miércoles, 20 de mayo de 2026

¡PIOVE, PORCO GOVERNO!

 

 

¡PIOVE, PORCO GOVERNO!

La famosa sospecha que echa en las espaldas de cualquier Gobierno todos los males se ha utilizado casi siempre, pero no sé si con tanta frecuencia e intensidad como en estos momentos. Llevamos ya varios años en los que todo parece que mana desde la fuente que debe de poseer el presidente del Gobierno escondida en alguna parte de su cuerpo. Al menos eso es lo que quiere hacer saber la oposición de derechas. Todo es “sanchismo”. No puedo por menos de traer al recuerdo a un antiguo regidor de la ciudad estrecha en la que vivo, que, incluso un año en el que la nieve escaseó, echó la culpa de que nevara poco al entonces presidente Felipe González. Así, literalmente, la cita no se mueve ni un punto de la realidad.

La última es una acusación que se hace ante un juez al expresidente Rodríguez Zapatero. También la culpa es de Pedro Sánchez. No faltaba más, claro. Todo se singulariza en una persona, sea blanco o negro, llueva o haga frío. Así se evita analizar los hechos, se empuja peligrosamente (por oposición) a crear cesarismos peligrosísimos, se polariza todo, se anula la serena discusión de ideas y se crea un ambiente de putrefacción que hiede y tapa la nariz y el entendimiento. Cuando no hay ideas, sino solo intereses, todo vale con tal de conseguir el fin propuesto, que no es otro que el derrocamiento del poder establecido.

Pero vayamos al caso de ahora mismo. Mis consideraciones, jerarquizadas, ordenadas y en forma de guion, son estas:

1.- La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero y acuse quien acuse. Es lo primero que hay que considerar e investigar.

2.- Si de las investigaciones se derivan responsabilidades penales, hay que asumirlas, recaigan estas obre quien recaigan, de nuevo, sea este Agamenón o su porquero.

3.- Pártase del principio de la presunción de inocencia.

4.- La investigación está en los primeros pasos y nadie ha aportado pruebas de las acusaciones que se imputan.

5.- Me cuesta muchísimo encajar la personalidad y la trayectoria del señor Rodríguez Zapatero en esos tejemanejes. Pero esta es solo una impresión personal.

6.- Con independencia de cuál sea el final de este proceso, que ahora solo se inicia, ¿alguien va a considerar alguna vez en serio lo que significa el tráfico de influencias: quién lo genera, quién se presta a él, qué estructuras de todo tipo lo favorecen, con qué frecuencia y en qué niveles de la vida social, laboral y de la política se produce...? ¿No es esta la clave de tantísimos comportamientos personales, sociales y políticos?

7.- Y, para no alargar mucho el guion: cualquiera de estos hechos que tanto llaman la atención y que tanto alimentan el morbo y llenan programas de los medios de comunicación ¿no nos oculta -por su repetición- la serena discusión acerca de si un sistema político es mejor o peor que otro y algo menos malo que el que predican los demás?

¿Cuándo, entre unos y otros, nos van a dejar opinar acerca de ideas, o sea de ideologías, y no solo de comportamientos individuales, y de hechos aislados, muchas veces inventados o descaradamente multiplicados, que se pierden en acusaciones singulares y que nos impiden aportar alguna luz acerca de los sistemas y las ideologías diferentes? ¿Quién está más interesado y saca mayor producto de este enfangamiento?

No me imagino la condena de Rodríguez Zapatero ni nada encaja con su trayectoria. Le deseo lo mejor. Pero, como le ha sucedido a tantos, debe someter su comportamiento a las leyes. Y reivindico, por encima de cualquier comportamiento personal, la bondad -o, si prefieren, la menor maldad- de un sistema ideológico social que piensa en sentido comunitario y que no deja a los más necesitados al amparo del aire, frente a otros que eligen como prioridad los derechos de los que más poseen y su defensa, si es que además no les echan además la culpa a los más desfavorecidos de su situación deficitaria.

En esto sí que se cumplirá aquella frase bíblica que afirmaba lo siguiente: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

2 comentarios:

mojadopapel dijo...

El problema de este país, Antonio, es que no trata ya de ideologías, sino de corrupción por todos lados, lo mires por donde lo mires.

Antonio dijo...

Entonces, ¿no será ya, de una puñetera vez, la hora de tratar las ideologías?; que no son lo mismo que las inquebrantables adhesiones personales ni partidistas.