martes, 11 de febrero de 2020

PUERTAS AL CAMPO


PUERTAS AL CAMPO
Ni yo lo digo ni lo pienso. Allá se lo hayan, con su pan se lo coman: si fueron amancebados o no, a Dios habrán dado cuenta. De mis viñas vengo, no sé nada, no soy amigo de saber vidas ajenas, que el que compra y miente en su bolsa lo siente. Cuanto más, que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano. Mas que lo fuesen, ¿qué me va a mí? Y muchos piensan que hay tocinos y no hay estacas. Mas ¿quién puede poner puertas al campo?
Son palabras que dirige Sancho a don Quijote en una disputa a favor y en contra de las actividades de la reina Madasima.
Se desató la tormenta, comenzó a llover y nadie sabía cómo protegerse de la lluvia. Quiero decir que a Sancho se le soltó la lengua y empezó a ensartar refranes, que no hay más que decir. Es el capítulo XXV de la primera parte. Cervantes no debió descubrir el filón que por ahí se le abría pues no lo desarrolló hasta la segunda parte de la inmortal obra. Eso sí, cuando decidió que aquello era una mina, la explotó hasta casi dejarla vacía de minerales. La mayor parte la colgó de la boca de Sancho, pero no solo.
Los refranes, ya se sabe, recogen de manera sucinta y sustancial la sabiduría popular. Como la sabiduría popular es muy variada, tenemos refranes y contrarrefranes para casi todo. Pero la sabiduría popular es el recuelo de la experiencia colectiva, de los acontecimientos del día a día, de mes a mes y de año a año. Por ello, no adquieren condición de tales hasta que no consiguen pátina y solera. Cuando lo hacen, ya son patrimonio de todos porque su creación y su uso es de la comunidad. Son como los conceptos básicos en los que se asienta la filosofía de andar por casa, la que tiene más de experiencia y de inducción que de teorías y deducciones. Más bien que mal, todos han tirado de ese almacén para justificar sus actos y su convivencia.
¿Cuál es la vigencia del refranero en nuestros días? No creo que tenga la misma importancia ni que su uso sea tan frecuente como en otras épocas. ¿Se podrían buscar razones que lo justifiquen? Allá cada uno con su curiosidad. Si nos pusiéramos a buscarlas, ¿no aparecería enseguida la escala de valores que nos empuja a no descansar y a vivir a una velocidad en la que el reposo y la contemplación son bienes escasos y casi imposibles? ¿No es la moda continua y el relevo inmediato lo que nos contiene y nos nubla el pensamiento? Y si analizáramos el uso y el conocimiento de refranes por edades, ¿qué resultados obtendríamos con las generaciones más jóvenes? Si fueran más negativos todavía, ¿a qué futuro apuntarán?
El Quijote es silo y almacén en el que cabe todo. Y puede ser punto de partida para cualquier reflexión. Porque no da puntada sin hilo y contiene hasta lo más insospechado. No hay más que tirar del hilo para que salga la madeja. Porque paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todas son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas. Y a Dios rogando y con el mazo dando. Y a buen entendedor pocas palabras.
En fin, que no hay más que decir.

lunes, 10 de febrero de 2020

LE SON ET LE SENS BAILAN UN TANGO



LE SON ET LE SENS BAILAN UN TANGO      
Me regala dos libros Francisco Castaño a través de L.F. Comendador. Son los últimos de su extensa cosecha. Antes de nada, gracias, amigo. F. Castaño es uno de los poetas españoles que mejor conserva el ritmo en su poesía. Quiero decir el ritmo externo, ese que cuenta sílabas, que distribuye acentos y que señala pausas y silencios. Es toda aquella parte que –él, que ´francesea´ tanto lo entiende muy bien- conocemos como “le son”. Parece evidente que no concibe la poesía sin el dominio de ese ritmo. Señalaré enseguida que yo tampoco. Y que hay un porcentaje muy elevado de poetas españoles que han perdido el compás por el camino; tal vez porque no lo han encontrado nunca. Claro que el ritmo incluye más elementos y que existe también el complejo mundo del ritmo interno.
Pero siempre se me ha planteado el asunto de la segunda parte, “le sens”, como el otro elemento sin el cual la poesía se me queda en un porompompón y en un ejercicio técnico y frío. La hondura del pensamiento que se exprese en el poema y la emoción que sea capaz de transmitir en el creador y en el lector son los elementos que transportan al poema hasta un nivel diferente y más elevado; y son los que, en último término, merecen más la pena.
Si el poema no palpita y se cimbrea como espiga movida por el viento, o se aquieta como la noche y el silencio, falta algo que es lo que impregna el ambiente de perfume y de llamada ante la que no se puede dejar de responder.
Resulta obvio decir que la suma bien trabada de ambos elementos es la que da la redondez al poema y lo mantiene en el tiempo y en el recuerdo. La creación poética es también una práctica y un oficio, una técnica y un aprendizaje continuos. Como lo es cualquier otro oficio. Pero este oficio requiere otro fondo más y otra entrega sin pudores ni reservas. Es en ese torrente donde crecen los regatos y los ríos, las torrenteras y las avenidas de la emoción y del encanto, los relámpagos del asombro y hasta el éxtasis de la contemplación.
Supongo que, si leyera estas líneas Paco Castaño, se pondría a pensar que le achaco el abandono del sentido y le critico quedarse solo en la perfección del ritmo. No es el caso. Lo hago desde el reconocimiento de que domina el ritmo externo casi a la perfección y debería servir de ejemplo para tantos que se ponen, pluma en ristre, a sumar palabras sin saber cómo hay que distribuirlas y dejando la apariencia de que lo mismo les da so que arre en el sonido.
Es verdad que las estrofas tradicionales, que Paco compone con tanto dominio en estos libros (¿hay alguien que encadene tercetos tan bien como él?) han perdido espacio y uso. Paco las sigue reivindicando y hace bien: está en su derecho. El verso blanco y libre concede mucha mayor libertad en la expresión. Pero una cosa es esa libertad y otra muy diferente es la ignorancia y la falta de dominio del uso, de la distribución de las palabras y de las frases y, en definitiva, del vestido con el que presentamos las ideas poéticas.
Paco Castaño es colega al que conocí hace ya muchos años en unos cursos veraniegos y poéticos en El Escorial. Es pródigo poeta. En él tienen y tenemos todos un buen ejemplo para ser imitado en lo que al dominio formal se refiere. La herramienta y la técnica son comunes y terminan impregnando y configurando el contenido. Después, el mundo poético es ya de cada uno. Y su modulación también.

viernes, 7 de febrero de 2020

!¿DIALOGUEN, DIALOGUEN?!


¡¿DIALOGUEN, DIALOGUEN?!
Tal vez esta sea una de las palabras que más se repiten en los últimos tiempos. Hasta el punto de que su uso continuado tal vez le haya provocado aristas y desgaste en el significado y la haya convertido en un latiguillo y hasta en una palabra baúl, que nos sirve para todo, pero que, en realidad, no concreta nada. O sea, que lo mismo nos vale para un roto que para un descosido. Me parece observar que la utilizamos más como forma verbal en tercera persona que como sustantivo. ¿Por qué será?
Pero, como parece evidente que el verbo procede en este caso del sustantivo, puesto este en acción, vayamos al sustantivo, para pasar después a la forma verbal en tercera persona del plural.
DRAE:1. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos. 2. Obra literaria, en prosa o verso, en que se finge una plática o controversia entre dos o más personajes. 3. Discusión o trato en busca de avenencia.  Después ya, las derivaciones de diálogo de besugos, o de sordos…
Pues pasar al verbo no es más que darle marcha y acción a lo que el sustantivo implica.
Que el diálogo es imprescindible para la supervivencia y para una convivencia razonable, no hay más que decir. Que dialogar es acto de cada día y de cada hora, no cumple que lo valore. Que en este caso estoy pensando en el famoso diálogo entre los Gobiernos de España y de Cataluña, parece obvio. Ya me gustaría pensar y opinar acerca de los diálogos de Platón. O de los que se traen entre manos don Quijote y Sancho. Ya me gustaría. Pero el presente acucia y por todas partes se alza a griterío esta exigencia de dialoguen, dialoguen; como si con ese diálogo nos fuéramos a librar del coronavirus.
Obsérvese que solemos descargar la responsabilidad en los demás y por eso usamos la tercera persona del plural: dialoguen, dialoguen. Y así, en esta postura cómoda, aguardamos el santo advenimiento y que nos den la comida en plato y triturada.
Pero sea, y miremos al diálogo que pedimos. ¿Tenemos dos o más personas? Tenemos, aunque se escuchen griteríos acerca de la representación. ¿Pueden manifestar alternativamente sus ideas y sus afectos? A la vista de todos está y no lo niegan ni lo esconden. Además, lo hacen de manera tan alternativa, que ni se escuchan y hasta ni se oyen. ¿Se busca la avenencia? ¡Alto ahí! Esto no parece tan claro, pues cada uno ya ha hecho saber, por todas las formas posibles, lo que quiere y lo que no quiere y cuáles son los límites que impone. ¿Entonces? Pues entonces lo que se produce es un diálogo de besugos o de sordos. O sea, que la últimas acepciones del del DRAE se ajustan muy bien a la realidad.
Llegados a este punto, uno tiene la tentación de defender que el diálogo está cerrado o que aquí queremos engañarnos todos. Quiero decir todos los que se ponen roncos con el dialoguen, dialoguen. Tal vez porque expresan un deseo incontenible de que esta situación se arregle de una vez por todas y no nos traiga engolfados y abducidos, como si la existencia se redujera a este asunto.
Yo mismo expreso con frecuencia mi hartazgo ante los dos asuntos públicos que me han machacado durante casi toda mi vida: el asunto vasco y ahora el catalán. Tal vez esta saturación nos empuje a gritar el auxilio de alguna salida que nos permita diversificar la mirada y repartir nuestros intereses y preocupaciones.
Todo se vuelve confusión y desánimo, falta de sosiego y de buena voluntad para solucionar las desavenencias. Cuando, además, se parte de posiciones cerradas, de mentiras históricas, de desigualdades entre ricos y pobres y de inyecciones de aldeanismo y de mesianismo, todo se envenena y se traslada desde el nivel de la razón al del sentimiento y del hígado. Mala cosa.
Dialoguen, dialoguen. Claro, pero ¿de qué?, ¿desde qué premisas y desde qué principios? ¡Si todo está puesto encima de la mesa desde el primer día! Si no se clarifican los principios (sobre todo el del sujeto de soberanía), todo lo demás es puro voluntarismo. Y no está mal poner todo el empeño en arreglar los desaguisados. Pero la Historia está ahí y sus enseñanzas tienen que servirnos.
Y para los que no estamos en la mesa para dialogar, por favor, no descubramos ahora el Mediterráneo, que ya estaba ahí desde el principio, con los mismos principios y con las mismas exigencias. No insultemos a la inteligencia más elemental y el sentido común más de andar por casa. Es que hay gente que parece que se cae ahora del caballo. Y esto molesta bastante.
Así que, venga, dialoguen, dialoguen; pero desatasquen los principios de los que hay que partir. Sin ellos todo es confuso griterío, engañifa, desigualdad, inmoralidad… Y cabreo infinito.

jueves, 6 de febrero de 2020

ES OTRO AMOR DISTINTO



ES OTRO AMOR DISTINTO

Mi voz presta sus ondas
a las evocaciones del recuerdo.
Será tal vez la tarde
que se dora en sus rayos y se acorta
en la inquietante luz del horizonte:
el horizonte en niebla del recuerdo.

Entre el ser, que se intuye ya lejano,
y esta nueva presencia, solo el tiempo
y sus rastros menudos
en la belleza escueta de las cosas,
lo que queda en el fondo y se remansa
a pesar de los pálpitos y el viento.

Es otro amor distinto,
el que suscita el alma del recuerdo,
otro conocimiento más en calma.
Los recuerdos encienden y los cuerpos
queman y se hacen brasas;
solo el amor pervive y se conoce
hasta en la esencia gris de la ceniza.

miércoles, 5 de febrero de 2020

TODOS SOMOS CONTINGENTES



TODOS SOMOS CONTINGENTES…
Incluso tú, que tan buenos esquemas de vida nos has dejado en tus trabajos cinematográficos.
Ha fallecido el director de cine José Luis Cuerda. Fue ayer mismo y hoy casi ya no es noticia. Si acaso lo sigue siendo es por tantas notas laudatorias como se han publicado.
Ser benevolentes es siempre buena solución. España, además, es lugar en el que se aguarda hasta la muerte para alabar lo que se denostó en vida. Todo es verdad y se superpone. Yo creo que en esta ocasión las alabanzas merecen mucho la pena.
Yo ya he escrito acerca de José Luis Cuerda y de alguna de sus películas. No podría hacer otra cosa más que repetirme. Valga, entonces, ahora lo que sirvió hace ya mucho tiempo.
Anotaré, no obstante, algunas brevísimas notas que me parecen fundamentales:
a)      Conocí a Cuerda, por primera y única vez, allá por los años 80, en una comida distendida, después de una conferencia en el IES Ramón Olleros Gregorio. En esa comida confesó, entre tantas otras cosas interesantes, que cualquier película que sobrepasara una cantidad prudencial (no recuerdo cuál dijo, pero resultaría ridícula en nuestros días) en su presupuesto tendría que ser considerada como sospechosa. Se refería, claro, a las grandes superproducciones de Hollywood, esas que tanto y tan mal nos han marcado en su escala de valores a todos nosotros. Recuérdese al respecto lo que en la película Amanece que no es poco le soltaba el alcalde al profesor que se atrevió a levantar la mano para defender en algo a los americanos. "Yo quería defender a los americanos porque también tienen cosas positivas", dice Resines, el profesor. "¡Vete a la mierda, hombre!", le responde el alcalde. Y es como si se le oyera hablar a Cuerda.
b)      José Luis Cuerda ha dejado un manojo de películas fundamentales. No solo Amanece está entre las elegidas. Ahí están El bosque animado, La lengua de las mariposas, Así en el cielo como en la tierra, Tiempo después… A pesar de mi devoción por muchas de ellas, me quedo con Así en el cielo como en la tierra. Podría expresar muchas razones para defender esta elección.
c)      He dicho muchas veces, y sigo diciendo, que me gustaría haber sido en mi profesión como el maestro de La lengua de las mariposas. "Si conseguimos que una generación, una sola generación, crezca libre en España, ya nadie podrá arrancarles nunca la libertad”.
d)      Estoy orgulloso de que algunas personas hayamos fundado y sigamos manteniendo en Béjar una agrupación rarísima para los tiempos que corren, que, en honor de Cuerda, se llama El libre albedrío.
e)      No sé por qué esta película tardó tanto tiempo en hacerse una película de culto y un referente del surrealismo cinematográfico español.
Y así hasta que quisiéramos.
Cada secuencia de Amanece sugiere y merece una glosa interesante y sabrosa, pues condensa casi todo lo que la vida nos puede presentar; su actualidad resulta evidente.
En su honor y como un guiño final, sirvan sus propias palabras ante la muerte: Nunca había visto a nadie morirse tan bien. Qué irse, qué apagarse”.
Aunque no sé si no se te habrá oído este reproche: “Ya no aguanto este sindiós".

martes, 4 de febrero de 2020

FRAUDES



FRAUDES
Posmodernidad, posverdad, fake news, publicidad encubierta, sensacionalismo, pasarelas… Fraudes.
Vivimos una época de fraudes, de sensaciones que se imponen a los razonamientos, de fogonazos que nos impiden calentarnos al amparo de la hoguera, de carreras que nos niegan el reposo en un recodo para contemplar el paso del tiempo y lo hermoso del horizonte o de la tarde.
Este fenómeno se ha extendido y vive un momento de esplendor. Son los medios, es el tipo de vida, es la escala de valores que vamos conformando y que nos va conduciendo a su antojo. Y esa extensión encuentra agujeros por todas partes; es como si la realidad fuera una esponja llena de poros por los que se cuela cualquier líquido, sin comprobar si es veneno o sirve para saciar la sed.
Hoy me entero de que, en Vitoria, un grupo de arqueólogos se sienta en el banquillo acusados de fraude, por intentar hacer creer que unas falsas excavaciones servían de base para llevar el origen del euskera algunos siglos para atrás en el tiempo. En honor a la verdad, hay que decir que parece que ha sido la misma administración vasca la que ha tomado cartas en el asunto y se ha personado como acusadora. Pero échenle ustedes guindas al pavo y calculen el mal que esto ha producido en al menos diez o quince años que lleva el asunto en el candelero. Lo susodichos, hasta que han sido pillados, han recibido suculentas subvenciones públicas (varios millones de euros) y el aplauso general del mundo nacionalista del lugar; sus falsas aportaciones han servido de punto de apoyo para levantar el peso del nacionalismo, del supremacismo y hasta del fanatismo.
El asunto del origen del euskera es complejo y viene de muy atrás. Hay teorías muy diversas y me parece que ninguna convincente del todo. Hace muy poco tiempo he leído una de Jesús García Castrillo, amigo malagueño. Una más. Atractiva, pero una más.
El buscar orígenes de la lengua materna, que sirve de instrumento de comunicación diaria, no solo no es malo, sino que resulta casi inevitable y necesario. Hágase, por tanto. Pero hágase con criterios racionales, sin fanatismos ni sobresaltos mesiánicos, y sin prejuicios ni supremacismos de ningún tipo. Luego caemos en el peligro del ridículo y del culo al aire. Y las consecuencias no son buenas para nadie. Por lo demás, que el euskera tenga tal o cual origen no es ni malo ni bueno, es lo que es y nada más: no implica ninguna inferencia de mejora ni de empeoramiento de nada. De nada. Igual que cualquier otra lengua.
Una vez más, la oscura realidad de los nacionalismos excluyentes (no todos los habitantes de un territorio son nacionalistas), ese mundo en el que acecha el peligro de ver solo el dedo y no el sol, de confundir el árbol con el bosque y de no ver más allá de las narices. Y eso en el momento de la globalidad, de la interconexión, de los big data y del gran hermano. Qué barbaridad, qué pequeñez, qué imbecilidad.
Casi siempre echo pestes de los comentarios anónimos que se vierten a las noticias de los medios. Debo reconocer que el ingenio también se desparrama por esas tuberías, y lo hace a chorros con frecuencia. Hoy he leído este comentario de un tal Alfonso Luna, a propósito de esta noticia. Lo copio. Se comenta por sí solo. Es, en unas breves líneas, todo un ensayo sesudo acerca de los nacionalismos. Es este:
 Científicos andaluces excavaron 50 metros bajo tierra y descubrieron pequeños trozos de cobre.
Después de estudiar esos trozos por mucho tiempo, llegaron a la conclusión que los antiguos tartesos tenían una red nacional de teléfono hace ya 2500 años.
Por supuesto, a los catalanes no les hizo mucha gracia. Les pidieron a sus propios científicos que excavaran más profundo.
A 100 metros bajo tierra encontraron pequeños trozos de cristal que, según ellos, formaban parte del sistema de fibra óptica nacional que tenían los antiguos catalanes hace 3500 años.
Los vascos no se dejaron impresionar. Excavaron 150 metros bajo tierra y no encontraron nada, excavaron 20 metros más y aún nada, excavaron 250 metros en total y ni por ésas....
Entonces llegaron a la conclusión (con toda razón) de que los antiguos vascos, hace más de 5000 años, ya tenían telefonía móvil.
Pues eso.

lunes, 3 de febrero de 2020

BREXIT


BREXIT
Lo malo es que no es menos cierto que, al lado de mi mundo particular, sigue existiendo el mundo mundial. Y la teoría de la mariposa sigue mostrándose como gota malaya persistente. En fin, que hoy, por unas líneas, me monto en avión imaginativa y me voy por ahí fuera a arreglar el mundo mundial, con el convencimiento de que volveré con las alforjas vacías y con la mente confusa. Considérese, por tanto, como otro desahogo más o menos controlado. No es poco.
Me costaba mucho pensar que Gran Bretaña terminara saliendo de la Unión Europea. Siempre pensé que quedaría por ahí algún asidero al que aferrarse y con el que disimular tanto desencuentro. Me equivocaba. Ahí están los resultados y las fechas.
Ni causas ni consecuencias de un asunto que tiene dimensiones históricas. Para eso están los tratados y los ensayos sesudos. Apenas algún sentimiento.
Tal solo un hecho genérico que pone fondo a casi todo lo que ha pasado. Gran Bretaña, en realidad, nunca ha estado en la UE. Todas, y siempre, han sido reticencias y recelos, reproches y desconfianzas. Y, sin buena disposición y actitud, poco se adelanta. E incluso por detrás de eso, y entre bambalinas, el dibujo del imperio británico del siglo veinte. Ay, esos aires y ecos de grandeza mal entendidos… A partir de ese hilo, tal vez la madeja…
Hoy y aquí prefiero quedarme solo con las impresiones de esas caras de fiesta y hasta como de victoria en una pelea por parte de algunos ciudadanos y de dirigentes británicos; algo así como si les fuera la vida en ello; como si se liberaran de un yugo que les oprimiera y alzaran la vista hacia un horizonte azul e inmenso.
¿Les suena de algo esto? ¿Encuentran semejanzas con algunos territorios españoles? Estamos ante otro nacionalismo en el que priman los intereses de ricos (o presuntos ricos imperiales –o cavernícolas en otros casos, que los extremos se tocan-) frente a los más pobres, los egoísmos contra la comunidad, el sálveme yo, aunque se hundan los demás. O sea, lo de todos los nacionalismos; que, por eso son egoístas siempre y por siempre. Y, en el fondo, siempre de derechas, por más que algunos se proclamen de izquierdas. ¡Quieren hacer compatibles al aceite y el agua! ¡Qué vergüenza para cualquier pensamiento de izquierdas e internacional!
Tengo la impresión de que, incluso en esta perspectiva, se equivocan los votantes del Brexit, pero está todo por ver. Yo no tengo claro que ahora los más fuertes sean ellos y los menos los de la U. Europea. Habrá que esperar para comprobar cómo se le aprietan las clavijas a este potro y se le doma.
Pero, sea cual sea el resultado, lo peor es la actitud con la que se encara. Yo he creído ver cierta actitud chulesca en manifestaciones y conductas de dirigentes británicos que me ha llenado de preocupación. Los tiempos de los salvadores de las patrias y de los profetas mesiánicos deberían haber pasado ya al baúl de los recuerdos. Parece que no es así y que el adormecimiento de masas sigue contando con venenos muy potentes.
Imaginemos que, en este divorcio, gana cualquiera de los dos separados. ¿Qué más da que sea uno o que sea el otro? ¿No pierde siempre la suma? ¿Y qué hacemos con el espíritu de ayuda y de solidaridad, de apertura y de globalidad? Con la tormenta del Brexit, ¿serán las islas las que han quedado entre nieblas o será el continente el que habrá quedado aislado? Ya sabemos lo que algún periódico de allí afirmaba en circunstancia pasada. Ahora tenemos una nueva ocasión de comprobarlo.
Sea como sea, esa actitud de vencedores, de tierras prometidas y de visiones mesiánicas no augura nada positivo para el progreso de la comunidad internacional. Porque, repito, gane quien gane, la suma habrá perdido siempre.