jueves, 27 de septiembre de 2018

LITERATURA Y REVOLUCIÓN DEL 68: PUNTOS DE VISTA (y II)



LEOPOLDO ALAS “CLARÍN” (1852-1901)
El 27 de septiembre de 1868 está fechado este breve escrito, recogido por Clara E. Lida e Iris M. Zavala en La revolución de 1868. Historia, pensamiento, literatura. En él Clarín, joven crítico, se expresaba acerca de lo que literalmente comenzaba en España. Apenas es una página y merece la pena reproducirla entera:
AL CAER LAS HOJAS
Ay, que el otoño ha llegado. Pasó el estío y pasó sin que yo ni la reina tuviésemos novedad en nuestra importante salud. Me he colocado antes, faltando a la buena educación, pero pueden ustedes colocarme después si les parece, porque de todos modos estaré mal.
La salud pública en España no se alteró cosa mayor y eso que hubo tanto calor y lo que es más raro, al orden público le sucedió lo mismo.
Parece increíble.
Porque los pobrecitos españoles estábamos acostumbrados, si no a pronunciamiento por barba, que eso sería demasiado, a pronunciamiento por verano, que todavía es bastante.
Pero pasó el verano de 1868 y los revoltosos (qué epíteto tan hermoso) no se movieron.
¡Qué felicidad! Lo digo de veras. ¡Qué felicidad!
Pero, ¡ay!, el otoño ha llegado.
Y se caen las hojas y los tísicos se mueren y se armó la… flaca.
¡Qué felicidad! Digo, no: ¡qué barbaridad!
Cuántos acontecimientos en tan poco tiempo.
Regocijaos, españoles, que ya tenéis de qué hablar: ya no os aburriréis por unos días; pero no os regocijéis porque os va a dar un empacho de regocijo y otro de acontecimientos.
Cayó González Bravo (vamos al decir) y ojalá se hubiera roto las narices al caer.
Pero subió Concha… ¿qué es eso, lector, te has atragantado? Un hueso, ¿verdad?
Como decía, subió el señor Marqués de la Habana.
Y ¿por qué sucedió todo esto?, preguntará el lector, si es que el lector vive metido en una cueva, porque de otro modo demasiado sabrá él por qué sucedió…
La Marina, sí señor, aquella que en el Callao hizo tanto bueno, se sublevó en Cádiz.
Y el fuego pasó del mar al continente y se extendió por toda Andalucía, y después dando unos saltitos llegó a Santander y sabe Dios dónde irá a parar o parir, que todo puede suceder. Y ¿qué parirá? Regularmente nada, o cuando más una milicia nacional… Y para esto ¡tanta sangre…!
Si vence la Revolución formándola elementos tan heterogéneos, ¿qué nos sucederá? Tener una revolución y otra y otra, hasta que no quede ni gato ni perro, ni hombre, que hasta hombres andan en la danza, que lo pueda contar.
Y ¿si no vence?, más vale no pensar en ello. De todos modos, bonito porvenir.
Señores liberales, las revoluciones ya no se hacen así.
Bien debían saberlo; y ustedes mismos lo están diciendo todos los días.
                                                                27 de septiembre de 1868
En este breve texto, cargado de ironía, la postura que se observa no es la del conservadurismo, sino la de una revolución “ordenada”, con fines concretos y homogénea. La acusación de “chapuza” a los liberales nos permite adivinar algunas reticencias del autor de La Regenta a lo que estaba estallando. Se trata de una postura reflexiva y no contraria en los fines, pero sí en las formas. Es una posición ilustrada que no es fácil que ajuste bien con la realidad de una revolución, sobre todo en lo que a subvertir el orden se refiere. En buena medida recuerda lo que sucedió más tarde con Ortega y con Unamuno en situaciones semejantes, si bien es verdad que estos intelectuales se pronunciaban en mirada retrospectiva, mientras que Clarín lo hacía en tiempo real.
Hay, pues, cierto distanciamiento y lejanía de la línea primera de combate, y una advertencia clara de los males que podía acarrear la revolución si no se conducía con orden y unidad.

MANUEL DEL PALACIO (1831-1906)
Poeta de la segunda mitad del siglo diecinueve, representa con claridad la posición más decidida a favor de la revolución. Escribió numerosos poemas que así lo atestiguan. Recogemos este soneto como muestra de ello.

DE LA BATALLA DE ALCOLEA
Hoy hace un año que a la luz del día,
Armados de furor y frente a frente,
Se vieron el pasado y el presente,
Gigante el uno, el otro en agonía.

Como buenos lucharon a porfía,
Y el vencido lo fue como valiente;
Mientras medrosa y cínica y demente
Firmaba su baldón la dinastía.

¡Paz a los muertos! ¡a los vivos gloria!
Nunca manchada el universo vea
La página mejor de nuestra historia.

Al calor de la fe brote la idea,
Y si hace alguno estéril la victoria,
¡Caiga sobre él la sangre de Alcolea!
Madrid 1968


(Tomado de cervantes virtual.com)
Como se puede apreciar, destaca el enfrentamiento entre dos concepciones que apuntan en sentido totalmente contrario y en situación totalmente diferente: “Gigante el uno, el otro en agonía”. Como la victoria cae del lado que se defiende, importa destacar la fuerza y las cualidades de la lucha. Es lo que se hace en los seis primeros versos, sobre todo en los números cinco y seis. Cuanto más valor se le dé al vencido, más se sobreentenderá para el vencedor. Los tercetos apuntan al futuro y la revolución ya se ve como completa y en el pasado. Se concretan tres consideraciones: “la paz y la gloria”, verso nueve; la consideración de página gloriosa, versos 10 y once; el deseo del entusiasmo y de la reflexión, verso doce. El soneto se cierra con la advertencia contra aquel que se atreva a conspirar contra la victoria, amenazando con otro levantamiento como el de Alcolea. La analogía con Béjar no ofrece ninguna dificultad.

Las tres posturas que aquí se han apuntado tienen seguidores múltiples y viene a mostrar cómo acontecimientos como el de la Gloriosa suscitan visiones diversas y no del todo incompatibles siempre.
Sabemos que en Béjar la participación en la sublevación fue muy generalizada y que en los hechos participaron ciudadanos de toda clase. Desconocemos cuántos fueron menos fogosos en ese contexto de agitación; pero no es difícil imaginar que los hubo y que se mezclarían posiciones más impulsivas con otras más comedidas, que tal vez coincidían en el fondo, pero no tanto en la forma. O acaso eran opuestas al levantamiento.
Sea como sea, y muy por encima de todo, el valor y el simbolismo de todo lo sucedido en Béjar, y en general en España, acarreó unos cambios sociales y políticos esenciales en el futuro del país. Y a ello acudieron, cada uno a su manera, también los creadores y los intelectuales a través de la palabra escrita. Sirvan estos simples ejemplos de contribución y recuerdo de todos y de todo lo ocurrido en Béjar y en los demás lugares de España.


miércoles, 26 de septiembre de 2018

LITERATURA Y REVOLUCIÓN DEL 68: PUNTOS DE VISTA (I)



                                          LA LITERATURA Y LA REVOLUCIÓN DE 1868
Se cumplen estos días 150 años del alzamiento en Béjar en aquella revolución que terminó conociéndose como La Gloriosa. Se trata de uno más de los períodos agitados en que se consumió buena parte del siglo diecinueve. Los historiadores se han de ocupar de traernos los datos fidedignos que nos ayuden a mejor comprender lo que sucedió. Pero, sobre todo, deberíamos prestar atención al conocimiento de las causas y de las consecuencias. Es ahí donde yo concedo realmente valor a la historia y a la historiografía. Cuando los datos se vuelcan al presente, estamos en condiciones de entender en qué nos afectan de verdad y cómo tenemos que encararlos, para repetirlos o para no volver a caer en los mismos errores.
Existe un apartado que también nos ofrece luces acerca de la manera de ver los hechos por parte de algunas de las personas más sensibles y reflexivas. Se trata de la literatura, del rastro que los escritores dejaron en sus creaciones cuando se enfrentaron a los hechos reales. No se suele dar mucha cabida a la literatura en las convocatorias que se hacen para reflexionar acerca de hechos históricos. Creo que es un error. Es cierto que las formas de encarar un hecho histórico no son las mismas en un literato que en un cronista o en un historiador, pero muchas veces las fuentes terminan por ser más fiables entre los primeros que entre los últimos. ¿Quién podría negar que una de las mejores fuentes para el conocimiento de todo el siglo diecinueve se encuentra en las obras de Pérez Galdós? Sirvan estas breves reflexiones como desagravio y como aportación.
No conozco fuentes directas, en términos literarios, de lo que sucedió en Béjar en aquellos días. Tampoco sé de nadie que las conozca. Y no es porque no vivieran en la ciudad personas que, en prosa o en verso, tuvieran suficiente entidad como para dejar huella certera de los acontecimientos. Tal es el caso de don Nicomedes Martín Mateos, que solo aparece como componente de la corporación municipal, dando cuenta de la respuesta que el Ministerio de la Gobernación ha dado las peticiones que se le han formulado. Ni conozco más datos, ni creo que se conozcan, de sus opiniones o intervenciones en los hechos. Si resulta fácil imaginarlo tratando de mediar para evitar males mayores, si acudimos a la lectura de sus obras y tenemos en cuenta su pensamiento, sus actividades diarias y su manera de ver la vida. Contamos con el testimonio directo y apasionado de la crónica escrita por Juan Muñoz Peña en la obrita “Béjar reseña al vapor” (Salamanca, Establecimiento tipográfico de Oliva, 1868), que no dudó en dedicarla a don Práxedes Mateo Sagasta. Es fuente imprescindible, es fuente de parte y es fuente apasionada. No se puede dejar de tener en cuenta como testimonio escrito y directo, por más que debe tomarse cierta distancia ante ella, a pesar de que los datos de lo sucedido en Béjar, según distintas fuentes, terminan siendo los que él describe.
Pero lo que ahora nos preguntamos es qué visión tenían los creadores contemporáneos de esta revolución. Para ello tenemos que acudir a sus obras y rastrear las impresiones que nos dejan y detallar las tomas de postura de cada uno. Para lo que a Béjar específicamente se refiere, tenemos que contentarnos con analogías y con afirmaciones e imágenes de alcance más general.
La revolución de 1868 se desencadena en unos momentos en los que el romanticismo literario ha perdido el impulso y la fogosidad de su primera versión y se ha acomodado en una formulación más íntima y comedida: las huellas más conocidas de Rosalía o de Bécquer tienen otro tinte distinto al que destilan las creaciones de Espronceda o de Larra.
Por otra parte, empezaba a tomar cuerpo el desarrollo definitivo de lo que se iba a conocer como el realismo literario y, con él, el triunfo definitivo del formato de la novela. Entre estos mimbres generales, que aquí no se desarrollan, se teje lo que los creadores literarios nos dejan como legado de la revolución del 68.
Como es fácil de entender, las posturas son diversas y muchas veces encontradas y opuestas. Así podemos rastrear sensaciones claramente conservadoras al lado de otras de empuje revolucionario. Nada extraño, por otra parte. Sucedió lo que ocurre siempre: la vida es confusa, diversa y llena de aristas.
Señalaremos solamente algún ejemplo de diferencias claras entre autores de más general conocimiento.
GASPAR NUÑEZ DE ARCE (1832-1903)
A ESPAÑA (Soneto)
Roto el respeto, la obediencia rota,
de Dios y de la ley perdido el freno,
vas marchando entre lágrimas y cieno,
y aire de tempestad tu rostro azota.

Ni causa oculta, ni razón ignota
busques al mal que te devora el seno;
tu iniquidad, como sutil veneno,
las fuerzas de tus músculos agota.

No esperes en revuelta sacudida
alcanzar el remedio por tu mano
¡oh sociedad rebelde y corrompida!

Perseguirás la libertad en vano,
que cuando un pueblo la virtud olvida,
lleva en sus propios vicios su tirano.
Gritos de combate, Madrid, 1880
Como se puede ver, la posición es muy clara. Núñez de Arce, no solo se coloca en contra de la actitud revolucionaria, sino que explicita las causas y las consecuencias de la misma. El primer cuarteto resume las causas (“Roto el respeto y la obediencia rota / de Dios y de la ley perdido el freno”) y señala la situación general negativa de España (“vas marchando entre lágrimas y cieno
/ y aire de tempestad tu rostro azota”). Por encima de todo, las reglas religiosas; y, a su lado, pero después, las leyes positivas. Se podría describir de otra manera: ley y orden por encima de todo. Cualquier revolución implica levantamiento y quebrantamiento del orden establecido. Cuando la alianza entre la corona y la iglesia es estrecha, suele llevar aparejada la destitución del poder real. El autor, de corte claramente conservador, no alienta precisamente el triunfo de la revolución.
Las razones de estos desajustes son, según Núñez de Arce, humanas, y es en el ser humano en el que hay que hallarlas. La palabra clave es “iniquidad” y, por tanto, la maldad, la injusticia evidente y grande con capacidad para “agotar la fuerza de los músculos”, físicos y mentales.
¿No podríamos cargar esa iniquidad en el debe de los dirigentes políticos, sociales y religiosos? Decididamente no. Si este verso octavo no nos ofrece concreción total, son los tercetos los que no dejan lugar a la duda. No se toma “la justicia por tu mano”, ni se controla una comunidad rebelde, pues, en esa rebeldía lleva incluida la corrupción, de los principios y de las personas. Y en el último terceto: “cuando un pueblo la virtud olvida, / lleva en sus propios vicios su tirano”. La virtud nos vuelve a situar en el plano religioso y moral, no en el del derecho positivo.
De modo que la jerarquización de valores es esta: ley religiosa, respeto a las leyes. Si se rompe este esquema, el camino y la meta son el caos y la tiranía. Ley y orden, respeto a lo establecido y conservación. Postura conservadora ante lo que el poeta veía, pues esta composición es de 1866, cuando, según el propio Núñez de Arce afirma, “Tú no estuviste ciego. Viste con claridad y desde muy lejos que no era posible cimentar nada sólido y permanente en el fango agitado de nuestras costumbres públicas, y estuviste en lo cierto cuando, en enero de 1866, al estallar los primeros chispazos del incendio que nos ha consumido exclamaste con previsora indignación.

martes, 25 de septiembre de 2018

AMANECER



AMANECER

Arranca la mañana en claroscuro,
buscando ser más luz que noche y sombra.
El germen vegetal vuelve a ser alma
de otro mundo distinto y transparente
en el que empieza su labor la luz.

El viento mira al sol, se reconoce
y decide girar en su corriente;
rumorean las aguas, llegan ecos
que forman enseguida griterío
de lo que está pasando por la vida.

En esa situación, recuerdo y siento
que peso y que comporto unas medidas,
que vuelvo a ser tan solo uno de tantos,
una perdida voz desorientada,
de vuelta del silencio y del olvido.

lunes, 24 de septiembre de 2018

EN EL SALTO MORTAL DEL UNIVERSO



EN EL SALTO MORTAL DEL UNIVERSO

No descansan las olas en las playas
por ver llorar la ausencia de las huellas
ni se asusta la noche cuando nota
que la luz se demora cada tarde.

Tampoco la sonrisa de la vida
deja de ser sonrisa con la muerte
y el abismo se abisma en ciego impulso
y todo rueda sin destino cierto.

Todo es flecha que apunta contra el cielo,
absurdo en el absurdo, noche eterna,
conciencia que se asusta y se disuelve
en el salto mortal del universo.

viernes, 21 de septiembre de 2018

ESPEJO EN EL VACÍO



ESPEJO EN EL VACÍO

Cómo duele el empeño
para salir del tiempo y del espacio,
y así no estar sin ser, ser solo el sueño
de un vuelo que se pierde en el vacío,
ave que ha equivocado su camino
y gira en el zenit ebria y dichosa,
 pez que nada en la paz de los abismos
 y en el seno olvidado de los mares,
gota de agua purísima que brota
de lo nunca sabido de los cielos.

Solo en la soledad, nada en la nada.

jueves, 20 de septiembre de 2018

RESOLUCIÓN



RESOLUCIÓN

Para volver de nuevo a la palabra
que engendra nueva vida en el silencio
y allí sentir feliz la no presencia
de lo que se fue haciendo con los años.

En ella hay nueva luz, que, en su inocencia,
alumbra de una forma diferente;
susurra un nuevo son de nueva música
y el tiempo es dilatado, blanco, lento.

No falta el resplandor ni ha huido el aire,
que es otra su caricia, otro su abrazo,
otro el roce vital, otro el deleite
de otro mundo gozoso en la palabra.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

ESPERPENTO



Con la rutina en marcha, todo vuelve al aroma de lo conocido, todo nos suena a algo ya visto y casi nada nos resulta totalmente extraño. El mundo de la política es un referente por lo público, porque los medios nos tienen comido el coco con ella y porque nosotros nos dejamos llevar por la caja tonta, cómodos y pastueños.
Ayer vi la última parte de la comparecencia de José María Aznar, expresidente del Gobierno, en una comisión parlamentaria. Menos mal que solo se me ocurrió asomarme a la tele cuando aquello tocaba a su fin. De buena me libré. Después he visto cortes y reportajes que me confirman en lo que digo.
No tengo precisamente buena opinión del señor Aznar, porque me parece el principal responsable de muchas de las peores cosas que han sucedido en España durante los últimos años: guerras, mentiras, leyes del suelo, liberalismo sin controles, corrupciones, chulerías… Una cadena de despropósitos. Tengo que tener cuidado para no ser parcial en mi opinión. Pero, por más cuidado que pongo, no me sale casi ningún adjetivo positivo para añadirlo a su nombre o a su cargo.
Su comparecencia ante los representantes públicos me pareció, en la parte que yo vi, de un tono casi de matón, de acusación en lugar de respuesta tranquila y razonada, de negación de cualquier evidencia, en una intención preconcebida de sostenella y no enmendalla. La sentencia sobre el caso de esa financiación ilegal y caja B del PP la dictará un juez y a ella tendremos que atenernos; pero, sea esta cual sea, no hay que ser muy perspicaz para poder afirmar que hubo irregularidades evidentes, continuadas y organizadas, que aquello parecía un cortijo o una plantación bananera. Y el principal responsable público fue precisamente él, el presidente del partido. Pues por la comisión pasó como si siguiera siendo el sériff del condado, repartiendo complacencias y perdones, acusaciones y hasta consejos. Lamentable.
En los bancos se sentaban los representantes de los partidos políticos. Y me dejaron el mismo mal sabor de boca que el señor Aznar. Uno piensa que a una comisión de investigación se va a tratar de esclarecer la verdad, pero no a exhibirse ni a hacer carne picada de nada. Nunca he entendido que en la disputa social lo más importante sea tumbar en la lona al adversario ni dejarlo en ridículo ante los demás, sino intercambiar preguntas y opiniones para intentar extraer las conclusiones más razonables y beneficiosas para la comunidad. Y, si los votantes jalean las victorias por KO, como en el circo romano, mal camino estamos andando y muy pobre resultará ser nuestra convivencia. Todo esto ajusta muy bien con esta nueva realidad de fogonazos en redes sociales, que solo tienen espacio para un flash y casi nunca para un razonamiento. De esta manera, el ocurrente tiene medio cielo ganado entre sus fieles, como lo tiene ganado el que mejor roce la deformación y mejor se mueva en la reducción y la exageración. He oído alguna pregunta de un representante de E. Republicana que no alcanza ni el nivel menos exigente de educación y de inteligencia. Y el hombre con cara como de estar descubriendo la pólvora. Qué disparate, qué barbaridad, qué nivel tan barriobajero. Si los representantes públicos tienen que ser respetados al máximo por el hecho de serlo, también hay que exigirles la máxima educación, precisamente por la misma condición. Incluso para con este señor del que yo tengo tan mal concepto.
Para rematar la secuencia, están los medios de comunicación de masas, que también seleccionan lo de más impacto y aquello que mejor pone pie de página en imágenes a la opinión que se quiere verter, obviando las demás aristas y los contextos que las explican. Y estos, para más inri, juegan con la ventaja de que nadie les contradice en el momento; ni tal vez después, pues su poder es tal que es mejor guardar silencio. Qué sentido de impotencia.
Con todos estos ingredientes, un observador atento puede sentir que lo han introducido en el Callejón del Gato y lo han soltado delante de los espejos, que le devuelven una imagen distorsionada y deformada de la realidad. Entonces, ese observador atento no sabe si lo deformado es el mundo que le rodea, su propia persona y pensamiento, o todo a la vez. Lo peor es que acaso el Callejón del Gato no sea solo un callejón sino toda una avenida en la que paseamos todos. Ufffffffffffff.