un poco los machos y que no se pongan tan estupendos.
Sí conozco, en cambio, las sibilinas llamadas a mi puerta de todo el sistema social y económico,  que me incita sin parar, con un ruido insoportable y con una insistencia y sofisticación apabullantes a dejarme llevar por las corrientes que provocan situaciones de fango, de mierda y de injusticias. Vivo en un mundo de publicidad que obliga a vivir en el sueño del futuro desde el engaño del presente; vivo en un mundo en el que la economía se mueve en el mundo del misterio y de la especulación más escandalosa e injusta, pues provoca paro y desigualdades por todas las esquinas; vivo en un mundo en el que la voluntad de unos pocos dicta la acción de todos los demás, y no son precisamente los elegidos por la ciudadanía sino los dueños de las estructuras financieras; vivo en un mundo en el que la realidad ya no es visible sino que se expresa en las compraventas de elementos inexistentes y falsos; vivo en un mundo en el que casi lo único importante es la cuenta de resultados; vivo en un mundo en el que al ser humano se le ha convertido en un animalillo sujeto al trabajo y a la adquisición compulsiva de productos absolutamente innecesarios para una vida saludable; vivo en un mundo en el que los elementos básicos de una sociedad de bienestar son controlados por las potentes multinacionales del sector (farmacéuticas, multinacionales diversas, patronales privadas de enseñanza…); vivo en un mundo en el que la industria armamentística provoca guerras según sus estructuras comerciales; vivo en un mundo en el que los elementos irracionales (religiosos) quieren imponerse sobre los racionales comunes a todos; vivo en un mundo en el que todo incita al instinto y casi nada a la reflexión… Y vivo en un mundo en el que los que lo vivimos hacemos poco por cuestionarlo y por intentar cambiarlo.
A todos estos a mí me gustaría hacerles un escrache. Tal vez es lo que estoy intentando esbozar en estas simples líneas. Claro que es un poco más difícil señalar cuáles son sus domicilios particulares pues se esconden en las cuentas bancarias y en el reparto de dividendos; y, desgraciadamente, muchas veces se esconden en la esclavitud agradecida que supone no solo su aceptación sino incluso el aplauso para ellos desde esa esclavitud del consumidor.
Menos mal que hay -o debería haber- otros señalamientos, otros escraches, positivos, los de tanta gente buena que vive y sobrevive también en este mundo, desde las buenas acciones y desde su ejemplo de vida. Sin ellos el camino se haría intransitable.