jueves, 9 de agosto de 2018

PUZLE



PUZLE

De un caos informe en el que nada es nada
y todo anda al revés, manga por hombro,
emerge lentamente un tenue esbozo
 que aspira a obra perfecta.
Las energías, que andaban despistadas,
encuentran conexiones y conforman
una red de colores y contornos
que se abrazan y ríen,
encantadas de haberse conocido.
Primero, los contornos, líneas rectas:
es más fácil medir las dimensiones
para hacerse una idea del proyecto;
después, ese esquinazo que resalta;
solo al final, los centros y detalles.

Poco a poco, sin reglas prefijadas,
se va ordenando todo y lo que era
geometría variable y solo laberinto
se transforma en mosaico minucioso
en el que cada pieza reconoce
su lugar asignado de antemano.
Nada falta ni sobra, todo ajusta
en una obra perfecta y acabada.

El puzle es una imagen fidedigna
de lo que pudo ser el universo,
de lo que acaso sea todavía
y de lo que será si Dios no lo remedia.
En él todos andamos intranquilos
buscando un acomodo confortable
y un asiento con vistas al futuro.
Y no damos con él en ese puzle
ingente, indescifrable y misterioso.

miércoles, 8 de agosto de 2018

AQUELLA CICATRIZ



AQUELLA CICATRIZ

Un cierto estado de convalecencia,
en una tarde plana y anodina,
me conduce a mirarme
una cuarta debajo del ombligo,
a mostrarme extrañado y a fijarme
en esa cicatriz que certifica
que el pasado se guarda silencioso
en la piel que conserva mis recuerdos.
Descubro entonces, como cosa lógica,
que el olvido está lleno de memoria.

Las prisas en la ducha -y los apremios
de otros momentos de mayor urgencia,
que me dispensan de actos visuales- 
negaban la certeza y ocultaban
todo lo que ocurrió en aquel suceso.

Me contemplo, me río y hago cuenta
de que nada se muere en el olvido;
tan solo viene a vernos cuando quiere,
siempre adornado con vestidos nuevos.
Por eso me pregunto si es lo mismo
recordar que olvidar. Y solo entiendo
que el olvido es un sueño del recuerdo
y el recuerdo es un sueño del olvido.

martes, 7 de agosto de 2018

HOJAS



HOJAS

En las hojas se van sedimentando
las huellas perdurables de la Historia.

Guardan las hojas secas de los árboles
la memoria de un año y en otoño
van a rendirle cuentas al subsuelo.
(Algunas se resisten y no cambian:
se han ido por las ramas para siempre).
Las hojas de la espada cortan hilos
de sangre, de dolor y de miseria.
(También cortan el pan si hay paz y acuerdo:
son hojas de usos múltiples).
Las hojas centinelas de las puertas
separan lo de afuera de lo íntimo
y no dejan pasar dentro de casa
lo que no corresponde a quien las cierra.

Pero son esas hojas de los libros
(también las de los textos digitales,
tan jóvenes, ufanas y altaneras)
las que esconden tesoros más recónditos,
las que acunan recuerdos, sentimientos
y mundos destinados a la espera
de manos que las rocen y que abran
las puertas y ventanas a sus ganas
de darme luz y grata compañía.
En sus habitaciones me refugio
cada vez que hace frío o tengo miedo,
me voy de vacaciones o me escapo
a inventar otros mundos más lejanos.

lunes, 6 de agosto de 2018

VOLVER A LA CIUDAD DONDE NACISTE



VOLVER A LA CIUDAD DONDE NACISTE

Volver a la ciudad donde naciste
y descubrir que es otra bien distinta.
Con árboles cortados y con casas
tal vez vacías desde que te fuiste.

A estas calles regresa la nostalgia
repintada en las caras de la ausencia,
que esperan verlo todo igual que entonces,
sin advertir que el tiempo no respeta
ni los ecos callados del silencio.

Una tarde cualquiera te decides,
repasas con cautela el nomenclátor
y observas con sorpresa
que han cambiado hasta el nombre de las calles.
Las fiestas de domingo y los paseos
se han trasladado al barrio de los viernes,
y ya las horas punta no contemplan
la eterna letanía de los pobres.
Hay grafitis y signos dibujados
en la pared externa de las tiendas
que ya no reconoces. Tú los cambias
por los antiguos nombres que aprendiste
cuando el mundo vivía solo en tu barrio
y el horizonte era un sueño inalcanzable.

Molesto y con conciencia de indiscreto,
reinventas totalmente el callejero,
entras para comprar donde tú sabes
que te fiaban siempre. Reconoces
la mano que pesaba las legumbres
y abrazas sus arrugas y las besas.

De repente te niegas a ti mismo.
Te invade la nostalgia y, como extraño,
te sales a la calle y echas pasos
hacia cualquier lugar, sin saber dónde
ni cuándo ni por qué lo estás soñando.

viernes, 3 de agosto de 2018

¿MURIÓ DON QUIJOTE?


                     ¿MURIÓ DON QUIJOTE?
Porque aquel deseo expresado en el capítulo LIX de la segunda parte se cumplió. Y el caballero acabó su vida. Allí se nos dan algunas pistas: “y déjame morir a mí a manos de mis pensamientos y a fuerzas de mis desgracias. Yo, Sancho, nací para vivir muriendo y tú para morir comiendo (…) pienso dejarme morir de hambre, muerte la más cruel de las muertes”. Claro que no muere de hambre pues en su casa vive regalado por su ama y por su sobrina; pero ya deja entrever el cansancio y el hastío de vivir: “a manos de mis pensamientos y a fuerzas de mis desgracias”. ¿Entonces?
En el último capítulo se especifican causas: “Como las causas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar hasta su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento…” Causa naturales podíamos decir.
No es razón suficiente para los más allegados. Así, el cura, el bachiller y el barbero, “creyendo que la pesadumbre de verse vencido y de no ver cumplido su deseo de libertad y desencanto de Dulcinea le tenía de aquella suerte…” Los lectores tampoco nos conformamos con tan poco. Razones de amor o acaso más hondas. Porque Dulcinea representa lo que representa y es referente y cúspide de una manera de ver y de interpretar el mundo.
Junto a estas causas, el autor suma elementos de tipo religioso y literario: “Las misericordias que ha usado Dios conmigo (…) Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas que sobre él pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de caballerías”.
Y Sancho insiste y añade: “No se muera vuestra merced (…) porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía”. Y este sí que sabía pues que eran uña y carne. “Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa…”
Pensamientos, desgracias, edad, elementos religiosos, vencimiento… MELANCOLÍA.
Melancolía es un estado de tristeza vaga, profunda sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no se encuentre quien la padece gusto ni diversión alguna.
Parece, entonces, que la historia del caballero es la historia de un fracaso, fracaso de ideales, fracaso en amores, fracaso en escala de valores, fracaso de un mundo ideal, que queda arruinado por lo grosero y mostrenco del mundo más inmediato y aparentemente más a la mano.
Y aquí llega la paradoja. ¡Don Quijote vive!, sigue viviendo, a pesar de que dicen que ha muerto y de su manifiesto fracaso. ¿Quién es capaz de arrastrar a más seguidores que él? ¿Qué ONG tiene más partidarios y voluntarios? ¿Quién levanta más pasiones que este loquicuerdo fracasado?
Don Quijote murió de melancolía, se dejó ir ante la imposibilidad de levantar otro mundo más justo y compartido. Pero el lector tiene todo el derecho a sospechar que quien realmente murió no fue el caballero don Quijote, sino Alonso Quijano, el hidalgo acodado en el pueblo, sin pagar impuestos, al amparo de sus bienes y sin la ilusión de modificar su contexto.
No, definitivamente, don Quijote no ha muerto, sigue vivo en todos los que se ilusionan cada día y se levantan animosos, y van a las aventuras y vuelan la ribera en busca de mejorar algo las cosas. No son pocos los que lo hacen. Seguro que todos ven a don Quijote en el horizonte guiando sus pasos y sus ilusiones. Es el capitán perfecto.

jueves, 2 de agosto de 2018

UN RUEGO PARA DON QUIJOTE


             UN RUEGO PARA DON QUIJOTE            
La historia del caballero don Quijote tal vez no es otra cosa que un camino en descenso continuo desde el ideal y el entusiasmo hasta la realidad mostrenca y el pesimismo. En tal sentido, el inmortal libro no sería otra cosa que una tragicomedia desgarradora en la que se mezclan los ideales con los tropezones y las risas con las compasiones.
Anoté hace muy poco cuál es el momento en el que, según creo, don Quijote mide en igualdad y en paralelo con Sancho este doble plano de la ilusión y de la realidad pasada por los ojos de los sentidos. Era el momento del encuentro fallido con Dulcinea en forma de aldeana en hacanea. Se puede seguir un rastro interminable -yo no sé si consciente en el autor o tal vez fallido por mi parte- a partir de aquí y observar como todo se va suavizando hasta terminar con la vuelta al hogar.
Uno de estos momentos señalados, que forman mojón en estos dominios, se describe ya muy avanzada la obra, camino de Barcelona. Por delante han quedado todas las peripecias en los dominios de los duques y todos los engaños imaginables; tantos, que se me antojan demasiados para el desarrollo novelesco, pues casi forman un todo autónomo dentro del conjunto.
Se trata del capítulo LIX de esa segunda parte. De nuevo don Quijote ha sido molido por un tropel de toros bravos que, sin conmiseración, lo han dejado en el suelo maltrecho y malherido. Esta vez también le tocó la lotería de las pisadas y las coces a Sancho. Cuando se reponen del susto, “acudieron a la repostería de sus alforjas”, pero ninguno de los dos se atrevió a usar de ellas. Sancho no lo hacía por respeto a su señor; pero el comedimiento le duró un suspiro pues, enseguida, “atropellando por todo género de crianza, comenzó a embaular en el estómago el pan y queso que se le ofrecía”.
A esto, dijo don Quijote estas significativas palabras: “Come, Sancho amigo: sustenta la vida, que más que a mí te importa, y déjame morir a mí a manos de mis pensamientos y a fuerzas de mis desgracias. Yo, Sancho, nací para vivir muriendo y tú para morir comiendo (…) pienso dejarme morir de hambre, muerte la más cruel de las muertes”.
Al rescate moral y del ánimo tiene que venir Sancho, quien le invita a comer y a descansar sobre la verde y fresca hierba. A estas alturas de la historia, el caballero ya hace caso casi siempre al escudero.
Como se ve, los ánimos están muy bajos, la moral anda por los suelos y los entusiasmos decrecen y se ponen oscuros. Por si fuera poco, enseguida se encuentran con una venta a la que don Quijote ya no llama castillo, sino por su nombre; y se topan con la noticia del libro apócrifo que leen en la venta, y la rebelión de Sancho con la paliza correspondiente. ¡Dios mío, el escudero moliendo a palos a su señor, el caballero!: “Viendo lo cual Sancho Panza, se puso en pie y, arremetiendo a su amo, se abrazó con él a brazo partido y, echándole una zancadilla, dio con él en el suelo boca arriba, púsole la rodilla derecha sobre el pecho y con las manos le tenía las manos de modo que ni le dejaba rodear ni alentar”. La vida al revés. Y luego los forajidos colgados, y el miedo y el descuido de las armas, y…
Demasiadas cosas y todas en la misma dirección, la del héroe derrotado que va sumiéndose en la realidad más inmediata y menos idealizada.
Confieso que a mí me da pena que esto suceda; que le suceda al caballero y que me suceda a mí en mi vida. Tal vez la vida sea un continuo caerse y alzarse. Tal vez también la edad y el tiempo pongan sobre los hombros de la persona tal carga que la haga doblar las costillas y la cabeza para mirar al suelo y para aceptar que la realidad nos condiciona y nos conforma, nos empuja y nos frena, nos hace más egoístas y menos comunitarios.
Por eso, tenemos que mantener al caballero en su armadura, en sus nobles ideales, encima de Rocinante y volando la ribera. No pueden morir los ideales y no podemos permitirnos el lujo de venirnos abajo en intentar siempre un acicate para empujar hacia un mundo menos malo.
Así que, ánimo, caballero, y adelante; no te caigas nunca del caballo y levanta la cabeza. Te necesitamos siempre.

miércoles, 1 de agosto de 2018

DE LA CIRCULARIDAD DEL TIEMPO



DE LA CIRCULARIDAD DEL TIEMPO

De repente sucede que hay un giro
que conduce de nuevo hasta el principio
y marca en cada vuelta algunas huellas
de circularidad y de retorno.
Imagen rigurosa y acabada
para mostrar que fines y principios
terminan amistosos, abrazándose,
dejando de ser dos para ser uno.

Es la rueda que gira y que se aleja
-solo aparentemente-
buscando inútilmente su principio
en un empeño loco y sin sentido.

El mundo es una rueda y en el cielo
giran como una rueda los planetas.
Las horas giran y las noches buscan
sin remedio los ecos de la aurora.

También tú giras, rotas, tuerces, doblas
en un afán de modelar el tiempo,
de andar sobre ti mismo dando vueltas,
en afán circular y en loco empeño,
pues todo ha de perderse en el olvido.