miércoles, 28 de noviembre de 2018

!QUÉ TOCHO!



¿Cómo se puede encarar la lectura de una obra de creación de 958 páginas? ¿Se publican obras de esta extensión en el siglo veintiuno? Las dos preguntas tienen respuesta y esta es afirmativa, aunque los casos no son frecuentes.
Una obra de ficción cada día obedece más a imposiciones editoriales, en extensión, en número y tipo de personajes, en asunto principal y secundarios…, en casi todo. Todo, absolutamente todo, se supedita a la distribución y a las estructuras comerciales. Mucho más si pensamos en las grandes editoriales. A pesar de que todos sabemos que hay un margen incontrolable que tiene que ver con la suerte, con la oportunidad, con la inercia y con algo misterioso que no hay manera de controlarlo. Pasa en la publicidad y sucede en todo lo que huela a creación.
He concluido la lectura de La noche de los tiempos, novela de Antonio Muñoz Molina, que alcanza la amplitud nada menos que de 958 páginas. Vaya un taco. Casi como el Quijote. Ya va crecidita, pues se publicó en 2009. Confieso que, aunque sigo siendo un lector ávido y constante (este año tengo apuntados los nombres de 86 obras leídas), tenía mis dudas al comenzar la lectura. Después, el estilo, el ambiente que recrea y la soltura del novelista me han ido llevando de la mano y hemos hecho un camino agradable y nada tedioso. Y eso que, de tantos cientos de páginas, a mí me han interesado mucho más las referidas al ambiente general del Madrid de los últimos días de preguerra y los primeros de la guerra que la historia de amor que se describe. Si elimino la historia de amor, me quedo con un libro de tamaño mucho más reducido y abarcable.
Mi experiencia personal viene a esta reflexión solo como anécdota y no como categoría: cada lector es diferente y vive en contextos personales. Me apoyo en ella para hacer alguna reflexión que pueda tener mayor alcance.
a)       ¿Sobre qué se escribe? Poco más que referir los versos de Miguel Hernández: “Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida”. No hay más. NI menos. Lo malo es que las concreciones de estas tres preocupaciones básicas se repiten con demasiada frecuencia, y, así, encontramos historias demasiado semejantes, con estructuras muy parecidas. A mí eso me lleva a desechar muchas obras que, en otro tiempo, pasaban sin pudor cualquier filtro. Vamos, que no descartaba casi ninguna. Hoy creo que soy algo más selectivo, solo un poquito más. Y creo que lo menos bueno es que se banalizan los hechos y las escalas de valores que les sirven de base. Vamos, que el lector medio es el que manda y se le conceden las exigencias que tiene, conformadas en buena medida por los medios y corporaciones que a su vez les mandan la mercancía.
b)       ¿Qué sucede con las formas y los moldes en los que se presenta todo esto? Pues tal vez otro tanto de lo mismo. Incluso en una forma más acusada, en ajuste y supeditación a las formas que la sociedad va imponiendo y conformando: extensión, distribución, mezcla de elementos visuales, tipografía…
c)       Por encima de todo debería reinar el dominio de la palabra al servicio de una idea turbadora. Al creador le queda como campo exclusivo el dominio y el moldeado de la palabra, esa es su materia prima y con ella tiene que conseguir emocionarse y emocionar, pensar y hacer pensar, turbarse y turbar. Lo demás es cosa externa que obedece a otros intereses que no controla.
En todo caso, la lectura sigue siendo una aventura a ciegas, un empezar a andar a ver qué pasa, un husmear en algo que no es nuestro para hacerlo más nuestro, una vida especial por unos ratos, alguna reflexión que venga al caso, la diversidad vital hecha palabra, la certeza continua de lo poco que somos y de todo lo que hay por ahí rodando y aguardándonos, el olvido del tedio y de la repetición, la ilusión necesaria tantas veces, el mundo en soledad acompañada, el vértigo y el ritmo de la imaginación, el despertar continuo a un mundo nuevo. Es tantas cosas la lectura…
Y eso que reivindico nuevamente el primer derecho del lector ante la lectura: la posibilidad de no leer si no se quiere, que la vida es muy amplia y muy diversa.
Yo he hecho este camino de misterio en los últimos días, de la mano de Muñoz Molina y del mundo que ha creado en esta obra. Se lo agradezco mucho. Mi camino se diversifica cada vez más y no hay solo cabida para la novela: me ocupan muchos ratos la poesía y el ensayo. Pero ese es otro asunto. Siguen siendo lecturas y siguen siendo mundos que se abren para que yo los viva y los queme en mi hoguera especial y solitaria.

martes, 27 de noviembre de 2018

¿´INFLUENCERS´?



¿´INFLUENCERS´?
(Para Jesús Majada, que ejerce más o menos
la misma influencia que yo, es decir…)

Me pide un buen amigo que comente
y que eche a la red mi cuarto a espadas
acerca del poder del ´influencer´
en esta sociedad tan desquiciada.

Te pido, buen amigo, que me tientes
con otro menester, pues no sé nada
de asunto que cautiva a tanta gente
con artes que me exceden y me engañan.

¿Influyen con la voz y la palabra?
¿Razonan y convencen con la mente?
¿Encantan con sus cuerpos atractivos?

Busquemos las razones y las causas
que producen tal suma de dementes
y huyamos como el rayo de su hechizo.

lunes, 26 de noviembre de 2018

PRECAUCIONES



PRECAUCIONES

En el silencio denso de la tarde,
tengo celebración con las imágenes
que me hirieron dejando cicatrices
visibles en el mapa de mi historia.
No acierto ni siquiera a describirlas,
pues me dejan perplejo; solo puedo
situarlas vagamente en un ambiente
que me explica el extremo de su fuerza
haciendo así memoria del momento
en el que conviví con su presencia,
y añorar la visión que me grabaron
con un adiós sereno y obsequioso,
como si al día siguiente nuevamente
tuviéramos la cita concertada
para para dar cumplimiento a la costumbre.

Me da por meditar y siento y pienso.
Me corresponde ahora echar la cuenta
de si sería la última
vez que conté con su presencia.

Y sufro escalofríos y desconciertos
pensando en si es verdad que esos adioses
no serán ya más veces:
el abrazo al amigo, la promesa
de volver a cumplir un compromiso,
la discusión, la noche, los instantes
de más dificultad o los propósitos
amasados a dos manos y a besos,
la cómplice mirada o el perfume
de aquella flor que floreció en el monte,
presagio de otra verde primavera…
¿Todo la última vez? ¡Qué desengaño!

Voy a fijar con ansia mis sentidos
y a comerme el momento por si acaso
no hubiera otra ocasión en la que pueda
robarle a mi pasado sus misterios.

viernes, 23 de noviembre de 2018

CELEBRITIES



Porque hay que decirlo así, en inglés, en la lengua del imperio, para que resulte más snob o más chic, y para estar a la moda, que, si no, uno se queda demodé y outlet o vintage.
¿Por qué hay tanto gilipollas por la vida? ¿Es que no tienen otra cosa que hacer? Como decía uno de mis antepasados: “un pico y una pala les daba yo y verías cómo aprendían en un día”.
En los días del Black Friday (que ya no es solo un día sino una semana, y pronto será un mes, pues se produce mucho más de lo que se puede consumir y todo el año estamos en la estafa de las rebajas) he visto en la tele que se celebra la final televisiva de Master Chef Celebrity. Según me dicen, el programa tiene una audiencia millonaria. En él unos famosetes (celebrities) cocinan un plato ante la atenta mirada de unos cocineros que les amenazan y casi les insultan para que el desarrollo del programa tenga más atractivo.
El objetivo del programa, por supuesto, nada tiene que ver con el descubrimiento de cocineros estupendos ni con el hallazgo de platos que mejoren la alimentación de la gente. Nada de eso, ni por asomo. Hasta ahí podíamos llegar. Lo que interesa es mantener ante los espectadores la figura de unos cuantos personajes conocidos y simular que los llevamos a nuestras casas por un rato. La permanencia de esas figuras en pantalla y sus primeros planos obligados hacen que sus figuras y sus acciones se nos vuelvan casi inevitablemente ejemplos que debemos seguir en nuestra vida cotidiana. Para no caer en la monotonía, se aderezan las secuencias con palabras más altas, con amenazas o con chistes zafios y salidas de tono de los concursantes. No importa, todo vale para el convento y todo se ríe y se jalea.
¿Quiénes son estos celebrities? ¿De dónde han salido? ¿Quién los ha seleccionado? ¿Cómo han llegado a hacerse famosos? Me daría vergüenza utilizar la palabra célebres. Repasen y verán. La vulgaridad hecha pantalla, el menudeo morboso a los  escenarios, la tontería hecha ejemplo, la estulticia al primer plano. ¿Qué han aportado estas personas para el beneficio de la comunidad? ¿Dónde están su esfuerzo y su constancia? ¿Cuáles son sus cualidades ejemplares, se supone que adquiridas con trabajo y con empeño? ¿Cuándo vamos a dar un simple impulso y una palabra de ánimo a tantas personas válidas que se pierden en el anonimato y en el olvido, muchas muy cerca de nosotros?
¿Nadie se da cuenta de que las pescadillas se muerden la cola? ¿Por qué alimentamos este carnaval, que cada día será más si lo alimentamos, y lo alimentaremos más cuando veamos que ya es más? ¿Alguien puede decirme qué méritos han adquirido estos famosetes celebrities ante sus conciudadanos? Porque alguno tienen que haber adquirido sin que yo alcance a verlos. ¿Cómo, si no, se explica la audiencia millonaria? Salvo que buena parte de esa audiencia se coloque en el mismo nivel y escala de valores que aquí se dibuja. Y entonces… Ay entonces. Mejor no imaginárselo.
Salvo que el que no sepa ver nada sea yo mismo, que será lo más probable.
En fin, ¿qué tienes para vender? Ponlo en el escaparate y adórnalo. Poco importa la calidad del producto y sí mucho el disfraz y el colorido que se vea desde la calle.
Coño, yo así no quiero saber nada y me bajo de cualquier tren que siga viajando con estos vagones cargados de tanta tontería.
Ah, por cierto, apuesto a que el concurso terminará ganándolo el más tonto entre los tontos.

jueves, 22 de noviembre de 2018

INDULTAR



“Perdonar a alguien total o parcialmente la pena que tiene impuesta, o conmutarla por otra menos grave”. Copio directamente del diccionario de la RAE.
Me entero de que Cs ha propuesto en el Congreso que se prohíba por ley la concesión de indultos de carácter político. La medida está pensada claramente para que, si los dirigentes catalanes encausados son condenados, no tengan la oportunidad de ser indultados.
Este hecho me parece un disparate de dimensiones incalculables. No le veo pies ni cabeza, ni desde el punto de vista jurídico, ni desde el político, ni desde el social, ni desde el moral, ni desde ningún otro. Algún argumento.
Los indultos existen en cualquier sociedad democrática; lo que hay que hacer es regularlos bien.
Esta potestad se atribuye siempre al poder ejecutivo.
Es verdad que tienen que estar bien regulados y han de ser restringidos en su aplicación y en su número; pero hay que entender que, al final, termina siendo una prerrogativa que tiene algo de excepción y de gracia; si se quiere, de elemento contralegal, en el sentido de que es la decisión del ejecutivo y no la ley la que se impone.
¿Cómo poner límites a la aplicación de esos indultos para que no terminen siendo caprichos de los gobernantes y aplicables solo a sus “próximos”? Nadie ha conseguido poner esos límites con exactitud. Ni aquí ni en ningún sitio.
En términos generales, la comunidad suele entender la aplicación del indulto cuando la situación del momento en el que se concede poco o nada tiene que ver con el de la fecha en que se impuso la condena: por reinserción, por ley claramente desproporcionada, por situación social muy distinta, por un bien manifiestamente superior. Y siempre con carácter excepcional y como residuo en el que el ordenamiento legal cede a otros criterios.
La petición de un indulto o de su negación antes de que se haya celebrado un juicio y sin conocer sentencia condenatoria o absolutoria resulta un sinsentido y un prejuicio que supone situar la ley por encima de la razón y de la vida, creando una situación rígida y estrecha que no ve clarear el horizonte. Se pone el carro antes que los bueyes y así resulta muy difícil arar este barbecho en el que se ha convertido casi todo.
Lo peor de todo es que esto solo se puede entender como una toma de postura de carácter moral y vengativo: no solo estamos adelantándonos a lo que diga la justicia, sino que deseamos la condena y negamos cualquier tipo de rehabilitación o de reconducción de los hechos. ¿Cuál es la disposición al entendimiento que se deriva de una posición como esta? Respuesta: ninguna. ¿Cómo se pueden modular y arreglar las situaciones con estos prejuicios? Respuesta: de ninguna manera.
No es difícil ponerse en la piel de quienes, durante muchos años ya, vienen sufriendo la befa y la mofa en Cataluña, por parte de los llamados independentistas. El enfado y las ganas tienen que ser muy grandes. Pero esta respuesta no está a la altura de quienes, sin duda, desean una convivencia más sana y menos crispada.
Si se pide separación de poderes e independencia del poder judicial, déjese trabajar y juzgar. Después, ya veremos qué hay que hacer.
A mí no me cabe duda de que, diga lo que diga la justicia, en Cataluña se produjo un golpe de Estado; pero tengo que ser cuidadoso y acatar lo que diga la sentencia. Y, por supuesto, desear que el entendimiento vuelva a todos y la convivencia se haga más llevadera. ¿Qué regusto puedo yo sacar de ninguna condena y de ver en la cárcel a nadie? No creo en el poder de regeneración de las prisiones y solo encuentro contento en ver que la gente se lleva bien, se ayuda y se entusiasma junta. Allá los supremacistas y los separadores con su conciencia.
Y lo más importante: el espíritu justiciero solo suele conducir a más crispación y a más enfrentamiento. Quien más está dispuesto a la comprensión e incluso al perdón termina siendo el que más gana, el que ensancha más la conciencia y el que duerme más a pierna suelta. Es siempre mejor ganar la guerra que vencer en una batalla.
Es verdad que, para ello, también hay que dejarse dar la mano y no rechazar cualquier aviso de aproximación y de bienvenida. Y no se ve mucho de eso. Cachis.
Y yo, ¿estoy a favor del indulto? De momento estoy a favor de indultar a Cs por este disparate que, desde mi punto de vista, ha cometido.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

TIME ON OUR HANDS



TIME ON OUR HANDS

Si yo tuviera tiempo para matar el tiempo,
para sentir al menos que aún estamos a tiempo.
Si entendiera que todo es ya cuestión de tiempo
y el tiempo fuera tiempo para mejores tiempos.
Si las caras del tiempo fueran de todo tiempo
y el amor no rondara vestido y a destiempo.
Si atrapar en el tiempo lo que no tiene tiempo
fuera cosa de tiempo y no de contratiempo.

Si al olvidar el tiempo me encontrara otro tiempo
en que tú fueras sola la medida del tiempo…

martes, 20 de noviembre de 2018

EL SENCILLO PLACER CON QUE LOS MIRO



EL SENCILLO PLACER CON QUE LOS MIRO

Cuando hay lluvia y las nubes
se funden y se vierten en el suelo,
vienen a descubrir que hay otra forma
de mirar lo que pasa por la vida;
mojan de amor las calles, las aceras
de prisas, de figuras fugitivas
que se dicen adiós, sin preocuparse
de todo lo del cielo y de la altura.

A imitación del modo de las nubes,
yo también bajo al suelo y me detengo
a contemplar lo hermoso que hay en cada
humilde cosa que hace nuestra vida,
de esa vida que habita y que nos roza,
que al por menor trabaja y crece y muere.

Ahora estoy a la mesa, practicando
la costumbre de darle el alimento
que me pide mi cuerpo
tres veces cuando menos cada día,
y tengo ante mis manos un cuchillo,
al lado un tenedor y una cuchara,
dispuestos todos ellos
a servirme de ayuda en la comida.

Con ellos corto pan, trincho y cuarteo
un trocito de carne o de pescado,
tomo verdura, saboreo un caldo
o pelo con sentido una manzana.
Los tomo con las manos, los ajusto
al tacto de mis dedos y al contacto
que requieren mis labios. Son amigos
del sencillo placer con que los miro.

Cuando acaba su afán, los pongo en fila,
como pasando lista, y los envío
al plan del friegaplatos. En silencio
parece que de mí ya se despiden,
y así hasta el día siguiente en que de nuevo
los reconozco fieles a mi lado
para hacerme agradable compañía.

Mientras como, los miro y pienso en ellos
y en todo lo que gratis me regalan,
los tomo entre mis manos, los abrazo
y me siento feliz y acompañado.
¿Qué pensarán de mí cuando los miro?

Es la otra vida escrita a ras de tierra,
de factura tal vez más cotidiana,
la que amaso sin darme cuenta apenas
de que es mi inevitable compañera.