viernes, 21 de julio de 2017

DE UN ARREGLO DE CISTERNA



Aquel que un día tranquilo de verano se convenció de que la cisterna de su inodoro (que ya es ponerle nombre al recipiente) no aguantaba las aguas porque se había resquebrajado con tanto uso y que pensó que había que llamar a un fontanero porque aquello tenía mala pinta y amenazaba con enseñar humedades al vecino de abajo y que lo llamó y le indicó lo que le pasaba y que vino y nada más entrar le dijo que si ponía el dedo en la esquina de la cisterna se le llenaba de agua y que la grieta tenía que estar allí y que vio cómo el fontanero se puso manos a la obra hurgando en una esquina y en otra y atornillando y desatornillando por aquí y por allá y que cuando vio que tardaba mucho en romper una arandela se dijo ay dios mío la que nos puede caer encima como no nos espabilemos y que pasaba el tiempo y aquello no daba fin y que se marchó a la terraza de su casa porque su humor no le dejaba tranquilo y que al cabo de una media hora el fontanero se dijo ya está ya he descubierto lo que le pasa a esta cisterna pues tiene una hendidura en esta esquina y no la había visto hasta ahora y que el dueño de la casa sorprendido le recordó que cuando llegó ya se lo había dicho que era precisamente allí donde creía que estaba la avería y que el fontanero puso cara rara y no supo muy bien cómo salir de aquella situación y que le espetó que era porque había allí tierrilla acumulada por el uso y por los cortes de agua y que le dueño le respondió hombre podíamos haberlo mirado al menos y que después de todo ello el fontanero le soltó que tenía que tapar aquella pequeñísima rendija con una sustancia especial y que el dueño le contestó pues tendrá que ser así y que se quedó pensando pero si se lo dije al principio qué culpa tengo yo de que no lo haya mirado ni lo haya visto y que antes de perderse de nuevo en su terraza le preguntó cuánto tenía que pagarle y que le contestó que se lo diría después de ponerle aquel apaño y que al cabo de unos minutos se lo puso y le animó a que no usara la cisterna en unas horas porque no era seguro que aquello pudiera contener las ganas del agua de darse un garbeo por el suelo y que con cara de resignación le dijo bueno tendrá que ser así y que dejó a su esposa que recibiera la noticia del precio final porque ya se temía lo peor y que por fin se marchó con las mejores palabras y con el deseo de que no se desprendiera la materia que había depositado en la cisterna y que en cuanto cerró la puerta el dueño salió para mirar la cara de su esposa y esperándose lo peor y que esta se reía y no quería decirle a cuánto había ascendido el precio del arreglo y que por fin se lo confesó y que este soltó un taco sonoro de desahogo y que pensó que a él le pagaban muchísimo menos por una actividad mucho más especializada y que empezó a pensar y a despotricar contra todo y contra todos y a acordarse del IVA y de la factura que ni por el forro se le había ocurrido extender al fontanero ni a él pedir y de otras cosas de más próximo parentesco que es mejor y más decoroso no reproducir y que se decía qué mal está esto y qué poco contribuimos a arreglarlo y que se hacía cruces  y se lamentaba no haber practicado la profesión de fontanero y que le decía a su esposa que como tenían que ir de boda al día siguiente que estaba pensando en robarle el cepillo al señor cura para pagar el ofrecijo  a los novios y que si le quedaba algo pensaba guardarlo en una hucha para la siguiente visita del fontanero y que se estaba pensando usar todos los inodoros de la ciudad con tal de que le durase más tiempo el arreglo del suyo y que iba a empezar por utilizar los de sus amigos y que le asaltaba la duda de si el arreglo tendría o no garantías y que si tendría que esperar varios días antes de comenzar a usarlo no siendo que el fontanero lo demandara por uso indebido y a destiempo… y que varias horas más tarde seguía rezongando y que se le oía en la esquina de la casa musitar cómo está el mundo dios mío cómo está el mundo.

miércoles, 19 de julio de 2017

CONTRA LA MUERTE



CONTRA LA  MUERTE

Me dan miedo la muerte y su certeza
y no quiero que venga a mi presencia
con esos ojos brujos y burlones.
Pero he de confesar que esos temores
son pecado menor, fantasma pasajero.

Tan solo tengo un ruego que plantearle:
que mi razón se apague al mismo tiempo
que las fuerzas que anidan en mi cuerpo.
Ninguna cosa más, tan solo eso.
Ella me ha de pedir muchas más cosas
pues yo soy inmortal y no me asustan
sus poderes ocultos ni sus prisas.
Iré a la eternidad desde el aliento
que traspasó mi vida en cada instante:
confieso con orgullo que he vivido,
que he labrado palabras en el viento,
que he amado, he sufrido y, con mis manos,
he practicado el tacto en otras manos,
que he buscado el misterio y me he perdido
entre dudas, anhelos y fracasos;
y he sentido el latido de otras vidas
que me han querido vivo…

¿Cómo podrán la muerte y su certeza
borrar las huellas que en mi vida han sido?

Retornará el silencio y el olvido,
los cielos serán noche, los desiertos
olvidarán su nombre y no habrá nadie
para contar el tiempo y sus latidos.

Mas no podrá la muerte destruirme

ni negar que he vivido.

martes, 18 de julio de 2017

...Y ESO BASTA

         …Y ESO BASTA
No es poco, me respondo alegremente,
ver vida remansada en este cuerpo,
ser compleja sinapsis entre células
y a la vez aspirar a ser ternura,
ser cuerpo derrotado pero cuerpo
que besa, se entristece o se enamora,
que mira la pujanza de otros cuerpos
y se complace y ríe y se contenta
y dice “soy feliz, esto me basta”,
carne que evoluciona, que revive
después de un ciclo entero,
consciencia de la vida y de la muerte,
alegría, dolor, idea, nada.

¿Es poco ser conscientes de que todo
se agota en cada vida y que gozarla
es deber obligado y necesario?

Somos alfa y omega,

somos camino entero… y eso basta.

lunes, 17 de julio de 2017

CREENCIAS


Me proporciona mi amigo Manolo Casadiego un libro que ya devoro con ganas y provecho. Se trata de “Palabras que no lleva el viento”, del autor Adolfo Yáñez. Se presenta en forma de diccionario reflexivo acerca de un número de conceptos en los que -consciente o inconscientemente, que de eso habría mucho que hablar- apoyamos nuestra comunicación y, en buena parte, nuestra acción. Prometo aprovecharme bien de él, para que así me sirva también de diálogo con los conceptos y conmigo mismo. Y algo dejaremos para los paseos campestres de los fines de semana.
Como homenaje al autor y al concepto, hoy recojo unas palabras referidas al concepto de CREENCIA. Hoy son las suyas; casi a diario son las mías en esta ventana:
“El conocimiento es siempre exotérico, llega de fuera de nosotros y debiéramos hacerlo propio solo cuando nos convence y lo pasamos por filtros racionales. La creencia, por el contrario, es un impulso esotérico que nace desde dentro, que validamos ciegamente -pues aceptamos lo que no vemos- y que nos permite albergar la peligrosa esperanza de que, algún día, no solo lo improbable, sino lo imposible lleguen a materializarse en tangible verdad. La fe del que cree se identifica, habitualmente, con el punto de partida de un rígido camino que -sin dudar y sin buscar ya la posible bondad de otros caminos y de otras creencias- lleva a metas predeterminadas por nosotros mismos. Por el contrario, la certeza del que sabe -¡ella es la que se nos impone!- se identifica con la meta que se alcanza tras recorrer una senda zigzagueante de búsquedas, dudas y discernimientos.
A la vista de ciertos comportamientos religiosos, me he preguntado muchas veces en qué creerán millones y millones de personas cuya única teología es la tradición y el folklore. En un país como el nuestro, por ejemplo, recorrido de norte a sur y de este a oeste por idolatrías con reminiscencias paganas; en un país de vírgenes sacadas de sus templos para que bailen en andas, para que se encuentren con “otras” vírgenes (Este paréntesis es mío: no me resisto a hacer notar el mundo que se abre tras ese aparentemente simple entrecomillado) entre el griterío entusiasta de sus devotos; en un país en el que se saltan verjas y se raptan imágenes con  la misma fiebre con la que antaño se raptaban novias; en un país de cristos piropeados, de santas espinas veneradas, de santos prepucios expuestos en brillantes relicarios, de santos dientes que, al parecer, pertenecieron a un dios-niño, de santos e innumerables trozos de madera que -si pudieran unirse- darían para confeccionar no solo una cruz, sino un bosque, en un país en el que la colectiva historia de lo sagrado se halla demasiadas veces muy cerca de la histeria colectiva… ¿se puede afirmar razonablemente que creen los que no pasan del teatro y la costumbre, del barniz y la apariencia, de la simple ingenuidad y de la ingenua simplicidad?
Por supuesto que hay fieles -en España y en el mundo- con argumentos más sólidos para creer que las multitudinarias procesiones, las romerías y las jaranas en las que se mezclan la emoción y la bullanga, pero me inclino a pensar que son una escalofriante minoría. Y las Iglesias, a la hora de numerar los corderos de su rebaño, suelen contarlos a todos sin hacer distinciones de ninguna clase”.

Son sus palabras, claro, y su forma de expresarlas; pero suscribo las ideas y las implicaciones. De la sustitución de esas creencias por otras, en nuestros días, y más acusadamente en tiempo de rebajas, fútbol, ritmos, dineros y… tintos de verano, mejor diremos algo otro día.

jueves, 13 de julio de 2017

ES LA VIDA


ES LA VIDA

Ni verdad ni mentira, solo hechos
que forman el azar y crean las dudas,
que se suceden sin ningún sentido
y se van como vienen…, y se olvidan.

Es una fuerza ciega que arrebata,
que no entiende de calmas ni sosiegos,
un big bang repetido a cada instante,
una explosión de gas, un caos fingido.

Es la vida que pasa y se sucede
sin dar explicación, sin descifrarnos
ninguna de sus reglas, sin decirnos

que somos un afán ebrio y perdido.

miércoles, 12 de julio de 2017

FUE UN TIEMPO



FUE UN TIEMPO

Fue un tiempo de cerezas y de olvido,
de jaras, leche en polvo, encina y nidos.

En aquel impreciso territorio
que me acogió en su seno,
los parques eran fértiles, los ríos
eran cauces con aguas esmaltadas,
donde brillaban truchas
y sudaban los hombres monte arriba.

Fue un tiempo de cerezas y de olvido.

Las tardes se entregaban complacidas
al poder de las sombras de la noche,
los sueños eran todos dulces sueños
y todo era un gran sueño con el cielo
sirviendo atentamente de testigo.

Cuando el tiempo hecho azar
me mudó los espacios y los días,
no quise despertar de aquellos sueños:
acaso sentí miedo o desconcierto

ante tanta verdad desconocida.

Fue un tiempo, fue, yo sé que ha sido.

martes, 11 de julio de 2017

MIS OJOS


Tengo mis ojos prestos para dar vida al mundo, para marcarle hitos, para saber que existe, para entender que mis ojos son el mundo y el mundo son mis ojos.
Qué día tan hermoso aquel en el que se alzaron a la vida y olieron el abismo y crearon las distancias y se sintieron dueños de todo el horizonte. Los colores, todas las dimensiones, las luces, la ceguera, el embudo celeste por el que todo cae y se aquilata, el recuerdo del agua entre sus lágrimas, la añoranza del mar, cuna inmortal e indefinida de la que poco a poco se alejaron, su figura de pez semidormido, como sirena que en el mar se hunde y nada y se recrea enseñando su luz y escondiéndose luego en sus honduras… Todo lo que a mis ojos les da forma.
Están hoy ya cansados, con algo de telilla que los vela, como capa de niebla después de una tormenta, con el suelo mojado y oloroso; se esconden algo tímidos detrás de los cristales de mis gafas, no sé si acobardados porque no están contentos de lo que el mundo entrega a las pupilas. Necesito reformas y pasar la ITV. Pero tengo temores porque los quiero tanto…
Aunque sé que no es cierto ese color tan gris ni tan oscuro. Con ellos configuro lo que quiero, aquello que me ata con más placer al mundo y a las cosas. Hasta ellos acuden las cosas, las personas que tal vez me necesitan para mirar al mundo en color rosa. Porque mis ojos ven pero son vistos por las claras pupilas de otros ojos. Y con ese intercambio creamos siempre el mundo, imaginamos todo, damos cuerpo al concepto, ponemos luz y rostro a lo que hasta aquel rato solo era tacto, oído, sabor, idea, proyecto.
Mis ojos son resumen de todos los sentidos, final satisfactorio de todos los proyectos, espejo y contrameta, visión multiplicada del mundo y sus miradas. Mis ojos son el miedo cuando miran el miedo y lo concretan, son el dolor y el canto, son la mujer y el niño, son las otras miradas, que me miran y pueden dejarme sin mirada, son la ausencia que vuelve con sus colores sepia o con sus trajes de tela de arco iris.

Hay días en los que el mundo solo sonríe y canta las mejores canciones, y hay noches en que el sueño se viste de dolor y de asechanzas, de pesimismo y muerte, de temores… Y sé que no es el mundo, son mis ojos, los ojos con que miro, los ojos que me miran, que resuelven el tacto y el oído, que huelen y que beben tragándose la vida, llevándome a los ojos lo que mis ojos ven, lo que mis ojos cantan. Mis ojos, nuestros ojos, los ojos de los seres que más quiero, el milagro de ver y de ser visto con ojos que me quieren y que conmigo ven también el mundo.