jueves, 12 de abril de 2018

HORA PUNTA



HORA PUNTA

Hay ruido de ascensor en la escalera.
Presiento en duermevela tu llegada.
Pasan unos minutos de las tres.
Las llaves bailan goznes en la puerta.
Me despierto y observo tu figura.
Vienes a darme un beso.

La tarde está completa
pues ya no falta nada en nuestra casa.

miércoles, 11 de abril de 2018

I LOVE YOU, UMBRELLA



I LOVE YOU, UMBRELLA

Apuntan los pronósticos que pronto
el tiempo será azul y que las flores
llenarán de color la primavera.

Ya era hora, me digo satisfecho.
Llevo todo el invierno con paraguas,
mojándome y manchando todo el suelo
cuando vuelvo a mi casa de la calle.
Mi paraguas ya es viejo, mas me guarda
de la lluvia, del viento, de la nieve;
pero ya no me sirve: se ha oxidado
y se cala también cuando hay hostigo,
cierran mal las varillas y se doblan
si el viento se enfurruña y sopla fuerte.

Me da pena privarme del ajuste
que hacía su empuñadura con mi mano
(dos amantes haciéndose arrumacos),
a pesar de que a veces me impedía
contemplar la dulzura de la nieve
cuando cae mansamente desde el cielo.

Ha sido siempre fiel y es lo importante,
pues nunca se ha olvidado de taparme.
(He esperado con ansia tantas cosas
que no han llegado a tiempo
y me han dejado solo, a la intemperie…)

El paraguas me ha sido un fiel amante
y puedo asegurar, sin duda alguna,
que me ha dado su amor hasta la muerte,
aunque hoy descanse en una humilde tumba
y yo llore su ausencia y su descanso
en un contendor de la basura.

martes, 10 de abril de 2018

USOS MÚLTIPLES



USOS MÚLTIPLES

Un poema cualquiera, como este,
me permite jugar con las palabras,
ordenar pensamientos, darle vida
a algo que estaba inerte y se afanaba
por venir a contarme su experiencia.  

Pero puede servir para otras cosas
-a ti también, si quieres: es tu turno-:
envolver bocadillos o limpiarse
en momentos de urgencia mismamente,
tal vez para ensayar algo de ritmo
cuando no tienes nada entre las manos,
acelerar tal vez una caricia
si el momento se muestra algo propicio
-anímate a probarlo y luego cuentas-,
o, en fin, para ensayar papiroflexia
los fines de semana, por ejemplo.

Y no lo digo en bromas, ayer mismo
encontré, paseando por un parque,
la página mojada de un cuaderno
con un poema de amor, algo de grasa
y restos de nocilla. Eran los versos
de “Llama de amor viva”, de san Juan.

lunes, 9 de abril de 2018

VAGAR, SIEMPRE VAGAR



VAGAR, SIEMPRE VAGAR

Vagar siempre, vagar es nuestro oficio.
Vagar entre la duda inagotable
que te ofrece el vivir cada minuto.
Venir del territorio del silencio
y aparecer a ver pasar el tiempo
tan solo por un rato, y, al instante,
seguir vagando en manos de la muerte,
en un nuevo silencio interminable.

En la vida se vaga por oficio,
por simple resistencia, por costumbre;
en la muerte se vaga por delirio,
sin caminos, sin códigos, sin leyes.

Morir es olvidarse y ensancharse
para vagar por siempre sin destino.
hasta ser del silencio y de la nada.

viernes, 6 de abril de 2018

DESDE MI TERRAZA


   
Después de todo, la vida no es más que un desorden controlado y la mejor manera de mirarlo es desde una terraza. Por eso yo me instalo casi diariamente en la mía y dejo correr mi vista y abro mis otros sentidos para que llegue toda esa masa difusa que va y viene por los caminos del tiempo y del espacio. Y a los lugares a los que no llega mi vista viajo con mi imaginación. Es el medio más seguro, menos contaminante y más barato.
A veces, por ejemplo, subo hasta la sierra para comprobar si es real todo ese número tan grande de esquiadores que siempre dicen las cifras oficiales que vienen a esquiar. Lo hago en el coche de mi imaginación y ni paso frío, ni encuentro atascos, ni gasto gasolina, ni contamino. Lo malo es que no me salen esas cifras tan abultadas de visitantes. Vaya por dios.
Otras veces sencillamente dejo correr la mirada por el paisaje lujurioso que adorna mi contorno, y me remanso en él, sin prisas y al amparo de lo que me pide el sol.
Si me canso de ir a buscar la vida, sencillamente dejo que ella venga hasta mí. Me trae recado de algunas cosas que suceden por ahí. Yo las contemplo y con frecuencia me río o se me muda el rostro mostrando un rictus de tristeza. Ayer, sin ir más lejos, me contaron lo de esa señora que falsea la realidad inventándose cursos y engordando un currículo de manera vergonzosa. La verdad es que no sé qué pensar pues tengo la impresión de que el fenómeno es más frecuente que lo que se cree por ahí. La experiencia muestra que es mejor ponerse colorado de una vez que muchas veces rojo de vergüenza. Esta señora parece haber optado por pretender asegurar que ha tomado el sol todo el verano cuando aún no ha cesado el frío. Ella, pobrecilla, sabrá lo que hace. Con ese caso, la vida me trajo la consideración acerca de cómo anda el patio en esa institución semisagrada que llamamos universidad. Y no me puse demasiado contento al rumiarlo unos minutos. Tampoco me alegró esa especie de jolgorio ante el árbol caído y el fuego que con él se hace para calentarse. Hay que poner otra vez de moda el concepto de la compasión. Aunque, si se cifra la vida en carreras y triunfos, es lógico que se acepten también los fracasos y las venganzas. De todos, por cierto; también, para cuando les toque, de los que ahora se sienten triunfadores.
Y las mismas sensaciones para el caso de Puigdemont, ahora, solo aparentemente, en libertad. ¿No es prueba de cierta normalidad el hecho de que jueces distintos opinen y juzguen de manera diferente? ¿No existen otras instancias a las que recurrir? ¿No es esto una muestra de democracia? Pues nada, otra vez brocha gorda con triunfos y fracasos absolutos. Quietos hasta ver, que la partida no ha terminado, ni en un sentido ni en otro. Y menos poner la pierna encima del vencido, que no se trata de eso sino de aproximar posturas y convivir lo mejor posible. Claro que eso de la con-vivencia es algo plural y si uno no quiere…
Como estas sensaciones eran fuertes, preferí echar el cierre a mi ventana y mirar hacia adentro. Allí estaban mis nietos jugando tan felices. Esta sí es otra vida. Y yo me quedé en ella tan contento. Qué distinto el ambiente. Aquí todo se perdona y no se miente nunca: no merece la pena pues crece la nariz y da mucha vergüenza. Y nadie gana a nadie -bueno, siempre ganan ellos, pero es que son mejores y nadie se queja- porque ninguno quiere separarse del corro de la fiesta.
Pero es así la vida y habrá que seguir viéndola con calma y con cautela.

miércoles, 4 de abril de 2018

JUEGO DE TRONOS



En medio de la alegría que me supone el hecho de pasar unos días con mis nietos, me entero de las diferencias entre la reina Leticia y la reina Sofía, por un quítame allá esas fotos con los nietos de la reina madre.
A mí me interesa muy poco el asunto si se trata de interpretar qué puede ser un desplante o no entre componentes de la casa real. Los protocolos me la sudan. Directamente. Por otra parte, el asunto de la monarquía no tiene un solo pase intelectual, así que mejor será no menearlo para no sonrojarse. Sí me atrevo a asegurar que, si alguien en esa familia merece más compasión y reconocimiento por todo lo que ha pasado y sigue pasando, es precisamente la reina Sofía. Me parece que está cien pasos por encima de esta advenediza llamada Leticia, a la que tanto ha ayudado y que ahora parece pagarle con moneda de traición. Qué cosas hay que ver. Váyase directamente la señora reina a la basura y dejen la imagen de la reina madre, si es que hay que seguir cargando con alguna en estos tiempos modernos. Flaco favor le hace esta tal Leticia a la causa monárquica, si es que le queda alguno.
Me importa el asunto mucho más por otra razón. Es la que se manifiesta cuando un padre o una madre anteponen su autoridad a la de los abuelos ante los hijos o nietos. Y, para ello, tanto me da que se trate de reyes, como de nobles o de villanos. Lo he escrito alguna vez más. No se trata de quitar razones a los padres, sino de compartirlas con los abuelos y con las demás personas de la comunidad. Procuro ser exquisito a la hora de respetar las decisiones que toman mis hijos con mis nietos. Sé que no es muy bueno que los niños vean opiniones demasiado diferentes ante un hecho, aunque la vida es diversa, las personas también y todos tienen y tenemos derecho a opinar. Pero intento imaginarme que a mí me negaran hacerme fotos con mis nietos y ya me estoy poniendo de malo humor. Lo repetiré una vez más. Los hijos son hijos de sus padres, pero también son nietos de sus abuelos, sobrinos de sus tíos, amigos de sus amigos, primos de sus primos…, y así hasta completar la suma de la tribu, ese conglomerado en el que todos tenemos que crecer y con cuyo concurso somos educados. Yo no niego la primacía de los padres en los derechos y deberes; sí reivindico la parte que corresponde a todos los demás. Y quiero hacerlo desde la razón y los argumentos. Si lo hago solo desde los sentimientos y particularizo, entonces me pongo nervioso y mi golpe en la mesa es mucho más fuerte.
¿Que una madre niegue que una abuela se haga fotos con sus nietos? ¿Pero quién se ha creído esta tal Leticia que es? No sé cuántos partidarios quedan por ahí del sistema monárquico. Esta señora parece la encargada de hacerlos desaparecer.

lunes, 2 de abril de 2018

"DESPUÉS SOÑÉ QUE SOÑABA"



“DESPUÉS SOÑÉ QUE SOÑABA”

Cual Ícaro, soñaba con las nubes,
o al menos con subir a los tejados,
para observar la vida, igual que un pájaro
que vuela sin temor a ser tenido
por un ser indiscreto, inoportuno,
o incluso como un gato
que juega con las gatas su partida
lejos de las farolas.

Soñaba y, en el sueño, era la luna
mirando desde el cielo los lugares,
en los que unos dormían, otros gozaban
del placer o rumiaban la tristeza
del sueño de los días. Supe entonces
que es engañosa y falsa la vigilia,
pero aún más el soñar pues llega el alba
y ni hay alas de cera ni las plumas
sostienen la ilusión del que soñaba.

Por eso, al despertar, sentí mi cuerpo
sobre un blando colchón y en él me dije:
No vuelvas a volar tan alto nunca:
sentirás más dolor en la caída;
y, si quieres soñar, sueña despierto
y deja a los demás con sus quehaceres,
que sueñen y que vuelen por sus vidas.