jueves, 26 de febrero de 2015

RÍO ABAJO


RÍO ABAJO

Me miro en el espejo y me descubro
como un río caudal y ya cansado,
que arrastra en su corriente
todo lo que a su paso se le ha ido
poniendo del color de la mirada.
Hay gotas cristalinas que se mezclan
con puñados de barro; hay un recuerdo
difuso de un lejano territorio
en el que alguien jugaba siendo niño,
y hay crecidas y estíos, hay remansos
convocados
todos a perseguirme por el cauce.

Todo lo que pasó se precipita
hacia el rostro impreciso de la tarde;
no es posible el regreso
para cambiar el curso de la historia.


Así hemos de seguir, haciendo cauce,
engordando el fulgor de las orillas
y dejando que un día, cualquier día,
lo que viene empujando y nos persigue
nos quiera dar alcance y, con su fuerza,
nos lleve la corriente

camino del azar y de la muerte.

miércoles, 25 de febrero de 2015

ROMANCE DEL "CALORET"



          ROMANCE DEL “CALORET”
La señora alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, se ha despachado con un intento balbuciente de discurso en el comienzo de las fiestas falleras que más da pudor y vergüenza ajena que anima a la diversión. Si su balbuceo se produjo por el desconocimiento de la lengua oficial de la ciudad que preside, malo, muy malo; si lo fue por haber empinado más de la cuenta, peor; si lo fue por ambas cosas, que venga el cielo y la juzgue. Qué estampa, dios mío. Pero no hay cuidado: volverá a presentarse como candidata a la alcaldía y volverá a ganar por mayoría todavía más absoluta. Bien se merece un romancillo de rechazo.
ROMANCE DEL “CALORET”
Al “caloret”, valencianos,
que es febrero y veintitrés
y en unos escasos días
las Fallas y san José.
Al caloret de la noche,
al caloret del tonel,
a colocarse y al loro
como una vez dijo aquel.
Ay, Undivé.

¿No veis como yo he bebido
y estoy en el caloret?
Estoy harta y satisfecha
de comer y de beber
pero vacila mi lengua
con esto del caloret.
Aquí vengo a saludaros
y a proponeros también
que el caloret os anime
a la fiesta y al cuplé.
Ay, Undivé

Vengan desde todas partes,
de Madrid y de Teruel,
de Nueva York o de Flandes,
o que vengan del Tibet
a comer, beber, a holgarse
y a sentir el caloret.
Que llenen bien las tinajas,
que llenen un gran tonel
del más fino de Valencia
y también del de Jerez.
Tenedlo bien escondido
y no me cedáis la vez,
pues juro que si lo encuentro
me lo tengo que beber.
¿Cómo podré, si no, hablaros
del mundo del caloret?
Ay, Undivé.

Si queréis conocer lenguas
de mí podéis aprender,
que invento palabras nuevas
en valenciano también;
con esto queda bien claro
que yo en tiempos fui a EGB
(que aprobara o suspendiera
por dios que no lo diré).
Ay, Undivé.

Allí le ríen las gracias,
allí la genta la ve,
se miran unos a otros
sin explicarse el porqué
de aquel balbuceo de Rita
Barberá la del tupé.
Ella sigue en la baranda
cumpliendo aquel paripé,
pues no tiene ni ha tenido
pudor ni un poco de fe
 en que la idea y la palabra
algo de razón le den.
Ay, Undivé.

Después retorna a las calles,
a los medios y al parné,
bien pagada y bien comida,
bien bebida, bien, bien, bien.
Saca pecho, luce risas,
se desahoga, dice que
será madre y creadora
de neologismos al bies.
Y se marcha risa en ristre
recibiendo el parabién
de bastantes valencianos
de parecido nivel
que votarán en las urnas
lo mismo que la otra vez.
Ay, Undivé.

El juglar también se asusta
ante la gente de bien,
pide perdón, pide a todos
un poquito de comer
y pide que a la alcaldesa
la manden a la EGB,
o a un centro donde se aplique
ley seca para la sed.

Ay, Undivé, Undivé.

martes, 24 de febrero de 2015

EL ESTADO DE LA NACIÓN NO ES EL DEBATE



2015-02-23                    EL ESTADO DE LA NACIÓN NO ES EL DEBATE
Escribo estas líneas de reflexión un día antes de que comience el espectáculo, el bufet libre para la comida de los medios de comunicación, el ojo del cielo para que los ciudadanos se iluminen, la llegada del espíritu santo en forma de paloma vocinglera sobre un estrado, el advenimiento del juicio final en chancletas…, el Debate sobre el estado de la nación.
Todo el mundo sabe cuál es el guion de la película, todos nos conocemos el percal mental con el que cada uno va a acudir a la pasarela. Y, sobre todo, ya conocemos la selección que de la película nos van a trasladar los medios de comunicación, los creadores de opinión y los papagayos varios. De nuevo serán los portavoces y no las ideas los que saldrán a medirse a un cuadrilátero en el que lo importante para la gran mayoría de los tontos es quién ha dado el golpe más certero en el rostro del de enfrente y quién consigue tirar a la lona al oponente. Los espectadores en buena parte aplaudirán con las orejas según su parecer o su afiliación y, al cabo de una semana, después de una gavilla de buenas intenciones en forma de proposiciones, aquí paz y después gloria.
Siempre me he preguntado por qué se visualiza casi todo en la imagen de la lucha y en el resultado de vencedores y vencidos. Y aún más por el entusiasmo con el que son acogidos los golpes bajos por los espectadores presentes y lejanos. ¿Pero no es lo que interesa el estado de la nación?, ¿no son los ciudadanos los destinatarios de lo que allí se acuerde?, ¿no somos todos juntos los que nos beneficiamos o nos perjudicamos con la vida social, con la res publica? ¿Por qué ni siquiera concebimos que un orador agradezca a algún otro los esfuerzos que hace, las aportaciones que propone o la buena voluntad que exhibe para conseguir mejores logros? Es que ni siquiera lo concebimos. Aquí se da por cierto como hecho absoluto que unos están para gobernar y otros para echar por tierra todo lo que se propone. Y, así, andamos sin tregua en una lucha que a mí me desanima, que me aburre y me pone de los nervios, que me aparta y me recluye en mi propio laberinto personal. Creo que esto es mala cosa y no ayuda a vivir con algo de ánimo. Y lo peor es que tengo la impresión de que este estado de agitación y de enemistad lo hemos trasladado a todos los terrenos de la vida. Esto, de ser verdad, sí que empobrece a la comunidad mucho más que el PIB, el POB y toda su parentela. Pero ya se sabe que, para un grupo muy amplio de personas, lo que no son cuentas son cuentos. Pobrecillos.
En ningún caso quiero yo que nadie renuncie a sus ideas (que las tenga, por favor, para poder perderlas o mantenerlas; si no, ni siquiera se puede hablar de esto) ni que no las exponga con firmeza y convicción. Pero, por dios, porque son sus ideas, no por darle un porrazo a su adversario ni por reafirmarse como guía ante los suyos, que es lo único que se hace visible y parece que importa. No se me ocurre cómo yo podría decir amén al índice de ideas? de la derecha: no me encuentro en ellas y casi nada me aproxima. Pero, coño, algo habrá de bueno o de menos malo. Reconózcase, que no se caen los anillos por eso; al revés, se dignifica uno y hasta se compadece del de enfrente. Se lo pido a la izquierda sobre todo: de la otra parte he perdido ya casi toda esperanza pues creo que está en su ADN desbaratar al otro y hacerse los campeones y los jefes a costa de cualquier medio posible. La experiencia es muy tozuda y reveladora.
Es tiempo de campaña todo el año. No sé si aun así habrá gente que asista al espectáculo. Importan los portavoces, por supuesto; pero los portavoces llevan las voces, ponen son y ritmo a unas ideas. ¿A cuáles? Solo los grupos más pequeños se manifiestan algo más coherentes y menos mediáticos, aunque todos arriman el ascua a su sardina. Pero a estos ya ni caso se les hace. De nuevo son los medios los que mandan silencio y cuerpo a tierra. Qué estulticia tan grande, qué mentira tan gorda.
Lo ciclos se repiten sin descanso: la luz vuelve a su sitio cada tarde; los óscar son los reyes de febrero cada año, con el mundo a sus pies y papanatas; don Antonio cumplió su aniversario como siempre en febrero 22;el pan me llega tierno en la mañana; Rubén cumple seis meses…; nada cambia.
La nación se congela y el debate se transforma en un circo con leones que rugen. Hay mucho que cambiar; hay mucho que cambiar; hay mucho que cambiar.

lunes, 23 de febrero de 2015

EN EL MISMO LUGAR


EN EL MISMO LUGAR

Lugar de destrucción y de ceniza.
Aquí la luz cedió a la fuerza de la sombra,
al discurrir sin fin del laberinto,
al misterio y silencio del invierno.

Lugar de claridad y nacimiento.
La sombra de su ser se ha despojado,
la muerte se ha olvidado y hay indicios
de nueva primavera en el vacío.

Yo he bebido la luz y sus metáforas,
me he refugiado en ella, he caminado
por senderos de sombra entre las brumas,
me he perdido en mitad del laberinto.

Se me revelan hoy la luz y la conciencia
de que todo se apaga y se convierte en fuego
cuando la llama es aire y va de vuelo
hacia el lugar donde todo renace.
 

sábado, 21 de febrero de 2015

LA PLENITUD DEL ÁRBOL



LA PLENITUD DEL ÁRBOL
(magnolio en el Convento de San Francisco)
De pronto vi la imagen  más altiva
de aspiración al cielo en el magnolio.
Sus hojas en la copa  se besaban
con el perfil del aire en los tejados,
y era su flecha una canción  de luz
frente a la sinrazón de las tormentas.
Al tronco se abrazaban el paso de los años,
las lunas y los rayos, los vestigios
de todo crecimiento, la memoria
de la celebración de tantos nombres,
los ecos de los sones celestes en los claustros.
Suspiraban las raíces por la savia
y por la fuente oscura
de manantiales hondos y escondidos,
por descifrar el centro y el vacío.

Todo él era perfecto centinela,
monje esculpido y denso
con los votos perpetuos, evidencia
del paso inexorable de los restos del tiempo.

Yo también era un árbol sorprendido
en el jardín sencillo y recoleto,
al lado del magnolio y de la fuente
que manaba oraciones en silencio.

La luz se desnudaba en todo lo visible y lo invisible,
y yo abrazaba al árbol con la fuerza
de dos fieles amantes,
que se descubren íntimos

en el silencio gris de las estatuas.

jueves, 19 de febrero de 2015

QUÉ ME VAS A CONTAR...


De vez en cuando leo algún libro que repasa, en forma casi autobiográfica, algún período de nuestra historia. Muchos, casi todos, se refieren a la posguerra. Es lo que toca, por sus características especiales y por el perfil vital de los que los escriben. Supongo que pronto empezarán a aparecer lo libros que repasen períodos más recientes, según se hayan ido acomodando en la nostalgia del pasado. Entonces, estos que apuntan a la posguerra empezarán a tener otro sentido y a ser mirados como reliquias de otros tiempos más alejados.
El último lo he leído hace tan solo dos o tres días.
Observo en todos ellos la tendencia a cargar las tintas  en el deseo de presentar un panorama peor aún del que la realidad nos trajo. Es algo disculpable por múltiples razones y solo hay que saber leerlos con la ternura y con la benevolencia de quien seguramente empatiza pronto con ese espacio de la niñez y de las dificultades especiales de aquellos años.
Pero reposo las imágenes y, además de sentirme enseguida un protagonista más, me confirmo casi siempre en la idea de que, por desgracia (o por gracia), a mí creo que me fue aún peor de lo que en estos libros se describe. Así en la situación económica, en las dificultades familiares, en el aislamiento geográfico y cultural…
Y, sin embargo, siempre he vuelto a mi niñez como territorio edénico y de nostalgia. Los mismos elementos que, simplemente descritos, pueden parecer muy restrictivos se me tornan escenas casi sublimes y del mundo imaginario en positivo. Supongo que, en realidad, es porque la curva vital creo que, para mí, siempre se ha ido alzando en positivo (en negativo lo tenía muy difícil). Por eso, tal vez mirado desde ahora, aquellos primeros años son como un paréntesis, como una habitación sagrada, como una rampa de lanzamiento hacia ninguna parte…; qué sé yo, como algo que, acaso por contraste, no hace más que crecer y crecer en mi imaginación. De esa manera, cualquier dificultad parece que desearía que hubiera sido incluso más ardua para sentirme ahora más contento desde la superación y desde la lejanía. Seguramente, entonces, no tiene ningún mérito encarecer demasiado nada. Tampoco por mi parte, por supuesto.
Sin embargo, sí me sirve para ponerme gallito de vez en cuando al comparar lo que se cuenta por ahí como algo digno de la mayor alabanza y lo que me tocó vivir y casi soñar en los años de mi niñez. Cuando oigo a gente de cierta edad encarecer elementos de su niñez me pregunto con frecuencia qué tendría que hacer entonces yo a la vista de lo que me cuentan y de lo que viví.
Los primeros años de mi niñez corresponden a los años cincuenta del siglo pasado, en un pueblo aislado, serrano y pequeñito, en una familia de carboneros (de hacer carbón, no de vender) y con nueve hijos pidiendo pan. Es índice suficiente para imaginarse el panorama sin necesidad de describirlo.
Pues todo lo recuerdo con nostalgia y con amor, con asombro y hasta con un pelín de regocijo y arrogancia. Una visión de este tenor la vertí en la novela “El manantial sonoro”.
Acaso la memoria nos ayude y nos salve guardando en sus archivos los hechos menos negros y dibujándolos en un tono amable y positivo.

No son tampoco los de ahora mismo los mejores tiempos para tantas familias que, en estos malditos años, apenas si consiguen atisbar la presencia del mes siguiente con algo de calma. Aunque, a pesar de todo, la dureza no es tanta, tal vez dentro de algunos años no pocos los recuerden con algo de nostalgia y de cariño. Que la memoria les seleccione los ratos positivos y que estén aguardando la llamada del canto y no del llanto. Lo demás es mejor que se muera en los brazos del olvido.

miércoles, 18 de febrero de 2015

VENGANZA VERDADERA


VENGANZA VERDADERA

Siempre el destino vence. Hasta los dioses
saben de su poder. Es su venganza
la desaparición en el olvido.
Pero hay algo peor: tal vez no sepa
que también el olvido es su destino:
se olvidará el olvido de olvidarse,

y será también noche, ausencia, nada.