lunes, 6 de enero de 2014

OTRA VEZ EL SILENCIO Y EL OLVIDO

OTRA VEZ EL SILENCIO Y EL OLVIDO
Otra vez el silencio y el olvido
dando cobijo al tedio de la noche,
sin la esperanza de la luz que alberga
el ritmo de los tiempos cuando al alba
se escuchaba el rumor de tu palabra.

Retorna la experiencia del recuerdo
como fuente fecunda de tu ausencia.

Ha de volver de nuevo al nuevo año
todo lo que se fue cuando te fuiste.

No te niegues al alba ni a la tarde
y sálvame contigo. No me dejes

colgado en el asombro del abismo.

viernes, 3 de enero de 2014

TAO-TE-KING


Empiezo el año con la lectura del libro del viejo maestro Lao-Tse, aquel ser casi imaginario que dejó su pensamiento en LXXXI brevísimos capítulos, tal vez allá por el s IV a. C., en tiempos de Confucio y de los grandes filósofos griegos. Había anotado en el final la fecha de mi anterior lectura y hacía varios años que no volvía a él.
Los libros, desde hace un tiempo, caen en mis manos un poco al azar y sin demasiado orden, aunque no se me pega cualquiera. Creo que es fruto de que no tengo ninguna necesidad académica de ordenar las lecturas y de algún otro factor menos importante.
Los libros son lo que son, pero también son lo que cada uno de nosotros añadimos o somos capaces de extraer de ellos. A tal fin cuentan muchas variables: la cultura, la edad, el ritmo de lectura, el ambiente, la época… Y, en cada caso, la lectura resulta ser una fuente que mana agua diferente, o al menos con distinta intensidad y grado de temperatura. Entonces, la sed se sacia más o menos, o incluso se sale de las páginas con más sed.
Esta vez he vuelto a las consideraciones del ser y del no ser, del Ying y el Yang, del Principio, de la fuerza continua que fluye en sus dos caras…, y, por encima de todo, de la necesidad de adaptarse a los ritmos de la naturaleza como forma de sobrevivir y de llevar una vida sana y sabia. No alterar esos ritmos y adaptarse a ellos es la clave de todo; para ello la máxima es no actuar, no actuar contra esas leyes creando otras nuevas y distintas, que, desnaturalizadas, destruyen la paz y la equidad, y sitúan a la sociedad en la injusticia y en la desigualdad. Parece algo así como un programa de ecología pero es mucho más que eso, es todo un programa filosófico y un tratado místico.
Copio un pequeño párrafo del capítulo LXVII (también muy breve, como todos) en el que se describe el ideal del sabio: “El Sabio estima tres cosas y les tiene apego: la caridad, la simplicidad, la humildad. Si es caritativo, será valeroso (en los límites justos, sin crueldad). Al ser simple, será liberal (en los justos límites, sin despilfarro). Al ser humilde, gobernará a los hombres sin tiranía.”
Quien conozca algo de la sabiduría oriental sabe que todo camina hacia dentro, mientras que en nuestro occidente parece que nada sirve sin que sepamos mucho de ello los demás, sin que salga a pasear por ahí y se enteren todos, sin que se luzca en la pasarela de la imagen y de la moda. Tal vez por eso las culturas de una parte del mundo y de la otra, a pesar de todos los elementos modernos de comunicación y de la extraña mezcla de sociedades y de desarrollo en el oriente en los últimos tiempos, sigan siendo bien diferentes.
Pienso ahora mismo en el encogimiento que predica el Taoísmo, en el camino interior, en el acoplamiento de nuestros ritmos a los de la naturaleza, en la inactividad como principal elemento de conquista y de evolución… y lo comparo con la febril actividad de la gente en las compras de reyes, en el sube y baja del índice de los precios y en las cuentas de resultados como fin último, en las salidas a sumergirse en la multitud, en las carreteras atascadas como hileras interminables camino de ningún sitio, en las reuniones obligadas y no siempre deseadas, en esta necesidad de movimiento continuo y de actividad acelerada, en la no conformidad con casi nada y en el empeño de todos en luchar unos contra otros en batalla de vencedores y vencidos…
Pienso y no acabo. Y no entiendo tampoco del todo el camino del Tao pues me deja paralizado y no soy capaz de imaginar la evolución y eso que en occidente llamamos el desarrollo desde sus principios.
Pero no sé… Algo más de calma, un poquito más de serenidad, una vuelta a la escala de valores, un sosiego y una parada, una contemplación hasta el silencio, un sentimiento de quedarse y olvidarse, un olvido en el olvido… No sé, pero acaso vendría muy bien a todos y nos situaría en un espacio y en un tiempo algo más placenteros.

No sé… No sé…  

jueves, 2 de enero de 2014

PRIMER DÍA


Aunque aparentemente esta ventana suma y sigue, es un corte en el camino, en un camino que inicia ya la decimocuarta estación en este formato, pues cada una de ellas empieza con el año y termina con él. Por eso es casi obligado parar, templar y mandar. Como si de una plaza de toros se tratara. Quiero decir que la tradición manda revisar la etapa anterior y organizar o atisbar al menos la que ahora comienza.
No tengo ninguna gana de hacer tal ejercicio, así que las primeras líneas son para constatar que ese repaso queda ya en las 260 páginas que conforman los ejercicios del último año y que el presente se presenta nuboso y sin entusiasmo especial, pero que el tiempo cambiará y que el día a día será el que marque la pauta. Mi día a día y el día a día de los demás. Porque sigo pensando que el mundo es mi mundo, el que yo veo, toco y pienso, el que alcanzan mis sentidos y mi pobre mente; pero sé que mi mundo me lo conforman los que me rodean física y mentalmente, que, al menos, yo soy yo y mis circunstancias, si es que no soy solo mis circunstancias.
En esa ida y venida sin solución de continuidad se irán rellenando estas líneas y se irá abriendo y cerrando esta ventana. Es una ventana que se abre primero para mí, pero enseguida para cualquiera que quiera asomarse para ver qué hay dentro. De modo que tiene dos partes en una misma solución. Por una parte la posible exhibición del que la abre, y por otra el posible reflejo de quien le echa un vistazo y tal vez, por analogía o vete a saber por qué, se sienta concernido y tocado en alguna fibra. Yo, que considero el pudor como algo constitutivo de mí mismo, no dejo de reconocer que me asomo tal vez demasiado y que en tantas y tantas páginas termina por encontrarse casi todo de lo poco que se puede saber de mí. Espero que el pudor sea también lo que anime al curioso, aunque un pudor relativo y compartido. Solo así merecerá la pena, se aparecerá algún día el sol y otros dejarán su poso de nublado y de lluvia entre todos.

Porque las constantes vitales, a pesar de todos los pesares y de todas las contradicciones, siguen siendo las mismas, hasta reducirse a una: solo quiero querer y que me quieran. He dicho quiero, no en qué condiciones, porque eso ya es harina de otro costal y de más difícil molienda. Vale.

martes, 31 de diciembre de 2013

QUIA FINIS ADVENIT HUIUS ANNI

QUIA FINIS ADVENIT HUIUS ANNI
Optimum est, dum operare habemus,
id faciamus gaudendo nostram vitam,
quod tempus fugit tamtum significat
quantum unum secundum iam tenemus.

Et cum honesto exemplo  caminemus
in itinere longo et alta via
usque ad aeternam et praeclaram vitam,
ut vivamus et gradu festinemus.

Iam hoc scriptum sub silentio iacet
quia finis advenit huius anni
et novum tempus in ianuario íncipit.

Latinus sermo autem sibi placet
cui multum legit et silentium facit:
annus iam vetus est et alter vivit.

Feliz Año Nuevo
Bon any
Urte berry on
Bon añu nuevu

Felix sit annus novus

lunes, 30 de diciembre de 2013

EXTRAÑAS FAMILIAS


Ayer, mientras disfrutaba de las últimas horas con mi nieta, que ya me dejó hasta vísperas de reyes, se celebraba en Madrid una reunión que llaman de la familia cristiana, al mando de Rouco y sus seguidores. En todas estas concentraciones se amalgaman casi todos los elementos que propician un cóctel mitad botellón mitad mística, en el que, llegados a cierto límite de ingestión mental, todo cabe y es recibido como comida celestial.
Como siempre, mis respetos para todos ellos; algo menos para sus apreciaciones e ideas. Sobre todo por dos razones.
La primera es por ese empeño de hacer saber a todo el mundo la máxima de que lo bueno y único es lo mío y que no hay sitio para otros prismas ni para otras concepciones. Para rematar la jugada y dejarme conmocionado, además se consideran perseguidos y se vienen arriba desde esa situación anímica.
La segunda tiene que ver con la forma en que se me caen los palos del sombrajo cuando trato de aplicar sus datos y sus concepciones.
Veamos: familia cristiana, que tiene como referente la familia bíblica, con hijo inesperado, matrimonio sin consumar, padre revuelto en sus pensamientos, sin enterarse de nada y consentido, y, por si fuera poco, concepción desde el pico de los pájaros. ¡Qué tipo de familia es esta! ¿Pero cómo encaja esto con las manifestaciones contra el divorcio y toda la retahíla de invasiones callejeras protestando contra cualquier cambio en la legislación que hace referencia a la familia? ¡Qué locura para mi pobre mente! ¡Qué manera de perturbar la paz, que droga tan dura, qué revuelto de sustancias…!
Y todo ello explicado, dirigido y aplicado por padres que no saben nada de paternidad, que no practican -al menos en público- ni se jalan un rosco, y que ordenan su vida sin ninguna de las preocupaciones ni de las satisfacciones que proporciona una familia. Como si yo dirigiera la manera de cazar arañas en la selva amazónica.
Coño, prediquen el amor y la solidaridad, amplíen las libertades y no las restrinjan con el miedo del pecado, desenmascaren la hipocresía de muchos de sus benefactores que se benefician a muchas de sus fámulas, impulsen la vida y no la sometan al temor del castigo. Y no se metan en lo que no conocen, por favor. Dejen vivir y bendigan el amor.
Inevitablemente tengo que rescatar de mis anaqueles un viejo poema que dediqué a uno de los últimos papas; él también ponía empeño en controlar lo que no conocía en el sube y baja del día a día.

Hoy se destaca en todos los diarios / -página uno entera- / la enfermedad del Papa, / el Santo Padre en jerga del cristiano. // ¡Y yo que me creía que los padres, / por el hecho de serlo, / eran personas santas! // ¿Cómo, si no, los hijos / que vuelven a las tantas de la noche, / guiados por las luces temblorosas / de un vaso de ginebra de garrafa, / y con el peso del futuro a cuestas / incierto como el alba? / Por ejemplo. // ¿Acaso tiene hijos ese padre? // Dicen que sus arrugas / acumulan los años de trabajo / de múltiples viajes. // Nunca, que yo haya visto, / viajó en autocares del Imserso, / ni esperó en la consulta abarrotada / del centro de Insalud. / Sus médicos -son muchos- / lo cuidan y lo exploran cada día, / todo el mundo suplica al dios eterno / por su alma y su salud. / El Padre Eterno, en tanto, le promete / vivir en la otra vida eternamente. // ¿Qué más quiere el paciente? / Todo en él es eterno. // Todos los otros viejos se molestan / porque ellos no concitan / la urgencia en la consulta. // Cúrese pronto, padre, / que la cola es muy larga / y la espera es cansada. // ¿Entendido? / Pues eso.

domingo, 29 de diciembre de 2013

LAS ÚLTIMAS PÁGINAS


Se le caen las últimas páginas al libro de 2013, como se les desploman las postreras hojas perezosas a los plataneros. Pero, mientras las hojas de los árboles se renuevan en silencio y nos dan una tregua en espera de su resurrección a la vida, las del calendario no son más que un suma y sigue en la partición inútil del tiempo, de esa cosa extraña, constante e interminable que llamamos tiempo. Aquí no hay ni tiempos muertos ni descansos ni intermedios: todo sigue su ritmo y su causa como si no tuviera conciencia ni se dejara moldear por nadie. Y mira que lo intentamos pues acaso es lo único que hacemos, o intentamos, en nuestra estancia en esto que llamamos vida.
Se nos van las horas, se nos van los días, se nos van los meses, se nos van los años… Se nos va la vida, nuestra conciencia de ser y de existir, nuestra insatisfacción y nuestra  conciencia de que andamos por ahí, en medio del todo y de la nada, en el increíble vértigo del tiempo y del espacio.
Tal vez por ello, acobardados, o animosos, o tal vez gozosos y hasta eufóricos, reunimos y tanteamos el pasado en sus recuerdos más sonados y vigorosos, aquellos que han sido capaces de dejar huella en nuestra continuidad y en el poso que nos hace creer que seguimos siendo algo y siempre lo mismo. O alargamos la mano al futuro, como si, ilusos, pudiéramos algo con él, contra él o sin él.
¿Somos lo que hemos sido, lo que somos o lo que queremos ser? Difícil cuestión. Por eso hay que dar por bueno cualquier recuento, cualquier descripción que no se aleje del sentido común y cualquier deseo que no se vaya lejos de la posibilidades más comunes. Miro y resumo el año que se va, me siento en la situación actual  e imagino algo del futuro en deseos y en ganas.
Ahorro los detalles pero, en medio de este mundo, me siento desnortado, marginado y marginal, desapruebo buena parte de su escala de valores y, a pesar de todo, me sigo sintiendo un privilegiado. Me alcanza para comprar lo que necesito para la supervivencia, no me encuentro mal de salud, tengo cerca algunas personas que me aguantan y creo que hasta me quieren, no poseo aspiraciones de esas que me obliguen a someterme a las obligaciones de esta sociedad de cuya escala de valores reniego, soy dueño de tiempo libre, cultivo algunas aficiones con las que me siento reconfortado… ¿Qué más puedo pedir?
Pero, como sé que la vida se mide también en parámetros colectivos y también me declaro antisistema, me gustaría que cambiara el que me acoge y me soporta, y me gustaría que se cambiara por otro más habitable y menos egoísta, más basado en la competencia y menos en la competitividad, más anclado en el ser humano con valores de igualdad y menos en la clasificación según las cuentas corrientes, más reducido al sentido común y a la buena voluntad como normas de conducta de cada ciudadano.
Como sé que estos son deseos generales, debería intentar aplicármelos a mí mismo y a mi propia conducta, esa conducta que me debería llevar a alejarme y a perderme en el tiempo con tranquilidad y algún grado de serenidad y de resignación ante lo que no dependa de mí,

Vuelvo a hacer mío el viejo lema de aspirar a querer y a ser querido como bien más preciado. De cómo sea ese querer y ser querido ya dará cuenta el tiempo. Porque amanecerá Dios y medraremos. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

MATAR EL GUSANILLO


Me cuesta muchos días sentarme ante las teclas por miedo a repetirme demasiado. MI vida soy yo mismo y lo que ven mis ojos y anotan mis sentidos. Es mi mundo y es todo, todo lo que es mi mundo. Pido a los otros y me pido a mí mismo escribir siempre con algo de alcance, con la intención de que lo que diga llegue algo más allá de la anécdota que cuente y que, por analogía o por la alusión, cualquier otro se sienta concernido. Qué difícil es eso casi siempre. Sobre todo porque los asuntos se me repiten y me certifican que la vida, mi vida, se encauza en conductos estrechos y pequeños. Por eso hay días en los que parece que aquello a lo que me obligo es a matar el gusanillo de la repetición aunque la ideas se me resista.
Matemos hoy el gusanillo. Y no sería malo saber de qué estamos hablando. Es un dicho, una máxima, una conseja, una sentencia, un refrán, un proverbio… Cualquiera de esas cosas. Sin ganas de mayores precisiones.
Matar el gusanillo creo que lo decimos de concretar algo por lo que sentimos ganas, con intención de que ese “gusanillo” nos deje de solicitar y de causarnos deseo. Yo mismo estaría ahora matando el gusanillo para quitarme las ganas de teclear unas líneas en el ordenador, unas ganas que no me dejaban tranquilo.
Los dichos tienen muchas veces un sentido y un uso metafórico y no saber aplicarlo es quedarse a dos velas o no saber de la misa la media. Pero no solo es interesante el uso correcto de los mismos; también lo es el conocimiento de su origen, no siempre sencillo.
El caso del gusanillo puede ejemplificar bien esta curiosidad. En realidad, “matar el gusanillo” tiene su significado originario en “tomar una copa de aguardiente por la mañana; si puede ser en ayunas, mejor”.
Como sucede tantas veces, la primera lectura nos deja a la intemperie mental. Y es que los tiempos y las ciencias avanzan que es una barbaridad. La realidad es que se hunde en la creencia de que en el estómago de cada hijo de vecino se esconde un “gusanillo”, un gusanillo que pide su ración de comida y que rasca y recuerda su petición a cada instante. Después de toda una noche, no es difícil entender que sea por la mañana cuando con más fuerza exija sus derechos. No sé si no sería mejor echarle la comida correspondiente que atontarlo con algo de alcohol, pero lo cierto es que el aguardiente lo atontaría y lo dejaría en reserva por un rato, precisamente hasta el momento del desayuno o del almuerzo.
Así que, ver a uno echando un buen trago de aguardiente a hora temprana es certificar que anda matando el gusanillo, el parásito que le ronda el intestino y que le pide su ración. Así se explica que muchos sigan dándole a la botella con esa ración de alcohol.
A partir de ahí, se extienden los usos analógicos, o menos analógicos y más caprichosos, que la vida va regalando.

Yo mismo, los sábados suelo matar el gusanillo en el campo con una visita al buen aguardiente que prepara Manolo, con su cóctel de hierbas incluido. Eso sí, lo hago después de otra viandas y cuando el té me lo pide como complemento. Creo que mañana también mataré el gusanillo, aunque tenga que ser de mis reservas, pues Manolo me ha dicho que no puede asistir.