domingo, 31 de marzo de 2019

UNA HISTORIA DE ESPAÑA



A ver cómo me las bandeo en esta aparente contradicción. Termino de leer este libro: Una historia de España, escrito por Arturo Pérez Reverte. Por cierto, aquí el empleo de la palabra Una se antoja fundamental. No me detengo en su glosa. Es en mí ya casi etiqueta natural el hecho de defender que la Historia me interesa casi exclusivamente en tanto que repercute en mi vida y en mis días. Los historiadores casi se enfadan conmigo ante esta formulación tan radical. Luego tomamos un vino, aclaramos y nos reconciliarnos. Veamos.
Solemos engolfarnos en los elementos que nos trae cada día, y, de ellos, solo en los que seleccionan los medios de comunicación, que, de esa forma, crean la historia que les interesa y nos conducen por un camino estrecho y acotado a su antojo. Por lo demás, el tiempo y los acontecimientos se producen a tal velocidad, que no tenemos tiempo ni para describir los más importantes. El formato audiovisual y otras zarandajas condicionan el resto y lo explican, aunque no lo justifiquen. O sea, que andamos todo el día mirándonos el dedo sin poder ver el ni el bosque ni la luna.
Tal vez por ello, sentarse unos ratos a echar un vistazo al recorrido que han trazado y han hollado nuestros antepasados, o nosotros mismos, ya con alguna edad para contarlo, tal vez suponga un remojón saludable y esponjoso, pues vuelven a la memoria, en pasarela continuada y en desfile al desnudo, los principales episodios que nos explican el presente, ese que nosotros protagonizamos, o que creemos protagonizar.
A socorrer esta necesidad creo que acude este libro de Pérez Reverte, autor con el que no siempre estoy de acuerdo -me lo imagino respondiendo: “Ni falta que hace”-. No se trata –y ahora soy yo el que repite: “Ni falta que hace”- de la obra sesuda y minuciosa de un historiador profesional, sino más bien una especie de índice, de resúmenes de etapas de nuestra Historia. Pero me parece que ofrece las claves de las mismas, y que un historiador no haría otra cosa que glosar estos resúmenes tratando de llegar a causas y consecuencias de segundo y tercer orden a partir de estas ideas generales.
El estilo coloquial e inmediato con el que Pérez Reverte adoba el contenido no hace más que añadirle atractivo a lo que se cuenta. De esta manera, la lectura se hace sabrosona y apetitosa. Es verdad que se usa el trazo grueso y descalificador con mucha frecuencia, sobre todo poniendo el foco en personas concretas y estamentos. Pero es que a uno el cuerpo y la mente le piden eso y mucho más en cuanto empieza a acumular hechos, imágenes y realidades. Por eso, al final queda un poso de amargura y de desazón, como de certeza de que no hay solución posible en esta piel de toro de nuestras entretelas. Y eso, sobre todo, porque no sabemos hacer mejor cosa que tirarnos continuamente los tratos a la cabeza, como si tuviéramos inyectado en sangre un gen cainita que no nos dejara parar. De nuevo las palabras del poema “De todas las historias de la Historia, la más triste, sin duda, es la de España”.
Habrá que empezar de una jodida vez a gritar que tampoco somos tan malos y que la Historia nos ha reservado, a pesar de los pesares, hechos y hazañas importantes; y que no todo lo de aquí es malo ni lo de fuera bueno. Papanatas, que somos unos papanatas. Y merecemos nuevas oportunidades. Eso sí, que los dirigentes, y nosotros mismos, no se apuñalen ni nos apuñalemos por la espalda a la primera oportunidad. Coño.
Voy a dejar aquí copiadas las palabras con las que el autor cierra sus consideraciones. Apuntan a un futuro más optimista y vigoroso. Las suscribo en muy buen a medida: “…Somos, entre otras cosas, uno de los pocos países del llamado Occidente que se avergüenzan de su gloria, que insultan sus gestas históricas, que maltratan y olvidan a sus grandes hombres y mujeres, que borran el testimonio de lo digno y solo conservan, como arma arrojadiza contra el vecino, la memoria del agravio y ese cainismo suicida que salta a la cara como un escupitajo al pasar cada página de nuestro pasado (…). Lean los libros que cuentan o explican nuestro pasado: no hay nadie que se suicide históricamente con tan estremecedora naturalidad como un español con un arma en la mano o una opinión en la lengua. Creo -y seguramente me equivoco, pero es lo que de verdad creo- que España como nación, como país, como conjunto histórico de naciones y pueblos, o como queramos llamarlo, ha perdido el control de la educación escolar y la cultura. Y creo que esa pérdida es irreparable, pues sin ellas somos incapaces de asentar un futuro. De enseñar a nuestros hijos, con honradez y sin complejos, lo que los españoles fuimos, lo que somos y lo que, en este lugar apasionante y formidable pese a todo, podríamos ser si nos lo propusiéramos”. Con dos cojones.

viernes, 29 de marzo de 2019

MONFRAGÜE



MONFRAGÜE

Allí donde la luz forma arco iris
con la brisa que surge de las aguas.
Donde los peces bailan y se bañan
al compás que les marcan las orillas,
y las piedras se mojan y se secan
con la toalla esponjosa de los aires.
Donde el corzo y el ciervo viven libres
entre jaras, encinas y retamas.
Allí donde las águilas y buitres
planean por los cielos, descuidados,
mirándonos mirarlos en sus vuelos,
o se acuestan tranquilos en las peñas,
como dueños de un ático con vistas
a toda la extensión de los pantanos.
Donde el vivir del cielo se ha hecho dehesa
de encinas, que conversan lentamente,
soñando la futura montanera.
Donde el sudor se escurre en los regatos
y deja al campesino suspirando
la justicia que viene de los cielos.
Allí donde dormita la presencia
de los caminos del cansado Tajo,
que mira hacia la mar y en sus pantanos
remansa la inquietud y la sorpresa
del perdido y confuso viajero.
Allí donde los cristos y milagros
van desde Torrejón a Serradilla,
saltando puente a puente, dehesa a dehesa,
y ven, miran y sienten complacidos
todo lo que a su paso ofrece el suelo.

Cielo y suelo al compás del mismo canto,
de una canción que suena lenta y deja           
un eco y un temblor en mi conciencia,
que no sabe cantar tan dulce canto.

jueves, 28 de marzo de 2019

CRÓNICA LOCAL



Repito con frecuencia que mis reflexiones aspiran a tener sentido general, por más que a veces partan de algún ejemplo particular y aparentemente inocuo. Por eso tal vez acudo con escasa continuidad a comentarios de carácter local o localista. Y eso que soy consciente de que es la realidad que me rodea y que en primer lugar me afecta. Hoy me permito romper mi costumbre.
Entramos -estamos ya de lleno- en un período convulso y agitado, el período electoral que se nos viene encima y que debería resultar la consecuencia lógica y normal de una democracia que se regenera en sus ideas y en sus cargos cada cierto tiempo. Los próximos dos meses están ya llenos con la programación de los detalles y los movimientos de unos y de otros, y no será fácil salirse de ese guion.
En Béjar, la ciudad estrecha en la que vivo, se produce algún fenómeno especial y diferente. Desde hace una legislatura, un grupo disidente del PSOE, TAB, actúa como agrupación política diferenciada. Por supuesto, tiene todo el derecho del mundo. Pero no estoy seguro de que el remedio no resulte peor que la enfermedad. Si yo echo cuentas y repaso los resultados de las últimas elecciones locales, concluyo que, sin esa separación, la izquierda podía haber gobernado en esta pequeña ciudad. Algo similar puede ocurrir en estas próximas elecciones locales. Tal vez, unos por otros, la casa se puede quedar de nuevo sin barrer.
Creo que conozco bastante bien las causas que produjeron esta separación y reparto culpas entre todos, aunque no en la misma cuantía. La descripción y el análisis no son para este formato, pero anuncio que los tengo escritos y tal vez algún día verán la luz. Son entre 40 y 50 páginas que describen mi visión directa de lo que sucedió.
La situación se repite de nuevo. Otra vez división y veremos con qué resultado. Me duele pensar que una de las causas principales del desacuerdo sigue manteniéndose viva y tal vez con más fuerza y visibilidad. Y así resulta más difícil la rectificación y la marcha atrás de cualquiera. Pero he de decir que esa división seguía siendo una realidad ya antes de que se conociera que la causa se mantendría, lo que significa que no solo se actuaba por esa razón sino por alguna más de otro tenor. Tampoco tengo claro con qué energía se puede defender, desde la agrupación originaria, una situación en la que no se cree y contra la que se ha protestado, sin por ello llegar a romper la baraja. Creo que no necesito ser más explícito, porque cualquiera puede entender qué palillo es el que estoy tocando.
En fin, que la situación anda confusa, que alguien se aprovechará de este río revuelto, y, sobre todo, que en esta comunidad seguiremos sin presentar un proyecto claro y preciso de ciudad que englobe a casi toda la gente que se siente progresista. La ciudad tal vez no lo merece. Y los ciudadanos que la formamos tampoco.
En todo caso, estas líneas no quieren ser ninguna cortapisa a los derechos de nadie ni a la actividad o agrupación que se crean oportunas. Se trata solamente de una consideración que puede afectar a todos en un sentido o en otro. Y, además, que puede estar equivocada. O no.

martes, 26 de marzo de 2019

SEGÚN EL COLOR DEL CRISTAL



“¿Es que no puedes dejarlo correr, darte por vencida y estarte quieta de una vez? ¿Por qué no descansas, ahora que ya sabes de qué se trata en este mundo, ahora que ya te has enterado de que no se trata de nada?” Djuna Barnes en su obra El bosque de la noche.
“Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento, que el pensamiento es estar siempre de paso” De una canción de Luis Eduardo Aute.
Son dos citas aparentemente contrapuestas que incitan a actitudes diferentes. ¿Cuál de las dos estará en lo cierto? Tal vez las dos, o acaso ninguna.
La primera parece representar el final de un proceso y señala una conclusión negativa y desesperanzada: “Ya te has enterado de que no se trata de nada”. Después de indagar, de ilusionarte, de moverte en el mundo de la curiosidad, todo te lleva a la convicción de que no hay más cera que la que arde. ¿Y qué haces entonces? ¿Te das un baño de realidad? ¿Te sumerges en el abandono? ¿Te dejas llevar? ¿Actúas sobre lo que hay y te olvidas de otros procesos mentales? ¿Rompes la baraja y dejas de engañarte con ilusiones y deseos inútiles? Ufff
Ya se ve que no se trata de esquivar la realidad ni la indagación mental; se trata más bien de algo más complicado como es la comprobación de que, después de los esfuerzos no se llega a ninguna solución satisfactoria, o al menos esperanzada.
La segunda cita anima a no dejarse aburguesar ni complacer con cualquier conquista mental; es una invitación a estar siempre alerta, a cuestionarse todo y siempre, a andar con la mosca detrás de la oreja, incluso con aquellas ideas y pensamientos que nos parezcan más asentados y claros, y a no cejar en el empeño de llegar algo más lejos y de descubrir alguna cosa más que nos haga la vida más racional y positiva.
Supongo que todos pasamos por etapas en las que predomina una de estas dos consideraciones, en las que los valles y montañas se alternan y en las que las ondulaciones marcan la continuidad de nuestros días. Es ese camino inevitable de caerse y levantarse, de reír y de llorar según el caso y de reconocernos volubles y desiguales.
Claro que sería mejor instalarse en el ánimo de un pensamiento siempre alerta y animoso, dispuesto a pegarse con la realidad racionalmente, aunque se lleve palos por todas partes, en guardia para cuestionarse absolutamente todo y para hacer de la vida una revelación continua. Pero no quisiera despreciar tampoco la primera consideración, aunque solo sea por real y por lo que significa, sobre todo si es el final de un proceso de razonamiento.
Tal vez un poco de todo no condimente mal, una brisa de aire y un reposo a la sombra, una curiosidad continua y un baño de realidad de vez en cuando.
Al fin y al cabo, se trata, en el fondo, de dos momentos de un proceso en el que la razón trabaja y deduce, actúa y se ilusiona, confirma y se desanima…
Estaba pensando en procesos de razón, no en vidas que no la cultivan en ningún sentido y que hasta animan a los demás a no complicarse con ideas raras y a dejarse de meter en berenjenales mentales. De esas no me acordaba ahora. O tal vez sí, pero para otra cosa.

lunes, 25 de marzo de 2019

SÍNTOMAS ACUSADORES



Las enfermedades suelen dar algún aviso antes de mostrarse en toda su crudeza. Por eso los síntomas adquieren importancia no tanto por sí mismos como por lo que encierran y anuncian. Con las palabras sucede otro tanto: nos delatan y valen no solo lo que significan sino lo que dejan intuir. A ellas voy.
Hechos: Palabras de Oriola, jugador de baloncesto del Barcelona: “Soy muy culé, pero antes que culé, soy antimadridista”. Ejemplos como este se repiten por doquier y a diario; este es solo uno más y nos sirve de pretexto para la breve reflexión. Véase qué sucede entre partidos políticos, y mucho más en época de elecciones.
Pero dejemos hoy las elecciones y quedémonos en el ámbito deportivo. No parece el contexto más tranquilo y racional. En este terreno, la pasión se desborda demasiadas veces y jibariza el poder y la influencia de la razón. No sé cuántos espectáculos muestran mejor el descontrol y la exageración que un partido de fútbol con miles de espectadores vociferando. Y, si se les azuza, como hace este jugador, la presa puede reventar por cualquier sitio.
Eliminar las pasiones del todo es sencillamente olvidar que el ser humano las posee y no puede vivir intensamente sin ellas. Situarlas por encima de la razón supone desentenderse de la capacidad que nos convierte en seres inteligentes y que nos pone un eslabón por encima de los animales.
Si seguimos en el mundo del deporte, afirmaciones como la del susodicho jugador no solo priorizan la pasión sobre la razón, sino que añaden un peldaño más que no resulta precisamente muy inocente ni inocuo. ¿Cómo se pude ser antes algo contra que a favor? ¿Cómo se puede desear antes el mal ajeno que el bien propio? ¿No es esta la semilla del odio? ¿No se trata de una muy grave enfermedad? ¿Qué comunidad puede resultar de seres que se muevan más a la contra que a favor de algo? ¿Qué complejo de inferioridad implica esta postura? ¿Qué beneficio se puede sacar de desear mal a los demás?
Supongo que se puede intentar quitar hierro al asunto diciendo que se trata tan solo de deporte y que un poco de rivalidad anima el rato. Pues no le veo yo esta gracia por ninguna parte. El personaje es público y ejerce una influencia grande. Este tipo de manifestaciones no son flor de un calentón sino producto de una escala de valores que se ha ido incubando poco a poco. Las consecuencias alcanzan otros ámbitos de la vida y del quehacer diario, pues se traslada el patrón a la política, a la religión y hasta al clima que tenemos. Me gustaría conocer de manos de un sociólogo sensato cuánta influencia ejercen estos hechos que comento en posiciones políticas. Déjenme que sospeche que mucha. Y solo hemos abierto la ventana del mundo deportivo…
Si alzamos la vista y ampliamos el panorama, la imagen y el razonamiento no cambian en mi mente. ¿Cómo se puede vivir a la contra y anteponiendo el odio al amor? Solo es posible en una comunidad enferma, muy enferma.
Por cierto, vi una parte del partido de baloncesto Madrid Barcelona el domingo. Creo que fue mejor el Barcelona y ganó justamente. Otra vez será.

sábado, 23 de marzo de 2019

DE BOTELLÓN EN BOTELLÓN



 Un amigo me manda un par de fotos en las que se da noticia de dos manifestaciones juveniles. La primera dibuja una calle repleta de gente joven protestando contra la situación climática y todo lo que comporta y acarrea. La segunda da muestra de un espacio repleto de desperdicios tras un botellón también de gente joven. Una contradicción absoluta y lamentable.
¿Qué conclusiones podemos extraer de ello? ¿También de tipo contradictorio? Pues posiblemente. Alguien tiene que empezar a poner pie en pared para gritar que esto no puede continuar así. A mí me gusta que sea parte de la gente más joven la que salga a la calle a gritar: ellos son la generación que va a heredar este planeta, y no parece que en las mejores condiciones para vivir.
Algunos datos asustan. Y los datos se pueden interpretar, claro, pero primero hay que describirlos y nuca esconderlos. Queremos soplar y sorber, sin darnos cuenta de que esto todavía no se ha inventado y no hay perspectivas de que se vaya a conseguir alguna vez. El planeta se nos queda pequeño ya y alguien ha calculado que, si seguimos con este ritmo de crecimiento, no muy tarde ya solo cabremos unos junto a otros y de pie. Vaya panorama. Pero es que la temperatura crece a ojos vista (que se lo digan a la nieve este año), los casquetes polares se derriten (a pesar de lo que diga el primo de Rajoy, que vaya la que le ha caído encima al buen hombre), falta agua por doquier, no queremos la energía nuclear (yo tampoco), pero nos quedamos de fiesta por la noche hasta las tantas gastando luz, muchas especies animales corren peligro de desaparecer, los protocolos internacionales apenas se cumplen, queremos ir todos conduciendo nuestro propio coche… Y no se puede estar todo el tiempo diciendo que nos quedan pocas posibilidades de revertir la situación porque el lobo alguna vez llegará de verdad.
Tal vez alguna solución, por pequeña que parezca y sea, tenga que ver con el ámbito pequeñito en el que cada uno se mueve, porque las ideas generales parece que nos quedan muy lejos y nos hieren sin saber muy bien cómo actuar ante ellas.
De modo que, a estos jóvenes y a todos los demás habrá que recordarles que una cosa es predicar y otra distinta dar trigo, y que no se puede repicar y andar en la procesión.
Mientras, muchos aspirantes a legisladores andan preocupados por un quítame allá esas pajas y se afanan en descalificar a los contrincantes como si en ello les fuera la vida.
No deja de ser otro botellón más. Pero de consecuencias desastrosas.

viernes, 22 de marzo de 2019

A TIRO LIMPIO



En los sistemas democráticos, los desacuerdos se deberían resolver con la palabra, con la razón y con la suma de las decisiones, tomada con serenidad y con cordura; todo puede ponerse en solfa, hasta los disparates más exagerados. Si la comunidad es adulta mentalmente, debería saber discriminar y elegir entre lo que se le propone y dejar con el trasero al aire aquello que se aleja de la razón, del sentido común y de la buena voluntad.
Los períodos electorales propician tal vez las mejores ocasiones para sacar al ágora las ideas más consistentes y las más peregrinas. Hay de todo y no todo es trigo limpio. Lo que apunta a la descalificación personal de los contrarios debería llenar los cubos de basura y ser retirado al menos un par de veces cada día, porque apesta. La selección se debería hacer de las ideas que se proponen. Algunas son peregrinas, otras peligrosas y otras más parecen sacadas del rincón de los horrores.
Hay un partido que propone la posibilidad de permitir la posesión de armas a particulares para defensa personal. Se conoce que han visto muchas películas de Origud y quieren imitarlas. Casi al mismo tiempo, me entero de que la policía ha detenido en la comarca de Béjar, que es donde vivo, a un individuo de unos cuarenta años con un arsenal de este tipo de artefactos.
Este colega debe responder ante la justicia por sus hechos, el partido citado no debería recibir ni los votos de sus candidatos.
¿Pero cómo se puede ser tan burro, tan asno, tan borrico, tan jumento, tan pollino, tan garañón, tan onagro, tan necio, tan torpe, tan ignorante, tan adoquín, tan tonto, tan imbécil, tan idiota, tan zote, tan zopenco, tan zoquete, tan zafio, tan ordinario, tan incivil, tan grosero, tan matón, tan pendenciero, tan provocador, tan…?
Seguramente estamos hablando de personas cuyo bagaje intelectual incluya muy pocas razones y sí mucha bravuconería, escasa confianza en el pensamiento y total credulidad en el palo y tente tieso, recelo ante los demás y ataque de chulería de sí misma.
La frase latina si vis pacem, para bellum los ha anclado en la realidad de hace más de dos mil años. ¿Resulta tan difícil entender que, en comunidades avanzadas, el uso de la fuerza solo se le puede conceder al Estado, y con una vigilancia continua para que no se exceda en su uso? ¿Por qué ven fantasmas por todas partes? ¿Creen que están en el Oeste? ¿Acaso piensan que solo existe una moral, que, por supuesto, es la suya, y que quien de salga de ella merece condena a garrote vil? ¿Esta gente sonríe alguna vez? ¿Ha repasado siquiera un índice del libro de la Historia?
Miedo da pensar qué hay detrás de la cabeza del colega que almacenaba armas (vete a saber para qué) y mucho más de una organización política que aspira a repartir en lugar de ideas y sonrisas, balas y garrotes. Qué nivel.
Pues por ahí andan, por la calle y a plena luz del día. Tal vez hasta me cruzo con ellos por las aceras y parques. Ufffffffffffffffff