viernes, 12 de enero de 2018

ÁNGEL GONZÁLEZ: DÉCIMO ANIVERSARIO


Cada vez veo más calendarios marcados en sus fechas por recordatorios de hechos y de datos importantes que sirven de testigos permanentes y de dedos acusadores en medio de la pared para el que pasa a su lado y anda a sus quehaceres distraído. Las experiencias se acumulan y, sobre todo, se seleccionan: no hay otra manera de retener algunas, solo se hace con aquellas que, por la razón que sea, nos pertenecen de verdad y forman algo más cercano a nosotros y a nuestros sentimientos.
No soy hombre de calendarios y se me escapan fechas y motivos. Por ello, con mucha frecuencia, llego a ellos con retraso, cuando me los recuerdan al azar y sin preguntar. No es que no los conserve, es que los almaceno mal.
Hoy me sucede eso, que alguien me recuerda que hace hoy ya diez años que nos dejó Ángel González, el poeta de la amistad y de la noche, el poeta de la desesperanza y a la vez del convencimiento, el creador de tantísimo sentimiento como de sinceridad en su poesía.
Yo apenas pasé con él una noche de aquellas en las que “le aplaudían los camareros” y otro par de tardes de charla amena y distendida. Pero tengo -además de otros textos- una edición de su libro “Palabra sobre palabra” gastada y agrietada de tanto manoseo y de tanto pasar páginas y sentir imágenes, de aprender al lado de sus versos y de sentirme deudor y próximo a lo que en ellos se expresa.
Sea, por tanto, de nuevo su palabra la que se escuche. Me sirve casi cualquier poema. Tal vez repetiré alguno ya copiado en estas páginas. Qué más da. He abierto al azar y me sale esta irónica
 INTRODUCCIÓN A LAS FÁBULAS PARA ANIMALES
Durante muchos siglos
la costumbre fue esta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,
tercos en la maldad y en la codicia
o necios como el ser al que glosaban.
La humanidad les debe
parte de su virtud y su sapiencia
a asnos y leones, ratas, cuervos,
zorros, osos, cigarras y otros bichos
que sirvieron de ejemplo y moraleja,
de estímulo también y de escarmiento
en las ajenas testas animales,
al imaginativo y sutil griego,
al severo romano, al refinado
europeo,
al hombre occidental, sin ir más lejos.

Hoy quiero -y perdonad la petulancia-
compensar tantos bienes recibidos
del gremio irracional
describiendo algún hecho sintomático,
algún matiz de la conducta humana
que acaso pueda ser educativo
para las aves y para los peces,
para los celentéreos y mamíferos,
dirigido lo mismo a las amebas
más simples
como a cualquier especie vertebrada.

Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejó atrás su adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea
más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.

A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal
                                            -ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente-
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda.


Cómo me gustaría compartir tanto sabor y magia con otros entusiastas. Esta ciudad es estrecha y hace frío. Cachis.

jueves, 11 de enero de 2018

LA PIEL EN LA QUE HACER CALIGRAFÍA


LA PIEL EN LA QUE HACER CALIGRAFÍA
(Para mis nietos en la lejanía y en las otras ausencias)

A veces me sorprendo en la tristeza
de dar con la ilusión en el abismo;
entonces me vacío,
me pierdo en el silencio y me abandono
a un estar sin estar, deshabitado.

(Tal vez no deberíais hacerme mucho caso).

Mi tacto va a buscaros y no encuentra
la piel en la que hacer caligrafía,
esa piel de mi piel, esos residuos
de la cadena inmensa en que se muestran
los vagidos del tiempo y del espacio,
esos vagidos tiernos y solemnes
de los que todos somos solidarios.

Me gustaría sentir que estáis conmigo,
que puedo conformaros con mis manos,
que soy vuestro contacto, os doy mis huellas
y vosotros, por ello, estáis contentos.

Pero hoy es el espacio y es el tiempo
de mi vacío y de mi soledad,
de dar conformidad a lo impreciso
de juntar lo que debe andar su espacio
a solas y a zarpazos, con la herida
también de los que más se duelen de ella.

Hace un frío solemne que derriba
los más dulces placeres y sepulta
la paz en las orillas de la muerte,
cual si fueran las olas cuando alargan
la agonía del mar frente a las playas.

Mandadme entre esas olas

un eco de calor y de presencia.

miércoles, 10 de enero de 2018

¿SAQUEO? ESTO ES EL MERCADO, IDIOTA


He escuchado muchos cortes, en medios de comunicación, de la comparecencia de Rato en la Comisión del Congreso que estudia el asunto de Bankia. Después he leído y he escuchado opiniones acerca de su chulería, de su falta de honradez, de su desahogo y venganza, de…
Dando por supuesto que me parece el segundo personaje en importancia (el primero es, por supuesto, ese señor siniestro llamado Aznar) de los causantes de buena parte de la crisis que ha sufrido este país (liberalización del suelo, burbuja inmobiliaria, ley de expansión de las cajas de ahorro, red de carreteras radiales, tasas judiciales…), y sin sentir por él precisamente ninguna simpatía, me quiero servir de una de sus respuestas para mi reflexión.
Se le afeaba su altísimo sueldo en la entidad financiera y todo el dinero que los españoles hemos tenido que desembolsar para rescatar Bankia. Él contraatacaba con lo siguiente: a) Cualquier entidad financiera remunera generosamente a sus responsables; y b) A la banca privada se le ha inyectado más dinero que a las Cajas. Y remataba con esta frase lapidaria: “¿Saqueo? Esto es el mercado, amigo”. Después casi todos los analistas se hacían cruces por tal respuesta.
Y yo me escandalizo de que los analistas se escandalicen. Solo habría cambiado una palabra, la última, para sustituirla por esta: “idiota”. Los destinatarios no serían solo los escuchantes en la comisión sino todos los que se llevan las manos a la cabeza cuando la oyen.  ¿Pero es que no hacen eso en todas las empresas? ¿Pero es que, en el libre mercado, no apaña cada cual lo que puede para su bolsillo? ¿Por qué hay que ser tan hipócritas? Nos escandalizamos cuando la cantidad nos sale de ojo, pero, sea cual sea su magnitud, el sistema es siempre el mismo: el mayor beneficio personal a costa de los demás.
¿No estará la solución en atarle bien cortos los brazos a eso que llaman el libre mercado precisamente para que no tengamos que pedir peras al olmo más tarde? Pues claro que es el mercado, idiota. Sobre todo ese libre mercado neoliberal, desbravado y sin bozal que nos domina. Reflexiona, entonces, sobre si ese es el mejor método para reducir las desigualdades y para poder pedir alguna moral tanto pública como privada. Y no des coces contra el aguijón ni prediques en el desierto ni siembres en pedregal. Solo conseguirás que se sigan riendo en tu cara los que se sirven sin límites de esa pócima que llaman libre mercado.
¿Te das cuenta o no?

¿Saqueo? Claro que saqueo, ¿qué te pensabas? Esto es el mercado, idiota.

martes, 9 de enero de 2018

AQUELLAS DIOSAS BLANCAS


AQUELLAS DIOSAS BLANCAS

Hoy me salté las reglas y el glosario
que componen el código y el frío.
Con las primeras luces hice alarde
de ser un caminante hacia la playa.
Dejé bajo mis pies, en una fosa,
todo lo que compone mi memoria
y fui niño otra vez y virgen todo
para beber la luz y derretir la niebla.

Las olas y la arena eran infantes
jugando a consumar sus ilusiones,
y rizándose el pelo en ida y vuelta
se alisaban la piel en las orillas.

Unas lindas (b)vacantes, distraídas,
se dejaban lamer por esa brisa
que despiden las aguas y que reza
una pasión de amor sobre sus cuerpos.

Eran horas de paz y, en compañía
de aquellas diosas blancas,
el sol era un destello y era un dardo
de atractivo calor, de complacencia.

Dejé rozar mi piel por la caricia
que me mandaba en guiño el horizonte
y me quedé olvidado de mí mismo,
nadando sin parar hasta perderme
en medio de las olas y los cuerpos
de aquellas diosas blancas

que alargaban el mar hasta mi orilla.

lunes, 8 de enero de 2018

POR CONVALIDACIÓN CATÓLICA


La calma en plenitud y en el silencio, esa calma densa que impone la nieve cuando se ha hecho dueña de todo el suelo y no deja resquicios a otros colores. Sobre ella brilla el sol y la convierte en espejo de armiño universal. Será por poco tiempo pues habíamos quedado en que el sol en su solsticio ha dicho aquí estoy yo y estoy creciendo. Es el círculo máximo y extenso; en él pasa este día.
En esta gran bocana del teatro se suceden los actos imparables de la vida; se siguen sucediendo a pesar del intento del olvido. ¿Qué han sido, si no, estas fiestas continuas y sin tregua de comida y de ruidos?
Hoy vuelve a sonar todo como siempre, como antes del atraco, como lo dicta el tiempo y lo exige la monotonía.
Vuelvo sobre un asunto que me inquieta. Lo hago con un ejemplo muy notable, el del señor Junqueras, que invoca su condición de hombre religioso como eximente o al menos como atenuante en su asunto jurídico. Y claro, allí fue Troya, ni puñetero caso al susodicho. El lance me resulta necesario tan solo como ejemplo. Yo a nadie deseo la cárcel, entre otras razones porque pienso que no sirven acaso para nada. Es largo el análisis pero ahí queda mi opinión, por si hay alguna duda.
Pero es que argumentaciones semejantes las he oído en otras ocasiones. Y lo que me preocupa sobre todo es lo que no se dice y se silencia: Es así que el católico (¿sirve para cualquier religión?) es buena gente por ser católico, ergo los no católicos al menos corren el peligro (por el hecho de no serlo) de no ser buenas personas; es decir, incluso se hallan en el despeñadero de ser malas personas.
Y así no vamos a ningún sitio. En el fondo, es como negar la posibilidad de una moralidad y de una ética civiles, o, en todo caso, si existieran, considerarlas inferiores a la moral católica. Lo exhiben mucho las personas que defienden con ahínco las clases de religión en el estatus en el que se hallan ahora mismo. Eso, si no es pensamiento único, se le parece mucho.
¿Cuántas veces habrá que recordar que lo que se impone es lo acordado por la comunidad desde su razón y sus leyes y que todo lo demás -que no es poco, por cierto- es de ámbito particular y no se puede sobreponer a la ley?
No sé quién le habrá aconsejado al señor Junqueras - a quien, como a todo el mundo, le deseo lo mejor- esta estrategia, pero tiene muy poco recorrido judicial y racional.

Pero este es solo un caso, y a mí me importa mucho más el principio que es el que explica este y todos los demás razonamientos similares.

domingo, 7 de enero de 2018

EL MEJOR PROPÓSITO


Ha nevado en abundancia. Hacía mucho tiempo (no sé cuántos años) que no cuajaba una capa de nieve en esta ciudad estrecha como la que se ha almacenado durante el día de ayer y la mañana de hoy. Sigue nevando en copos finísimos que parecen querer almidonar aún más el paisaje. A ver qué queda en lo alto de la sierra porque estas nevadas de frío no son las más abundantes en las alturas. Ojalá que el lomo de la loba almacene capa suficiente para muchas jornadas y para muchas cosas.
Veo jugar a los niños en la plaza y en la calle Nogalera, intentando descensos en trineos improvisados o formando un muñeco de nieve que ya coge altura. Me complace verlos tan contentos. Un coche intenta salir por la pequeña cuesta que lo lleva a la calle más amplia y se las ve y se las desea para conseguirlo. El cielo sigue gris y no parece que la tormenta haya pasado del todo.
Yo, después de la marcha de mis nietos, me he instalado también en el ambiente gris y tristón que me deja su ausencia. Pero siempre que ha llovido ha escampado, así que a dar tiempo al tiempo y a dejar que luzca el sol.
La monotonía, a veces la dulce monotonía, te devuelve a esa reiteración en la que el ser humano se vuelve a reconocer a sí mismo, como un animal de costumbres que es; a la  repetición de actos en una geografía y en unos tiempos reconocibles. Somos así, necesitamos la novedad y no podemos prescindir durante mucho tiempo de nuestro ritmo vital más normal y frecuente.
Cuando comienza el año, solemos imponernos alguna meta, algún cambio visible para la nueva etapa. Y ahí están los gimnasios, las vacaciones, esos cigarrillos de más, aquella excursión que nunca acaba de cumplirse, el cambio de costumbre, o quién sabe qué cosas que son de cada cual. Después, al cabo de unas semanas, volvemos la vista atrás y no siempre andamos en el camino que nos habíamos propuesto.
Me parece algo digno de aplauso eso de planificar algún cambio que creemos favorable para nosotros. Al fin y al cabo, para algo servirá la inteligencia y este no es mal uso de la misma.
Pero, al lado de estas buenas intenciones, tal vez deberíamos proponernos una meta que parece menos espectacular aunque creo que es más productiva y personal. Se trata sencillamente de VIVIR, de sentirnos vivos en cada momento y en cada día que nos vaya regalando el calendario. Vivir es un regalo y un milagro, ser conscientes de ello significa multiplicar esa vida y hacerla intensa y sabrosona, sencillamente humana, irrepetible, milagrosa y única. Vivir es ya ser dioses y aceptar el milagro es convertirnos en seres señalados por la vara del misterio.
Vendrán días de nieve, acaso la sequía se muestre pertinaz o el calor apriete en el verano, nadie sabe qué de bueno o de malo nos espera entre las páginas del calendario de este nuevo año, ni siquiera si lo vamos a poder leer por entero. No pasa nada, eso no depende de mí, ni de ti ni del otro. Sí está en mis manos y en tus manos hacer que cada página abierta sea luminosa y dulce, algo más un retrato de justicia o un rato de impostura y de tristeza.
Así que me despojo de ese gris que se ve tras los cristales y de ese otro de la ausencia de mis nietos y me voy a pensar en la alegría, esa alegría del nuevo año que se tejerá día a día, en sus días y en mis días.

Vamos a ello.

miércoles, 3 de enero de 2018

SE ARMÓ EL BELÉN


No soy partidario de ninguna exhibición y mucho menos de la de los niños en las redes sociales. Sin embargo, me apetece mucho comenzar las páginas de esta nueva entrega de mis Terrazas con un trabajo en el que mi nieta Sara tiene mucho que ver.
Sara tiene ocho años y pasa estos días conmigo. Huelga decir que me hace feliz su presencia, como me hace también feliz la de Rubén, con sus tres añitos y su risa picarona y su espabile. Con Sara paso algunos ratos al ordenador y ensayamos pequeñas cosas. Ayer estuvimos cosechando metáforas sencillas. A ella le gusta mucho cualquier creación y los cuentos son su debilidad. Con mi ayuda guiándole la idea y las partes, compuso y compusimos este villancico en el que se acordó y nos acordamos de los niños de su familia y de los niños en general. Creo que merece la pena que la guarde en el recuerdo y por eso la copio y la comparto.
EL BELÉN
Hoy en un portal
ha nacido un niño,
de piel blanca y ojos
claros como armiño.

Se llama Jesús,
se llama Rubén,
y se llama Sara
y Mario también.

Quered a los niños
que son la alegría
y son la sonrisa
de cada familia.

Se llama Jesús
se llama Rubén
y se llama Sara
y Mario también.

Y si Estela tiene
un niño después,
como ella lo llame
yo lo llamaré.

Quered a los niños
que son la alegría
y son la sonrisa
de cada familia.

Sara Gutiérrez Fernández  (ayudó abuelo Antonio)  Béjar, 31 /12 / 2017