lunes, 9 de abril de 2012

"Y YÉNDOLOS MIRANDO"


De pronto fue la luz,
que se cuajó en el cielo alborozada,
con esa faz purísima
que desnuda las vestes de la naturaleza
en este mes de abril.

Era el azul muy denso y en la sierra
deslumbraba la nieve en sus destellos.
Las sendas, los caminos, las veredas
fijaban sus carteles hacia el agua
que allá, en el horizonte, entre pinares,
resguardaba los ecos de tu nombre
en los huecos sencillos de tus pasos
que hollaron sus orillas otras veces.

Los robles, los castaños y los pinos
daban ecos de ti, por ti entonaban
los himnos de ternura en verdes claros,
con signos de incipiente primavera.
Allí vimos los troncos que, en sus senos,
guardaban el sentir de tus palabras,
la hermosa dulcedumbre de las flores
de cerezos y prunos,
y aquel olor, recuerdo de humedades
lejanas y dispersas.

 Fue tibia la mañana en el sendero
que llevó nuestros pasos
camino del pantano, pulso a pulso
contra el poder del cielo.
El valle y los regatos dialogaban
mientras nuestros sentidos
veían verterse el sol
hermoso contra el valle y contra el cielo.

Y fuimos otra vez cuerpos al viento,
sencillos en la luz, cerca del agua,
infinitesimales ecos limpios
de un latido sin más de la conciencia
vital y agradecida de la naturaleza.
Nada más, nada menos, solo eso.

viernes, 6 de abril de 2012

UN BUEN RECUERDO


Ayer me mojé entero y satisfecho, por los hondos caminos del río y de la sierra. Después, en Candelario, bajo un porche, comí mis buenos dulces y bebí mi mejor vino. Manolo siempre lleva buenas cosas. Allí, bajo un chaparrón de lluvia y de alegría, sentí que era otra vez la primavera, la de verdad, la buena. El agua era la dueña de las cosas. Recordé que en el hermoso pueblo de Candelario acostumbran a representar una pasión viviente en estos días. Y recordé también que hace algunos años publiqué un poema como recuerdo de mi visita a tal representación. Manolo me pidió que lo subiera al blog. Aquí está. Era tal día como hoy. La naturaleza que nos acogía también era muy semejante.
VIERNES SANTO EN CANDELARIO
Cómo te desplomabas desde el cielo,
Cuesta de la Romana, Candelario,
Vía Crucis viviente, Viernes Santo.

A duras penas descendía el cortejo
con nuestra cruz a cuestas,
en ese simulacro de escalera,
hacia el Gólgota humano,
donde exponer sin tasa ni pudores
las humanas miserias
delante de los ojos de las cámaras
y la mirada mórbida
de los espectadores de la calle.

Todo el mundo escudriña los detalles
que hacen de aquel calvario una secuencia
de dolor y abandono:
la madre inconsolable con su hijo,
las mujeres llorando,
el cirineo a sueldo
de solidaridad.

En lo alto de la Cuesta,
tres cruces y una madre nos miraban
a todos, forasteros
del drama de la muerte y de la vida.

Yo he visto, en el fondo de los ojos
de la mujer serrana,
la mirada infinita y turbadora
de la Pietà di Roma,
trasladada ex profeso a Candelario
para cegar mi mente y provocarme
lo más intenso que soñar pudiera.

Viernes Santo en la sierra.
Nevaba tiernamente desde el cielo
mientras a duras penas
el cortejo, con sus pasos
serenos y distantes,
aumentaba el calor de mis miserias
de espectador imbécil
en el transcurso rítmico del tiempo.

jueves, 5 de abril de 2012

LA ÚLTIMA CLASE DEL TRIMESTRE

Aquella mañana, como cada día, se habían reunido el maestro y sus discípulos, no para comer ni celebrar ninguna Pascua, sino para completar la última clase del trimestre. Las vacaciones de Semana Santa se acercaban y todos tenían ganas de dejar por unos días los libros para dar sus cuerpos a la naturaleza y a la llegada del buen tiempo.
Habían puesto fin a una tanda de ejercicios. El maestro esperó a que todos los alumnos quedaran en silencio. Utilizó para ello el mismo  método de siempre: se acercó a la ventana, contempló el exterior y aguardó a que todos, desde su silencio, entendieran que el trabajo no podía comenzar sin la atención general.
-          Hoy vamos a ejercitar la escritura colectiva. Crearemos entre todos un texto en el que vamos a verter un decálogo de posibilidades que definan algo que en otros tiempos de imposiciones religiosas se llamaba el Día del Amor Fraterno.
En la primera fila, un alumno levantó la mano y el maestro le concedió turno de palabra:
-          Maestro, yo no soy católico y este asunto a mí no me interesa. ¿No puedo practicar con otro título diferente?
-          Te pido un esfuerzo y un acto de buena voluntad. Y os lo pido a todos, sea cual sea vuestra situación personal –dijo alzando la voz.
Había otras dos manos levantadas pero, en cuanto oyeron estas palabras, volvieron a su sitio. El maestro prosiguió con voz tranquila:
-          Tenéis cinco minutos para pensar en alguna breve frase que represente para vosotros esta afirmación del Amor Fraterno. Después las comunicaremos y las uniremos para ver cuáles son nuestros pensamientos. No olvidéis las enseñanzas de tipo formal que en nuestras clases hemos aprendido. Será este un ejercicio más en el que mostraréis, aunque no os lo parezca, vuestros conocimientos.
La clase mostró primero un aspecto de extrañeza, luego de silencio y, por fin, de concentración. Al cabo de unos momentos, algún alumno comenzó a escribir en su cuaderno. Poco después, todos habían anotado algunas ideas que guardaban como si les diera pudor que sus compañeros las conocieran.
Comenzó pronto el recuento. El ejercicio era sencillo: el alumno leía y el maestro escribía en la pizarra, los demás también pasaban a sus cuadernos lo que veían en el encerado.
-          El Día del Amor Fraterno no debería de ser un día sino un día detrás de otro -dijo el primero.
-          Revisa la última parte de la frase, incluyendo el uso verbal, y verás que puedes mejorarla en redacción y en significado –contestó el maestro.
-          Fraterno procede de frater, sustantivo de la tercera declinación, como pater o mater. Lo aprendí el primer curso de latín, con un profesor al que le gustaban las chicas con minifalda –dijo otro.
-          Coño, como a mí –añadió enseguida un alumno de la tercera fila.
-          Un poco de silencio. Mantened el orden, por favor, y dejad de hacer bromas baratas. El siguiente –dijo mientras se volvía hacia la pizarra para seguir escribiendo.
-          Esto de fraterno se tiene que aplicar no solo a los hermanos de casa sino a las personas que comparten con nosotros la vida, a nuestros amigos, a nuestros vecinos y a todos los que nos rodean.
-          Celebrar el amor fraterno tal vez sea ceder para que todos tengan las mismas oportunidades, para que todos se sientan como hijos de una misma familia, o sea, hermanos.
-          Pero los hermanos tienen distintos gustos y diferentes opiniones –añadió uno más-. La mejor celebración será la de escuchar y respetar esa variedad de opciones.
-          El amor fraterno es que yo tenga lo mismo que mi vecino y que el otro vecino tenga las mismas opciones que yo.
-          No hay amor fraterno si la igualdad solo se predica y no se practica en la realidad.
-          El amor fraterno es no querer para los otros lo que no quieres para ti.
-          Eso es solo un tópico –respondió el de al lado saltándose el turno.
-          El amor fraterno es tal vez hacer que los tópicos no sean solo tópicos sino realidades.
-          El amor fraterno solo se puede conjugar en plural. Es un sintagma especial, de esos que aprendimos hace ya muchas semanas.
-          A mí me gustaría practicar el amor fraterno en mi casa, pero no tengo hermanos para hacerlo.
-          Yo tengo varios pero no creo que pueda con ellos pues mis relaciones no son muy buenas.
-          Amor fraterno es ayudar a los que menos posibilidades tienen de nuestra clase.
En la última mesa se sentaba un alumno menudo y avispado.
-          Oiga, maestro, yo creo que mis compañeros han dicho cosas espontáneas que se les han ido ocurriendo al paso. Son cosas que todos podemos entender y nosotros no somos maestros ni profetas ni nada parecido.
El maestro lo miró fijamente; después miró lentamente a todos los demás y les dijo:
-          Apuntad también las palabras de vuestro compañero como una buena forma de definir el contenido y el significado del sintagma que habíamos propuesto al principio. Y añadid lo siguiente: “Estas normas las hemos creado nosotros mismos, no el maestro ni ninguna otra persona.”
-          Después se volvió, recogió su cartera y se despidió: “Hasta dentro de diez días. Y no olvidéis que vuestro sentido común es vuestro verdadero maestro.”
-          Los alumnos también recogieron sus cuadernos y abandonaron la clase con una sensación entre desconcertante y desorientada.

miércoles, 4 de abril de 2012

UN SINDIÓS


                           “NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y A LAS RIQUEZAS”
Mateo 24
Aquí no hay más dios que el dinero y esto así es un sindiós. La Semana Santa, que tendría que se el mejor ejemplo para separar la religión y el dinero, resulta ser uno de los mejores exponentes de su maridaje. No hay pueblo que se precie que no ande a la greña por conseguir que sus procesiones alcancen notoriedad y atraigan al mayor número posible de visitantes. De esa manera, sus restaurantes se llenan, sus bares no se vacían y los comercios justifican su apertura. No quisiera caer tampoco en posturas maniqueas, pues algo de devoción quedará por los adentros, pero me parece que la balanza se vence sin remedio por el lado del turismo y de los euros.
Pero no solo ocurre con las manifestaciones religiosas. Que el dinero es el único dios al que todo se supedita lo demuestra la realidad en todo momento y lugar. Lo que huela a dinero está bien y siempre queda justificado a pesar de cualquier atropello; lo que no, sencillamente no existe o no interesa. El bosque anda plagado de árboles de esta especie.
En la ciudad en la que vivo, los equipos de gobierno se han afanado en dar facilidades especiales (permisos, solares, exenciones…) a cualquier proyecto que, sobre el papel, ofreciera la creación de algún puesto de trabajo. Después, la realidad se ha mostrado siempre mucho más gruesa y cargada de grises, cuando no directamente de engaños. La tentación es grande y las presiones ciudadanas lo son también. No es sencillo sustraerse a ellas. Baste para considerar el ejemplo de la Condesa. ¿Se imagina alguien qué habría sucedido si se hubiera rechazado en el Ayuntamiento? Es solo un ejemplo local.
Estos días asistimos a una lucha sin cuartel, por parte de los representantes públicos de Madrid y de Cataluña, para hacerse con un complejo que llaman Eurovegas y que, por el nombre y antecedentes, bien se puede entender qué tipo de actividad se puede desarrollar en él, qué escala de valores es la que sustentará su uso y cuánta dudosa legalidad campará por sus respetos en sus salas y en sus mundos. Una joyita. Pues ahí andan, bajándose los pantalones hasta ver quién consigue la pose más indecorosa con tal de poder decir que se llevan el proyecto y que el PIB subirá temporalmente no sé cuánto.
Mientras tanto, las personas que se hallan en paro laboral miran al cielo, esperando cualquier maná que les ayude a situarse en la estructura y en la rueda de la vida y del sistema actual. Cuando la situación es de crisis, en muchos casos jaleada para poder actuar con las manos libres sobre ella, entonces la tentación se torna casi irresistible y un buen número de personas se opone a cualquier razonamiento y posibilidad que no incluya, a cualquier precio, ese dorado maná del puesto de trabajo. Tienen toda la disculpa del mundo, pero no es precisamente seguro que tengan razón.
Sigo creyendo en la necesidad de pensar con calma, de nuevo, en las bondades o maldades del sistema que nos obliga a casi todo y que nos conduce como corderitos en su seno. Humildemente vuelvo a formular la pregunta acerca de si hoy se cultiva el mismo número de tomates, de patatas o de arroz que hace cuatro años. El sentido común me responde que sí, e incluso me asegura que más. Entonces yo le respondo que lo que nos falla no es la producción sino la distribución. E inmediatamente caigo en la cuenta de que es el sistema el que realmente nos falla, o nosotros defendiendo ese sistema. Y me pregunto si no habría que repensarlo, si no habría que darle una vuelta al asunto por si acaso descubriéramos que hay que cambiarlo por otro en el que la persona sea la base de todo y no los dineros, por otro en el que no exista mayor valor que el de ser persona precisamente, por otro en el que unos pocos no puedan imponer su voluntad a la mayoría de los ciudadanos.
Y, cuando llego a esta parte del razonamiento, me desanimo y me pierdo en mi impotencia y me digo si no seré un analfabeto o un iluminado. Y a veces me indigno y respondo con un respingo irreverente: “anda y que os den, que yo, de momento, llego a fin de mes”. Y enseguida reconozco que esa no es solución.
Así que, entre eurovegas y semanas santas, se me va pasando el tiempo, sin saber encontrar alguna otra forma que me deje un poquito más satisfecho.
Tal vez mi nieta, que vendrá pasado mañana…

martes, 3 de abril de 2012

CON EL MIEDO A CUESTAS


Andamos ya metidos de lleno en las manifestaciones que por estas fechas llenan las calles de muchas ciudades de España, en la Semana Santa. Me sigo preguntando, sin encontrar respuesta razonable, por el carácter de las principales manifestaciones de esa semana, o sea, por las procesiones; y, en general, por el carácter de susto y hasta de miedo que anida en el fondo de los textos de esta religión, y en todas las del Libro.
Las procesiones echan a la calle el dolor y la pena, el temor y el susto. ¿Por qué? ¿Cómo es posible un Dios de miedo y de temor? ¿Cómo se puede desprender de su infinito poder, de su inabarcable bondad, de sus planes para el ser humano y para las creaturas en general, otra cosa que no sean la alegría, el amor y la felicidad? ¿De dónde se puede deducir que el Dios nos tiene que tener acobardados y temerosos hasta el momento de la salvación? Esto no tiene sentido de ninguna manera. Si acaso como adormidera y como acongojo. No puede ser, no puede ser. Esto, por desgracia, explicaría demasiados episodios de la Historia. Lo malo es que todos los textos abundan en esa idea. Me gusta volver a los textos sagrados en estas fechas, con el ánimo de hallar en ellos explicación a algo y para aliviar las otras sensaciones de las apariencias de las calles.
Hoy repasé el libro final, el que parece que pone límite al proceso de salvación, ese proceso inventado por Dios cuando se le ocurrió la creación humana, ese que digo yo de vez en cuando que ya se le había podido ocurrir simplificarlo, sin necesidad de sacrificar a su hijo ni de tenernos a todos en vilo durante toda la vida. Es el Apocalipsis. De él copio casi al azar un párrafo que da buena media de lo que digo. Es un texto hermoso en lo formal y literario, pero que asusta a quien quiera imaginarse en tal situación. Es verdad que el contraste en un texto destaca mejor cada uno de los dos polos, pero es que vaya unos tonitos que se gasta…
Ahí va la bestia segunda suelta y sin freno (Cuarta parte): “Si alguno tiene oídos, que oiga. Si alguno está destinado a la cautividad, a la cautividad irá; si alguno mata por la espada, por la espada morirá. En esto está la paciencia y la fe de los santos. Vi otra bestia que subía de la tierra y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón. Ejerció toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella e hizo que la tierra y todos los moradores de ella adorasen a la primera bestia, cuya llaga mortal había sido curada. Hizo grandes señales, hasta hacer bajar fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Extravió a los moradores de la tierra con las señales que le fue dado ejecutar delante de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que hiciesen una imagen en honor de la bestia, que tiene una herida de espada y que ha revivido. Fuele dado infundir espíritu en la imagen de la bestia para que hablase la imagen e hiciese morir a cuantos no se postrasen ante la imagen de la bestia, e hizo que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se les imprimiese una marca en la mano derecha y en la frente, y que nadie pudiese comprar o vender sino el que tuviere la marca, el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí está la sabiduría. El que tenga inteligencia calcule el número de la bestia, porque es número de hombre. Su número es seiscientos sesenta y seis.”
Vaya un atracón. Todavía ando asustado y mirando por los pasillos por si acaso aparece la maldita bestia. ¿Por qué jugar a asustar? ¿Por qué vivir en el miedo? “Oh, no eres tú mi cantar…”

lunes, 2 de abril de 2012

DE LAS FORMAS DE APRENDER

En los últimos días me he visto de nuevo en referencias directas del mundo de la educación: un jefe de estudios dimitido por culpa de un ejerciente escasamente alfabetizado, algunas lecturas, el fin del trimestre… No ejerzo ya la docencia, salvo las clases de la UNED del martes, pero el asunto de la enseñanza me sigue llamando con fuerza. Ha sido toda mi vida en sus parámetros y eso no se olvida con facilidad.
Revisaba hace unas horas un libro de Psicología del conocimiento y me volvían a la memoria las horas en las aulas y las formas o disformas de ejercer la enseñanza.
Hace ya muchos años, se me pidió un trabajo extenso en el que debía explicar lo que yo entendía qué era mi asignatura y las mejores formas que se me alcanzaban para llevarla a la práctica en las aulas. Era mi Memoria de Cátedra. Aún la reviso de vez en cuando y me sigue gustando lo que en sus páginas dejé escrito.
Pero sigo pensando también si realmente se llevará a la práctica mucha o escasa parte de lo que dictan la razón y el sentido común. Y mi opinión no es muy positiva. Siempre viví las disputas entre quienes ponían el acento en los contenidos y aquellos que querían destacar la importancia de las formas al lado de los contenidos. Nunca llegó la sangre al río, porque todo el mundo tenía algo de razón, que no la misma, y porque todo el mundo seguía en sus trece por mucho que las palabras y los razonamientos dijeran lo que dijeran.
Parece evidente que no se pueden construir formas sin unos contenidos que se presten a ser moldeados. Eso es como si discutiéramos que la Tierra gira de una forma o de otra si no admitimos que existe la Tierra. Eso solo lo discuten los tontos. Pero es que hay gente que se empeña en no pasar de la afirmación de que hay Tierra.
Cuando redacté mi Memoria de Cátedra, estaba muy en boga el Constructivismo. A mí me parece, hasta donde conozco sus rudimentos, una buena teoría y la defendí. Creo que con solvencia. Podía haber sido otra concepción formal. Lo importante era, y es, asegurar que los contenidos se atienen a unos fines, y que poco o nada valen por sí mismos. Enseñamos teoremas matemáticos o fenómenos lingüísticos para algo, con alguna finalidad, al servicio de algo superior como es la propia persona que recibe las enseñanzas. Y, además, la adquisición de los elementos de conocimiento se tienen que hacer de una manera ordenada y no a toque de tambor, sumando apuntes por sumar, llenando temas y más temas o memorizando datos hasta deslumbrar en un papel el día horroroso del examen.
Me pregunto, por ejemplo, qué tanto por ciento de enseñantes conoce y aplica conceptos referidos al aprendizaje como estos: pirámide de necesidades de Maslow, pensamiento reproductivo y pensamiento productivo, proceso de construcción, teoría del equilibrio de las estructuras, adaptación, organización, asimilación, acomodación, anticipación, construcción…
Esto que, a primera vista, puede resultar extraño no es otra cosa que ordenar ideas y entender que la asimilación de conocimientos se realiza en unas condiciones, y que conocer y explotar esas condiciones te lleva y, sobre todo, lleva al alumno a un éxito mucho mayor y permanente. Y que, de un buen conocimiento y de un buen aprendizaje, andan lejos las exhibiciones de todo tipo, los atracones sin sentido, los exámenes que únicamente seleccionan y las divisiones en vencedores y vencidos que tanto gustan a esta sociedad en la que vivimos. Menos mal que todo hijo de vecino -quiero decir cualquier enseñante- posee, aunque no sea consciente de ello, una cosa que, de manera un poco cursi, se denomina currículo oculto; pero parece poca cosa en asunto tan importante.
Curiosamente, estas formas de concebir el aprendizaje y de impartir enseñanzas tan diversas corresponden casi milimétricamente con otras formas igualmente tan diversas de entender la vida en todas sus facetas. También en la faceta política. No es nada difícil imaginar hacia qué campo apunta cada cual.

domingo, 1 de abril de 2012