viernes, 24 de febrero de 2017

SÍNTOMAS


SÍNTOMAS

Si el tiempo y el espacio son conceptos
que se vuelven difusos
y apenas se conjugan si no es en el olvido;
si pides el favor de la palabra
y esta no acude o lo hace perezosa,
sin fundamento claro y luz precisa;
si tus manos se vuelven indolentes
y no atinan con nada;
si te haces irritable y temeroso
con las cosas que son más naturales;
si te pierdes y dudas cuando cuentas
los cuentos y las cuentas;
si nada te motiva y apenas te concentras
ni en lo más importante;
si piensas que hubo un tiempo
en el que lo que fue pasó  y no ha vuelto;
si apenas si conoces a los otros
y todo es apatía, inercia y nebulosa…

Qué falta de certeza,
qué cruel desasimiento
no percibir las voces que a tu lado
gritan que te conocen y quisieran
dar calor a tus manos, pero advierten
que toda la distancia se hace eterna
y nada puede ya tender los puentes

entre dos mundos ciegos, solitarios.

jueves, 23 de febrero de 2017

UNA MUJER SE PINTA EN EL ESPEJO


UNA MUJER SE PINTA EN EL ESPEJO

Una mujer se pinta en el espejo,
pensando en que la noche será larga.
Las cejas recortadas, las pestañas
como un vuelo soñado en tinta negra;
resaltando los pómulos,
una capa de polvo sonrosado
que anula la conciencia
cuando arde la carne y se consume
la llama que precede a la condena;
para el arco carnoso de los labios,
un lápiz que resalta la llamada
hacia el húmedo fuego de la boca;
dos pendientes semejan dos faroles
en blando balanceo  y el flequillo
compone un eminente frontispicio;
por último, una gota de perfume
afirma y fortalece la timidez del cuello.

Después vendrán la noche y su aventura,
retornará el silencio
cuando vuelva triunfante o fracasada.
Y volverá al espejo y, lentamente,
despertará de nuevo su mirada
mientras ejerce el rito
de volver otra vez a ser quien era:
un grito silencioso en el espejo,

como un grafiti inútil en la pared pintado. 

miércoles, 22 de febrero de 2017

UNA SABIA DECISIÓN


    -Mejor te lo envío por mail. Procura que no se te olvide nada pues no puedo verte     hasta el aeropuerto y voy con el tiempo contado.
En efecto, a los pocos minutos apareció en la pantalla la señal. Doble clic y toda una lista de peticiones. El viaje era para una semana pero aquello parecía un catálogo de Ikea. Empezó a leer: champú normal y anticaspa, jabón para pelo graso, gafas de sol y lentillas para interiores, tinte para el pelo anticanas, peine, cepillo de dientes y dentífrico anticaries, pintalabios…
Resopló un poco, miró hacia el techo y templó ánimos. Porque sentía que se alteraba por momentos. Él estaba acostumbrado a salir de casa con lo puesto cada vez que tenía que desplazarse y procuraba solucionarse las necesidades al paso y según fueran apareciendo.
Volvió sobre la lista: cremas antiarrugas, pastillas para el sueño, tapones de oídos, tijeras, hilo, recetas, alguna aspirina y dos o tres pastillas de Valium, vitaminas y antilaxante…
La lista se hacía interminable y, con cada petición que iba sumando, sentía en su interior una quemazón que le alteraba y le hacía renegar del viaje.
Realizó un último esfuerzo: cremas para el sol de diversas intensidades, algún paracetamol, ah, y las medicinas para el colesterol, la tensión, y las aspirinas y cualquier quitamanchas…
No pudo más. Seleccionó todo el texto en la pantalla, pinchó la opción de borrar y pensó en defender que nunca había recibido la petición. Cuando llegó al aeropuerto, ya le esperaba con un bulto de mano y la cara sonriente. Enseguida le confesó que venía libre de equipaje porque no había llegado la petición que le había indicado por teléfono. Ella pensó en anular el viaje pues se encontró de pronto indefensa y como en soledad, sin todos los aderezos que siempre la acompañaban. Pero lo pensó mejor y subió al avión. Al fin y al cabo, el debía arreglárselas para sustituir a todo aquello que había quedado tan solo en un listado perdido en el espacio virtual.

Aquellas vacaciones fueron sin duda las más aprovechadas y las que más habían disfrutado. Ahora lo recordaban entre risas, mientras bebían un café tomando el sol en una placita recoleta, junto a sus nietos, que jugaban en la arena, distraídos y felices.   

martes, 21 de febrero de 2017

LA FILA Y LA FOTO


Leo y veo imágenes que muestran la nueva situación de Podemos en el Congreso. Por delante, Iglesias, y, a su lado, Irene Montero. Por detrás aparece la figura de Errejón, precisamente detrás de Irene Montero.
Siempre se dice que una imagen vale más que mil palabras. Es afirmación que no comparto pues sin la palabra no se elaboran ni el concepto ni la imagen, pero sea, porque sí resulta claro que identifica con un solo vistazo la nueva situación real en el reparto de poder. En el ejemplo creo que se suman otras variables personales que es mejor dejarlas donde el pudor domina. Sea solo un ejemplo que nos lleve a la categoría.
La imagen se repetirá hasta la saciedad en los medios de comunicación y la figura de los que aparecen en primera línea quedará a su manera favorecida y hasta santificada para el común de los mortales. Ese plus lo tendrán ganado ya para cualquier situación y para cualquier contienda, sea de ideas o sea de cargos.
No sucede solo en este partido, por supuesto, sino en todos los demás. Pero es que lo grave es que se repite en cualquier otra situación. Cuando veamos a un grupo de diputados de un partido, siempre irá delante aquel que ostente un cargo superior; los demás irán ordenados según su categoría formal y nadie se saltará el orden ni por casualidad. Lo mismo ocurrirá si esas personas acuden a cualquier ciudad o simplemente se reúnen para comer.
Qué barbaridad, qué muestra de sumisión, que degradación, qué falta de personalidad, qué borregismo, qué manera de pastar y de seguir al guía, qué animalización, qué… ¡Pero qué tendrán que ver los cargos con una fila india y graduada siempre!
Conozco a una representante femenina de mi ciudad que termina por resultarme antipática y rechazable (seamos compasivos) ya casi de manera instintiva precisamente por esa lucha por ponerse siempre en primer plano y en el foco de la foto. Cada vez que hay una reunión o una comunicación aparece indefectiblemente en la cabecera y en el primer plano. Y buen rendimiento personal que le sabe sacar la susodicha, aunque para ello tenga a un montón de gente de uñas cada vez que la ve, que es siempre, con las consecuencias que eso ha tenido y tiene. No necesito dar más detalles.

Con estos gestos, la política de partido termina por ser una secta y se convierte casi en un rito en el que cada oficiante tiene un puesto determinado y la procesión siempre cumple el rito de la misma forma. Por desgracia, las formas suelen luego indicar la misma sumisión a las ideas y a las prácticas de cada día. Y esto, si cabe, es más grave todavía. Pero lo otro también porque es la forma, lo que se enseña, lo que sirve de presentación ante los demás, lo que se vende en esta vida de mercaderes y de imágenes. Cachis.  

lunes, 20 de febrero de 2017

MORIR


MORIR

Morir cuando ya sabes que la muerte
sucede como voz de la costumbre;
morir después de un súbito contraste
de un momento de luz y otro de noche;
morir en una guerra salpicado
de balas y de sangre que se encuentran;
morir después de un largo enfrentamiento
con el dolor que mata al cuerpo enfermo;
morir  con la fe a cuestas y a la espera
de una vida mejor y verdadera;
morir con la certeza de que todo
se diluye y se acaba con la muerte;
morir de amor, morir de desamor
para negarte a ti viviendo en otro;
morir solo y morir acompañado,
que es otra soledad más evidente;
morir en plenitud y en abandono,
en sosiego y en manos del olvido…

Vivir para morir, qué desamparo;
     morir para vivir, qué desatino

viernes, 17 de febrero de 2017

POR SER VOS QUIEN SOIS


Imposible casi sustraerse a dejar un breve comentario acerca de las noticias que llegan de la sentencia del juicio NOOS en el que se sentaban en el banquillo una infanta de España y su marido. El asunto, como todos, ofrece muchísimas variables y flaco favor se le haría a la verdad despachándolo con un sí o un no rotundos. Los especialistas en derecho aclararán los datos técnicos y seguramente diferirán en sus opiniones, pero han de ser los referentes.
Hay, sin embargo, datos y ventanas que las puede abrir cualquiera que no sea especialista y que aspire simplemente al sentido común. A él me acojo. Solo anotaré algún apunte.
No está de más que recordemos que el espíritu de la ley es el de aspirar a la reinserción, no a la venganza ni al castigo. Es más, hay corrientes jurídicas que niegan el valor de las penas en cárceles. A mí tampoco me apetece que nadie se vea privado de la libertad, y comulgo con la idea de la reinserción como último fin de todo. Pero, ¿quién me asegura a mí que estos señores no empezarán mañana mismo a intentar lucrarse con el tráfico de influencias “por ser vos quien sois”? Porque, en este caso la reinserción debería ir por ahí, no por el peligro de asesinar ni violar en la calle. ¡Pero si el sistema social no hace otra cosa que incitarlos a ello!
La realidad enseña que las sentencias recurridas se rebajan en más ocasiones que aquellas en las que se incrementan. El recorrido todavía no está completo y no me extrañaría que el marido de la infanta, con esas posibles rebajas, no entrara en prisión.
Hay elementos sociológicos que sí son mejor entendidos por la comunidad, sobre todo los comparativos. ¿En circunstancias similares se ha condenado con la misma pena? No parece. Alguien lo tendría que explicar porque el desánimo que produce la falta de analogía es muy grande. Nadie se puede extrañar demasiado si después se habla de justicia según castas y según riqueza y pobreza.
Y, para mí, el aspecto más importante, de mayor alcance y del que casi nadie habla. Me manifesté cuando el escándalo empezaba. No he cambiado de opinión. Mucho más que una persona infrinja la ley, de manera grave o leve, me preocupa el contexto en el que los hechos se hayan producido, porque en el contexto estamos todos y sus costumbres nos afectan a todos. Poco me inquieta que el señor Urdangarín sea un chorizo o que la infanta sea una defraudadora y, a la vista de la sentencia, una imbécil mental y un florero, pues no se enteraba ni de la fecha en la que vivía -¿Cuánto le pagaba la Caixa por su analfabetismo? ¿No tienen nada que decir ni los sindicatos, ni el comité de empresa ni ninguna organización feminista?-; al fin y al cabo son individuos aislados. Me interesa mucho más, muchísimo más, describir y analizar qué sociedad era -y es- la que no solo permitía sino que aplaudía y fomentaba que estas personas, “por ser vos quien sois”, tuvieran siempre las puertas abiertas, se les rieran todas las gracias, se les aplaudiera cualquier gesto o cualquier presencia, y, si no les pedían en directo relaciones sexuales, sería de milagro. Y esto no solo lo hacían los dirigentes sociales; si lo hacían era porque detrás existía y existe toda una legión de ciudadanos (no me atrevo a poner calificativos) que propician que esto se produzca. Esta es, en mi opinión, la principal raíz de los males. Y, mientras no se ataque esta escala de valores, los hechos se volverán a repetir, en este o en otro formato, pero volverán a dejarse ver. Al tiempo.

Como guinda del pastel, a la infanta le tienen que devolver no sé cuánto dinero. Como para devolver, pero de asco.

jueves, 16 de febrero de 2017

PROPONER, ARGUMENTAR, APROBAR


El Principio sirve para cualquier nivel, aunque he de reconocer que son dos los acontecimientos que me sugieren esta reflexión: las actuaciones de Trump en EEUU y la forma de gobernar que en esta ciudad estrecha en la que vivo desarrolla el PP.
Los sistemas democráticos se basan en la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones; unas veces lo hacen de manera directa y otras de manera representativa, a través de los partidos políticos. Algún nuevo partido basa buena parte de su éxito en el intento de dar mayor participación a sus afiliados y a sus simpatizantes; y parece que nos le va mal: no sé si, al menos en esto, todos podíamos aprender algo.
Pero vayamos a lo que ahora nos interesa. Sea de una forma o de otra, lo que indica en abecé de este régimen democrático es que, gane quien gane una contienda electoral, el desarrollo de la práctica política debe basarse en la presentación de iniciativas legales, en su discusión pública y contrastada, y en la votación final que desemboca en la aprobación de las mismas. Gobernar a base de impulsos y de lo que traiga el sol cada mañana ya supone subvertir el proceso democrático; no argumentar y contrastar en público es hurtar el valor de la razón y eliminar las razones tanto del equipo de gobierno como de los demás representantes públicos; la tercera parte, la votación, no es más que la consecuencia lógica de las dos primeras.
Tengo la impresión de que, en los dos ejemplos que he citado al comienzo y que me dan pie para esta breve reflexión, se falla casi en las tres partes. Desde luego, se hace en las dos últimas, y, fundamentalmente, en la segunda. Y, por desgracia, me parece que esta actitud responde a una concepción equivocada de ese régimen que llamamos democracia. Según esa concepción, se operaría de la siguiente manera:
a)      Es así que he ganado yo las elecciones, entonces el que manda y gobierna soy yo y todo lo demás sobra.
b)      Como lo demás sobra, no veo la necesidad de presentar iniciativas y mucho menos de discutirlas públicamente para intentar corregirlas, mejorarlas o dejarlas como están.
c)      Las votaciones, si se hacen, solo sirven para visibilizar mi superioridad, mi mayoría y mi mando.
Es, como se ve, una concepción estrecha y torticera de la participación y de la democracia. Faltaría una cuarta parte que viene a demostrar que, si no soy yo el que ha ganado, lo que hago es desinteresarme de todo (ahora no soy el jefe) y solo me esfuerzo en procurar derribar al contrario para volver a ser el jefe y reanudar el círculo vicioso.
Si fuera esencialmente verdad este breve esquema que planteo, desgraciadamente nos hallaríamos en una comunidad con baja participación, con esquemas de ordeno y mando y con zancadillas continuas porque lo que realmente importa es hacer tropezar no tanto las ideas (estas poco importan) como las personas. Y así…

Ahora solo hace falta aplicarse en descubrir qué tendencias políticas son las que practican esta reducción mental y comunitaria. Parece que los ejemplos citados apuntan ambos en la misma dirección. Que cada uno siga tirando del hilo de la razón y del sentido común y que actúe en consecuencia. Porque las cosas están como están porque los ciudadanos lo quieren. Y cada cual sabrá por qué.