jueves, 14 de septiembre de 2017

METAMORFOSIS (XX): ACTEÓN

ACTEÓN

(No es crimen, sí delito de fortuna,
la presencia en el tiempo y el espacio
de un desnudo de diosa irresistible.)

Vagaban por los montes apartados
Acteón y sus  muchos compañeros
a la hora en que Febo luce ardiente
en lo alto del cielo con sus rayos.

Un valle resinoso de sus pinos,
consagrado al reposo de Diana,
cerca de allí se esconde. En un extremo,
un borde de agua mana de una fuente.
En él la hermosa diosa de los bosques
solía sumergir bajo las aguas
sus blancos muslos y sus dulces pechos
de ardiente desnudez.

Errando por los bosques, llegó al bosque
Acteón. Penetró en la negra cueva.
Las ninfas que, desnudas en las aguas,
 acompañan a Diana
llenan los montes con sus alaridos
y ocultan con sus cuerpos
la imagen de la diosa cazadora.

Más alta era la diosa y ofrecía
su cuello y su cabeza a la mirada:
como un golpe de sol que ennobleciera
la cara de la tarde era su rostro,
como el oro bruñido
reverberando al sol.

Con agua de la fuente cristalina,
salpica los cabellos,
 el rostro de Acteón
y anuncia para él largas desgracias.

De Acteón se alarga el cuello,
sus manos ya son pies y largos cuernos
de ciervo le coronan larga vida,
el cuerpo está velado en piel oscura
de veloz animal.
Mas le queda el temor y la vergüenza
de la conciencia humana.

Cuando se vio en el agua reflejado
en figura de ciervo,
lanzó un gemido que estremeció al bosque.
Los perros que servían en la caza
descubren la presencia de aquel ciervo,
dueño otros días, cruel botín ahora.
El dueño es perseguido por sus siervos
por donde no hay camino ni salida.
Muy pronto las heridas de los dientes
llenan el cuerpo entero
del cérvido Acteón. Sus compañeros
le gritan a porfía por que acuda
a contemplar la presa que se apaga.
Gime Acteón con un sonido triste,
sin poder dar certeza a sus amigos
de que es la hermosa presa que contemplan
y el infeliz amigo por quien claman,
y muere mientras sacia de Diana
la cólera de diosa insatisfecha.

(Hay que ver cómo son estos dioses,
que, en lugar de gozar sus amores
en sitios umbrosos,
despedazan en ira las ansias
del que un día cualquiera
contempla unos ojos en forma de estrellas.
Anda y que los zurzan

con agujas negras).

martes, 12 de septiembre de 2017

METAMORFOSIS (XIX): CADMO

CADMO

Cuando el padre de Europa es informado
del rapto de su hija
por el ardid de Júpiter,
a Cadmo, hermano de ella, se le ordena
buscar por todas partes;
si no consigue el éxito, el exilio
será su recompensa desdichada.

Deja Cadmo su patria y, suplicante,
implora ante el oráculo de Apolo:
“Sigue el camino lento de la vaca
y, en la hierba que sirva de descanso
 a sus blancas quijadas,
fundarás la ciudad que solicitas”.

No lejos de la cueva de Castalia
se le aparece el bóvido, que al cielo
levanta la testuz y de repente
se desploma en la hierba.

Muy cerca del lugar, un alto bosque,
jamás talado por segur alguna,
se alzaba; y en el medio,
una cueva con sierpe
de tres filas de lenguas y de dientes.
Con sus potentes fauces y venenos
priva de luz a todos los fenicios
que acompañan a Cadmo.
Cadmo busca con pena a sus amigos
y se adentra en el bosque.
Allí ve cuerpos muertos
y sangre provocada por la sierpe
entre sus compañeros:
“O seré vengador de vuestra muerte,
o tendré el mismo fin de vuestras vidas”.

Allí se vio una lucha formidable
entre Cadmo y la sierpe:
piedras enormes, jabalinas, dardos,
lanzados contra el cuerpo del ofidio,
se enfrentan con escamas,
sacudidas violentas en todas direcciones,
espumas blanquecinas
que enturbian el ambiente con ponzoña.
El leño de una encina
sirvió de negra espada
a la cerviz herida de la sierpe,
el tronco de aquel árbol
gimió al ser azotado por la cola:
tal era su dolor y su tamaño.

El terror le ha durado
A Cadmo largo tiempo
pensando en la serpiente que ha vencido,
pero Palas, su diosa protectora,
se presenta y le ordena
“poner bajo la tierra removida
los dientes viperinos”.

Esparce Cadmo en tierra los colmillos
y emergen con asombro, como ejércitos,
las puntas de las lanzas, las cabezas,
los hombros y los pechos
de una cosecha de hombres
de nombre los Espartos o “Sembrados”.

Con ellos alza Cadmo
las murallas de Tebas
y funda la ciudad.
Añade descendencia en parentesco
con la hija de Venus, Harmonía.

Lo que traerá el futuro sólo es ciencia

del libro de los dioses.

domingo, 10 de septiembre de 2017

METAMORFOSIS (XVIII): EUROPA

EUROPA

De Júpiter las órdenes recibe
el alado Mercurio y la vacada
que pace y en los altos montes vive
dirige de Sidón hasta la playa.

Allí el dios del tridente no concibe
su estancia sin amor hacia una amada.
 Europa, hija de Tiro, lo recibe
transformado en un toro de alba cara.

Poco a poco se acerca y tiende flores
hacia su blanco hocico y, mientras llega
el ansiado placer, sienta sus dones

en el lomo del toro, que, en las aguas,
pone sus patas sin dejar las huellas

y cumple con el rapto de la dama.

viernes, 8 de septiembre de 2017

METAMORFOSIS (XVII): HIJAS DE CÉCROPE: LA ENVIDIA

HIJAS DE CÉCROPE: LA ENVIDIA

Contemplaba los campos en su vuelo,
como en noche de copas por los bares,
el volador Mercurio,
cuando vio a las doncellas que, adornadas,
llevaban en sus cestas
ofrendas de guirnaldas:
 vestidos ajustados a sus cuerpos,
los labios asomados al deseo.

Ávido alrededor de su esperanza,
que pasión ha inflamado,
se aproxima hasta Herse
con porte de quien luce
la cruel seguridad de su belleza:
la clámide se ajusta, los cabellos
se peina y enseña el caduceo
cual símbolo de fuerza y de poder.

Pándroso, Aglauro y Herse
ocupan los tres lechos de la casa.
El amor incendiado de Mercurio
de Aglauro solicita dulce ayuda
a cambio de amplia paga de oro rubio,
para acceder al lecho
donde reposa Herse.

Minerva, que, en su pecho,
agita la alta égida,
sabedora reciente
del escaso valor de las promesas,
acude hasta la Envidia,
comedora insaciable de serpientes,
escuálida de cuerpo, aviesa la mirada,
pechos verdes de hiel, la risa ausente,
devora y se devora sin descanso:

“Que tu ponzoña infecte
a Glauro, hija de Cécrope”.


Envidia cumple órdenes
y llena las entrañas
de Glauro con ponzoña,
e insufla los dolores
 de los celos por Herse,
su venturosa hermana.

Ahora quiere morir
para no ver los besos del amor
ni los dulces gemidos de otra cama.
El paso de Mercurio hasta la casa
intenta vedar Glauro:
nunca el amor cedió a fuerza de envidia.

Sus rodillas se enfrían,
las venas se le secan sin la sangre
y la voz se oscurece hasta el olvido.
Una estatua sedente la recuerda,
                                               eterna suplicante del amor

miércoles, 6 de septiembre de 2017

METAMORFOSIS (XVI): BATO

BATO

Pastor de umbrosa silva, el dios Apolo
su flauta canta amores y apacienta
las vacas que Mercurio oculta en robo
en un bosque cercano de Mesenia.

Bato, guardián también de yegua y toro,
con Mercurio negarlo se concierta
y promete solemne y mentiroso
silencio sepulcral cual una piedra.

Mercurio vuelve al punto disfrazado
y demanda de nuevo al campesino
doblándole en el premio del ganado.

Confiesa sin rubores el boyero.
 Mercurio ejercitó el cruel destino

convirtiéndolo en piedra del sendero.

lunes, 4 de septiembre de 2017

CUANDO


CUANDO

Cuando esperas el tacto y es vacío,
cuando anhelas el gusto y nada sacia,
cuando miras la noche sin esperar el alba,
cuando abres el oído y no oyes ni el silencio,
cuando todo es insípido y es neutro,
cuando la vida  niega los sentidos,
cuando el deseo se ha vuelto extranjero
y no tiene billete de retorno…
Cuando todo sucede sin causa ni motivo…

Cuando toco tu piel y siento vida,
cuando el lugar del gusto son tus labios,
cuando miro y la luz procede de tus ojos,
cuando el mejor sonido es tu llamada,
cuando huelo tu rastro y has venido,
cuando eres tú la causa de mi significado,
cuando todo es hoguera y es deseo
que purifica un fuego incontrolado …

Cuando la vida pasa con causa y con sentido…   

viernes, 1 de septiembre de 2017

SEPTIEMBRE: OTRO PUNTO DE PARTIDA


“Y estamos en diciembre, que hasta enero…”. Así cantaba en un verso Miguel Hernández en su majestuoso “Silbo de afirmación en la aldea”. No es el caso, es septiembre, pero sirve lo mismo.
Ahora la realidad se hace más chica, se deja manejar a ras de tierra, se divide en bolsitas de la compra y vuelve al devaneo de cada día. Y la conciencia torna a recordarse y a vestirse de nuevo en sus horarios, a despertar los hechos más frecuentes y a dejarse llevar por lo más nimio.
Estamos hechos socialmente de paradas y ensayos, de caminos y asientos, de impaciencias y calmas. Este país de locos empieza a practicar su vaciado, a ponerse su segunda piel y a volver la mirada hacia sí mismo. Qué enorme desajuste cada año, qué vaivén sin sentido, qué forma de almacén descontrolado. ¿Qué habrá hecho cada cual en estos meses? ¿Alguien podrá pensar por un momento que, sin un crecimiento sostenido y un reparto de acciones durante todo el año, esto no tiene cura ni salvación posible? ¿Nos vamos a seguir riendo cuando alguien proponga la necesidad de un nuevo modelo de crecimiento mirando a largo plazo? Lloro con Goytisolo: “De todas las historias de la historia…”
Yo he andado entre amigos y calores, entre abrazos de muchos familiares, entre menos lecturas que otras veces (sobre todo en agosto: tan solo cinco libros), entre escasa escritura y poca reflexión, entre mucha fanfarria de elementos de fuera. No sé si es buen bagaje: tampoco me preocupa demasiado: quod factum, factum.
En los últimos días he vuelto a confrontar páginas llenas de conceptos distintos y alejados: mitología griega y descripción somera de la situación en la que se halla la conquista científica del cerebro. Con ambos textos se me ha representado con nitidez la línea de la historia más extensa. Desde un miedo celeste (por el juego sin pausa de los dioses) hasta bajar con recelo al ser humano (aquella Edad Moderna), vuelta a meter empeño en el espacio con la luna y los astros (viajes y exploraciones) y fuerzas selectivas para tornar al fondo de uno mismo (la técnica y la ciencia más modernas).
He dicho selectivas y no sé si me pierdo en eufemismos. Porque son muy escasas las ayudas y las consideraciones para los que gastan esfuerzos en el intento hermoso y decisivo de entender los prolijos engranajes de esa máquina enorme y formidable que llamamos cerebro. Y otro tanto sucede con aquellos que apasionadamente gastan su vida entre ensayos y análisis de elementos y principios básicos. El gasto y el empeño anda a tiempo completo en ronaldos y mesis, en regiones y patrias, en dioses de papel y pacotilla que cargan en su nombre millones de personas abatidas sin razones ni causas.
Qué torpes somos todos y qué imbéciles. No debí decir todos, me arrepiento. No lo son los que se afanan en desentrañar los misterios biológicos y químicos, sociales y psíquicos que explican nuestras vidas, que dignifican y elevan hasta categoría superior a todo ser humano por el hecho de serlo, los que vuelven su afán y ponen sus ojos a la luz de su interior, de lo que tienen dentro y no conocen todavía, de lo que sirve a todos y a todos se les da sin distinciones. Gracias a todos ellos. Con ellos deberíamos volver serenamente a abrir nuestras conciencias y a alzar muestras miradas. Llegaríamos más lejos y habría menos rencillas y cuchillos.

Venga, que ha llegado septiembre y hay mucho que arreglar. Cada uno sabrá en qué puede ayudar y cuál es su tarea. Vamos.