13-10-2026 “GANARÉIS, PERO NO CONVENCERÉIS”
Cuando la realidad se
presenta en plano corto y todo se te viene encima de repente, resulta difícil
abstraer, alzar la mirada y pedir un plano largo o una panorámica para
describir y analizar con calma. Algo de esto se produce en estos momentos en
los que el foco se concentra y la luz anega el entendimiento dando todo el
campo al impulso y a los instintos más elementales.
Hoy el tono de
expresión ha alcanzado decibelios muy por encima de lo que el oído puede
permitirse, y lo hace no solo en el nivel físico, sino, sobre todo, en el nivel
mental. Oír hoy manifestaciones en algunos medios -con razón y sin razón, que
no todas son iguales- resulta un sufrimiento y hasta un escándalo. Leer vómitos
de gente anónima en redes sociales produce verdaderas náuseas. Y así a poco más
de un mes para las elecciones generales. La lógica enseña que esto no hará más
que crecer y que lo que hoy es chispa mañana puede convertirse en llamarada.
Ayer mismo veía cómo
un grupo numeroso (procedente del contexto de los desfiles militares y
compuesto por niños apenas adolescentes) se deshacía en insultos contra el presidente
del Gobierno. Hoy leo comentarios anónimos dedicados al padre del expresidente
Zapatero, fallecido hoy o ayer, que no son ni para reproducirlos por escrito.
Los mítines, de los que los medios solo recogen aquello que más morbo puede despertar,
predican argumentarios y pullas al contrario como si de un combate se tratara.
Y en este plan.
Es tiempo de ignominia
y de crueldad. La razón tiene miedo y se esconde porque se siente impotente y
no encuentra un altavoz que recoja sus ideas.
Y, sin embargo, no
podemos callar: no es tiempo de rendición ni de esconderse en uno mismo. Ayer
mismo se cumplía el aniversario de aquellas palabras de Unamuno ante la fuerza
bruta, chulesca y analfabeta: “Ganaréis, pero no convenceréis”.
No se trata de
eliminar las opiniones de los que piensan de manera distinta, lo que se pide es
que se expresen ordenadamente, con la lógica del razonamiento y con la base del
silogismo, con el tono de la concordia y con el deseo del bien general y no particular.
Una prueba casi
definitiva contra los que elevan el tono del insulto y de la descalificación es
precisamente esa: la falta de razón los lleva a fiarlo todo al grito, al
insulto y a la descalificación absoluta. En ese contexto, la convivencia se
hace casi imposible y el intercambio de ideas (si se tienen y no solo se tienen
intereses) se presenta como una posibilidad casi insalvable.
Como cada cual sabrá
en qué tiene que mejorar, yo querría situarme en aquel estado que proponía
Gramsci: “Pesimista con la inteligencia, optimista con la voluntad”. O, en tono
popular; “Al mal tiempo, buena cara”. Que habrá que seguir en la convivencia y
en la esperanza de que vengan tiempos mejores en los que la razón se imponga a
los impulsos y a las peores maneras.
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