martes, 6 de marzo de 2018

LA RECTA, EL LABERINTO Y EL ATAJO



Hoy alzo la mirada hacia lo lejos para mirar al bosque, si es que puedo, y me alejo de dentro de mí mismo. Me sugiere la idea un periodista al que le tengo mucho aprecio.
Mucho más que los hechos concretos me interesan las tendencias; estas muestran con más fuerza la verdad de las cosas, mientras que un hecho concreto te puede hacer perder la perspectiva y te confunde con facilidad. Es bueno hacer resumen cada cierto tiempo de lo va sucediendo por ahí, en diversos aspectos; pero mejor si se hace con la base de varios acontecimientos y no solo de uno.
Vayamos otra vez a la res pública, a la polis y a la política.
La idea general es esta: la izquierda pierde identidad y fuerza con rapidez en casi toda Europa; en cambio, la derecha sigue mandando y alargando su poder y su influencia. Ahí están los casos de Francia, de Alemania o, más recientemente, de Italia o Austria.
Yo no soy politólogo y nunca aspiro a resolver las dudas; pero sí intento al menos enumerar los hechos y dejar en suspenso el pensamiento. ¿Cuáles son las causas que lo explican? Seguro que la causalidad, como siempre, será múltiple. Conviene, por lo tanto, acotar las razones que se crean principales y mayúsculas. Y tal vez ni aun así será fácil dar con ellas. Mucho menos si, además, se sigue hablando de esa izquierda como de aquel árbol caído que se recuerda en pie y frondoso, y al que se evoca con nostalgia incluso por los que no están de acuerdo con lo que representa.
Como el asunto es largo y enjundioso, me limitaré a enumerar (no a glosar, que eso es muy largo y engorroso) aquello que, según creo, influye más en la situación de decadencia de la izquierda en este país.
Creo que la causa fundamental -no solo para este momento, pero fundamentalmente para ahora mismo- es la de la indefinición territorial. Los dos grandes partidos tradicionales de izquierda han mantenido posiciones distintas en cuanto a la división y organización del territorio nacional. En concreto, el PSOE viene actuando desde hace cuarenta años como con vergüenza y con empujes contradictorios hacia las fuerzas centrífugas y centrípetas. Esos cambios de rumbo creo que se han acentuado en los dos o tres últimos años, sobre todo entre algunos de sus dirigentes, y las consecuencias negativas están a la vista. Y nada hay anterior a esta variable de la organización territorial. El cuerpo legislativo y el ordenamiento social vienen después. A algunos se nos hace imprescindible que este asunto se asiente de una vez y de manera urgente, para así poder gastar las energías en el desarrollo social de las leyes y de la justicia. Que un país con más de quinientos años a sus espaldas siga gastando esfuerzos en reconocerse como comunidad en lugar de avanzar en ideas y proyectos que mejoren la vida de todos resulta realmente agotador. A alguna generación se le ha ido la vida observando cómo casi todos los focos se han fijado en lo sucedido en el País Vasco y ahora Cataluña. Extenuante.
La segunda razón apunta, en mi opinión, hacia la desunión entre las fuerzas políticas de izquierda. La variedad de opiniones es signo de riqueza mental, y esto hay que exigírselo a la izquierda. Pero mantenerse siempre en la discrepancia conduce a la debilidad y a consecuencias que recuerdan aquello de que “es peor el remedio que la enfermedad”.
Pues en esas y en otras como esas andamos y andaremos.
No apuntaré más causas: me sirven estas dos.
Mientras tanto, las fuerzas de derechas concentran sus esfuerzos en otras direcciones pues este lastre de las dudas y de los enfrentamientos no los tienen ni se los plantean. Y no parece que, en términos democráticos de urnas, les vaya muy mal.
Como decía el periodista que señalaba al principio, la derecha es la línea recta, la izquierda (en especial la socialdemocracia) es el laberinto. Así, la carrera resulta un poco tramposa pues no se realiza en las mismas condiciones.
Ah, y en medio de esto -ni en la línea recta ni en el laberinto-, están los populismos. Que son los atajos, que lo mismo desbrozan un monte que destrozan un ecosistema.

lunes, 5 de marzo de 2018

LLUVIA



LLUVIA

Es la lluvia esa grata compañía
que trae hasta mi lado la frescura
de otro ayer que se pierde en lejanía.
Hoy acude frenética y desnuda,

avanzan los regatos con presura
y se hacen grito y voz de cercanía
mientras miran mis ojos su andadura,
que busca monte abajo nueva vida.

Se desploma la nube y en su aplomo
vuelve a manar la fuente, y es el suelo
lluvia, árboles y luz: Fuente del Lobo.


Soy agua y soy paisaje y soy viajero,
caminante feliz, pleno y dichoso,
mitad de la humedad, mitad del cielo.

viernes, 2 de marzo de 2018

LA FUERZA RENOVADA DEL ALMENDRO



Hay citas obligadas, encuentros peligrosos y llamadas gozosas. Cada cual tiene las suyas y en todas ellas cumple según las circunstancias.
Entre mis citas anuales obligadas y gozosas, se halla mi encuentro con el almendro. ¿Pero almendros en Béjar? También en tierras altas se asoman a la vida los almendros y anuncian el lento despertar del sueño del invierno.
Hoy he cambiado mi recorrido matinal. Olvidé la carretera de acceso al monte Castañar, dejé en el misterio y el silencio la Fuente del Lobo (¡a estas alturas casi sin agua entre sus fauces!), no saludé a los montes y regatos que llevan y que traen de la Centena, y me fui calle abajo en busca del almendro.
El Parque Municipal se despierta lentamente con los primeros pasos de los madrugadores; lo bordean los coches, que ruedan con prisa, camino de no se sabe dónde. Lo bordeamos tranquilos y sin prisas. Es tarea diaria y yo creo que los árboles nos conocen y hasta nos saludan desde sus ramas desnudas y aún frías. Una nutrida bandada de palomas rastrea con sus picos la hierba y las semillas, y algunas ya zurean. Ahí se quedan saltando, como primeras habitantes de este parque desnudo.
El Cordel de Merinas acoge los rumores de los coches en su andar paralelo y encogido. Cuánta historia por él en el pasado. Alguien pasea un perro. La regadera corre muy deprisa, cargada con los restos de la lluvia. Lo demás es silencio, mirada y complacencia.
Llego con curiosidad a la Fabril, recuerdo de niñez y de trabajo, de fábrica y horarios, de proyectos pasados. Hoy toda una barriada se levanta en sus solares. Me acerco a los castaños de indias que amparan, como buenos centinelas, la travesía. ¿Apuntarán sus yemas? ¡Hemos entrado en marzo! No hay cuidado. Apuntan, pero menos o muy poco. ¿Cómo es posible esto a estas alturas? Efectos del invierno, del frío y de los hielos.
Pero era mi objetivo el almendro y sus flores. Y allí están colgados en las piedras, asomados al mundo de nuevo, con su inocencia blanca y espumosa. Apenas son tres arbolitos colgados en las hendiduras de las peñas, mostrándose a la vista y alegrando la luz de la mañana. Me paro a contemplarlos como hago cada año. Me absorben mis recuerdos, ya lejanos, al lado de estos árboles, con el túnel del tren al lado, huyendo hacia el norte entre los humos y hacia la luz del sur de la estación; también el paso rápido del tiempo, que se lleva entre sus brazos mi vida y las vidas de aquellos que tanto los miraron y me vieron mirarlos,
Este año he acudido con retraso a la cita que tengo concertada con el aviso temprano del almendro. Será por estos fríos y este invierno tan largo. He fallado y lo siento, porque ellos sí están, como siempre, esperando que vaya a visitarlos. Sé que ellos me disculpan.
En cuanto pase el núcleo de estas aguas, todo ha de ser locura de naciente primavera, será todo un griterío sin pausa proclamando la vida y su presencia. No puede ya tardar en darse a todos. Ha llegado el heraldo cantando la noticia. Y yo ya tengo ganas, muchas ganas. Pero el primer abrazo será para el almendro, para esa niña flor que se derrama y alfombra con sus pétalos el suelo en el que yo viví y miré a la vida con ansias y con luz, con los abrazos de los que me quisieron.
El almendro sigue recordándome firme cada año lo que fue y lo que es. Gracias por todo.

jueves, 1 de marzo de 2018

MIS ADORABLES FANTASMAS



MIS ADORABLES FANTASMAS

Me habitan mil fantasmas y no encuentro
la forma de quitármelos de en medio.

Algunos se recubren la cabeza,
como dando a entender que su trabajo
los llena de rubor: pasan y, al verme,
me miran de reojo y van deprisa
hacia cualquier esquina de la casa,
donde siempre está oscuro y es de noche.

Otros muestran, ufanos, unas formas
que no tengo saber para contarlas:
me asustan y me dejan muy confuso,
pues no sé lo que quieren al mirarme.

A veces se pelean entre ellos
por ganarme al final para su causa,
me empujan sin razón, me zarandean
sin que pueda alegar en mi defensa.

Cuando me dejan solo -pocas veces-,
me pongo a discurrir si existe forma
de hacerles un desplante y alejarlos
de mi vida diaria y, para siempre,
mandarlos al olvido y al destierro.

Necesito sentir que alguien me ayuda
a librarme de tanto sobresalto,
pues no sé cómo hacerlo y ando triste
jugando a los fantasmas todo el tiempo.

Ellos forman la trama, el esperpento,
la extraña y fantasmal tragicomedia,
en que se va fraguando mi teatro
del paso sin sentido por la vida.
Terminaré también siendo un fantasma
si nada lo remedia y me libera
de tanta fantasmada y tanto espectro.

miércoles, 28 de febrero de 2018

HORARIOS RETRINGIDOS



HORARIOS RESTRINGIDOS

¿Qué besan los que besan
más allá de la reja o del cristal,
en ese corto tiempo de amor apresurado
que permite el horario carcelero?

Acaso se diluya en el camino
el calor de los besos y su llama
y solo besen frío y luz disuelta,
que no alcanza los labios deseados.

Tal vez en el cristal quede la huella
de lo que aspira a ser y solo queda
perdido en el olvido.

Dos siluetas se pierden abatidas,
trazando direcciones separadas.

martes, 27 de febrero de 2018

CON SABOR DE COPLA


Se le suele pedir al poeta que no siempre toque el mismo palo. Creo que es una buena exigencia. Se puede perder en cohesión, pero, sin duda, se gana en variedad. Al fin y al cabo, la vida es absolutamente diversa; y los días y los ánimos, también. Las estrofas y los cantos populares están en la esencia misma de la cultura general y de los sentimientos más arraigados. Me gusta “perderme” y “olvidarme” de vez en cuando en sus aires y en sus suspiros, a la búsqueda de alguna de esas ráfagas que cruzan el cielo y que, de vez en cuando, dejan la impronta de la luz y de la plenitud. De vez en cuando.
Ahí van unos intentos:

¿Para qué quiero mis ojos
si solo me hacen sufrir?
Con ellos canto, río, lloro…
siempre buscándote a ti.


Así, como gime el viento,
con lamentos de amoríos,
lo mismo en tu pensamiento
gimen también mis suspiros.


Lloraba la rosa un día
en el jardín, y el clavel,
pesaroso, le decía
por qué lloraba también:
“Porque lo que más quería
se olvidó de mi querer”.


¿Para qué el agua en la fuente
cuando no se tiene sed?
Tampoco mi pasión duele

si no te puedo querer.

lunes, 26 de febrero de 2018

PENSIONES Y DIGNIDAD HUMANA


Asistí el jueves 22 a una manifestación, convocada por la CGT, para protestar contra la subida exigua de las pensiones: tan solo un 0,25 por ciento anual en los últimos ejercicios fiscales.
Algunas consideraciones generales:
En esta ciudad estrecha, las manifestaciones suelen estar muy poco concurridas, a pesar de esa ensoñadora estela de ciudad industrial y de tradición obrera.
 Si las convoca un partido de izquierdas -son, por otra parte, los únicos que convocan-, enseguida se cohíbe la gente y actúa esa red sicológica, que se ha hecho casi pétrea, contra los partidos, por parte de los ciudadanos.
Muchas veces he afirmado que una de las peores consecuencias de este período de gobierno neoliberal es la hinchazón de una conciencia difusa y pendulona, que nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos, en nuestro egoísmo, y a cargarnos de prejuicios negativos ante todo lo que apunte a consideraciones y soluciones de tipo social y general. A mí esto me parece mucho más grave incluso que la propia crisis económica.
Esta vez el convocante era un sindicato anarquista, y podría esperarse todavía un rechazo mayor y una asistencia más minoritaria.
La tarde noche estaba tomada por el frío helador y poco o nada invitaba a salir a la calle.
Pues, a pesar de este contexto, más de mil personas pasearon su indignación por la calle Mayor, desde la Corredera hasta el Ayuntamiento, lugar en el que se leyó un manifiesto como protesta contra la reforma laboral y la situación en la que han quedado las pensiones. Pocas veces he visto en Béjar tanta gente reunida para un acto como este. Poco que ver con los días 1º de mayo. El recuerdo se alejaba a alguna protesta por los recortes en sanidad o enseñanza, o al más lejano pasado de cierre de fábricas textiles.
¿Por qué, a pesar de estas condiciones, tanta gente estaba en la calle? La realidad, a veces, es más sencilla que lo que nos creemos. En este caso, lo más evidente es que muchos ciudadanos están hartos de su situación económica y de la que previsiblemente aguarda a las generaciones más jóvenes. Esta es, además, una ciudad envejecida y decadente y hay muchas pensiones de muy poca cuantía. Sencillamente es que hay gente que ya no puede resistir más. Y la hay de todos los colores políticos: allí vi a gente que en ningún contexto me imagino votando a partidos de izquierda. Y vi a gente que cobra pensiones más altas, supongo que pensando en la proyección de sus propias pensiones y en solidaridad con sus vecinos.
Quedarse solo en la descripción del hecho no es muy honrado intelectualmente: hay que desbrozarlo y analizarlo con calma. Sin duda, tiene muchas variantes y no todas del mismo color. Seguro que las soluciones no son sencillas ni de un día para otro.
Pero a muchas de las personas que paseaban su enfado por las calles de Béjar, como lo hacían también en otros lugares de España, no se les puede decir que el asunto necesita un análisis calmado y racional. Sencillamente están hartos y su realidad es la del mismo día y la del día siguiente, con las dificultades de allegar el pan que necesitan para una vida mínimamente digna.
Por eso, sin caer en la demagogia ni en el populismo barato, resulta urgente que el hecho se analice en profundidad y se planteen soluciones verdaderas. Difícilmente se encontrarán si no se establece una escala de valores justa que sirva de base ideológica para la toma posterior de decisiones. En esa escala de valores está la esencia y está el núcleo de la situación y de su futuro. Y ahí no es fácil encontrarse porque chocan las ideologías.
Por si sirviera de algo, al menos se podría considerar como base de discusión aquella afirmación de don Antonio Machado que me gusta recordar con frecuencia: “Nadie es más que nadie, porque, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre”.
Tal vez así -y ya puestos a seguir leyendo al maestro- “cuando llegue el día del último viaje”, nos podremos encontrar todos “ligeros de equipaje, casi desnudos, como los hijos de la mar”. Aunque no sé yo si esto último no nos llevaría a asuntos testamentarios también y mejor será no menearlo más.

Hala, al rincón de pensar.