viernes, 29 de septiembre de 2017

DOS FUENTES PARA BEBER


1.- Me manda una persona próxima un libro y me invita a leerlo. El libro se titula Diez horas de Estat Català. El contexto me empuja y lo leo con avidez. El periodista Enrique de Angulo, testigo directo de los actos, recrea las horas de proclamación del Estat Català, por parte de Companys, en octubre de 1934. Fue apenas una noche.
El texto posee un sesgo centralista casi insoportable. No comparto esa postura en absoluto. Los datos hay que enumerarlos y después interpretarlos. Reniego de la interpretación que el autor hace, pero LOS INGREDIENTES Y LOS DATOS ESTÁN AHÍ, y esos no se los inventa.
El libro tiene vigencia por los acontecimientos de Cataluña. Creo que hay elementos diferentes, pero ¡coinciden tantos otros! Me gustaría mucho que los resultados no fueran los mismos de entonces, sobre todo en lo que a violencia se refiere. Pero tengo miedo, lo confieso.
2.- En nuestra página Libre Albedrío, leo la columna que ha colgado Manolo Casadiego, que ya parece que revive después de tanto tiempo postrado. Es una columna escrita por Lidia Falcón hace tan solo unos días y publicada en Diario 16. Aborda el mismo asunto, pensando en la actualidad. Suscribo lo que en ella se dice con escasos matices. Es esta:
La historia falseada
“El nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir a los trabajadores. “Carlos Marx
Leo los argumentos de la izquierda apoyando el “referéndum sobre la independencia” y la “autodeterminación” de Catalunya, y me entristezco. Además de pretender separar a los trabajadores y a las mujeres de los pueblos de España, enfrentándolos entre sí, además de haberse lanzado a ese proyecto para ocultar el latrocinio a que se han dedicado los próceres que han gobernado y gobiernan Cataluña, además de haber desmovilizado las protestas sociales que se desencadenaron cuando comenzó el gobierno de Artur Mas, han falseado la historia.
Comentaristas hay que, situándose en la izquierda, aseguran que la independencia de Cataluña no es una moda que surja de pronto sino que sus orígenes se sitúan en el siglo XVII, cuando el ejército español la ocupó.
Con estos mimbres- y otros más endebles todavía como la supuesta catalanofobia que padecen los “españoles” contra el pueblo catalán- hasta Izquierda Unida y la Junta Estatal Republicana aceptan el derecho de autodeterminación de los pueblos de España en sus manifiestos programáticos.
Miro los carteles del magnífico cartelista anarquista catalán Renau durante la Guerra Civil, donde se llama a la acción: “Per la Llibertad de Catalunya Ajudeu Madrid”, “Defensar Madrid es defensar Catalunya”.
Recuerdo la declaración de la Confederación Nacional de Trabajadores de que la única patria del proletariado es el sindicato, y oigo todavía las apasionadas palabras, sobre la unión de los proletarios, de mi abuela Regina de Lamo, anarquista, cuando en los años anteriores a la II República militaba con Lluís Companys en Barcelona –quien fue más tarde presidente de la Generalitat de Catalunya- , por el sindicalismo y el cooperativismo codo con codo con los obreros catalanes. Mi abuela era de Jaén.
Recuerdo la indignación que sentí cuando María Aurelia Campmany me espetó que todo el que hablaba castellano en Cataluña era fascista.
Esta perversión de lo que había sido la fraternal unión de las clases trabajadoras en España ha calado en los sectores de izquierda actuales que, presos del Síndrome de Estocolmo, están apoyando las demandas de la burguesía siempre esquilmadora del proletariado. Dividiéndolo entre catalanes y españoles, entre los de pura cepa y los charnegos, entre los españolistas y los catalanistas, los independentistas y los unionistas, los federalistas y los centralistas. Esos Mas y Puigdemont y Junqueras no se atreven a reclamar la pureza de su sangre como hacen los vascos, porque sería demasiado para un pueblo que se formó con iberos, fenicios, cartagineses, romanos, germanos, árabes, judíos, franceses, andaluces, aunque sería bueno que se leyera a Herribert Barrera.
Pero eso de la “identitat” y del “sentiment” que se airea para justificar el deseo de los catalanes de separarse de los demás españoles tiene ese tufillo. Al fin y al cabo ellos son diferentes, porque son mejores. Y todas las diferencias tienden al racismo.
En memoria de Regina de Lamo, de Buenaventura Durruti que murió en el frente de la Casa de Campo, de Federica Montseny que estará revolviéndose en su tumba al oír a los independentistas, de Renau y sus carteles llamando a los catalanes a defender Madrid, de todos los catalanes y las catalanas que lucharon por mantener la II República, que decía en su artículo 1º que “era una República de trabajadores de todas las clases”, escribo estas líneas que merecen más un libro, para desmontar la falsa historia que están contando los independentistas para apoyar sus demandas.
1.-   Cataluña es el nombre de un territorio, como tantos otros, no de una persona, y como tal no tiene derechos. Los derechos los poseemos los hombres y las mujeres del mundo. Y son iguales para todos –o deberían serlo.
2.- Los orígenes genéticos y raciales no diferencian a los seres humanos. El racismo es un invento de los más reaccionarios de las clases dominantes para sojuzgar a los esclavos y a los pueblos colonizados. Todos tenemos el mismo origen: la mona Lucy que se encontró en Etiopía. Y nuestro mapa genético es idéntico, y muy poco diferente del de los primates.
3.- Es falso que el pueblo catalán se enfrentara a Castilla y al rey Felipe V en 1714, reclamando la independencia. La Guerra de Sucesión, a la muerte de Carlos II sin heredero, fue una guerra dinástica como tantas de la época, para hacerse con el trono de España. Enfrentando a la monarquía francesa con la austríaca. Todas las casas reinantes querían entonces hacerse con el trono de España que era la primera potencia mundial. Intervinieron en ella los ejércitos de Austria, Francia, Inglaterra, Holanda, Italia, España, unos a favor del Habsburgo y otros del Borbón. Y si la Generalitat de Catalunya apoyó al austríaco, que representaba además en aquella época la monarquía más reaccionaria, otros territorios, como el de Cervera, apoyaron al francés. Y en esa disputa la mayoría del pueblo catalán quedó al margen, obligado por sus gobernantes, clérigos y Ejército a alistarse en las tropas para defender sus intereses, cuando lo que deseaba era librarse de la servidumbre y la explotación.
4- Es falso también que Catalunya haya sido nunca independiente. Catalunya formaba parte del reino de Aragón.
5.- El decreto de Nueva Planta de Felipe V que abolió los Fueros de Cataluña. se enfrenta al feudalismo, inaugurando la etapa de construcción del nuevo Estado moderno.
6.- Ese decreto no significó hundir a Cataluña en la represión y la miseria, sino todo lo contrario: como anuló los acuerdos que había firmado Fernando con Isabel, permitió a los burgueses catalanes ampliar su comercio a las colonias americanas. Henry Kamen explica que “Cataluña siguió siendo una región importante, próspera y floreciente, el territorio más rico de España”.
7.- Lluís Companys no declaró la independencia de Cataluña ni en 1934 ni en 1936. Declaró el Estat Catalá dentro de la República Española.
8.- Los trabajadores, las mujeres, los militares, los intelectuales, de Madrid y de toda España que lucharon en defensa de la II República lo hacían también por el Estatut de Cataluña.
9.- El pueblo de Madrid que luchaba contra el fascismo lo hacía también por defender el Estatut de Cataluña.
10.- Los trabajadores catalanes, republicanos, anarquistas, socialistas, comunistas, se levantaron en armas el 18 de julio de 1936 contra el golpe militar, y crearon el cuerpo de voluntarios que fueron a intentar liberar Zaragoza y siguieron hasta Madrid, donde muchos dieron su vida defendiendo la capital de la República. Entre ellos el dirigente anarquista Buenaventura Durruti. Ellos no se equivocaban, sabían el que único enemigo era el fascismo.
11.- Durante la dictadura los comunistas catalanes no nos planteamos nunca la independencia de Cataluña. La consigna que defendíamos era “llibertat, amnistía y Estatut de Autonomía”, que era el de 1932, aprobado por las Cortes republicanas.
12.- Ni los españoles ni los madrileños padecieron nunca ninguna catalanofobia. Barcelona siempre fue el ejemplo del mayor desarrollo industrial y mercantil, artístico, cultural, científico, de nuestro país, admirada por todas las demás personas que vivían en España.
13.- No es cierto que el 80% de los habitantes de Cataluña quieran el referéndum sobre la independencia. Es otra falacia de los gobernantes. Hay que conocer al pueblo que vive en Barcelona y su conurbación industrial para saber que la mayoría ni quería modificar el Estatut, promovido por Maragall y origen del actual conflicto –votó menos del 50%- ni le importó la sentencia del Tribunal Constitucional ni quiere ahora esas aventuras. Solamente la ley electoral ha permitido que los partidos independentistas formen gobierno.
14.- El derecho de autodeterminación -libre determinación en lenguaje internacional- aprobado por el acuerdo de Woodrow Wilson y Lenin, al terminar la I Guerra Mundial, se refiere a los países colonizados por las potencias colonizadoras. Nadie en sus cabales puede creer que la situación de Catalunya –mejor dicho de los catalanes- es como la del Sáhara bajo la opresión de Marruecos o la isla de Timor bajo Indonesia o la de la India o Kenia bajo el imperio Británico.
15.- Y por supuesto, nadie puede reclamarse de izquierdas planteando divisiones y separaciones entre los trabajadores. Porque esas solo benefician a la burguesía. Lo importante, no es si eres catalán o castellano sino si eres amo o esclavo. Y planteando la independencia de Cataluña del resto de España se consigue la atomización de un país que había llegado a un nivel aceptable de convivencia y solidaridad entre sus pueblos.
16.- Es inadmisible que se diga que Cataluña tiene una situación económica peor que el resto de España. Posee la segunda renta per cápita más alta después del País Vasco –ya sabemos por qué. Y si existe un déficit entre lo que produce y recibe es lógico. De la misma manera que los ricos pagan –o deberían pagar- más impuestos que los pobres, si todavía creemos en la redistribución solidaria como conquista de la izquierda. Esta es la reclamación de la independencia de los ricos.
Solamente el ejemplo de Yugoslavia podría hacerles reflexionar a los irreflexivos defensores de la independencia de Cataluña. Un hermoso y próspero país, que había logrado la paz y la federación después de la II Guerra Mundial, y estaba construyendo el socialismo, convertido en un mosaico de minúsculos Estados pobres y dependientes totalmente del Departamento de Estado de EEUU. Claro que hay quien dice que Cataluña sea otro Luxemburgo, otro paraíso fiscal entre Francia y España, bajo la potestad de la OTAN.
Es inaceptable que para conseguir ese objetivo se plantee un referéndum. Que, como todos, sería organizado, defendido, publicitado, con todos sus medios, por ese gobierno catalán, encubridor de las mayores tropelías de sus antecesores, para ganarlo.
Y, para que nadie se llame a engaño: yo soy catalana. Aunque hija de emigrantes, como tres millones más de los ciudadanos de aquella Comunidad que con nuestro trabajo y nuestra plus valía hicimos rica y grande a la burguesía catalana.
La izquierda española, si despierta de este hipnotismo y es suficientemente valiente para denunciar el engaño de los independentistas catalanes, debe dedicarse a unir a los trabajadores y mujeres de toda España contra los enemigos comunes: la Monarquía, el Capital y el Patriarcado.

Y mientras no tome ese camino, quedará derrotada y sin impulso para dirigir las fuerzas que tienen que alcanzar el poder para transformar el país.

jueves, 28 de septiembre de 2017

LA VAQUILLA


Hace muy poco tiempo leí en la puerta de un pequeño comercio esta inscripción: Cerrado por cansancio. Me llamó mucho la atención esta forma de dar a conocer un cierre por vacaciones.
Hay otras muchas formas de echar el cierre a las persianas por cansancio; son aquellas que indican que uno está hasta donde no puede o no quiere más de algún asunto, sea este físico o mental.
En el plano social, a mí me ha sucedido con dos hechos: el llamado asunto (¿tema, cuestión, motivo…?) vasco y ahora el catalán. ¡Toda mi vida pendiente, un día sí y el otro también, con las relaciones tensas, con los recelos, con las negociaciones, con los chantajes, con…! Yo quisiera tener una vida más tranquila, con sorpresas de noticias que suman y no que dividen ni restan, con la monotonía de la tranquilidad, con el gozo del acogimiento por parte de todos, con la confianza de que el de al lado me mira para darme la mano y no para exigirme, y menos para chantajearme o tomarme por tonto.
A veces me paro a pensar para tratar de darme alguna respuesta, por muy parcial que sea, y caigo en el desasosiego porque no la hallo y me pierdo. Procuro describir conceptos y ordenarlos, como forma menos mala y tal vez única de armar un pensamiento, y los conceptos me llenan enseguida las alforjas y se me caen de las manos, algo así como lo que le sucedía a Sancho con sus refranes: ley, legalidad, legitimidad, orden jurídico, contexto histórico y social, emoción, sujeto  de soberanía, objeto de soberanía, formulación y ordenamiento del ejercicio de soberanía, derechos individuales, derechos colectivos, democracia directa, democracia representativa, equivalencia o no entre votación y democracia, solidaridad, control de emociones, tipo de respuesta a las emociones, desgarro social y territorial, nacionalismo y soberanismo, pueblo, nación, estado… Ya digo, se me caen de las manos.
Cada uno de ellos me da para un buen rato y para demasiadas líneas. Creo que todos tienen aristas y demasiados apuntan en dirección contraria unos contra otros. Es ese el momento en el que pienso que lo menos malo es jerarquizarlos, entender que lo menos negativo es comenzar por los más amplios y esenciales, pues los demás se entienden mejor si los vemos dependientes de los más extensos. Y, como todos tienen aristas y límites, parece conveniente rebajar imposiciones y limar asperezas, es decir, rebajar certezas absolutas y dar cabida a verdades algo más relativas. Hay que objetivar un esquema jerarquizado y saber qué debemos defender como fundamental. Después, todo ha de ser dialogar y ceder, tener altura de miras y exponer sin reservas tu opinión, pero sin renunciar serenamente a que los otros expresen la suya.
Cualquiera que lea estas líneas podrá argumentar, con razón, que se expresan solo ideas generales, pero que el día a día exige tomar decisiones, mancharse las manos y actuar. Es verdad. Solo pido que no nos olvidemos de pensar, incluso en los días de más acción. Las ideas, si no son muy desacertadas, permanecen en el tiempo, las acciones son más inmediatas y vistosas pero menos convincentes.
Otra vez las palabras del poeta: “De todas las historias de la Historia / la más triste sin duda es la de España…”
Y hoy escribo estas líneas en el ambiente local de una fiesta que conmemora un levantamiento popular en la búsqueda de la libertad. Eran otros contextos, claro, y otras las situaciones.

Pobre piel de toro, transformada en vaquilla de toreo popular. Pobre vaquilla nuestra.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

SUEÑOS ROTOS


 SUEÑOS ROTOS
(de uno más entre todos los sencillos)

Dibujaba los días con el lápiz
de la ilusión guardada en un armario:
levantarse, jugar a ser lo mismo
que los vecinos esos que a las ocho
salen apresurados de sus casas
para no llegar tarde a su trabajo;
después, irse a pasar algunas horas
en un paseo tranquilo o arrimarse
a la barra de un bar junto al aroma
de un café bien cargado. (Al fin y al cabo,
¿qué podía tener él que señalarse
distinto a los demás? Eran sencillos
y humildes su deseo y su ilusión).

Pero echaba sus cuentas y esa hora
de abandonar el tacto de las sábanas,
o el espacio vacío del calendario
-sin siquiera una simple ocupación-
lo dejaban sin causa: ¿adónde iba
sin horario obligado, sin destino
seguro en que asentar su condición
de simple ser humano, de aspirante
a unos más entre todos, nada más?

Entonces, lentamente, se sentaba
en el viejo sofá del comedor,
miraba hacia el trasluz de la ventana
y siempre divisaba el horizonte
del color de la lluvia y la tormenta.

Volvía a desplomarse en el silencio
de su viejo salón y abandonaba
cualquier simple conato de  esperanza.
El mundo está bien hecho, le habían dicho
en variados formatos de opinión,
estamos superando esta gran crisis
que está durando demasiado tiempo”.
Y, al momento, anunciaban en la tele
las cuentas y ganancias de algún banco,
los sueldos millonarios de otros pocos
que juegan como locos al balón.

Sin causa ni razón que le empujara,
se volvía a la cama y, a su amparo,
rumiaba entre las sábanas el sueño

que nunca conseguía hacer realidad.

lunes, 25 de septiembre de 2017

NACIONALIZACIONES


En su obra Capitalismo, socialismo y democracia, el economista y profesor J.A. Schumpeter, no precisamente un enemigo declarado y peligroso del sistema capitalista, enumeraba, como condiciones de paso, desde un capitalismo, predestinado a morir desde sus propias normas y expansión, hacia un socialismo maduro y tranquilo, algunas nacionalizaciones que se podían hacer como primeros pasos. Estas nacionalizaciones son las siguientes: “1) El aparato bancario; 2) El ramo de los seguros; 3) Los ferrocarriles y en general el transporte; 4) Las minas (carbón); 5) La producción, transmisión y distribución de la corriente eléctrica; 6) La industria del hierro y del acero; 7) Las industrias de la construcción y los materiales de construcción”.
El texto posee casi ochenta años. Las circunstancias han cambiado sustancialmente pues los descubrimientos científicos y sus aplicaciones técnicas han creado una realidad nueva. El número de personas y su organización también resultan algo impensado para la primera mitad del pasado siglo, época en la que se articulaba este pensamiento…
Pero parecería lógico suponer que la parte de realidad que habría de pasar al interés y al dominio colectivo tendría que irse ampliando sucesivamente, es decir, que tendríamos que habernos puesto de acuerdo en entender que hay muchas cosas que no pueden faltar a ningún miembro de la comunidad porque son bienes básicos y todos debemos disponer de ellos en cantidades mínimas que aseguren la supervivencia. Suprimir elementos de este grupo de siete propuesto no sería dificultoso. Pero tampoco lo sería añadir muchos más que apuntarían a los derechos humanos generales y a un nivel de ética social en el que deberíamos instalarnos e ir ampliando como mejora de toda la sociedad.
No estoy seguro de que se cumplan en nuestros días ni siquiera los que el profesor Schumpeter enumera. Basta repasar la lista o detenerse en alguno de ellos.
¿Qué pasa con el agua y con la electricidad, por ejemplo? ¿No son bienes básicos que no se pueden dejar en manos privadas y sin un férreo control público? ¡En pleno siglo veintiuno!
Acabamos de pasar un caluroso y seco verano. Nos asomamos al periodo del frío. Las reservas de agua son las mínimas. El frío en los hogares más humildes se hará notar y habrá mucha gente que no sabrá lo que es sentirse a gusto en el calor de casa. ¿Se le pueden negar a un ser humano unos mínimos de supervivencia en estos dos productos?
Mientras tanto, las eléctricas y concesionarios de aguas se forran o dejan que se forren algunos de sus dirigentes de manera ilegal y siempre indecorosa. Los primos del jefe siguen negando el cambio climático y los demás nos ofuscamos hasta el odio en identidades territoriales y derechos ancestrales de la tribu.
La aplicación de estos derechos tiene planos muy diversos; van desde el nivel estatal hasta el municipal e individual. Las concesiones municipales del agua, por ejemplo, dependen de las poblaciones. ¿No merece al menos la pena una discusión serena y razonada este asunto? ¿La promueven los partidos? ¿Y las asociaciones de todo tipo: culturales, deportivas, vecinales…? El desarrollo de los principios puede resultar más complicado, pero la visión de conjunto es clara como los rayos del sol.

Ahí seguimos, en el recelo individual y en la mirada corta y egoísta, personal y cicatera. El tiempo dirá, si es que quiere decir algo. Ahí queda apuntado. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

LA EMOCIÓN


La elección de la palabra es siempre importante, pero aquí se me antoja clave. No sé si la mejor es emoción o acaso debería utilizar conmoción, convulsión, exaltación, agitación o hasta rebelión. Otra vez la imprecisión de la palabra.
En todo caso, quiero referirme a ese estado de ánimo alterado en que se encuentra un buen número de habitantes de Cataluña y que, al ser compartido, tal vez convierta todo en conmoción.
Ayer oponía la legalidad a la emoción en este caso. Lo hacía no porque necesariamente tengan que ser opciones que se excluyan sino porque creo que, según demos prioridad a un término o a otro, las actuaciones terminan siendo diferentes y, sobre todo, las formas que se practican a partir de esa elección. Dije y sostengo que, si no tenemos como primer referente la legalidad jurídica positiva, no hay forma sencilla -ni casi difícil- de ponerse de acuerdo. Escribí también que poner puertas al campo no es posible. Y en esas estamos, en poner puertas a una riada que se ha hecho casi diluvio.
Controlar emociones, sobre todo si son colectivas, resulta mucho más difícil que desbordarlas. Hasta ahora, muchos hemos contribuido al desbordamiento y a la riada, aunque no todos con la misma fuerza y entusiasmo. Encauzar ahora la crecida emocional no parece que tenga mucha mano de obra preparada y dispuesta. ¿Cómo se puede hacer eso? Yo no lo sé. ¿Cómo puede renunciar un gobernante cualquiera a cumplir y a hacer cumplir la ley? ¡Es su primera y principal obligación! ¿Cómo se puede, por otra parte, sustraerse a la emoción de un amplio colectivo, sobre todo cuando se comulga con esa emoción, como es el caso de los gobernantes catalanes? Cualquier renuncia, por cualquier parte, se antoja imposible, y las llamadas a la “negociación” en estos días parecen simples brindis al sol.
Yo no puedo negar el derecho a la emoción de nadie ni a su expresión individual             (yo mismo me emociono cada dos por tres) o colectiva. Sí afirmo que las aglomeraciones me dan literalmente miedo y que la experiencia enseña que un botellón místico no se hace solo en el Vaticano. Ahí están los estadios deportivos, las verbenas, las salas de fiesta, los mítines, las plazas de toros… Me resulta también muy difícil de objetivar conceptos abstractos y genéricos: nación, libertad, democracia… si no hay por detrás personas de carne y hueso.
Lo peor de todo es que a unas emociones se puede responder con otras emociones, también desbordadas y caudalosas. De hecho ya se puede observar en muchas ocasiones: productos comerciales, viajes, conversaciones… Este mal ya está hecho y su curación será larga y penosa.
Pero las aguas bravas corren impetuosamente hasta la llanura y hasta el mar; navegar por ellas exige gran pericia. Solo entiendo de nuevo, como tabla salvadora a la que agarrarse, la del sentido común y la buena voluntad. Quizás sea muy poco para esta ocasión.
Lo siento, no doy para más, no llego más lejos en este asunto.

Y, sin embargo, ¡hay que vivir, y levantar la cabeza cada mañana! ¿Por qué no ver sumas en lugar de restas y distanciamientos? A veces las cizañas crecen entre el cereal y no lo dejan ver. Ojalá grane el trigo y dé al final buen pan.

jueves, 21 de septiembre de 2017

ACLAREMOS CONCEPTOS

 ACLAREMOS CONCEPTOS
Ne cuesta sustraerme de todo lo que estos días está sucediendo en Cataluña y no sé si no es obligación de cada uno reflexionar un poco más y no ponerse de perfil dejando que pase la tormenta. Porque la tormenta tal vez pase, pero los efectos del nublado se dejarán sentir durante mucho tiempo. De hecho, el mal ya se ha producido y se viene cociendo desde hace demasiado tiempo. El nivel de desafecto (no es mal contexto este para el eufemismo) entre personas y territorios es tal que nadie sabe cuánto va a durar el catarro, la gripe o la neumonía, pero seguro que una temporada muy larga, Y esto se producirá sea cual sea el resultado de este episodio que no sé cómo calificar y por eso utilizo esta palabra baúl “episodio”.
En todo caso, levantemos la vista y serenemos, si es posible, el ánimo. De cualquier crisis se puede salir con algo aprendido, aunque solo sea en alguna parte de lo que se sustancie. Hace unos días enumeraba algunas de las que yo creía verdades en todo esto. Y lo primero que veía era el conflicto que creo observar, en lo que a Cataluña se refiere, entre legalidad y emoción. Llevar a ambas de la mano se me antoja, ahora más que nunca, muy dificultoso. Pero afirmaba que, sin el referente primero y principal de la legalidad, no hay manera de conducir nada con garantías de éxito.
Por más que sea necesario, me parece que es más complicado razonar en el mundo resbaladizo de la emoción, sobre todo cuando se acumula en masas sin control.
Creo que es algo más sencillo rastrear alguna enseñanza en el nivel jurídico y legal. A mí me gustaría que, a partir del ejemplo desgraciado que nos ocupa, supiéramos extraer alguna consecuencia y saber con algo más de certeza a qué atenernos y en qué terrenos nos estamos moviendo. Es labor de juristas la de ilustrarnos, pero supongo que podemos llegar, desde el sentido común, a formularnos algunas preguntas al respecto. Planteo las siguientes:
1.- ¿Qué es eso del sujeto y el objeto de soberanía? Para el caso y con palabras más sencillas, ¿quién puede votar y qué es lo que se puede votar?, ¿quién está llamado a votar en cada ocasión y en cada consulta? Porque las votaciones, como la libertad de expresión, por ejemplo, tienen límites. ¿O se puede votar cometer un delito? Sería muy democrático si obtuviera mayoría de votos, pero no parece que podamos decir que fuera legal. ¿Y que un canadiense votara en un asunto español o catalán?
2.- ¿Cuáles son las condiciones formales que tiene que cumplir una votación real y reconocible? Censos, locales, mesas, verificaciones…
3.- ¿Cuánta gente tiene que participar para considerar la consulta válida?
En definitiva, sería conveniente aprovechar para que a todos nos quedaran claras las respuestas a estas tres cuestiones: quién, qué y cómo se vota o se realiza una consulta. A aclarar alguna de estas preguntas deberían dedicar esfuerzos los más preparados. El contexto puede ser cualquiera: ateneos, conversaciones de bar, conferencias, instituciones, sedes de partidos…
Lo de Cataluña no será el diluvio; y, si lo es, ya escampará, aunque el aguacero se prevé largo y muy oscuro. Aclarémonos en este conflicto y así sabremos algo mejor de qué estamos tratando, en este y en todos los demás casos.

El apartado emocional resulta más confuso, pero alguna vez habrá también que abordarlo y decir algo al respecto. Ya adelanto que me siento perdido e inseguro.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

PETICIONES INÚTILES


PETICIONES INÚTILES

Que la razón comprenda
que hay razones que no tienen razón.
Que mis manos sean molde
del tacto en las fronteras de tu cuerpo.
Que no haya mercenarios
si no es para llevarnos a la paz.
Que la risa se empeñe
en darle solución a la tristeza.
Que el olvido sea parte
de nuestro singular vocabulario.
Que la muerte aniquile
la certeza indudable de la vida.
Que queramos que el tiempo
no cumpla a su capricho sus promesas.
Que no sea la música
una profanación hermosa del silencio.
Que no siga sintiendo
que soy conciencia fiel del universo.
Que este humilde decálogo

sustituya la fe en los demás dioses.