viernes, 20 de julio de 2018

LOS JUEVES DEL FUERO (III)



                                                     LOS JUEVES DEL FUERO (III)
Restauración y edición del Fuero (Paloma Castresana)
En las entrañas del Fuero (Mauricio Herrero)
Volvimos ayer tarde a la sala del Foro, a conocer sus tripas y a saber de sus leyes. Unos cuantos irredentos nos sentamos con las ganas intactas de saber más cosas, de darle vueltas al libro que reguló la vida de tantos antepasados.
Como en los días anteriores, la sesión fue doble. Mauricio Herrero se ocupó de glosar la distribución legal que hace el Fuero y de señalar la importancia que cada apartado atesora; y Paloma Castresana dio todos los detalles de lo que la restauración del Fuero había exigido, explicando minuciosamente todo el proceso a través de imágenes fundamentalmente. De manera que así dejábamos al Fuero de Béjar más precisamente datado; lo hemos conocido en sus rasgos paleográficos y en sus usos lexicográficos; hemos revivido con él los contextos históricos, geográficos y políticos que lo concibieron y lo impulsaron; hemos reconocido la sociedad que lo recibió y que lo soportó en el siglo trece y siguientes; y, por fin ayer, dimos cuenta del mundo legal que encierra y el proceso lento y costoso de restauración, hasta dejarlo como niño con zapatos nuevos y preparado para aguantar durante otro buen número de siglos al servicio de todos.
Mauricio Herrero se detuvo en comentar los aspectos legales más importantes que se incluyen en el Fuero, después de destacar, con palabras hermosas y simbólicas, la importancia del mismo como patrimonio bibliográfico invisible que guarda, en silencio, la voz lejana y susurrante de los siglos pasados.
Desde los aspectos legales, el profesor Herrero hizo notar la diferencia entre el Fuero de Béjar y el Fuero Real, que pronto vino a corregir algunas normas acentuando el poder de la corona.
Existen dos elementos clave para entender el contenido jurídico del Fuero y para, en último término, entender su propia existencia. Se trata de la suma, por una parte, de la situación de frontera en la que estaban las tierras de Béjar y las normas que esta situación exigía, y, por otra, de la aplicación del derecho común. El Fuero viene a sumar la realidad de ambos mundos y no se explica sin ellos.
Con estas dos realidades subyacentes, Mauricio Herrero se detuvo en el recuento de aquellos preceptos que hacen referencia a los aspectos fundamentales. Así, repasó los privilegios que se redactan en el Fuero para el asentamiento en espacios y poblaciones (sin límites detallados por ser tierra de frontera), los que se ofrecían al concejo y a las personas para su asentamiento y construcciones. Y siempre anotando de qué manera se vinculaban las penas y su gradación al cumplimiento de estas leyes. Repasó, asimismo, las rúbricas que hacen referencia a los derechos y obligaciones de los distintos tipos de pobladores (caballeros, villanos, mujeres), a los órganos administrativos (jueces alcaldes, almotacenes…), a los cargos dependientes no del concejo sino del rey (merinos regidores…), a los defensores de concejo o de frontera, a los preceptos que regulan el derecho privado (familia, patrimonio…), al germen del derecho penal en las penas que aparecen en el Fuero (homicidios, daños, agresiones, insultos, retos, sodomía, violaciones, mesura de barbas…), para terminar describiendo la fórmula de juicio, los viernes, ante los jueces, con acusaciones, pruebas (testigos y documentos) y sentencias.
La descripción de Paloma Castresana, minuciosa y técnica, de todo el proceso de restauración puso de relieve la dificultad, la diversidad de elementos y la cantidad de pasos que intervienen en un procedimiento como este. Para el aficionado a la restauración, la glosa del proceso seguro que supone una gran satisfacción; para los menos allegados, lo más importante es entender que el esfuerzo deja el documento listo y remozado para otro periodo largo de tiempo en el que lo importante seguirá siendo no el continente sino el contenido. Por otra parte, las copias y fotografías que del Fuero se han hecho pueden sustituir perfectamente en el uso al original para así asegurar mejor su conservación.
Para los que ya nos habíamos acercado al Fuero en la lectura, estas jornadas (aún queda una sesión de aproximación musical a la época) nos sirven para un conocimiento mejor de su contenido; para refrescar y confirmar ideas; para comparar el pasado con el presente; para poner en valor documentos; para imaginar la vida en otras épocas; para compadecer (cum + patere) a nuestros antepasados; para dar luz a las claves de la aparición y configuración de Béjar como urbe y territorio de frontera, con todas las implicaciones que comporta; para entender que esta ciudad posee un documento de importantísimo valor filológico; para confirmar de nuevo el escaso interés que despierta este asunto entre los ciudadanos de esta ciudad estrecha, y para otros detalles que deben quedar en el tintero y en el rincón de pensar.

jueves, 19 de julio de 2018

EL ÓRGANO Y LA TARDE


                                   EL ÓRGANO Y LA TARDE QUE SE HERMANAN
(CONCIERTO DE ÓRGANO EN SANTA MARÍA, BÉJAR)
Una tarde serena de verano, la luz crepuscular que va alejándose, la frescura del templo tras las paredes amplias y graníticas, el silencio tranquilo, el tiempo que descansa, el ambiente eclesial en sus imágenes y altares, el recuerdo de toda la liturgia, “la música callada, la soledad sonora”…, la mente predispuesta para todo…, y el concierto que empieza.
Son estos elementos los que predisponen un ambiente propicio para que suenen el órgano y su música. Y es lo que se produjo ayer mismo en la iglesia más histórica de Béjar, en Santa María la Mayor, la de Mediavilla, la del centro del casco antiguo, de la población medieval. Se ofrecía un programa cuyos datos literales eran estos:El programa estará integrado por música del compositor bejarano José Lidón (1748-1827) e improvisaciones del propio intérprete, que será el joven y prestigioso organista Jorge García Martín (1985), profesor del Conservatorio Superior de Castilla y León.
PROGRAMA
LA MÚSICA DE TECLA DE JOSE LIDÓN
Fuga sobre Ave maris stella
Fuga sobre O gloriosa Virginum
Cantabile para órgano al alzar en la Misa
Homenaje a José Lidón. Improvisación
Sonata:
Allegro
Andante devoto
Allegro
Aquí practicó como sacristán y organista, su padre. Él desarrolló casi toda su actividad musical en la Capilla Real de Madrid. Ya tuvimos ocasión de asistir a un concierto de música del mismo autor, hace algunos años en el teatro Cervantes. Pero estos y otros son datos históricos y aquí interesan poco; si acaso para recordar con algo de pena lo poco que incorporamos a nuestra escala de valores la creación y el esfuerzo de gentes que cultivan el espíritu y la sensibilidad, lejos del producto interior bruto y otras pasarelas varias.
Siempre me he imaginado el órgano como un instrumento barroco, como esa voz de fondo que acompaña a cualquier tipo de actividad litúrgica, como la melodía que da grandeza sonora a las actividades físicas dentro de los templos. Es verdad que el órgano desarrolla tonalidades muy diversas. Acaso esa es su principal virtud. Pero creo que en todas ellas domina la resonancia general que ofrece en un espacio cerrado pero amplio, el ambiente que crea y que moldea hasta hacerlo espiritual o litúrgico, hasta predisponer los ánimos de los fieles asistentes a participar en (permítaseme la expresión) una especie de botellón místico, con un encaje y un trueque de escala de valores. No era, ni es, difícil imaginar ceremonias grandilocuentes y aparatosas envueltas en el sonido del órgano. Y tal vez también las más calladas e interiores.
Porque, pasados los tiempos barrocos por excelencia y llegados a las épocas de los cánticos al compás de otros instrumentos, el órgano creo que pierde un poco de actividad, de frecuencia y hasta de esencialidad. Su presencia reducida a algunas iglesias importantes y a las catedrales tampoco ha contribuido a su vigencia. Y, para restarle aún más protagonismo, los instrumentos electrónicos han venido a sustituirlo y a hacerlo transportable y adecuado a otros usos.
Tal vez por ello, porque el concierto de órgano se hace ya más raro, la asistencia a uno de ellos te reconforta y te sumerge en un ambiente distinto, lejos ya de los ornatos ceremoniales, pero afectos al recogimiento y al despertar de sensaciones diferentes. Es como si la música dictara el camino interior al que el oyente se puede retirar.
No sé cuál fue el camino de los oyentes en el concierto de ayer en Santa María. Para mí supuso una hora de recogimiento, de ambientación agradable, de camino interior, al son agradecido de sus notas, guiadas por la mano experta de un concertista joven, pero habilidoso y sensitivo.
Repaso las variables que apunté en el primer párrafo y reafirmo el balance positivo de toda la experiencia. Mi mente repitió en eco otra vez las palabras de fray Luis: “El alma se serena / y viste de hermosura y luz no usada, / Salinas, cuando suena /  la música extremada, / por vuestra sabia mano gobernada.  //  A cuyo son divino, / mi alma, que en olvido está sumida, / torna a cobrar el tino / y memoria perdida / de su origen primero esclarecida…”
De vuelta del concierto, las calles de Béjar, encogidas y ya al filo de la noche, despedían a lo lejos los últimos destellos de la tarde, y la ciudad se sumergía lentamente en el silencio.

miércoles, 18 de julio de 2018

EQUILIBRIO




EQUILIBRIO
(Leyendo a Juan Ramón)

Con el vigor activo del recuerdo
y todos los sentidos en aviso,
salgo a entender el mundo por si acaso
pudiera someterlo a mi equilibrio.

Mis ojos hoy contemplan los colores
de la naturaleza, pero todo
se va simplificando en luz y masa.
Quiero entender las causas por las cuales
la tierra está redonda y en el cielo
las estrellas alumbran a su antojo,
y me pierdo rozando sensaciones
de ese baile celeste en el que solo
percibo redondez y sinfonía.
Busco después el fuego que arrebata
la llama sensorial de los amores,
y todo se hace esencia, y se hace idea
pura, sencilla, clara, natural,
cual la quietud del mar en sus honduras,
que olvida los rumores de los ríos
y deja en humedad y lluvia y niebla
las gotas que se forman en su seno.

Despojado del velo y los ropajes,
que hacen diverso todo lo que miro,
solo me queda el cuerpo transparente,
la sencillez en que me sobra todo.
Me miro, me contemplo, me descubro
desnudo, eternizado, centro mudo
de un extraño equilibrio
en el que siento todo el pensamiento
y pienso lo que gritan mis sentidos.

martes, 17 de julio de 2018

ANOTAR Y SUBIR NOTA



                    ANOTAR Y SUBIR NOTA
LOPE DE VEGA: La serrana de Tormes, Clásicos Castalia 2018. Edición anotada de los bejaranos Jesús Majada y Antonio Merino.
Lo clásico es lo eterno, lo que supera el paso del tiempo y convierte el pasado y el futuro en un presente pleno y definitivo. Y clásico es el fénix de los ingenios, Lope de Vega, aquella fábrica a tres turnos de producir teatro y lances vitales. Aún parece imposible imaginarse siquiera cómo pudo pasar de las musas al teatro tanto material. Tal vez porque él mismo era puro teatro. Y eso sin considerar se creación lírica.
Pero las lenguas cambian y los contextos también. Y no es siempre sencillo acercarse a la descripción y a la interpretación de una obra de nuestro siglo de oro; ni siquiera para los más cargados de conocimientos y de referencias. Esto es lo que explica la necesidad de las nuevas ediciones anotadas cuando los tiempos van dejando extrañas e imprecisas algunas voces y no pocas situaciones. A satisfacer sus intereses y curiosidades acerca de este período literario e histórico han dedicado no pocos esfuerzos los autores de esta edición anotada de La serrana de Tormes, los bejaranos Jesús Majada y Antonio Merino, quienes, en una presentación cuidada, ponen en nuestras manos de lectores del s XXI esta joya de nuestro teatro áureo. Otras obras de la misma naturaleza, ya contextualizadas y anotadas anteriormente por ellos, así lo atestiguan; esta viene a reafirmar su acierto y el éxito de su esfuerzo.
El texto teatral viene precedido por una introducción en la que se repasan y se detallan los avatares personales del autor en los años en los que se gesta la obra, desde su destierro de Madrid hasta su estancia en Valencia y en Alba de Tormes. Es aquí donde se articula la pieza, en la proximidad a la ciudad de Salamanca, tan importante en el contexto general y en la obra anotada. Quien lea con atención estas páginas recordará o conocerá cuántos vaivenes produjo el genio y cómo se fraguó el esquema último de esta obra de Lope. Conocerá también muchos de los entresijos del Estudio salmanticense, precisamente del momento de mayor esplendor. Y tendrá, por supuesto, los datos precisos, en forma y contenido, que clarifican la estructura y el desarrollo de La serrana de Tormes. Se trata, en definitiva, de darnos las herramientas necesarias para encarar la lectura cargados de las luces suficientes como para no cegarnos con ella.
Con este bagaje tan cumplido, con el panorama histórico, literario y personal a nuestro alcance, podemos adentrarnos en la lectura, ya seguros de gozarla con acierto y con frescura. Y es aquí donde comienza el trabajo más minucioso y personal de los autores de la edición. Porque cotejan ediciones, rebuscan diccionarios, aclaran conceptos, refrescan acepciones, rescatan palabras, dan dirección morfosintáctica y semántica adecuada a expresiones… y, en fin, ponen luces por todas las esquinas para que nosotros, lectores de este siglo, no nos perdamos en el camino. Es como si pusieran muebles nuevos a una casa, que así se remoza y actualiza para hacerse más habitable y luminosa.
Por las páginas que acogen el desarrollo de la obra -de tanteo a mi entender y bastante dispersa en escenas, espacios y personajes- van desfilando personas, personajes y escenas que van dando cuerpo y asiento a los esquemas que, más tarde, repetirá con maestría inigualable Lope en su teatro. Los propios anotadores así lo entienden también y así lo indican. Hay un grupo de personajes importante y menos repetido más tarde que, por razones biográficas, a mí me resulta especialmente atractivo. Se trata del de los carboneros, tan autónomos y hasta gallardos, bizarros y atrevidos ante los demás personajes, más cultos y urbanos. A su lado, los estudiantes toman la manija y el ritmo para enseñarnos con detalle la vida estudiantil de la Salamanca de la época. Y siempre las parejas del teatro de Lope, que contrastan entre sí y reflejan tan fielmente la tipología social del momento. Pero esto ya es arar en otra tierra y encaja en el estudio analítico de la obra, y no entra en la reseña de la misma.
Lo que realmente clarifica el paso de las páginas es la purificadora anotación que los autores realizan a pie de página, con las dudas correspondientes según el caso y hasta con el reconocimiento de la falta de solución en algún otro. Este es su gran trabajo, el que refleja el poso de sus saberes y de sus quehaceres filológicos y lexicográficos. Y es por ello por lo que más debemos felicitarlos y felicitarnos todos. Las referencias y las fuentes son siempre abundantes y los ejemplos de comparación también. Los supongo dudosos en el trabajo a la hora de decidir si anotar o no, en función del tipo de lector en el que estén pensando. Esta duda es irresoluble en cualquier trabajo de comentario y el listón de aclarados anda siempre temblando y poco fijo. Es tributo obligado y no hay que darle vueltas a lo que se haya decidido.
Se añaden cinco anexos al texto literario. En ellos los autores agregan algún apunte para precisar el elenco de personajes; una sinopsis argumental por actos; una división de actos, cuadros y escenas; una relación de acotaciones por actos; para terminar con un quinto anexo en el que se recogen las estadísticas de versos, clases de estrofa, número de estrofas, de versos y proporciones métricas.
El camino para el conocimiento de esta obra de Lope, La serrana de Tormes, ha quedado expedito. Ahora toca el trabajo del lector, la lectura sosegada y ya abierta y las conclusiones que cada uno extraiga de la misma. Los cuadros de contexto y de anotaciones facilitan el proceso. Los autores de la edición anotada merecen nuestro agradecimiento y nuestro aplauso. Ahora el aprovechamiento tiene que ser nuestro.
No es precisamente pequeña esta aportación de nuestros dos paisanos bejaranos en el octavo centenario de la creación del Estudio salmantino. Tal vez no todo el mundo se ha dado cuenta de ello.
Gracias por todo y enhorabuena, amigos.   

lunes, 16 de julio de 2018

SIERRA DE BÉJAR



Ascender hasta lo alto de la sierra es un deber que debería cumplirse al menos una vez al año. Es un ciclo completo el que se cierra con uno mismo y con la naturaleza, ese todo inabarcable del que formamos parte, del que parece que nos individualizamos por unos años de conciencia personal y al que volvemos para fundirnos en una conciencia general y cósmica, que nos sobrepasa y que diluye nuestra conciencia hasta dejarla en bruma. De modo que, para residentes y para visitantes o “expatriados”, cumplir con ese deber tendría que ser algo así como acercarse a eso que llaman el bejarano ausente. Llevarse los aromas de estas sierras es destilarse un poco para convertirse en licor más agradable y sabroso para un tiempo.
El día amaneció respondón, con fresco y bruma, pero los ánimos están, a esas horas de la mañana, intactos y no hay nada para combatirlos como una manga larga y un ascenso suave, que el paisaje hay que hollarlo, pero, sobre todo, hay que gozarlo. Y las perspectivas, en ascenso o en descenso, cambian cada pocos metros. Por eso, no es lo mismo mirar el valle -con Béjar y los demás pueblos al fondo, desde la industria chacinera que se asienta al pie mismo de la sierra- que observarlo desde la primera plataforma (para entonces el valle se despertaba de su modorra nocturna y parecía que aún conservaba ecos de los blues del Castañar), o desde el mirador, o desde la segunda plataforma, asiento de coches y comienzo de la ascensión a pie.
Aquí hay que pararse algo más y componer la vestimenta y los alimentos que reconfortarán el cuerpo más arriba. Mientras tanto -brisa más fuerte, camino que se desploma desde la fuente del Travieso, o que se apunta en diagonal hacia las hondonadas de Hoyamoros- la mirada se pierde entra las aguas dormidas de la presa de Fuente Santa y las más alejadas de los pantanos de Gabriel y Galán o de la Maya. Los pueblos se dispersan diminutos por los distintos valles, y alguno no se asoma, pero se adivina hundido en el río Quilama, siempre donante anónimo y generoso del río Alagón. Ahí seguirán plantados en el tiempo y dando vida a este espacio tan bello.
Nosotros (Manolo Casadiego, Pepe de Frutos y yo mismo) ascendemos lentamente por el camino estrecho y empinado que nos lleva hasta la fuente del Travieso. Nuestra sierra es amable en su conjunto, pero este trecho parece que se enfada y nos recuerda que estamos en la altura y que hay que respetar el ritmo y los espacios. Cumplimos con el deber sagrado del silencio debido a la fatiga y a la cuesta. Pero contamos con un aliado vigoroso: la brisa nos empuja y nos anima a ascender y a sentirnos montañeros. Solo de vez en cuando volvemos la mirada hacia abajo, donde adivinamos aguas y frescura, gentes y murmullos, vida en suma. Otra forma de vida.
Beber en cada fuente es un tributo que pago con agrado en mis paseos. Y saciar la sed en la fuente del Travieso es algo más que eso, es sentir la frescura entre los labios, acariciar aquello que viene desde el fondo de las rocas, sentirme más cercano a los misterios que guardan esas rocas que custodian todo el año las aguas escondidas después de que la nieve se hace oscura. Hay que beber siempre de las fuentes. El agua del Travieso está fresquita; la mañana también.
Después, la Goterita, tras un ascenso lento y más tendido, con atajos atrevidos a veces y con paradas cortas y gozosas mirando nuevamente en lejanía. Y ahora subir no es solo ascender en cotas y en miradas, es sentirse más solo con la altura y con los elementos que la pueblan. El aire, el cielo, el horizonte, el sol ya más cercano, el paisaje desnudo, las flores que se asoman al verano, el silencio que canta, la falta de las voces, el murmullo de las plantas cosidas a las peñas… Aquí todo es más puro. Hay gentes que nos pasan y que suben con algo más de empuje. Nosotros ascendemos a un ritmo sostenido y vamos empapándonos de lo que la naturaleza nos presta y nos regala.
Pronto llega la cima y la cumbre se hace llanura. La visión se vuelve panorámica y abarca el horizonte en todas direcciones. Allí, las sierras de Barco y de Gredos; más allá, las tierras llanas de Ávila; al otro lado, las de Salamanca, con la ciudad que se adivina al fondo; y la sierra de Francia, tan querida por mí; y Portugal al oeste o Extremadura al sur. Todo, todo está aquí al alcance de la vista. Y el mundo se hace grande y se diluye, y se hace inabarcable, y se hace idea más que geografía, y yo siento también que me hago idea y transparencia mirando hacia lo inmenso del cielo y de la tierra.
¿Qué puedo yo decir del viento y de las nubes cuando no soy del cielo ni del suelo? Acaso lo que dije en otro día y en el mismo sitio. Era esto:
EN LA CIMA DEL CALVITERO

Aquí la piedra vive y se solaza
en perpetua y rotunda soledad,
la luz es primigenia y llega niña
desde bóvedas altas siempre limpias,
el mar se redescubre entre los ecos
que forman las lagunas y la nieve
es vecina del viento y del misterio.

En esta ara gigante en la que el tiempo
ha perdido su ritmo reflexivo
y el espacio no sabe de horizontes,
yo soy un simple acólito del viento,
estoy a lo que diga la incipiente
noticia de la luz que me reinventa
haciéndome más frágil y más diáfano.

¿Qué hacen aquí mis manos y mi cuerpo?
¿Qué pide mi zozobra? ¿Qué latidos
se asoman a la voz de mi conciencia?
Aquí, cerca del cielo, soy materia
que viene navegando  por la historia
de todas las historias,
soy piedra y vegetal, soy un producto
que mira cara a cara el universo,
esa patria común en la que todo
se acoge, se esclarece, se remansa.
Soy nada frente al todo y todo ante la nada.

Después conversación con los neveros de la Ceja, extensos e inocentes en su blancura; las lagunas saciadas a sus pies; y el alto dialogando con las nubes, que andaban hoy revueltas y viajeras. Esto es ya plenitud, todo, altura de las físicas y de las que el ánimo suspenden y condensan. Para pensar en todo lo pensable y en lo que cada cual rastree en sus sentidos. Al fin y al cabo, se sube para esto. O se debería subir par algo más que para sudar y crear gatas en los músculos. Pero en los humedales o secarrales individuales conviene no molestar. Cada cual sabrá lo que tiene entre manos.
La vuelta es el descenso con el ánimo puesto en otro tono. Cuidado con las piernas y los músculos, que siempre es más penoso bajar sin equilibrio que subir con cansancio y con sudores.
Ahora las perspectivas son opuestas. El valle está más cerca cada vez y aguardan esas leyes que marcan el quehacer de cada día. No importa, es otra etapa en esa eterna monotonía que domina los días y las horas, pero habremos ganado una batalla, sobre todo mental y de los ánimos.
Miramos desde arriba y desde abajo, comparamos perfiles y visiones, decidimos quehaceres, y vamos deslizando nuestras vidas, poco a poco, entre el cielo y el suelo, entre el limpio sentir de las alturas de la sierra y el ruido que ensordece por las calles. Qué hermosos esos ratos de limpieza, de sentirse más puro y más sencillo, más de todas las cosas que componen esta conciencia eterna y misteriosa.
La sierra es un buen sitio para sentir lo poco que somos, pero también lo plenos que podemos llegar a estar. Y la sierra de Béjar es una buena geografía para conjuntar el sentimiento y el pensamiento. Venga.

sábado, 14 de julio de 2018

"LOS JUEVES DEL FUERO" (II)


           
El pasado jueves día 12, con la previa de la inauguración de una exposición de documentos medievales del Archivo de Béjar, que se mantendrá para ser visitada hasta el mes de septiembre, se desarrolló la segunda jornada de los Jueves del Fuero en Béjar. En esta ocasión, disertaron los profesores de la USAL Ángel Vaca Lorenzo (“Béjar, espacio de paso y frontera”) y José Luis Martín Martín (“La sociedad bejarana del s. XIII”).
Después de la fijación paleográfica y filológica de la semana anterior, se trataba de reconocer el contexto espacial, histórico y social en el que se había fraguado el Fuero. Al fin y al cabo, a pesar de todas las precisiones científicas, no hay nada que no se resuelva y se explique razonablemente desde las circunstancias en que se produce. Tal vez el orden lógico sea el contrario: primero las condiciones y después del hecho concreto (el Fuero en este caso), pero el rey de las jornadas es el hecho y no las circunstancias.
Sea como fuere, el acto comenzó con la exposición del profesor Ángel Vaca, quien fijó los elementos que, a su parecer, configuran y determinan el hecho del Fuero. Por eso se repasó el origen de la tierra de Béjar como perteneciente a las tierras de Ávila y el desgajamiento de esta jurisdicción hasta formar cabeza de concejo de las tierras de Béjar, o sea, se pasó de locus a urbe, con estructuras fijas y comunes. Este paso fundamental, en el contexto de las conquistas y reconquistas varias, ya habría tal vez justificado la existencia de un cuerpo legal claro y común.
Pero el cuerpo de la disertación se dedicó a la exposición de dos elementos geográficos, condicionantes fundamentales para la afirmación de Béjar como cabeza de territorio. Son los conceptos de Camino y Frontera. Por ellos se repasaron algunas evidencias: la situación de las tierras de Béjar entre las mesetas sur y norte y el paso por ellas como único más fácil en el extremo occidental del sistema central; la presencia de los vetones en siglos anteriores y la existencia de algún castro (lo que aseguraría indicios de algún asentamiento de la época); o el hecho milenario de la trashumancia y de los pastos serranos; el paso de Aníbal; las vías y calzadas, con sus usos diversos; el propio topónimo Béjar, con evocaciones prerromanas; las idas y venidas de los ejércitos árabes; la necesidad de acuerdos entre concejos para hacer llevadera la existencia de la mesta y la trashumancia; las vías y cañadas; las primeros empeños textiles (artesanales e individuales)…
Y, en lo que se refiere a Frontera, la importancia de un doble sentido de este concepto. Por una parte la frontera entre territorios árabes y cristianos, en todas sus variantes; y por otra la que se estableció entre los reinos de León y Castilla, hasta que se unificaron. La necesidad de marcar la superioridad en zonas de frontera, sobre todo del reino de León, favoreció la creación comunidades de villa y tierra. Béjar no es más que una de ellas. Es el momento en el que definitivamente Béjar pasa de locus a urbe. Se habían dado todas las circunstancias para la necesidad del Fuero. El texto es la consecuencia lógica de todos los elementos anteriores.

El profesor José Luis Martín Martín glosó algunos de los elementos principales que incluye el Fuero, sobre todo los que hacen referencia a la sociedad de la época. Con las reservas propias de un códice que, en buena medida, es copia de otros, se puede uno imaginar que estas rúbricas o artículos recogen la forma de vida de los habitantes de las tierras de Béjar (villa y tierras) en el s. XIII. El Fuero es prolijo y hasta minucioso en su regulación, pero en la conferencia solo se hizo mención a alguno de los aspectos que se consideraban esenciales. Así, se mencionaron y glosaron las referencias que apuntaban a los nobles y al clero. En cuanto al primer grupo, se apuntó la existencia y la labor de alcaide, juez, alcaides (de collationes o barrios), sayones, andadores, almotacenes…, caballeros, vasallos… O de todos sus sirvientes y actividades: vaqueros, pastores, colmeneros, rebaños, piaras…
En lo que se refiere a los eclesiásticos, se puso de manifiesto el poder e importancia del clero, sobre todo del llamado Cabildo de clérigos bejarano, además de alguno más existente en las tierras de Béjar (pueblos).
Por último, se hizo un repaso rápido a alguna de las profesiones judiciales y a los castigos severos que comportaban ciertos delitos.
Todo el panorama apunta y apuntaba a la importancia de estos dos colectivos en el conjunto de la población, frente a la insignificancia de los grupos populares.
                                                         …………………………….
Creo que esta sesión es la más esclarecedora para el público menos especializado, porque es la que mejor ayuda a entender en qué contexto se configura el Fuero, qué es lo que quiere venir a resolver y cuáles son los grupos que detentan el poder y cuáles los que tienen que sufrir y encima poner la sonrisa.
Como me sucede siempre con un texto histórico, intento darle una patada amistosa para ponerlo a la altura de los días en que me toca vivir y tratar de resumir en qué puede serme útil a mí. Es una postura egoísta, pero creo que es la más productiva. He leído el Fuero hace poco tiempo por última vez; creo que regula más aspectos que los que se glosaron, algunos muy sabrosos y de la vida diaria; los más importantes, sin duda, son los que destacó el profesor José Luis Martín; me sigue provocando rabia y compasión pensar en las diferencias sociales en las que han vivido mis antepasados, sobre todo el colectivo femenino; entiendo, a pesar de todo, que nada se entiende si no se sitúa en su contexto; no sé, en fin, en cuánto y en qué hemos adelantado o atrasado después de 800 años. Esto sería ya el Fuero en el s. XXI.
Lo que hace falta ahora para el público es acercarse a él, degustarlo y extraer consecuencias. Es labor de cada cual, y cada uno sabrá lo que tiene que hacer. Hay ya ediciones accesibles; las habrá pronto revisadas y puestas al día. A ver si la curiosidad y la voluntad también se pusieran en marcha.

miércoles, 11 de julio de 2018

A VECES LA RAZÓN



A VECES LA RAZÓN

A veces la razón se pone cóncava
sin causa conocida. En tales casos,
los conceptos se afirman y proclaman
su presencia y su altura. Las ideas
se dejan amansar y aportan luces,
y todo llega a ser como un camino
que avanza hacia una meta que me aguarda.

Hay, sin embargo, tardes en las cuales
todo suena convexo en mi cerebro.
Los objetos resbalan y se escurren
como el humo se pierde entre la niebla.
Persigo sombras y conquisto sueños
de los que no despierto.

Todo es un claroscuro
en el fondo abisal de mi cabeza:
el mundo cuando quiere me ilumina
o me olvida también si le apetece.