jueves, 22 de marzo de 2018

MASCOTA PARA UN DÍA



MASCOTA PARA UN DÍA

Si tengo que elegir una mascota
que acompañe mis pasos todo un día,
me quedo con el can: su compañía                                                           
me da seguridad y me conforta.

Nada que ver con gatos: alborotan
la casa con maullidos y no cuidan         
ni siquiera los platos: la comida
la esparcen por el suelo a todas horas.

De las demás mascotas no hago cuento:
necesitan tener todas las razas
un cuidado especial, perder el tiempo
    
en lindezas e higienes que me cansan;
y, en fin, todas requieren mucho empeño.
Yo no tengo paciencia para nada.

miércoles, 21 de marzo de 2018

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA



Cada día trae su afán y cada fecha su significado, Hoy, por ejemplo, se acumulan dos recordatorios: el día del síndrome de Down y el día mundial de la poesía. Los dos me dejan huella en la retina, aunque es el de la poesía el que más me ha ocupado y me sigue ocupando.
He dicho varias veces que tengo la impresión de haber llegado tarde a todas partes; también a la poesía. Mis circunstancias personales y familiares lo explican perfectamente. Yo bien lo sé aunque no voy a dar detalles. Tampoco tengo ganas de quejarme: las cosas simplemente son, y, sobre todo, han sido: no hay que darles más vueltas.
Sí tengo que decir que, cuando la poesía se dignó a visitarme, lo hizo con maleta y traslado de casa pues ya no me ha abandonado nunca. Primero fue lectura y después, en torrente, la escritura. De diversas maneras, pero creo que siempre tratando de buscar un paso más allá de la expresión formal, un acercamiento a la expresión hermosa de una idea, que me sirviera a mí de reflexión y hasta de propósito, y a los demás de toque de atención y de belleza. Tal vez por este orden aunque no lo tengo del todo seguro.
Como la trayectoria, a pesar de todo, es intensa y extensa, hay idas y venidas, tendencias que se agotan, ideas que se repiten machaconas en todo este trayecto.
Tampoco aspiro a descubrir el mundo; si acaso a presentir el mío, que no es poco. Por ello, en lo que a temas se refiere, me acojo a la palabra de Miguel Hernández: “Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida”. Y a la sentencia de don Antonio Machado: Poesía, palabra en el tiempo” ¿Se puede escribir de alguna otra cosa?
Y en lo que a estilos y formas se refiere, elijo a Juan Ramón (con bastantes notas al margen) cuando declara:
Vino, primero pura,
vestida de inocencia;
y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;
y la fui odiando sin saberlo.
Llegó a ser una reina
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de hiel y sin sentido!
Mas se fue desnudando
y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica
y apareció desnuda toda.
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!
   En ello andamos y en ello seguiremos. Sin más, pero sin menos.

martes, 20 de marzo de 2018

ALGO MÁS DE ROMA: GLADIADORES



Andamos ya en puertas de Semana Santa y este maldito invierno no se va de nosotros ni a palos. Todavía esta tarde caen copos de nieve y esta mañana he paseado bajo un paraguas para resguardarme de la nevada. La naturaleza tiene sus leyes y hay que respetarla o simplemente dejarla hacer pues poco nos va a hacer caso. A ver si hay suerte y se calma para la semana que viene. Será entonces la explosión coincidente de la primavera y del auténtico significado de la resurrección.
Por estos pagos todo se irá en procesiones y en huidas a la naturaleza y a las playas. Y en la tele, las películas de Hollywood  que han marcado la visualización de todo el mundo sagrado. En Roma, en el centro del asunto religioso, habrá ceremonias y viacrucis litúrgicos.
El viacrucis más conocido se desarrolla en los mismos lugares en los que hace dos mil años se desarrollaba una buena parte de los festejos paganos del imperio. Y allí luchaban los gladiadores, los de la espada, que eso es lo que significa gladium. Resulta cuando menos esclarecedor comparar ambos mundos en el Coliseo, el de los gladiadores y el del Papa con la cruz a cuestas.
Para el simbolismo y el valor del viacrucis moderno, hay muy buenas fuentes de explicación y no quiero sembrar en campo ajeno.
Me paro simplemente a contemplar el espectáculo del circo y de todos los que en él intervenían: el emperador y su familia en ostentación, los senadores (los pudientes y los financiadores de festejos), el público vociferante, los animales hambrientos, los soldados y la gente del orden… y los gladiadores. Todo un mundo de exaltación de la fuerza y de la sangre, de la animalidad y del instinto, de la demagogia más barata y populista… Toda una representación sociológica de aquel mundo capitalino, ombligo real del imperio.
El mundo de los gladiadores, en todas sus versiones, que eran muchas, era un poco más complejo que el que el cine, también del imperio, nos ha ofrecido: sus orígenes geográficos, su preparación, su carrera, su posible liberación, su atractivo personal como capricho de ellos y de ellas, sus esfuerzos por sobrevivir, sus defensas y armas, sus pensamientos y todas sus historias personales.
Me quedo unos momentos contemplando la lucha con las fieras o entre ellos mismos y oigo a los espectadores vociferando para alentar al luchador o para denigrarlo cuando era vencido. Y veo al gladiador mirando hacia el tendido y murmurando palabras contra toda la parentela del emperador y de todos los asistentes, comiéndose las palabras o hasta incitándolos a bajar a la arena . Por cierto que no está nada claro que el dedo hacia abajo signifique condena y hacia arriba salvación, sino todo lo contrario. Pero esto y mucho más es otra imposición del imperio del cine.
Qué contraste en el Coliseo de Roma ahora y hace dos mil años.
Hoy los gladiadores han cambiado de escenario y se han ido a los campos de fútbol. En ellos también los espectadores vociferan, insultan y despellejan a alguno de los nuevos gladiadores. A los suyos también si se tercia. No sé si estos gladiadores más de una vez no se vuelven también hacia las gradas y al menos musitan palabras que es mejor no repetir.
Son gladiadores todos, pero a estos de hoy quería yo verlos frente a los leones hambrientos. No sé si no correrían raudos camino de los vestuarios.   

lunes, 19 de marzo de 2018

BUENOS DÍAS, PRIMAVERA



Escribo estas palabras en la última tarde del invierno astronómico, con sol que mezcla sus rayos con las nubes y deja un claroscuro en mi terraza. Estoy hasta allí arriba del invierno, de este invierno casi eterno, desconocido o al menos olvidado, que, desde su inicio, allá por el fin de año, apenas si ha dado tregua a la tranquilidad y al sol. Deseo fervientemente el anticiclón y la serenidad, el sol y la tibieza en la temperatura; con ellos llegará la explosión de la primavera. Este año se hace de rogar y no asoma por ningún lado.
La casualidad me ha llevado al repaso del calendario romano y a los nombres que reciben sus meses. Con razón no tenían nombres específicos los meses de invierno. No existían realmente porque en ellos la vida se detenía perezosa, como los osos, hasta su desperezamiento y su vitalidad. La  guerra se paraba en invierno y la agricultura se ponía en pie en marzo, y este mes era el que realmente abría las puertas del año. Y así Martius (marzo), para invocar a Marte y preparar la guerra; aprilis (abril), de aperire, o apertura de la floración; maius (mayo), de la pléyade Maia; junius (junio), para la diosa Juno, la esposa del dios de dioses: Júpiter. Y nada más; ya estaba en marcha la cosecha y estaba en todo su esplendor la vida. Lo demás era sencillamente dejarse llevar hasta el agotamiento. Y vuelta a empezar. Por eso, los otros meses sencillamente se numeraban: quintilis (quinto); sextilis (sexto); september (séptimo o septiembre); october (octavo u octubre); november (noveno o november); y december (décimo o diciembre).
Qué sosostes estos latinos romanos; casi solo números, con todo lo que hay por vivir en esos meses.
Sobre algo tan poco imaginativo y tan numeral, se impuso la vanidad y ese deseo de dejar huella en los tiempos futuros. Y esto, o se hace desde la creación brillante, o se hace desde el ordeno y mando. Así lo entendió Julio César, el de las Galias y aquel del alea iacta est, que no se anduvo con chiquitas e impuso su nombre al mes quintilis para denominarlo Julio. Hala, así, de una vez, y a callar. Algo más de imaginación le echó en el nombre de enero, ese mes de doble cara, una mirando al año anterior y otra anunciando el venidero. Por eso lo de Ianuarius, lo de Jano, el dios de doble cara. Y, de la misma manera, Februarius (febrero) en recuerdo de ciertos ritos de purificación (februalia).
Para completar la fiesta, el emperador Augusto se apropió de otro mes, Augustus (agosto). A ver quién le tosía al emperador divinizado.
Lo extraño es que ningún otro potentado se haya apoderado de los meses que quedan vacantes y que solo responden a los fríos números. Seguro que intenciones no le habrán faltado a más de uno. Que la vanidad es la vanidad y cabeza locas las hay por todas partes.
El caso es que esta tarde es una mezcla de invierno y primavera, de querer y no poder, de ecos pero no ruidos, de primavera que asoma pero se esconde del frío, de días que se van y que no vuelven, de vida desigual y a trompicones, de nieve, agua y sol todos a una, de extraño calendario en mi retina.
Buenas noches, primavera; bienvenida, si es que llegas; que la vida ya te aguarda y estamos todos en vela. Vamos.

viernes, 16 de marzo de 2018

BASURALEZA



Con frecuencia me quejo del uso de palabras, innecesarias de todo punto, que introducen las personas que habitan los micrófonos y que ponen escaso cuidado en el instrumento que usan para la comunicación. Siempre hay que asegurar algo evidente: la lengua es un ser vivo que se renueva cada día, que pierde y que gana en vocabulario y que añade o suprime acepciones según la sociedad le va marcando el paso. En definitiva, está al servicio de la comunicación. La queja viene no del cambio sino de los que cambian y lo hacen sin ninguna conciencia de lo que están haciendo, y tal vez con escasa preparación para dar lecciones a nadie.
Para esos cambios serenos y sensatos, la lengua posee numerosos mecanismos y va saliendo a flote como puede. Y siempre puede, pues no es más que el reflejo de la sociedad que la crea, la usa o la olvida.
Hoy me entero de la creación de un neologismo que me parece del todo acertado. Se trata del término basuraleza, acrónimo, como se puede ver, de estos dos vocablos originales: basura y naturaleza. Casi nada. Enhorabuena. Bien traído. Mis aplausos.
Aunque la realidad que intenta nombrar es antigua, la importancia y el volumen actual la hace más evidente y dolorosa; por eso está justificado el neologismo. Hay basura por todas partes y la naturaleza se resiente del abuso que hacemos con los restos de todo tipo.
Las variantes y la amplitud en los tipos de basura terminan por ser inabarcables. Cada uno puede visualizar aquellos que le sean más cercanos y próximos: pipas, cigarrillos,  contenedores, residuos de perros por las calles, restos de plásticos en el campo, contaminaciones varias, fondos marinos, ríos sucios y grises, latas de conserva o de bebidas, residuos orgánicos donde no deben… Y así hasta el hartazgo.
Suelo pasear a diario y cada vez me siento un poco más ligado a las sensaciones que me aporta la naturaleza; sin armonía con ella no sé cómo se puede sobrellevar una vida digna. Los fines de semana alargo con mis amigos el paseo por estos alrededores privilegiados y por esta lujuria de paisaje que la naturaleza nos ha regalado. Creo que ponemos buen cuidado en no molestar al contexto natural. La naturaleza es nuestra compañera y nuestra amiga; en ella yo me siento más yo mismo y entiendo algo mejor los conceptos de tiempo y de espacio, la pequeñez en la que me muevo y la grandeza de los elementos que en ella me están siempre esperando, la diferencia entre el tiempo biológico y el discurrir geológico, y tantas otras cosas. 
En este pequeño planeta en el que cada día nos asentamos más seres humanos, no queda mucho sitio para hacer de nosotros lo que nos venga en gana; nos jugamos demasiado, incluso la misma supervivencia. No hay que tomarlo a broma; esto es muy serio.
Hay que volver a una naturaleza privada de basuras, mentales y físicas, orgánicas e inorgánicas. Tal vez así, este hermoso neologismo (basuraleza) vuelva a su ser primero, al rincón del olvido, porque no haya realidad que necesite ese nombre, porque haya perdido su trabajo y su razón de ser. Ojalá. No pintan buenos tiempos para ello. Veremos.

jueves, 15 de marzo de 2018

DESDIBUJAR EL TIEMPO



DESDIBUJAR EL TIEMPO

No es fácil despojarse de la historia
-ni siquiera tal vez sea lo mejor-,
desvincular las noches de los días,
o entender que las cosas no suceden
porque otras las empujan a que sean.

Es hermoso nacer cada mañana
para vivir el día como nuevo,
negar todo lo antiguo y olvidarse
de que existió tal vez,
pensar que no hay historia
que dure más que duran los sucesos
mientras están pasando,
y no dar fundamento
a lo que al día siguiente nos espera.

Porque será otro día y es posible
que venga cuando el tiempo esté dormido
y acaso nos sorprenda
con algo más de luz y de pasión,
esa fuerza tan viva,
que no sabe de tiempo ni razón.

miércoles, 14 de marzo de 2018

MIRANDO UNAS ESQUELAS



MIRANDO UNAS ESQUELAS

Me asaltan en la calle dos esquelas
que anuncian dos entierros este día
y miro de reojo la noticia
que ha dejado la muerte en cartelera.

Y no son dos edades cualesquiera
las de los dos que huyeron de la vida:
son iguales las suyas y la mía,
como si yo de muerto me vistiera.

 Ostras, Pedrín, me digo, si mañana
vieran mi nombre escrito en la pared,
tal vez todos dirían: esa cara

estaba ayer mirando aquí también.
Decidí darle alas a mi marcha
pensando en lo fugaz que es el placer.