lunes, 26 de octubre de 2026

"GANARÉIS, PERO NO CONVENCERÉIS"

 

13-10-2026     “GANARÉIS, PERO NO CONVENCERÉIS”

Cuando la realidad se presenta en plano corto y todo se te viene encima de repente, resulta difícil abstraer, alzar la mirada y pedir un plano largo o una panorámica para describir y analizar con calma. Algo de esto se produce en estos momentos en los que el foco se concentra y la luz anega el entendimiento dando todo el campo al impulso y a los instintos más elementales.

Hoy el tono de expresión ha alcanzado decibelios muy por encima de lo que el oído puede permitirse, y lo hace no solo en el nivel físico, sino, sobre todo, en el nivel mental. Oír hoy manifestaciones en algunos medios -con razón y sin razón, que no todas son iguales- resulta un sufrimiento y hasta un escándalo. Leer vómitos de gente anónima en redes sociales produce verdaderas náuseas. Y así a poco más de un mes para las elecciones generales. La lógica enseña que esto no hará más que crecer y que lo que hoy es chispa mañana puede convertirse en llamarada.

Ayer mismo veía cómo un grupo numeroso (procedente del contexto de los desfiles militares y compuesto por niños apenas adolescentes) se deshacía en insultos contra el presidente del Gobierno. Hoy leo comentarios anónimos dedicados al padre del expresidente Zapatero, fallecido hoy o ayer, que no son ni para reproducirlos por escrito. Los mítines, de los que los medios solo recogen aquello que más morbo puede despertar, predican argumentarios y pullas al contrario como si de un combate se tratara. Y en este plan.

Es tiempo de ignominia y de crueldad. La razón tiene miedo y se esconde porque se siente impotente y no encuentra un altavoz que recoja sus ideas.

Y, sin embargo, no podemos callar: no es tiempo de rendición ni de esconderse en uno mismo. Ayer mismo se cumplía el aniversario de aquellas palabras de Unamuno ante la fuerza bruta, chulesca y analfabeta: “Ganaréis, pero no convenceréis”.

No se trata de eliminar las opiniones de los que piensan de manera distinta, lo que se pide es que se expresen ordenadamente, con la lógica del razonamiento y con la base del silogismo, con el tono de la concordia y con el deseo del bien general y no particular.

Una prueba casi definitiva contra los que elevan el tono del insulto y de la descalificación es precisamente esa: la falta de razón los lleva a fiarlo todo al grito, al insulto y a la descalificación absoluta. En ese contexto, la convivencia se hace casi imposible y el intercambio de ideas (si se tienen y no solo se tienen intereses) se presenta como una posibilidad casi insalvable.

Como cada cual sabrá en qué tiene que mejorar, yo querría situarme en aquel estado que proponía Gramsci: “Pesimista con la inteligencia, optimista con la voluntad”. O, en tono popular; “Al mal tiempo, buena cara”. Que habrá que seguir en la convivencia y en la esperanza de que vengan tiempos mejores en los que la razón se imponga a los impulsos y a las peores maneras.

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