lunes, 2 de marzo de 2020

PASEO VESPERTINO



PASEO VESPERTINO

Son estas mismas calles
que hoy recorro de nuevo
aquellas que sintieron mis pisadas
ignorantes del tiempo y del espacio.

Mi infancia y el futuro en las pupilas.

También las que más tarde
me empujaron a hollar esos caminos
que no siempre conducen
hasta plazas de luces habitadas.

Todo lo que la vida me ha enseñado.

viernes, 28 de febrero de 2020

CARTA ABIERTA A DON QUIJOTE EN SU MUERTE


CARTA ABIERTA A DON QUIJOTE EN SU MUERTE
Ahora que vuestra merced está en la fuesa, donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva; ahora que su escudero, Sancho, gasta los escudos sin que nadie le ponga cuentas; ahora que en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño; ahora que lucen claras las palabras de Cide Amete en las que asegura que su pluma aquí quedará colgada de esta espetera y de este hilo de alambre; y que para mí sola nació don Quijote, y solos los dos somos para en uno, y que no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías; ahora, digo, quiero enviaros estas palabras, que contienen apenas una pizca de lo que he sentido en la enésima lectura del inmortal libro.
Acabado el camino de la primera parte, prometí no sacaros a volar la ribera hasta que no pasaran muchos días. Tenía la intención de reposar otra vez yo también las ideas que en ella se contenían y sosegar mis pensamientos para volver a asentir o disentir con todo lo que en sus capítulos se declara. Pero no se me cocía el pan ante la comezón de veros otra vez caballero y escudero. Y no lo supe cumplir.
Muy pronto volví a coserme a las páginas de la tercera salida, como Sancho se cosía a vuestra meced cuando se sentía desamparado o el miedo le entraba por el cuerpo. Así, cuando el caballero regañaba al escudero, yo me vestía de escudero y éramos dos los regañados, mohínos o figuras haciendo pucheros en espera de vuestro perdón; y, cuando el escudero osaba venir a las manos con su amo, yo defendía a este y me enfadaba con Sancho.
Porque andar con los dos y tomar partido solo por uno es pensar en lo excusado. He de reconocer, sin embargo, que, ya desde los primeros pasos de la última salida, se puede barruntar la cuesta abajo en la que vuestra merced se va deslizando. Y sabe qué le digo, pues que me apena recorrer este camino tan digno de compasión con quien siempre aspiró a desfacer cualquier tuerto que se le presentara en el mundo de su imaginación. Y siempre con el mismo resultado, el de la aparente derrota. ¿Habrá en el mundo otro caballero más asendereado, caído del caballo, apedreado y burlado de toda burla? ¿Es que este mundo está hecho solo para los que echan todos sus esfuerzos en beneficio personal? A mi mente llegan en tropel sucesos de vuestra merced y hechos del presente que dan buena cuenta de lo exacto de tales sospechas. No haré cuenta de ellas por ser esta interminable.
Seguir el camino con vuestra merced es asistir a una continua sinrazón y a una ausencia total de compasión y de deseos de mejorar lo mejorable. Por eso, vuestra merced volvió loquicuerdo o acaso cuerdiloco a la aldea. Yo no sabría decir en qué medida era una cosa u otra. A las palabras de Sancho me atengo: “No tiene nada de bellaco, antes tiene un alma como un cántaro: no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia alguna; un niño le hará entender que es de noche en la mitad del día, y por esta sencillez le quiero como a las telas de mi corazón, y no me amaño a dejarle, por más disparates que haga”.
Y lo mismo podría decir de su escudero. Déjemelo por aquí muchos ratos, pues su sencillez, su franqueza y la llaneza en su comportamiento no pueden traer más que buenas consecuencias.
Yo mismo debería prohibirme más salidas con vuestra merced, pues que ya son muchas, aunque todas han resultado provechosas, y debería dejarlo descansar en sus sueños eternos.
Pero no puedo ni debo prometer lo que no depende solo de mi ánimo para ser cumplido. Así que quedo en un sí es no es que no señala qué derrota he de tomar en el futuro. De modo que Dios dirá; porque amanecerá Dios y medraremos.
Vale

jueves, 27 de febrero de 2020

!A JUGARRRRRRRRRRRRR!


 ¡A JUGARRRRRRRRRRRRRR!
No me cansaré de afirmar que, en la inmortal obra de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, se almacenan todos los asuntos de los que esta vida está compuesta; cualquier idea anda por sus páginas esperando ser arrancada para su consideración y desarrollo. Esto, y la inigualable forma de tratarlas, en léxico, ritmo, diálogos…, la hacen ápice de todas las obras y de todos los tiempos.
Ya más que mediada la segunda parte, cuando Sancho ejerce de gobernador insulano y recorre las calles para ejercer su oficio, se encuentra con un par de personas que discuten acerca de un tema que parecería lejano, pero que, sin embargo, se nos muestra radicalmente actual. Se trata de los juegos de azar. Tan solo recogeré algunas de las palabras que pronuncia Sancho al respecto. Estamos en 2, XLIX: “Lo que se ha de hacer es esto: vos, ganancioso, bueno, malo o indiferente, dad luego a este vuestro acuchillador cien reales, y más habéis de desembolsar treinta para los pobres de la cárcel; y vos, que no tenéis oficio ni beneficio, y andáis de nones en esta ínsula, tomad luego esos cien reales y mañana en todo el día salid de esta ínsula desterrado por diez años, so pena, si lo quebrantáredes, los cumpláis en la otra vida, colgándoos yo de una picota, o a lo menos el verdugo por mí mandado; y ninguno me replique, que le asentaré la mano. (…) Y enseguida añade: “Ahora, yo podré poco o quitaré estas casas de juego, que a mí se me trasluce que son perjudiciales”.
Ya se ve que no se anda con chiquitas Sancho ni atiende a demasiadas demandas burocráticas.
Hace tan solo unos días se anunciaba legislación para poner coto a la epidemia de casas de apuestas, que se extienden con más facilidad que el coronavirus por esta piel de toro. Las estadísticas siempre son frías y solo pueden ser orientativas, pero yo tengo la mala costumbre de trasladarlas a Béjar, esta ciudad estrecha en la que vivo, o sobrevivo. Y, cuando realizo esta operación, suelo quedarme sin resuello. ¿Se imaginan cuántos ludópatas pueblan las aceras, compran en las tiendas o nos dicen adiós cada día? ¿Seríamos capaces de imaginar siquiera el mundo que se esconde tras esta desdicha? Piensen primero en los propios enfermos del juego; hagan lo mismo con sus familias, extiendan la consideración a sus amigos y vecinos… Ufff.
Con todo, la enjundia del asunto anda un piso más abajo, hunde sus raíces en lo irracional de cualquier juego de azar. Nos solemos asustar cuando observamos exageraciones y ruinas, pero el intríngulis es el mismo con cualquier cantidad y en cualquier contexto. En más de una ocasión he razonado acerca de lo inhumano que resulta el hecho de que, en Navidad, por ejemplo, una persona solucione su vida por el hecho azaroso de haber entrado en un local y haber adquirido un décimo de lotería, mientras que el común de los mortales se afana y se consume haciendo cábalas y regates para llegar a fin de mes. Por supuesto, nadie me hace caso y hasta me miran con malos ojos; así que no seguiré con ese ejemplo.
Me quedo en la ludopatía y en las apuestas compulsivas. ¿Cómo se le pone coto a esto? ¿Cómo se conjuga su prohibición con la libertad personal para gastarse cada uno sus dineros en lo que quiera?
No es sencilla la solución. Pero no pidamos repicar y andar en la procesión, porque esto todavía no está inventado. Tampoco se ha inventado la existencia del ser humano individualizado y sin que sus acciones repercutan en la comunidad. Por eso tal vez tanta imposición de la comunidad en forma de leyes. Desde luego, esta no parece de las que necesiten demasiados remilgos. La vida humana es más que azar, es razón y es justicia. Y es también libertad, pero sin que afecte y produzca daños a los demás.

miércoles, 26 de febrero de 2020

SANCHO, HIJO, GUÍA...


SANCHO, HIJO, GUÍA…
Qué disparate, Sancho guiando a don Quijote, ¿Dónde se ha visto cosa igual en el mundo de la caballería? ¡El escudero guiando al caballero! ¡Y encima en el camino hacia la amada, Dulcinea! El aparente despropósito se produce en 2, cap. IX. Los que somos asiduos acompañantes de estos dos cuerdos-locos conocemos las razones que empujan al caballero a pedir la guía del escudero. ¡Pero es que este aparente hecho intrascendente rompe todas las reglas!
Lo más importante de esta sorpresa es que nos anuncia lo que llega muy pronto. Será la primera vez en la que don Quijote represente la visión de los sentidos y de la realidad que comportan, mientras que Sancho se apropia de la función del engaño y de la ilusión para salvar los obstáculos de la realidad más mostrenca. Solo tenemos que recordar algunos hechos para comprobarlo. Nuestros amigos se han emboscado en la floresta y, en aquel contexto, urde Sancho la estratagema. Ved cómo vienen sobre sus hacaneas quijotescas, o sobre sus cananeas pancescas, las tres aldeanas y cómo reaccionan Sancho y don Quijote. Estas son palabras de ambos: Sancho: “¿…que no ve que son estas las que aquí vienen, resplandecientes como el mismo sol a medio día? Y don Quijote: “Yo no veo, Sancho, sino tres labradoras sobre tres borricos”. Sancho: “¿Y es posible que tres hacaneas, o como se llaman, blancas como el ampo de la nieve, le parezcan a vuestra merced borricos? ¡Vive Dios que me pele estas barbas si tal fuese verdad!”. Don Quijote: “Pues yo te digo, Sancho amigo, que es tan verdad que son borricos, o borricas, como yo soy don Quijote y tú Sancho Panza; a lo menos, a mí tales me parecen”. Sancho: “Calle, señor, no diga la tal palabra, sino despabile esos ojos y venga a hacer reverencia a la señora de sus pensamientos, que ya llega cerca”.
Ahí le han dado: don Quijote aplicando la ley de los sentidos y de la realidad más física e inmediata. Y ante la posible presencia de su amada, Dulcinea. ¡Los pájaros a las escopetas! ¡El mundo del revés! ¡El alguacil alguacilado!
Nadie que siga con sosiego las aventuras podrá concluir que ya para siempre don Quijote queda tocado por la realidad inmediata y por eso que llamamos razón. No sería verdad. Faltan mil y una aventuras con dobles planos y con diferentes niveles de interpretación. Pero ya toda la segunda parte queda cuajada con un fondo en el que se va dibujando el camino de vuelta del caballero y el de ida del escudero. Y es este cruce de caminos y de perspectivas el que da hondura al conjunto de la obra y el que permite incluir en ella un sinfín de consideraciones, de diálogos y de reflexiones, que hacen del libro un inmenso mar de ideas y un océano en el que cabe absolutamente todo. Esta tercera salida del caballero, y segunda del escudero, se alza, así, muy por encima de la primera en casi todo.
De modo que podemos decir que hemos pillado a don Quijote en el primer ´renuncio´ de sus ideales. Bendita sea esa mezcla de sensatez y de locura, de pasión y de mesura, de impulso positivo y de retención razonada.
Me pregunto si cada uno es capaz de reconocer algún punto de inflexión a lo largo de su trayectoria vital en el que se pusiera de manifiesto ese cambio de actitud. En un sentido o en otro, que eso tiene mucho que decir. E incluso más: ¿es frecuente ese cambio de actitud?, ¿sabemos mezclar sensatamente ambos comportamientos?, ¿merece la pena que predomine uno y otro?, ¿cuál?, ¿por qué? Y no podemos escondernos, porque la vida sigue y nosotros con ella.
Yo voy a seguir con los dos aventureros, con estos dos entreverados locos, llenos de lúcidos intervalos, en esta su segunda parte, para recrear y recordar, una vez más, todo lo que les sucede, y me sucede. Son unos locos maravillosos. Y siempre me acogen en su compañía. Soy un privilegiado. Así que me sigo sumando en el segundo periplo a los caballeros que a las aventuras van.
Y no digo más. Vale.

martes, 25 de febrero de 2020

!A GALOPAR!



 ¡A GALOPAR!
¿Cuántas veces nos paramos a pensar en las imposiciones que nos marcan los demás desde el comienzo de nuestra vida? ¿De dónde procede, por ejemplo, eso que se llama vocación en muchos de nosotros? ¿No tiene que ver con el ambiente familiar o de amigos o de vecinos? ¿Cuánto nos queda de decisión personal? Será bueno pararse a pensarlo, pero con cuidado, porque podemos morir en el intento.
Hay un personaje de nuestra literatura que tiene que luchar con vientos y tempestades para darse a sus deseos personales, a sus invenciones y a sus ideales. Pienso, claro, de nuevo, en don Quijote. Qué cantidad de trabas se le colocan de un lado y de otro antes de volar por tercera vez por el mundo a desfacer tuertos (nunca entuertos), a socorrer doncellas… Así, a vuela pluma: El ama y la sobrina lo quieren retener en casa a toda costa; otro tanto hacen el cura y el barbero. Por el otro lado actúan el interés jocoso y hasta de chulería del bachiller y el no más pequeño egoísmo de Sancho con su ínsula y su regustillo por las prebendas y los beneficios. Y, como telón de fondo, el mundo irreal (o más real) de la antigua caballería, el de los caballeros a pie de obra idealista, distintos de los contemporáneos de nuevo cuño, cortesanos y acomodados.
En medio de todo ese maravilloso contrapunto, nuestro caballero se alza para realizar su sueño y su propósito de vida, ese que lo llevará loco-cuerdo y que lo traerá cuerdo-loco de nuevo hasta la aldea, allá en el final de las aventuras.
Se podrá argumentar a favor y en contra de las fuerzas que tiran en un sentido y en otro; difícil será hacerlo para negar su existencia y los condicionamientos que imponen a este personaje. Daría para una disertación larga e interesante.
Cualquiera de nosotros está entrizado entre dos paredes que oprimen y que empujan en dirección contraria. La tensión la tenemos que calmar nosotros tomando decisiones personales e intransferibles. En cada ocasión y en cada momento. Ojo, con la desgracia de que, al momento, en la siguiente ocasión y sin solución de continuidad, nos vamos a encontrar en las mismas. De tal manera que, al final de camino, tal vez nos convenzamos de que la vida es una continua toma de decisiones para terminar haciendo cuentas de que ese mundo nos acechaba en cada esquina, y de que, por otra parte, tampoco es tan malo sentirse orientado y acompañado un poco por lo que nos rodea. ¿En qué medida cada cosa? Ufff.
Don Quijote tardó mucho en decidirse a salir a las aventuras por tercera vez. Pero salió, y salió con más fuerza y gallardía que las dos primeras. Hasta que, ay…, algo le vino a sugerir, imponer o convencer de que el camino era de ida y vuelta. Pero eso fue mucho más tarde. De momento, salió al camino y a la vida, con su ilusión a cuestas. Un buen ejemplo de entusiasmo, de ilusión y de ganas de transformar el mundo. Allá cada cual.

lunes, 24 de febrero de 2020

ARREGLAR EL MUNDO


 ARREGLAR EL MUNDO
Hay que ver con cuánto empeño se ocupó don Quijote de dejar claras algunas cosas antes de su tercera y más larga salida a volar la ribera y a la busca de aventuras. Pero el hilo que dio paso al ovillo y la forma de pegar la hebra no fueron otros que el afán de arreglar el mundo en dos patadas. Y así, “en el discurso de su plática vinieron a tratar en esto que llaman “razón de estado” y modos de gobierno, enmendando este abuso y condenando aquel, reformando una costumbre y desterrando otra, haciéndose cada uno de los tres un nuevo legislador, un Licurgo moderno o un Solón flamante, y de tal manera renovaron la república, que no pareció sino que la habían puesto en una fragua y sacado otra que la pusieron…” Cap. 1, 2ª.
Cada cual echó su cuarto a espadas y don Quijote, ya no hidalgo sino caballero, comenzó su perorata a favor de sus semejantes de profesión, pues, como enseguida afirmó: “Caballero andante he de morir”. Y se reafirmaba pensando en “las edades donde los andantes caballeros tomaron a su cargo y echaron sobre sus espaldas la defensa de los reinos, el amparo de las doncellas, el socorro de los huérfanos y pupilos, el castigo de los soberbios y el premio de los humildes”. Casi nada…
Pienso en lo hermoso que resulta soltar las piernas, dar visita a los caminos, gozar de los paseos, ser vecino de la naturaleza y, en buena compañía, soltar la lengua y arreglar el mundo en dos patadas. Es oficio común y muy frecuente. Y menos mal que nunca se arregla del todo y, además, se estropea en cuanto damos vuelta a la esquina, pues, si no, ¿de qué íbamos a hablar después si de verdad arregláramos el mundo con nuestros devaneos?
Creo que, con más frecuencia de la deseada, soltamos lastre y cargamos el peso del castigo en esas otras personas que llamamos representantes, o políticos. No sé si no se lo tienen ganado, pues se presentan para esos cargos como si en ello les fuera la vida, y no como un ofrecimiento de ayuda durante una temporada limitada.
No me parece la mejor solución y tal vez deberíamos volver más la vista y el pensamiento hacia aquello que anda más cerca de nosotros y, por ello, podemos influir más en su arreglo y en su desperfecto. Sobre todo, porque tal vez entonces nos calmaríamos más y templaríamos un poco nuestros ímpetus y nuestras soluciones simplistas y falsas.
Don Quijote es capaz de colgarse a sus espaldas cualquier proyecto, por más fantástico que este sea. Así le va al buen hombre. Todos deberíamos ser un poco quijotescos para estar dispuestos a arrimar el hombro y no a echar la culpa de todo a los demás.
No es tiempo ya de salvadores, pues nos hemos de salvar todos un poco, a nosotros mismos primero, y, a la vez, a los demás.

viernes, 21 de febrero de 2020

EXAMEN SORPRESA



EXAMEN SORPRESA

- Si supiera definir qué es el amor…
- ¿Cuál es tiempo propicio para amar?
- Es dádiva el amor, es don, regalo…
- Tal vez solo es presente y no posee
perspectivas que alcancen los dominios
del tiempo del pasado o del futuro.
- ¿Cuál es su relación de parentesco
con los ritmos y pausas que impone la razón?
- ¿Se habrán dado la mano la razón y el amor?
- ¿Cómo es su convivencia dentro del mismo ser?
- ¿La persona razona sentimientos
o impulsa sus razones al abismo?
- ¿Dónde aquel equilibrio que proclama:
Piensa el sentimiento, siente el pensamiento?
- ¿Cuándo es el ser humano más humano,
si gana el sentimiento
o si vence en la lid el pensamiento?
- ¿No es el amor una invasión a saco
en el ser que es amado?
- ¿Amar y ser amado son tan solo dos actos de egoísmo?
- ¿Qué sentido le damos a la vida
si es solo un cumplimiento de reglas matemáticas?
- ¿Qué mundo es más real, el del amor
o el que impone en sus reglas la razón?
- ¿Y cuál es más efímero?
- ¿Qué columna sostiene más la vida,
la que carga en sus hombros la razón
o aquella que alimenta el sentimiento?
…………………………………..
Este vaivén me deja sin calma, pero con la sensación de que, al atardecer de la vida, me examinarán del amor, y con la seguridad de que debo conducirme con las señas y consecuencias de la razón. Y sigo en la indigencia, pues no conozco bien la fórmula que mezcla la necesaria razón y su equilibrio con el impulso invencible del sentimiento y de ese misterio fundamental que llamamos amor. Ufffffffff.