jueves, 17 de octubre de 2024

AGENDA PARA UN NUEVO DÍA

 AGENDA PARA UN NUEVO DÍA


De repente, comprendo que el otoño

se ha adueñado del cielo y del paisaje.

Me cuesta despegarme de las sábanas,

donde he tejido sueños que me siguen

rondando en la cabeza. Debo alzarme

a contemplar la vida en la terraza.


Hay niebla a ras de suelo, sopla un viento

que susurra los ecos de otros días

y acompaña a una lluvia de tristeza

que transporta mensajes imprecisos

que no me dicen nada. Me preparo

a cumplir con mi agenda cotidiana,

tan larga de deseos y tan corta

de logros y de gratas realidades.


Envolveré mis actos en ternura,

olvidaré razones y pretextos

que siempre comprometen mis acciones

y estaré para todo lo que venga

de parte de la vida. Y a la hora

de volver a las sábanas, la noche

será abrigo y examen de ternura

para dormir en calma las noches de este otoño

que alfombra ya el paisaje y me convida

a esperar dulcemente la luz de otra mañana.

jueves, 10 de octubre de 2024

LA FE, LA CONCIENCIA Y EL LAGO

 

LA FE, LA CONCIENCIA Y EL LAGO

Una circunstancia deportiva y familiar me ha llevado este fin de semana hasta Sanabria, esa comarca del noroeste de Zamora que ya apunta claramente hacia Galicia, donde la naturaleza es ya toda verde y los llanos ya son chanos, o sea, de base lingüística gallega. Hasta allí he acudido en varias ocasiones y por distintos motivos.

Cada vez que me desplazo hasta Sanabria (Puebla, El Puente, Galende, Ribadelago, San Martín de Castañeda…) incluyo entre mis enseres el librito San Manuel Bueno, mártir, de Unamuno. Y, en cuanto encuentro un rato, me lo despacho con fruición. Me gusta su lectura precisamente en los lugares físicos en los que se inspira la novela. Allí, a la orilla de las aguas esmaltadas, espejo de los cielos y tumba de la soñada Valverde de Lucerna, a los pies del monasterio de San Martín de Castañeda, mirador casi altivo del lago y de todo el horizonte.

Este libro despierta en mí casi mil sensaciones, tal vez una por cada párrafo y varias por cada página. La principal, claro, es la de la ocultación de la falta de fe con tal de no despertar en los demás la conciencia de la racionalidad y de sus posibles (casi seguras) inquietudes y desilusiones. Este cura de pueblo que era capaz de todo, de engañarse y de engañar a los demás, con tal de no romper una esfera mágica de inocencia entre los habitantes de Valverde de Lucerna y que consiguió algo parecido incluso con Lázaro, el único que en el pueblo poseía la capacidad para dar sentido y cabida a la razón.

El libro está cargado de simbolismos y de incitaciones a la disputa y al intercambio de opiniones. El primero y principal sigue siendo precisamente esa de someter el valor y el desarrollo de la razón a una fe tradicional, sin ninguna grieta, esa fe del carbonero que no necesita preguntarse por nada, y que todo lo somete a la costumbre, a lo que le llega del representante de esa fe, y que con ese dejarse llevar se siente alegre y como si nada le alumbrara nada diferente.

 ¿Es eso cobardía?, ¿es ignorancia?, ¿es producto de alguna desilusión?, ¿existe algún nivel de conciencia en este comportamiento? Y, desde la situación del cura de la aldea, ¿es egoísmo?, ¿es temor?, ¿es sublimación?, ¿de qué?, ¿es cobardía personal?, ¿el cura es en realidad bueno y mártir?, ¿cómo se puede mantener una actividad y una actitud vital de fe durante mucho tiempo con una base de incredulidad?, ¿se puede progresar así, con esa ceguera racional y solo en el mundo nebuloso de la fe?, ¿a quién beneficia esto, a todos o solo a algunos? Y muchas más preguntas que yo no sé contestar con certeza.

Porque, por encima de cualquier teoría, Unamuno ensalza y defiende el valor de la vida, de la vida en positivo, de la vida que desarrolla las ilusiones y los sentimientos. Y esta vida se halla sobre todo en las gentes sencillas, esas que tienen en común solo algunas cosas que han llegado a crear posos quién sabe cómo, pero que las mantiene en esa identidad común, lejos de las teorías y de las agitaciones sociales, académicas o económicas. “-Lo primero, decía (el cura), es que el pueblo esté contento, que estén todos contentos de vivir. El contentamiento de vivir es lo primero de todo”. Y en boca de Ángela Carballino: “Y más tarde, recordando aquel solemne rato (el de la muerte de san Manuel) he comprendido que la alegría imperturbable de don Manuel era la forma temporal y terrena de una infinita y eterna tristeza que con heroica santidad recataba a los ojos y a los oídos de los demás”. O en sus conversaciones con Lázaro: “¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella”. (…) “-Y el pueblo, dije, ¿cree de veras? -¿Qué sé yo…! Cree sin querer, por hábito, por tradición. Y lo que hace falta es no despertarle. Y que viva en su pobreza de sentimientos, para que no adquiera torturas de lujo. ¡Bienaventurados los pobres de espíritu!”.

Qué añadir como comentario si se me ocurren mil en contra y otros mil a favor. Así me sucede tantas veces con este don Miguel de Unamuno a quien tanto admiro y con quien tanto discuto cada vez que me asomo a cualquiera de sus textos.

¿Y la metáfora de la nieve cayendo mansamente en el lago hasta fundirse con el agua, como la fe se funde con la vida sencilla y humilde de tantas gentes? ¿Y la frase trágica “¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado!?”, que encierra todo un tratado de doctrina filosófica y de teología? ¿Y el cura, hombre de acción, sin concederse ni un respiro para la reflexión, tal vez por aquello de que “La verdad es acaso algo terrible”? Ya digo, todo un cúmulo de indicios y de símbolos en tan pocas páginas. El libro se lee en un rato, pero deja huella para mucho tiempo. Para trasladar sus sugerencias al contexto de nuestros días, que siguen manteniendo un ritmo, ahora frenético, que apenas deja espacio para la reflexión y que inyecta en las masas símbolos y mitos de otro tipo que igualmente alucinan y conducen como rebaños a tantos ciudadanos.

Sigo sin saber si don Manuel es un santo o un cobarde, un héroe o un villano, un idealista o un desencantado… Esas mismas preguntas debo formulármelas a mí mismo, por si me sirven como ejemplo para mis actividades diarias y para mi conciencia de ciudadano. Cada cual sabrá lo que tiene que hacer con su vida y con su conciencia.

viernes, 4 de octubre de 2024

HOY DIOS ERA...

 

HOY DIOS ERA…  

  

Hoy Dios era la menta en El Regajo

y era gris en el cielo, entre las nubes.

Los ocres y amarillos dibujaban

ese Dios otoñal, descolorido,

que entristece los verdes en las ramas.

Hoy Dios era la fuente donde un lobo

era agua entre sus fauces y el sendero

apuntaba en zigzag hacia el regato

que deja los rumores mortecinos

de un son de agua y viento a ras de suelo.

Hoy Dios era un discurso de la naturaleza

y era un feliz festejo en los sentidos.

Hoy Dios era el otoño recitando

las notas de una hermosa melodía

 

Y yo era Dios también en ese coro

que ensaya sus canciones cada día

y a veces desafina y da la nota,

pero siempre regresa a dar lecciones

de sapiencia y real sabiduría.    

 

 

jueves, 19 de septiembre de 2024

VOLVERÉ

 VOLVERÉ


Sé que algún día incierto volveré.

Volveré como viento o como niebla,

que vuela o que se adensa

por encima de todos los tejados;

bajaré a ras de tierra y, en las noches,

vigilaré los sueños que se sueñan

dentro de las paredes. Como un pájaro,

volaré entre los pinos y castaños

y cantaré canciones de otros tiempos.


Volveré en el secreto del silencio,

para no molestar a las conciencias

que ya no me conocen,

ni a los lugares íntimos

donde jugué a la vida y a la muerte.


Las gentes seguirán en sus quehaceres,

contemplarán la noche y las estrellas

como un efecto más del universo,

cerrarán las ventanas y, en silencio,

dibujarán las señas de sus sueños.


Yo seguiré buscando por el aire

unas manos dispuestas al abrazo

y al recuerdo fraterno que rescate

mi nombre de la noche del silencio.


jueves, 12 de septiembre de 2024

ÁNGEL CALVO

 ÁNGEL CALVO

También el tiempo ara y va tejiendo campos en los que crecen cosechas que suplantan a otras que se han quedado viejas u olvidadas. Porque el tiempo pasa, que es lo que siempre pasa y va dejando huellas que se pierden en los brazos oscuros del olvido.

Hoy el tiempo ha dejado de ser tiempo en la conciencia de Ángel Calvo Meirama, militante socialista y alcalde de Béjar a finales del siglo pasado. Esta nota de recuerdo no es solo para el militante, sino para la persona que sustentaba a ese militante.

Yo había ingresado en el PSOE de Béjar, más como muestra testimonial que otra cosa, en una ciudad estrecha en la que las gentes de derecha se significaban públicamente como lo hacen en poblaciones pequeñas; y, además, como consecuencia lógica de mis pensamientos, de mis lecturas y de mi manera de ver la vida. Había que expresar públicamente en qué orilla andaba cada uno. Pero esto aquí no importa. Fue Ángel Calvo quien me llamó para echar una mano en el ayuntamiento y allá que fui en la lista de candidatos. Se perdieron las elecciones y a los pocos meses decidió dimitir de su cargo de concejal, pensando seguramente que su tiempo había pasado. Después siguió con sus clases en la EUITI hasta su jubilación. Los últimos años fueron de decadencia penosa en la salud, hasta su fallecimiento en el día de ayer.

Más allá de hacer una necrológica laudatoria, tan solo quiero poner de relieve una virtud que creí ver en Ángel Calvo y que creo que no adorna a demasiadas personas que actúan en la vida pública. La militancia suele llevar aparejada cierta predisposición a hacer caso a cualquier indicación que proceda “de arriba”; como si la organización estuviera por encima de todo. No hay más que alzar la vista para comprobar que tal inclinación no solo no ha desaparecido, sino que cada vez parece que se inclina más por la pendiente. Es asunto largo de contar y abarca muchas variables.

Ángel Calvo, sin embargo, hasta donde yo lo conocí, era una persona de principios, y sus opiniones y convicciones así lo demostraban. Lo diré de otra manera: en él creí ver asentada una ideología determinada que guiaba su actuación por encima de cualquier partido u organización. Estas posiciones suelen llevar acarreados momentos difíciles y exclusiones y olvidos en la estructura. Cuando la ideología está bien asentada, esto se soporta mejor y hasta se puede tomar a chanza. Un repaso a su “carrera” nos ilustraría muy bien en este aspecto.

En el día a día, apunto tan solo una consideración: la dificultad de confrontar argumentos en el ayuntamiento. Qué difícil es disputar con quien carece de formación, de ideas y anda solo interesado en fastidiar al rival con ocurrencias que no vienen a cuento y hasta con acusaciones de vida personal. Y esto un día y otro día, y otro. No me extraña que, al final, desaminado e impotente, decidiera tirar la toalla y marcharse. La ciudad estrecha sabrá por qué seguía sustentando esta situación con sus votos.

Después, ya lo he dicho, el tiempo pasa, que es lo que siempre pasa; y todo se ha ido diluyendo lejos de los focos y en la niebla y el fin de la memoria.

El tiempo de cada uno es el que haya creado su propia conciencia y el que mantengan la de los demás. La de Ángel Calvo se marchó hace tiempo de sí mismo. Hoy volvemos a hacer tiempo con su recuerdo y ensanchamos un poco su presencia en el tiempo. D.E.P.


domingo, 8 de septiembre de 2024

ROMERÍA DEL CASTAÑAR

 ROMERÍA DEL CASTAÑAR

 

Domingo, ocho de setiembre,

el sol despuntado había

y las gentes bejaranas

saludan un nuevo día.

Es día de fiesta, de gozo,

de honrar a Santa María.

Por eso, a media mañana,

hacia el Castañar subían

llenando rodeos y aceras

con palabras de alegría.

 

En torno del santuario

que en el monte se erigía,

se congregan multitudes

para celebrar la misa

en la Plaza de los Tilos

con toda la clerecía,

los fieles y los cofrades

que forman su cofradía.

Las gentes menos devotas

por el Castañar caminan

repartiendo parabienes,

saludos y cortesías;

unos llenan las aceras,

otros andan a porfía,

por encontrar un buen sitio

desde el que recrear la vista.

Por allí amanecen rostros

de personas conocidas

que solo una vez al año

en el monte aparecían;

por el otro lado caras

de gentes desconocidas

que se mezclan y se funden

en jovial algarabía.

 

La misa ya terminada,

la procesión se veía

con la imagen de una virgen

subida en una hornacina,

seguida de muchos fieles

que cantan, rezan y gritan,

con voz que recibe el viento,

vivas a Santa María.

Los devotos, cuando pasa

la imagen, callan y miran,

tal vez soñando milagros

para el resto de sus días.

Allí las autoridades,

alcalde, concejalías,

guardia civil, comarcanos,

peñas, gentes, policías,

como guardando a la imagen

de ofensas y de mancillas.

Desde el Mirador, la Virgen,

bendice a gentes e industrias,

todo lo que a ver se alcanza

de Béjar y cercanías.

 

De vuelta la procesión,

ya camino de la ermita,

se repiten los aplausos,

los cánticos y los vivas

mientras departe la gente

entre cañas y sangrías.

Los bares, los chiringuitos

que en El Castañar había

no dan abasto sirviendo

lo que la gente pedía.

 

Así se llega la hora

de degustar la comida

en restaurante o al fresco

que les regala la umbría.

 

Para esa hora muchos fieles,

con la costumbre cumplida,

han vuelto a coger la senda

que a la ciudad conducía

desgranando comentarios

que hablan de la romería.

Muchos otros aprovechan

para ir a la corrida

de toros que en La Ancianita

se celebra en este día,

-afirman que con la imagen

de la Virgen presidida:

hasta este punto se mezclan

devoción y fantasía-.

 

Solo queda la verbena,

con la noche ya crecida,

para cerrar esta fiesta

y cantar su despedida.

Mañana, de nuevo es hora

del deber y la rutina.

 

¿Qué buscarán estas gentes

monte abajo y monte arriba,

tras una imagen que calla

y parece que medita

viendo a tanta gente junta

y a sus favores rendida?

 

El juglar también contempla

todo lo que allí veía

y no sabe darle a esto

respuesta definitiva.

¿Devoción, costumbre, fiesta,

superstición, fantasía,

miedo, consuelo, carencia

de seguridad de vida?

 

A meditar sobre ello

este juglar os invita.

jueves, 5 de septiembre de 2024

PRIMER DÍA DE CLASE

 PRIMER DÍA DE CLASE

Lentamente, cogidos de la mano,

van de casa al colegio abuelo y nieto.

Primeros de setiembre, cielo azul.

Las dos manos son una en que se cumple

todo el valor del tiempo en plenitud.


En la puerta de entrada se despiden.

El niño se sumerge entre los ecos, 

que el futuro le ofrece; y el abuelo

conversa con los ecos del pasado.

El niño tiene prisa, pues le llaman

las voces de otros niños en el patio;

el abuelo rescata en su memoria

sus días más azules y lejanos.


Una mano invisible queda en medio

y se estira, amorosa, en un abrazo

que alcanza en su extensión a abuelo y nieto.


Es conciencia de ser, paso del tiempo,

liturgia del amor y la sorpresa

en un acto inocente en que palpita

la vida en su quehacer más diminuto.