viernes, 9 de enero de 2015

CONTRATO INDEFINIDO


CONTRATO INDEFINIDO

Que mi máscara vuele con el viento
y me quede desnudo entre las sombras
de la página en blanco en la que escribo.

Aquí será el silencio y el misterio,
el primitivo griterío del verso,
yo a solas, ni conmigo ni con nadie,
al servicio exclusivo
de esculpir en la nada la palabra.

Hasta que el viento olvide que me viste
un azul de alegría y de contento,
que mis manos no esculpen si no cantan

esa nada que muerde en cada instante.

jueves, 8 de enero de 2015

LOS CUENTOS VERDADEROS


A mi nieta Sara le gustan mucho los cuentos; y le gustan también las películas de dibujos animados. Si son en tres dimensiones, entonces ya ni pestañea. Cuando voy a verla, o cuando me visita, procuro sentarme con ella para pararme también ante esos mundos de aventuras y de magia. Yo tuve pocas oportunidades cuando tenía su edad y ahora recupero algo el tiempo, aunque a veces tenga que realizar algún esfuerzo añadido. Cuando aparece alguna escena en la que el personaje malo realiza algo contra el bueno, Sara se da la vuelta y no quiere ver la pantalla hasta que termina la escena. Yo aprovecho entonces para abrazarla y para darle un buen achuchón, para indicarle que estoy allí como guardia de seguridad, que nunca le fallaré si algún día se siente desprotegida.
Pero cuando me siento más cómodo es cuando, vencida por la continua actividad del día, Sara comprende que tiene que dormir. Entonces buscamos un cuento y ella selecciona a un lector, pues siempre tiene varios voluntarios para leerlos. Cuando me toca -y procuro que sean muchas veces-, me siento, abro el libro y empiezo a representar. El tono, la intensidad, el timbre, los silencios, los gestos…, todo procuro que sea lo más adecuado para que ella imagine, sienta y sueñe. En ese contexto, sus sueños se asoman y la acompañan durante toda la noche. A la mañana siguiente, ella sabe que tiene brazos abiertos que la esperan para empezar otro nuevo día. Como si su vida entera fuera un cuento. Qué pena que no sean tantos los días que estoy junto a ella.
Y es que yo, que prevengo contra el tipo de personajes que aparecen en bastantes cuentos, porque me parece que van dejando un poso de elementos demasiado tradicionales y hasta retrógrados, también quiero reivindicar la potencia de la magia en los cuentos y en las historias imaginarias.
Cuando se abre la puerta del “érase una vez”, todas las posibilidades se convocan para crear un mundo en el que refugiarnos, una realidad que no es la de cada día sino otra en la que nos gustaría instalarnos para no salir de ella. En esa realidad, el tiempo y el espacio se alejan de nosotros y se miden de otra manera pues sus límites se pierden en las nieblas de nuestra imaginación. Y en esas coordenadas, los personajes ya están capacitados para realizar cualquier cosa que a nosotros nos parece imposible. Por eso los animales hablan, los montes corren, los árboles vuelan o las casas se construyen con elementos diferentes. ¿Cómo no vamos a sentirnos atraídos por esa nueva realidad soñada? Por si fuera poco, los espacios y la naturaleza nos acompañan y nos protegen en su seno, como si fueran un camino de iniciación y de misterio.
En ese contexto, el niño -y el menos niño- empieza a entenderse a sí mismo y comienza a relacionarse con los demás. Aquello que ve desarrollarse en los personajes del cuento es posible que también se pueda despertar en su corazón. Ahí empieza la empatía y ahí crecen por primera vez sus deseos y sus anhelos, sus temores y sus alegrías. Son sus primeras catarsis, sus primeras prolongaciones más allá de los abrazos, de los besos y de las caricias de las personas que los rodean. O su vuelta a las caricias y a la seguridad de los brazos de sus próximos, si se sienten amenazados.
Un cuento infantil es siempre una excepcionalidad, una forma de vida diferente y nada usual. Pero cada uno de ellos está cargado de un simbolismo que debemos trasladar en pequeñas dosis al niño que lo lee, que lo ve o que lo escucha. Esa será la mejor manera de ir creando un espacio sólido para que maduren tanto la realidad más mostrenca como la realidad soñada, para que embridemos los deseos pero también para que no dejemos de indagar y de aspirar a mundos mejores para nosotros y para todos los demás. Cada cuento nos enseña algo interesante, nos sumerge en un sueño que merece la pena vivirse.

Tengo ganas de volver con Sara para ver alguna peli de las que ella selecciona, pero sobre todo para leerle algún cuento mientras ella me escucha y, a veces, se deja ir al mundo de sus sueños. Ahora empezamos a tenerlo más fácil porque ya ella también lee y podemos irnos juntos al mundo de la fantasía, al de los cuentos verdaderos. 

miércoles, 7 de enero de 2015

"EN EL NOMBRE DEL DIOS CLEMENTE Y MISERICORDIOSO"



Esta es la fórmula con la que comienzan las CXIV suras del Corán.
“Doce muertos en un atentado contra un semanario satírico en París. Tres hombres armados encapuchados han disparado con armas automáticas esta mañana contra la sede de Charlie Ebdo. Además de los doce muertos hay cuatro heridos muy graves. La revista publicó en 2006 las caricaturas de Mahoma y tiene una gran tradición crítica y reivindicativa.” Es noticia que transcribo del diario El País. En el mismo diario se recogen unos gritos de los terroristas cuando huían: “Hemos vengado al profeta Mahoma.”
Ya se ve que tengo poca vara alta en estos asuntos pues no hace nada pedía como regalo de reyes que los dioses se pusieran de acuerdo, que no se enfadaran y que no montaran, o que no dejaran que montaran en su nombre, estos desaguisados. Es mejor que lo dejen en manos de los hombres porque nos ponemos de acuerdo con más facilidad, a pesar de nuestras evidentes limitaciones.
El común de los mortales se asusta con estas noticias y despotrica contra los que cometen estos actos tan desgraciados. Yo también lo hago. Pero, de nuevo, esto me parece muy poco, sobre todo si se nos olvida en cuanto los medios dejen de apabullarnos con imágenes y datos del asunto. Los familiares y allegados se quedarán más tiempo en el contorno del atentado; y no seré yo quien se lo reproche; pero a los demás les ruego una mirada un poco más panorámica y una búsqueda de las causas que provocan y de las consecuencias que de él se derivan.
Yo confieso que he leído el Corán. Y, o yo no sé leer, o hay afirmaciones que me aterran y que me parece que soportan hechos parecidos a los que después vemos que suceden. No soy especialista en este libro. Me gustaría verlo explicar a los que hayan dedicado más tiempo a su lectura y que hayan reflexionado más acerca de sus enseñanzas y sus incitaciones. Y que lo hagan en público, en un diálogo sereno entre los que sean más favorables y menos propicios. Si puede ser, que se abstengan los clérigos de todo tipo, por contaminación y por ser jueces y parte. Solo después podremos hacernos una idea más exacta del contenido y del alcance de sus páginas. Mírense, por ejemplo las siguientes suras y versículos: II,23; II,59; II.78; II,158; II,183; especialmente desde II,186 a II,193, II,220; II,222… y tantas otras. Es que en ellas se dice lo que se dice y no lo que se quiere leer. Es verdad que en otros apartados se dicen otras muchas cosas que firmaría cualquiera, pero en el sentido común y sin necesidad de ser profeta ni coño que lo fundó también se afirman y se concluyen ideas de solidaridad, de ayuda, de amor, de justicia y de paz.
Para que todo esto no se encone, aparecen los intérpretes más calmados y menos talibanes. Como siempre que ocurre algo parecido, se apresuran a decir que el libro hay que entenderlo de tal o cual manera y que estas no son formas. Pero es que todos hacen panes con la misma masa, y no todos son templados y moderados.
Es elemental pensar que todo esto se produce en un contexto que explica pero no justifica los horrores que sufrimos. Porque ahí están las relaciones de los mundos oriental y occidental; y están las escalas de valores de este lado de acá de la raya, tan poco atractivos para ellos, y para algunos de nosotros; y están sus valores, tan poco dados a la razón y tan atrasados en nuestra visión occidental; y están tantas y tantas cosas.
Cuánto mal siguen produciendo las religiones a lo largo de la Historia. Y cuánto mal van a seguir produciendo. Porque la lógica sigue diciendo que este desvarío va a continuar. Y, por desgracia, este país de la piel de toro anda en el punto de mira más cercano. ¡Y todo en el nombre de Alá, “el Dios clemente y misericordioso.”  !Qué barbaridad!, ¡qué locura!, ¡qué desatino!, ¡qué animalidad!, ¡qué deshumanización! Tener dioses para esto…

Uno mira para la historia del más acá y no se consuela demasiado porque también en el nombre de este dios se siguen cometiendo barbaridades sin cuento. Menos mal que al menos parecen un poco menos salvajes y menos antediluvianas.  

martes, 6 de enero de 2015

OTRA MAGIA MÁS REAL


Pocas fiestas me producen sensaciones tan contradictorias como esta de Reyes. Por una parte está todo el ambiente de la magia, de la sorpresa y de la ilusión del mundo de los niños; por otra todo lo relacionado con el trasiego comercial que con ella se produce.
¿Quién podría poner reservas a que un niño viva momentos de ilusión y de magia? Para que mi nieta, o cualquier niño, se emocione, yo estoy dispuesto a vestirme de rey, a declararme monárquico, a organizar una cabalgata, a aburrirme soberanamente toda una tarde de compras y hasta a afirmar que el día es la noche o viceversa.
Pero no estoy muy seguro de que el mundo de la emoción y de la magia se consiga solo con este ritual al que asistimos casi todos complacidos y sin poner ningún pero. Momentos de magia y de ilusión se pueden crear de muchas maneras y en cualquier día del año, con cosas pequeñitas y elementos más visibles y próximos al niño, más creíbles y educadoras. ¿A qué nos lleva la costumbre de unos reyes, de oriente, desconocidos, sin continuidad y con fecha segura de caducidad? Yo creo que a contento momentáneo pero a desilusión posterior, a desengaño en esos momentos en los que el niño empieza a sospechar que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Parece como si quisiéramos ordenar la vida en un orden decreciente desde lo sublime hacia lo más mostrenco y desengañado; como si quisiéramos afirmar algo así como déjate llevar por la magia que después la vida ya se encargará de darte palos por todas partes. El panorama, así visto, no se presenta demasiado halagüeño. Yo apostaría por una educación más sencilla y próxima a lo verosímil y abarcable por el ser humano. No es poco si lo pensamos bien. ¿Por qué no pensar, por ejemplo, en lo que significa compartir entre los seres con el reparto de regalos? No necesitamos ni reyes, ni príncipes, ni ministros… Nada. Nosotros mismos lo podemos organizar sin aspavientos y con resultados más positivos, educativos y duraderos. ¿Para qué necesitamos engañar a nuestros niños con algo que no resiste ni el más mínimo razonamiento? ¿No es más fácil enseñarles que no hay magia que consiga repartir regalos en todos los hogares del mundo en una sola noche? Pienso que no se pierde nada y que se gana mucho. Pero sé que es un camino pedregoso y que ataca sentimientos y costumbres muy arraigadas.
El resto me resulta mucho menos atractivo. Todo es comercio y publicidad, dominio del dinero e imposición del poderoso. Para paliar el asunto (o acaso por acabar de completar el negocio) se suman las campañas caritativas de los mercadillos beatíficos de ningún niño sin un regalo y todas esas cosas que envuelven el mundo por unos días en una atmósfera de cuidados paliativos, mientras nos lanzamos a la cuesta de enero con toda su crudeza y realidad. Claro que, para ello, ya se ocupan de recetarnos la medicina de las rebajas, otro señuelo más hasta que el Corte Inglés dé la salida de “ya es primavera” y nos sitúen en una nueva etapa de un ciclo interminable. ¿Por qué supeditar todo al dinero si es evidente que se pueden hacer muchas cosas sin su concurso o al menos con menos del que nos empujan a conseguir? Después llegan los fracasos y los enfados, las situaciones de desesperación y las protestas porque el sistema no nos acomoda según nos gustaría.

¿Por qué no pensamos alguna vez si no será el sistema el que nos descoloca a casi todos y si no será necesario cambiarlo o al menos modificarlo profundamente? Tal vez proponer esto el día de Reyes sea atrevido. Tal vez. Pero es en estas ocasiones en las que mejor se puede ver si merece o no merece la pena. 

lunes, 5 de enero de 2015

LA SORPRESA DE LA NATURAL(EZA)


En esta representación del mundo, tan cargada de oropeles y de apariencias, con cierta frecuencia, la sorpresa de toparnos con la belleza  nos la da la propia naturaleza.
En cualquier tipo de manifestación artística, o simplemente diaria y repetitiva, parece que, en cuanto un fenómeno se ha repetido unas cuantas veces, decae en su atractivo y en su encanto y ya esperamos solo la manera en que la próxima vez ese fenómeno aparezca revestido de ropajes diferentes y con unas dimensiones externas distintas. Cuando se trata de la creación, entonces la novedad formal se transforma casi en la esencia de lo que va a ser más valorado y considerado. Rarísima vez esas novedades son tales, pues suelen repetir elementos que ya en anteriores períodos se habían estimado pero que, por la fuerza de la necesidad del cambio, habían caído en desgracia, cuando no en el olvido. La historia de las corrientes artísticas se explica fácilmente como una lucha pendular, como un vaivén de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, incorporando simplemente aquello que el discurrir de la Historia transforma en elemental y general, naturalmente. Así en literatura, en pintura, en música, y en otra manifestación cualquiera.
Si la reflexión la trasladamos a la moda y a la publicidad, entonces la afirmación se hace tan evidente que apabulla. Cualquier listillo sabe que la camisa que se dejará de llevar a final de temporada volverá con fuerza al cabo como mucho de un par de ellas más, si acaso con la incorporación de un botón más grande o más pequeño. Y lo mismo ocurrirá con los zapatos y con los vestidos… De tal manera que el que quiera comprar barato no tiene más que esperar a las rebajas y guardar una temporada. Y que gasten en novedades los tontos del lugar, que, desgraciadamente, son demasiados.
La naturaleza repite sus ciclos sin prisas y aparentemente sin cambios notables, todo parece que le importa un rábano desde las prisas de los seres humanos, su paso no es el nuestro y no parece conocer el atractivo de lo distinto o de lo novedoso. El frío llega y se acortan los días cuando tienen que hacerlo, y se estiran y se abren a la luz cuando llega la hora, ni antes ni después. ¿Para qué? parece preguntarse.
Y es entonces, en la contemplación de esa natural(eza), en la reflexión con esa natural(eza), cuando uno puede comprender que, oh milagro, se produce precisamente la magia de lo natural, de lo más clásico, de lo que menos engaña, de los parámetros controlables, de las sensaciones complacidas, de la certeza de pertenecer a un conjunto de elementos amplio y duradero, más importante y hondo que uno mismo. Ahí anida la sorpresa y con ella la admiración y hasta la exclamación. A veces incluso hasta aquella evocación del “cesó todo y dejeme, dejando mi cuidado…”
Son tantas las prisas, es tanto el acoso de la novedad, el empujón por comprar y rozar cosas engañosamente nuevas, el engaño ante la sensación de que lo “nuevo” es lo válido, que una mirada atenta, una consideración templada, un paseo tranquilo, un paisaje variado, un cielo contemplado, una conversación serena y reposada, una fuente que mana y deja la continuidad del sonido en la taza, un camino que apunta hacia lo lejos, una bandada de pájaros que dibuja piruetas imposibles en el aire, el tiempo y el espacio que nos llevan, un jardín o una huerta cultivados con mimo, el trago de una bota cara al cielo, la charla sobre todo y sobre todas las cosas… terminan causándonos sorpresa y apareciéndose como la novedad, como lo insólito, como la belleza más sabrosa y como el elemento salvador ante tanta urgencia, ante tanta impaciencia y ante tanta mentira y apariencia.

Todavía lo natural está en la naturaleza. Parece una obviedad decirlo pero causa sorpresa. Y descubrir su existencia y rumiar sus leyes nos sitúa a todos ante el milagro continuo de la vida, de la vida real y verdadera, del valor sin valor de la belleza.

viernes, 2 de enero de 2015

VALS DE LA DESMEMORIA



VALS DE LA DESMEMORIA

Está deshabitando su memoria
a una velocidad incontrolada.
Primero fue la bolsa de la compra,
que se quedó en la tienda sin notarlo;
después, pasos marcados en dirección contraria;
luego no supo cómo
se limpiaba la mesa sin mancharse…;
y, ahora, sencillamente, no sabe que no sabe.

El, para acompañarla y consolarse,
saca del saxofón las melodías
que llenaron las horas de la infancia
y los días azules en los que se besaban,
y sueña que bailaban agarrados
al son de las canciones en los bailes.
Por eso ese concierto tan sentido
que le ofrece al llegar cada mañana.

Llora el saxo y a veces
se calla y se refugia en el silencio.
Yo lo escucho y escucho en mi terraza
los pasos de ese baile acompasado
que se marcan
buscando inútilmente en sus miradas
la música y los besos
que el tiempo ha arrebatado
anulando la luz de su memoria.

Escucho, siento, sueño,

pienso, y a veces lloro con su baile.

jueves, 1 de enero de 2015

MI PASEO NOCTURNO EN NOCHEVIEJA


Comencé de nuevo el año con mi paseo  acostumbrado por la oscuridad de la noche. Pero la oscuridad y el silencio buscados solo lo fueron a medias pues el bullicio y las prisas lo llenaban casi todo.
Brindé con mi familia con los mejores deseos, oí los primeros ruidos en la calle y salí para sumergirme en el silencio de la noche. Nada más salir me atronó el ruido de un coche que circulaba a ochenta o noventa kilómetros por una calle en la que es obligado no pasar de los treinta. En su interior iba un joven en un estado indefinido. MI primer enfado. A los diez segundos lo volví a oír en dirección contraria y a la misma velocidad. Alcé las manos como muestra de protesta y desapareció. ¿Qué buscaría el pobrecito? ¿Quién le habría llevado a considerar aquello como algo normal? ¿Qué sociedad es la que permite y hasta aplaude semejantes manifestaciones de instinto animal?
Mientras descendía por la calle Olivillas, los ruidos de petardos seguían atronando desde distintos puntos de la ciudad, y los coches, a menor velocidad que el primer loco, iban y venían en ambas direcciones. La luz y el sonido estridente me acompañaban, Yo solo deseaba quedarme solo en la oscuridad.
Lo conseguí a medias en el paseo que va desde el puente de la vía del tren hasta la carretera general, que asciende, mirando a la ciudad, por la cara norte de la ladera del monte. La nueva barriada construida en aquel paraje parecía tranquila en medio de la noche.
Cuando alcancé la Fuente de doña Elisa, aún cruzaban coches por la carretera, pero ya era yo mismo el que podía recrearme en mi interior y en el exterior, a través del pensamiento y de la vista. Es verdad que las luces iluminaban los hogares en el cerro alto en el que está asentada la ciudad estrecha, pero yo las miraba y me miraba, y miraba también hacia lo alto donde brillaban las estrellas en una noche clara y misteriosa.
Pensé entonces en las gentes de enfrente, en aquellas que vivían la noche desde el interior del ruido, cada una según sus necesidades y según sus apetencias. Yo quería estar solo y lo estaba, deseaba pensar unos minutos y pensaba, deseaba soñar y soñaba.
La nostalgia me llevaba hacia atrás, hacia el año que se despedía y hacia alguno de los acontecimientos que lo habían jalonado. Había en esa nostalgia elementos externos y elementos más personales e internos. Imaginaba cuáles podrían ser compartidos con las demás personas, cuáles serían considerados importantes en la misma medida y cuáles serían importantes para algunos y sencillamente despreciados por los demás. No sé cuántos sería capaz de compartir con la mayoría, tal vez muy pocos.
Y entonces volví a mí, a mi persona y a mis alrededores, a ese trocito de camino en el tiempo que para mí también se había terminado. Y seleccioné. Y me quedé con el nacimiento de Rubén como regalo extraordinario de la vida. El resto de mi tiempo será ya también un poco del resto de su tiempo. Y me sentí feliz y emocionado por tanta suerte.
Y pensé en mi familia, en todos los que me rodean y me quieren. Yo los quiero también. Y me sentí orgulloso con mis hijos, contento con mi esposa y sereno y gozoso con mis nietos. Y noté que el contento me llenaba la piel y me daba calor en medio de la noche. Es probable que a nadie le importen estas cosas. Qué le vamos a hacer: es mi mundo, mi año, mi festejo, mi brindis y mis uvas. Yo era tierno y vulnerable en medio de las sombras.
Después miré para el cielo y vi que lo de siempre me aguardaba, en la misma postura y con el mismo aplomo. Las estrellas colgadas en lo alto, como mostrando calma y dándome la luz y hasta el sosiego. Todo de nuevo en calma, como el año ya viejo y como el año próximo.
Y yo me sentí nada, como ínfima parte de un todo apabullante y no abarcable, como un pálpito mínimo de la conciencia de todo el universo, como un caminante inseguro, que se va sin remedio al corazón de todo lo creado. Y entonces la conciencia de todo lo del cielo y lo del suelo me abrazó y me dio su calor y su cariño.
Después seguí la senda dando vuelta hasta casa, con las gentes en fiesta, con los jóvenes prestos para mostrarse hermosos en la noche, y las chicas al aire, con el porte de sus breves vestidos y sus cuerpos desafiantes, que provocan a todo el que los mira.

El futuro es el año, este nuevo año que ahora empieza y que aguarda en sus meses y en sus días. Veremos la manera de no andarlo perdidos. Ya veremos.