viernes, 13 de marzo de 2020

DECLARACIÓN CASI JURADA


DECLARACIÓN CASI JURADA
Se supone que uno se forma su propia opinión acerca de lo que vive, lee y escucha. También en lo que al nacionalismo se refiere. Hace tan solo un par de días dejaba constancia de algunas notas que indicaban la opinión cambiante que, en la izquierda española, se podía observar a lo largo del último siglo. Me parece honesto que también yo deje constancia de algo de lo que pienso al respecto. Ya he opinado varias veces, pero no me importa repetirme.
1.- En términos generales, tiendo a pensar que los nacionalismos no son la mejor fórmula para la convivencia. Pero tan solo pido que se puedan expresar las opiniones con serenidad y con el ánimo de mejorar esa convivencia. O sea, que estoy dispuesto a dejarme convencer de lo contrario.
2.- La historia, ya larga, de este país muestra que casi siempre ha estado con las costuras de la convivencia al aire y con los rotos al descubierto.
3.- Hay, sin embargo -hasta donde yo llego con mis escasos conocimientos de esta historia-, muchas medias verdades, cuando no simplemente mentiras evidentes en el relato de esta historia.
4.- El romanticismo y el costumbrismo de finales del siglo diecinueve crearon un clima propicio para la acentuación de este fenómeno.
5.-  La República supuso un período convulso, con opiniones contrarias y muy diversas, incluso entre los miembros de una misma formación política.
6.- Los largos años de la dictadura eliminaron cualquier brote de nacionalismo en sus formas públicas, pero contribuyeron a crear un clima clandestino emocional de subordinación de los elementos de igualdad social a los de identidad territorial, sobre todo en Euskadi y Cataluña.
7.- El período democrático sigue subvirtiendo la escala de valores al seguir pensando en la losa del franquismo como algo que condiciona todo lo demás; es el subterfugio perfecto para ocultar intereses particulares y arrinconar las ideas universales de igualdad, libertad y justicia. De este modo, la racionalidad cede el terreno al impulso, al instinto, a la mitificación, y, en no pocos casos, al egoísmo.
8.- Ahora mismo estamos en un momento en el que pesa mucho más -por eso los nacionalismos tan potentes- el elemento identitario que el de justicia social y el de igualdad. Nótese que, oh casualidad, son las regiones ricas las que ensalzan el sentido identitario sobre el de justicia social.
8.- Mientras no se venza la balanza hacia el lado de la justicia social, no habrá solución para este asunto, que lastra toda la actividad en este país.
9.- Los partidos, sobre todo los de izquierda, deben aclarar de una vez por todas, cuál es su propuesta para una convivencia duradera. Y, si hay que morir políticamente en el intento, pues se muere. Me gustaría que lo hicieran por la preminencia de la defensa de la igualdad y de la justicia, frente a las identidades particulares.
10. Yo no tendría ninguna prevención ante las fuerzas nacionalistas, incluso hasta la disgregación territorial en países distintos, si se me convenciera de que eso supondría una mayor solidaridad y justicia para TODOS, no solo para las regiones más ricas, riqueza que se explica por numerosos factores, no todos nacidos en el esfuerzo de sus habitantes.
11.- Me parece que es mucho más ilusionante mirar el futuro que gastar tiempo y esfuerzos en asentar las bases en épocas pasadas. Nos podíamos ir hasta las tribus prehistóricas. ¿Para qué?
12.- La globalización apunta hacia la totalidad, no hacia lo particular. Todos deberíamos sentirnos orgullosos del lugar en el que nacimos y nacieron nuestros antepasados, de la comunidad en la que vivimos; pero, al mismo tiempo, hay que sentirse ciudadanos del mundo.
13.- Si al sentido de justicia social y de solidaridad no le añadimos la especia de la buena voluntad y del sentido común, todo se puede volver contra nosotros y seguiremos en el mundo gris de la hostilidad, cuando no del odio.
14.- Todo ello nos debería llevar a defender una comunidad general de ciudadanos iguales en derechos y en obligaciones, y a la superación de otras clasificaciones que huelen demasiado a azufre y apestan.
15.- Como consecuencia de lo expuesto en forma de índice (cada apartado merece un desarrollo amplio y un contexto que lo explique), me declaro incapaz de siquiera entender la existencia de los nacionalismos. Pero repito que estoy dispuesto a dejarme convencer.
16.- ¿Hay alguien por ahí dispuesto a ayudarme?
N.B. Siento dar a la luz estas consideraciones en un día en el que se ha decretado el estado de alerta en España, por culpa del dicho bichito coronavirus. Juro que el resto del tiempo trato de pasármelo entre la preocupación y la risa como terapia.

jueves, 12 de marzo de 2020

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL VIRUS



EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL VIRUS
De vez en cuando dejo que abran esta mi ventana otra pluma y otra opinión. Lo suelo hacer cuando oigo o leo algo que me hubiera gustado escribir yo mismo. Siempre cito las fuentes, por supuesto. Hoy lo hago con esta columna de El País firmada por Luz Sánchez Mellado. Juro que, en realidad, creo que es ella la que me ha robado a mí. Quiero decir que esta idea de lo mucho que abarca un hecho y lo poco que ocupa lo que de él se publica resulta fundamental en el mundo en que vivimos. Y yo tenía ya en mente, a propósito del famoso virus, desarrollar este pensamiento. Las formas y el desarrollo de la idea, naturalmente, pertenecen a cada uno.
Pues ahí va.
NO TOCARNOS
Estos días frenéticos y extraños sufrimos unos pocos grandes dramas y muchísimos dramas pequeños. Los primeros —los muertos, los enfermos, los positivos, los trastornos de vidas y haciendas— salen en bucle en las noticias. Los segundos, íntimos, invisibles y sin reflejo en el producto interior bruto, son las procesiones que llevamos por dentro. Pienso en aquellos que anhelan tocar y ser tocados y no van a poder serlo durante un periodo indefinido de tiempo. No hablo, no solo, de lo que están pensando. Hablo del contacto físico ajeno que nos hace sentir vivos. De esos presos que esperan el careo piel con piel con los suyos como el litio que les permite seguir cuerdos. De esas parejas que no pueden quitarse las manos de encima autosometidas a una orden de alejamiento de un metro que, para el caso, viene a ser un mundo. De esos ancianos conviviendo en sus residencias con el doble fantasma de la soledad y el miedo mientras les asean extraños con mascarilla y guantes de látex. No hablo de civismo, ni responsabilidad, ni sentido de Estado. De eso ya hablan las noticias. Hablo de cómo nos tocará el alma no tocarnos hasta nueva orden.
Va a ser verdad que todo está contado y cantado. Que este era el muro de metacrilato que no nos deja olernos ni manosearnos de Kiko Veneno. El no tocarte y pasar todo el día junto a ti de Radio Futura. El ángel exterminador de Buñuel que nos acongoja, nos acojona y no nos deja salir teniendo todas las puertas abiertas. Y todo, mientras fuera estalla una gloriosa primavera con millones de adolescentes expulsados de las aulas viviendo en propia carne la lucha entre el mandato social de no tocarse y el hormonal de comerse a besos. Es pronto para saber cómo es el amor en los tiempos del coronavirus. Si habrá una explosión de onanismo o un pico de natalidad de fin del mundo. Lo difícil, si la alerta se eterniza, será decidir si vivir sin tocarnos es vida.


miércoles, 11 de marzo de 2020

IZQUIERDAS Y NACIONALISMOS


IZQUIERDAS Y NACIONALISMOS
Pues que, algo asustado y empapado por la tormenta que deja el virus dichoso, sigo en mi rutina de terraza y me engolfo en la lectura de un libro que recoge diversas ponencias de especialistas en la materia. El título y la materia rezan así: Izquierdas y nacionalismo en la España contemporánea. La solvencia de los autores, la importancia del tema y su actualidad tan rabiosa me empujan a no mover los ojos de sus páginas. Es, por otra parte, un asunto que me ocupa demasiadas veces y ante el que me siento impotente por no saber aportar nada ni poder hacer nada ante los acontecimientos que han llenado casi toda mi vida. Los más llamativos, los de ETA y Cataluña, aunque no los únicos.
Sigo declarando mis limitaciones ante tan ingente problema, que ocupa variables históricas, sociales, religiosas, ideológicas y de todo tipo. Pero, como intento siempre, reivindico mi derecho al sentido común, a mi voluntad y al poso que en mis años puedan haber dejado las consideraciones y lecturas de los muchos libros que he leído.
Y repetiré de nuevo que el asunto territorial es previo a cualquiera otra cuestión (cuestión, por si acaso, significa pregunta). Es por esto por lo que primero hay que preguntarse. Antes de tratar de imaginar e implantar cualquier cosmovisión y cualquier ideología y concepción de las reglas de convivencia.
Las ponencias y sus textos son el resultado de un seminario convocado por la Fundación Pablo Iglesias. Podría pensarse en el peligro de un sesgo ideológico menos racional y más partidista. No lo veo en sus páginas. Se analizan en ellas las raíces históricas que pueden haber dado lugar a los nacionalismos en España y se detienen más en las posiciones de las izquierdas ante ellos en el último siglo, sobre todo desde la Segunda República. Y no hay demasiada compasión para con las posturas del PSOE. Sobre todo, por los bandazos que en sus propuestas de organización del Estado se han ido dando según los momentos y las circunstancias de los mismos. Así, no era la misma la situación durante la guerra incivil que en la posguerra o en los años de la transición o el período democrático.
Son las palabras literales de las resoluciones de los congresos del PSOE las que mejor muestran esta diversidad. Ahí van ejemplos:
1: IX Congreso, Toulouse, 1964. Resolución: El PSOE propone una “Confederación republicana de nacionalidades ibéricas”.
2: Undécimo Congreso, 1970: “El PSOE defenderá la modificación estructural político administrativa de España, que deberá realizarse de acuerdo con las necesidades geopolíticas del país, y no por la actual y artificiosa división en provincias, respetando la unidad española, pero reconociendo la diversidad de los pueblos que la integran, en una conjunción de intereses sociales que supriman el centralismo administrativo y eviten el resentimiento negativo del separatismo”. Anda, interpreta y no mueras en el intento.
3: 1976: “El partido socialista propugnará el ejercicio libre del derecho a la autodeterminación por la totalidad de las nacionalidades y regionalidades que compondrán en pie de igualdad el Estado federal que preconizamos”. Otro tanto de lo mismo.
Son solo tres ejemplos. Desde esta fecha, todo se ha ido modulando mucho más en todo el período democrático y cada uno lo puede seguir casi desde su experiencia vital. Incluso las últimas tensiones dentro de las propias filas socialistas, en las cuales se mezclan visiones más y menos centralistas y federalistas (ya, desde luego, nada confederales).
Creo que se puede afirmar, con Sebastián Balfour, que “la mayoría de estas izquierdas han tenido una relación un tanto contradictoria con los conceptos de nación, identidad y Estado, dando lugar a cambios profundos en sus formulaciones. Esta pluralidad de planteamientos tiene sus raíces en la relación dialéctica entre socialismo y nacionalismo, y las contradicciones que entre ellos (los conceptos) han surgido a lo largo de la historia del socialismo”.
Átenme esta mosca por el rabo: socialismo e izquierda. Aceite y agua, noche y día, arriba y abajo, cerca y lejos, razón y pasión, realidad y mito, justicia social y mitología… El abecedario. Barrio Sésamo.
Pues ahí seguimos, sin saber cómo conciliar ni contener ese virus que nos tiene asolados desde hace tantos años. De hecho, cuando despertemos, el coronavirus se habrá ido (esperemos) y la contradicción izquierda nacionalismo seguirá ahí.
Ah, y estas palabras las escribo del PSOE, el partido que navega menos mal por este mar proceloso y lleno de tormentas.

lunes, 9 de marzo de 2020

DESCOMUNAL


 DESCOMUNAL

No me cabe duda de que la palabra del año 2020 será la que designa a la dichosa y maldita epidemia, o sea, el término CORONAVIRUS. Esperemos que no sea su recuerdo demasiado duradero por sus negativas consecuencias. Veremos.
Hoy me distraigo con otra palabra que también amenaza con convertirse en epidemia. Se trata del adjetivo DESCOMUNAL. Hace no más de cinco años -y creo que estoy siendo demasiado generoso-, su uso era casi nulo, o, en todo caso, restringidísimo. Hoy ya ha alcanzado una frecuencia de uso muy grande y apuesto a que hará la competencia al coronavirus en su empuje.
Ayer lo escuché muchas veces en la retransmisión televisiva de un partido de fútbol. En una ocasión se decía literalmente que un jugador había metido un gol descomunal.
El DRAE lo define -como hace casi siempre con los adjetivos- con sinónimos: extraordinario, monstruoso, enorme, muy distinto de lo común en su línea. Sea.
Su etimología no ofrece muchas dudas: prefijos de- más ex, fusionados, lexema común y sufijo abundancial –al. Ninguna dificultad. Si acaso la aparente contradicción entre la abundancia del sufijo y la negación de los prefijos. Pero es algo muy frecuente en nuestra lengua.
Lo que aporta de novedoso es la amplitud de campos de realidad de los que se está apoderando. ¿Alguien se siente cómodo con el significado de esta frase: Hace un día descomunal? ¿Verdad que aquí nos han invadido vecinos que no estaban convidados a la fiesta? O dicho a la pata la llana: ¿a que esto suena mal? O con esta otra: La epidemia que nos invade es descomunal. Pues veremos dentro de poco tiempo si sentimos la misma extrañeza o la usamos de manera instintiva y ya se halla automatizada.
Es que las palabras, sin su sentido etimológico, no son nadie y pierden su identidad -como la pierden los nacionalistas e independentistas que reniegan de sus ancestros y de los lugares que los vieron nacer, a ellos o a sus antecesores-. ¡Descastados, que son unos descastados, por utilizar un eufemismo! Pero como la lengua es un organismo vivo que nace, crece, se reproduce y muere, así nos encontramos con modas y con olvidos a troche y moche, sin que tengamos demasiada conciencia de ello.
El caso que nos ocupa hoy, DESCOMUNAL, es un vivo ejemplo de este cambio continuo en el que nos movemos. De tal manera que no necesitará mutar, como necesita el virus, para convertirse en epidemia y para ganar espacios antes impensables. Pronto cualquier asunto puede resultar descomunal, aunque lo asistan connotaciones negativas. Hoy lo reservamos para hechos positivos y dignos de alabanzas. Pero estamos en ello.
Como se dice siempre, no se pongan puertas al campo; pero, por favor, que sean los que saben más de esto los que orienten los usos y los cambios. Aunque no sean locutores de televisión, ni entiendan demasiado de fútbol, ni se lleven al bolsillo sueldos descomunales.

viernes, 6 de marzo de 2020

PARA UNA CUARENTENA EN SOLITARIO



PARA UNA CUARENTENA EN SOLITARIO

No te asustes muy pronto:
puñaladas da muchas más el hambre.
No mires tu carnet,
que eres grupo de riesgo y te acobardas.
No beses y no abraces,
que picas y contagias con la barba.
No salgas a la calle:
verás cómo te guardan las distancias.
No comas con las mismas
cucharas con que comen los más próximos,
Por favor, no lo hagas,
que puedes contagiar y contagiarte
y te necesitamos
vivo para que pagues nuestros créditos
y el triste menudeo
que completa la cesta de la compra.

Por si sirve de algo,
te aconsejo que escapes a ti mismo,
a tus adentros siempre,
en busca de otra fiebre más potente,
y acaso te descubras
en una posición más ventajosa
para matar el virus
que corona tu vida a cada instante.

miércoles, 4 de marzo de 2020

VARIACIONES



VARIACIONES

Todos fuimos del tiempo en el que habita
 la luz y el resplandor de la inocencia.

Pienso en mi propia infancia y me parece
que miro la de todos los que un día
tan solo fueron niños, esa etapa
que nadie sabe bien en qué consiste,
que es láudano, es edén y no pregunta
por qué ni para qué: es y eso basta.
El encanto de ser tan solo aquello
que estaba destinado a ser nosotros,
sin causas ni tampoco consecuencias.

Allí las carboneras en el monte,
los zancos y los aros por las calles,
las latas con carbón haciendo ascuas
para entrar al refugio de la escuela,
los ríos, los ancianos, los maestros…
Los días en que amábamos la vida
como un día de fiesta inagotable.  

El tiempo puso coto a todo aquello
con soles y tormentas que dejaron
un rastro indefinido de naufragio
y el trabajo tenaz de la conciencia.

Ya lo dijo el poeta:
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde.

martes, 3 de marzo de 2020

DEL VERDE AL AMARILLO



DEL VERDE AL AMARILLO

Aquel era otro tiempo más sencillo:
la vida y los deseos andaban paralelos
y jugaban las cartas en la misma partida.
La tarde era lo mismo en mis palabras
que en mis juegos y tumbos por la calle;
solo decía domingo si sonaba el perfil de las campanas
con el tono preciso del domingo.

Hoy es todo distinto.

A veces siento miedo de sentarme
a dibujar palabras sobre el fondo
de una página en blanco de papel.
Temo no ser yo mismo y alejarme
demasiado del ritmo de la vida,
del roce de mis manos con mi mente,
de olvidar el camino de la rosa
perdido en el perfil de su concepto,
de conjugar tan solo los pronombres
y no estar a los nombres que me llaman.

Son páginas del álbum de la vida
con fotos que se miran y se extrañan.