sábado, 28 de marzo de 2015

CIERTO DILEMA


Daremos por hecho que las personas y que las comunidades actúan de acuerdo con una escala de valores. De esta manera, una vez reconocidos esa escala y esos valores, todos podemos anticipar por aproximación cuál va a ser la respuesta de un individuo o de un grupo. No sé si es muy sencilla la definición de la palabra “valor”. Sospecho que no. Pero no es menos peliagudo ordenar esos valores en una escala. Porque entran en colisión con frecuencia y, con esa misma frecuencia, tenemos necesidad de dar paso a uno de los valores dejando al ralentí otro, o incluso pasando por encima de lo que representa. De esta manera, aquello que parecería prioritario, el valor como algo supremo, se convierte en secundario y de segunda mano.
Me pregunto hasta qué punto tiene uno que apuntalar y dar certeza a algo en lo que cree cuando acarrea con ello algún mal no menor para la comunidad. Su razonamiento y el contrario pueden estar en la verdad pero resultar incompatibles en su aplicación simultánea. ¿Cómo actuar en esas circunstancias.

Me ocupa en estos días un asunto que responde a estas características. No es personal, pero me implica. Y no sé muy bien cuál es la mejor actuación. Cualquiera merece aplausos pero conlleva también zonas oscuras. Acertar resulta muy complicado. No puedo ser más explícito de momento. Veremos.

jueves, 26 de marzo de 2015

SESIÓN DE TERROR




Tengo que repetirme. Tengo que repetirme. Y tengo que volver a repetirme. ¿Por qué asustan tanto las religiones? ¿Por qué sus dioses están siempre con la espada en alto, repartiendo el temor por todas partes y asustando a los pobres humanos, que no se ven libres nunca de la pesadilla del castigo?
He releído estos días el Libro de la Vida, texto en el que Teresa de Jesús -a instancias de algunos eclesiásticos y como forma de alejarla de complicaciones con aquel aparato terrible llamado inquisición- cuenta sus peripecias vitales de al menos sus primeros cincuenta años. Creo que es el mejor homenaje que se le puede hacer en el quinto centenario de su nacimiento.
Hablan mis impresiones: Pobre mujer, que calvario el suyo, qué botellón mental el de su cabeza, que cauterio, aunque se le tornara suave según sus palabras; qué desazón; qué oxímoron entre sus privaciones y sus gozos internos, y entre estos y las amenazas continuas de los demonios y de los infiernos.  Eso no puede ser vida, sino películas de terror que asustan a cualquiera. Qué sesiones de sadomasoquismo, qué manera de ver brujas por todas partes, y rabos y fuegos, y qué forma de vivir siempre en la duda y en el agotamiento. Pero si Dios, si tiene que ser algo, solo puede ser gozo y alegría, compasión y esperanza.
Una mujer con las energías de esta monja andariega y contemplativa a la vez quedaba transida ante la duda eterna del mal y del pecado. La ortodoxia de aquel tiempo, en manos, como siempre, de unos pocos, apenas permitía ningún grado de libertad y de convencimiento. Pero contemporáneo era Juan de la Cruz y yo no veo ni en su vida ni en su obra tanta angustia ni tanto temor, sino más alegría y más gozo, más seguridad y más convencimiento, más serenidad y más complacencia.
Los arrobamientos y todos los otros fenómenos paranormales, vistos desde el contexto del momento presente, se quedan algo pobres y escasitos, se ven como algo no del todo sólido sino más bien cerca del estado gaseoso y oculto, misterioso y oscuro.
Pero no le quitaré yo ni un gramo de honradez a la monja, ni tampoco nada de hondura y de búsqueda en el interior, en su interior, en la parte de allá del filo de la razón y hasta de la sensación.

Me sigue interesando esta figura como mujer con un carácter recio y a la vez cargada de tópicos y de sometimientos religiosos y sociales. Tampoco lo que hoy hay que ver por ahí fuera me invita a mí a demasiados desparrames exteriores. Y eso que a veces suceden cosas cerca de uno que reclaman la atención y que le sacan de la rutina diaria. Pero de eso hablaré otro día. 

miércoles, 25 de marzo de 2015

MIRANDO LAS ESTATUAS


MIRANDO LAS ESTATUAS

La transparente luz de la mañana
va esculpiendo tu cuerpo
con esa lentitud del artesano
que mira y se conmueve
con cada limpio golpe de piqueta.

Talla tu cara limpia y cada gesto
se va reconociendo y se complace;
después, con la mirada
sorprendida, recorre a baja altura
toda la geografía de tu cuerpo
con el asombro propio del rocío
cuando el sol se aparece de repente.

Yo te miro asombrado, me deleito,
vuelvo a sentir que todo
se hizo para el fulgor de las estatuas,

y el tiempo de la luz te pertenece.  

lunes, 23 de marzo de 2015

¿TERESA DE JESÚS O JESÚS DE TERESA?


En el “Libro de la Vida”, pronto Teresa de Jesús hace paréntesis para contar sus experiencias acerca de los modos de oración y de los niveles en los que, según su entender, se puede explicar la oración. Así, en el cap. XI, 6, nos dice: “Ha de hacer cuenta el que comienza (la vida de oración), que comienza a hacer un huerto en tierra muy infructuosa, que lleva muy malas hierbas, para que se deleite el Señor (…). Pues veamos ahora de la manera que se puede regar (…).
Paréceme a mí que se puede regar de cuatro maneras: o con sacar el agua de un pozo; que es a nuestro gran trabajo; o con noria y arcaduces, que se saca con un torno -yo la he sacado algunas veces-, es a menos trabajo que estotro, y sácase más agua; o de un río o arroyo, esto se riega muy mejor, que queda más harta la tierra de agua y no se ha menester regar tan  a menudo y es a menos trabajo mucho del hortelano; o con llover mucho, que lo riega el Señor sin trabajo ninguno nuestro, y es muy sin comparación mejor que todo lo que queda dicho”.
A partir de estas palabras, en las que marca, con esta sencilla metáfora, cuatro grados o niveles de oración, explica el significado, las actitudes y los resultados de cada uno de ellos. Son realmente estas palabras el fundamento de toda su vida y de toda su producción, aunque aparezcan intercaladas en la narración de su propia biografía. Aquí se halla la razón de toda la sinrazón, la anulación de cualquier elemento racional y la expresión de la “dejadez” de uno mismo en manos de algún ente real o inventado, que anula por completo la voluntad y las pasiones hasta concentrarlas en una sola: el deseo de unión, de fusión y de desprendimiento de uno mismo. A partir de ahí, los arrobamientos y las consecuencias extrañas en forma visible y menos visible, y los fenómenos paranaturales que adornaros su vida.
El paralelismo con el fenómeno del enamoramiento humano es inevitable, tanto en su mejor versión como en la menos comprensible. Leer a los místicos es pegarse un atracón de sensaciones amorosas, y sus relatos se convierten en un imaginario de elementos de amor y de erotismo de una intensidad extraordinaria. Por eso, su lectura también se puede hacer en los dos niveles, a la vez o por separado. Cada cual elige la mejor manera. Y por eso, a nadie debería extrañarle ninguna de las composiciones poéticas a que dieron lugar estas actitudes. Nadie como san Juan de la Cruz (“En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada…”; “Oh llama de amor pura…”); pero casi a la misma altura, y puesto que hoy tocaba el ejemplo de Teresa: “Ya toda me entregué y di, / y de tal suerte he trocado, / que es mi Amado para mí, / y yo soy para mi Amado”. O este otro ejemplo: “Si el padecer con amor / puede dar tan gran deleite, / ¿qué gozo no dará verte?”. Aquí no hay más que quitar un Cristo y poner otra imagen y el proceso se abre paso solo. Con todo, la composición más sintética y que casi me produce “arrobos” teresianos es esta: “Nada te turbe, / nada te espante; / todo se pasa. / La paciencia / todo lo alcanza. / Quien a Dios tiene / nada le falta. / Solo Dios basta”.

Hoy se inaugura una nueva edición de Las Edades del Hombre en Ávila y en Alba de Tormes. En ambas sedes se expondrán escritos, figuras y diversos elementos que tienen que ver con el tiempo y con la persona de Teresa de Ávila, una mujer diferente, que se explica en su tiempo y en sus circunstancias, en los círculos de iluminados y de seres de acceso directo y personal con su Dios, muy peligrosa para la ortodoxia católica del momento y con una intensidad de vida muy grande y llamativa. Como siempre, conocer su obra no es la peor manera de acercarse a su figura, a conocerla y a asentir y a disentir -incluso radicalmente- con sus palabras, con sus actitudes, con sus contextos y con todo lo que aportó, significó y puede seguir significando. 

sábado, 21 de marzo de 2015

OTRO MILAGRO DE LA PRIMAVERA


“Mi corazón espera / también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera”. Con estas palabras terminaba don Antonio Machado aquel dolorido poema que trasladaba la naturaleza a enfermedad humana, a amor desconsolado y a súplica angustiosa por una mejoría de su amada.
Hoy comienza la primavera, la primera verdad de la vida y la estación de las señales más gozosas. Ella nos mostrará los altibajos, las amplitudes térmicas, las lluvias que se anuncian y se quedan prendidas de las nubes, los días que se estiran… Pero siempre será tiempo de esperanza y de afirmación de luz y de naturaleza. Que todos nos sumemos a esa aventura de la vida haciéndonos actores principales de todos sus encantos.
Solemos llamar “primaveras árabes” a esos intentos tímidos y sangrientos a la vez en los que creíamos ver una esperanza de cambio hacia la participación ciudadana de tantos países que secularmente venían dependiendo de voluntades particulares y de preceptos impuestos desde lugares lejanos a la razón humana. Aquello era y es un poco más complejo de lo que parecía. Hoy mismo se siguen produciendo rebrotes de cizaña que siembran la tierra de abrojos, de despojos de sangre y fanatismo, y que muestran muy claro que el proceso es muy lento y muy abrupto.
Hay posturas distintas ante estas primaveras desde esta otra orilla de occidente. Están los que promulgan la prudencia y separan los grupos que llaman radicales de los otros, que, piensan, son casi todos. Hay otros que observan que no hay ningún país de religión musulmana que como tal repruebe los actos de sangre y de terror que se producen. Y también los hay que apenas se preocupan de si esto les puede afectar o no a ellos, por la proximidad geográfica a los mismos. Seguramente todos tienen un poco de razón: la causalidad es siempre múltiple y no conviene militar en el maniqueísmo. Pero será bueno que todos oigamos a las otras partes y que no nos cerremos en nuestra postura.
Yo mismo estoy muy confuso ante el fenómeno. Mis ansias de paz son todas las que caben en mis razonamientos y no alcanzo a entender que nada merezca el derramamiento ni siquiera de una gota de sangre. No obstante -lo he repetido varias veces- el texto coránico es el que es y dice lo que dice. A algunos no nos extraña que aparezcan iluminados que lean y deduzcan lo que después se les ve. Por eso, junto a todas las demás variables -también las que ocupan a la escala de valores y a la actuación occidental-, creo que es bueno que se organicen las cosas, que se establezcan prioridades y que, entre ellas, nadie se olvide de los textos. Ya sé que atacarlos es como nombrar a la bicha, pero alguna vez habrá que dar con el martillo en el clavo para que la puerta empiece a quedar sujeta; si no, andará siempre a merced del viento y del que más ganas tenga de derribarla. Cuando Dios es uno, y además es el más grande, y todos los demás sobran…, ya tenemos la simiente para que crezca la cizaña. Si además es trino, entonces ya, o uno se abandona al don de la ebriedad, o el rebote racional se disparata.

A pesar de todo, y en todos los sentidos, mi corazón espera otro milagro de la primavera.

viernes, 20 de marzo de 2015

LO QUE SIGUE DURANDO


LO QUE SIGUE DURANDO

Cuando se hace la tarde sombra y cielo,
y se anuncia el silencio con la noche,
el tiempo se despoja de sí mismo
y se hace mensajero de la muerte,
la vida simplemente se deshace
y se olvida en su seno de sí misma.

Entonces me doy cuenta de que siempre
lo que sigue durando es el vacío,
esa angustia vital que no se calma
ni en la causa secreta de los sueños.

Después vuelve la vida
entre la incierta luz de la mañana,
y vuelvo nuevamente a hacerme cargo
del retorno del tiempo a la conciencia.

Es la rueda impasible y sempiterna
de una ilusión que anula falsamente

la dolorosa forma de la indiferencia.

jueves, 19 de marzo de 2015

AL MARGEN DE LA LEY


Algunas televisiones incorporan de tarde en tarde programas que se acercan a la otra realidad, a esa realidad que vive bordeando la ley, o, simplemente, lejos de ella y contra ella. Desde hace semanas veo un programa que analiza, desde el propio terreno, realidades como la de Corea del Norte, Venezuela, favelas de Brasil, la explotación minera en el Congo… No sé si lo hacen como contraste con todos esos programas melifluos e intranscendentes, morbosos e inanes, o tal vez porque algo de audiencia queda que reconoce también esta otra realidad y hasta se preocupa por su extensión y por sus repercusiones.
Lo cierto es que, si sumamos lugares y segmentos de población a los que les convienen estos programas, nos salen unos mapas desfigurados y preocupantes, unas extensiones crecientes a las que la ley como norma no solo no les afecta sino que parecen empeñados en decirlo y en mostrarlo públicamente.
Creo que también incluyen un tono algo morboso, con el fin de conseguir la atención y la sorpresa del espectador; pero, aun restándole un tono de intensidad, la realidad resulta cuando menos inquietante: buena parte de América parece entregada a la ley del más fuerte y a las bandas mejor organizadas, por ejemplo. Y todo indica que la tendencia apunta hacia el crecimiento y no hacia la disminución.
Las normas representan obligaciones a las que los seres se someten como fórmula menos mala para la convivencia; y esto lo hacen en común, en los procesos electorales y en la convivencia pacífica. Cuando esto se rompe, todo queda al albur y al capricho del más fuerte y del más desalmado, la razón desaparece y los instintos se imponen sin sujeción a ningún control que no sea el de la fuerza.
No creo que se puede defender la existencia de la norma como algo definitivo, sino como algo menos malo que cualquier sustituto. La vida no cabe en las normas, pero, sin ellas, la vida se hace más pobre y menos humana, la tormenta de la fuerza se desata y provoca cualquier catástrofe incontrolable. Hay ejemplos clásicos en los que la defensa de la norma se alza incluso a costa de sufrir las mayores injusticias: el caso de Sócrates en la hora de su muerte es paradigmático.
Yo, desde luego, no sería Sócrates, pero esta extensión de gentes organizadas a su aire y capricho, saltándose cualquier norma acordada socialmente, me llena de temor. Sobre todo porque no veo en ella más que aprovechamiento personal y no búsqueda de bien social, mafias y no organizaciones benéficas.
Claro que, a su lado, se extiende como la peste, todo el conglomerado de gente poderosa que se mueve en la norma pero bordeándola con sus tretas, con sus ingenierías financieras, con sus legiones de abogados, con sus presiones en las bolsas, y con toda una enorme batería de subterfugios vestidos de guante blanco.
Y, si queremos extender las variables, no tenemos más que fijarnos en todos los que se saltan las normas a la torera en nombre de criterios religiosos y extraños a la razón.
El panorama, así visto, no es el más placentero. Menos mal que estamos acostumbrados a vivir en un extraño equilibrio en el que caben tanto los caprichos personales y los criterios individuales como los límites de las normas sociales.

Ojalá todo lo supiéramos aderezar con unas especias de buena voluntad y de sentido común. No es fácil, pero en ello andamos y en ello debemos seguir.