viernes, 23 de septiembre de 2016

SUEÑOS



SUEÑOS

Soñé con que mis manos y mis labios
servirían para el beso y el abrazo,
soñé con mundos limpios y adobados
en las cándidas palmas de mis manos,
soñé que el mundo entero era un tratado
de amor en que agitarse como el rayo.

Sueño con que algún beso me consuele
cuando la soledad me ofrece llanto,
sueño hacer oración a un dios que duerme
donde habitan la luz y la belleza,
sueño con un espacio que me hable
con idioma cargado de silencios.

Quiero seguir soñando que los sueños
no me olvidan en medio del misterio,
quiero seguir soñando
y despertar sin sueños, como el viento
que vuela y vuela en dirección incierta,
libre, ligero, disponible, franco.

A veces pienso

que sueño demasiado.

jueves, 22 de septiembre de 2016

SOBRE LA NATURALEZA DE LOS DIOSES


En su obra “Sobre la naturaleza de los dioses”, ensayo filosófico de madurez y recopilatorio de buena parte de los pensamientos del escritor latino Cicerón, este reflexiona acerca de esa idea que ha traído de cabeza a casi todo hombre y a todas las culturas. También a Nietzsche, cuando afirmaba “Dios ha muerto”, le mordía este concepto y esta idea generadora de tantas otras.
En su libro primero, Cicerón resume las ideas de los principales autores de la Grecia clásica, para quedarse en extensión con Epicuro y con los estoicos, de los que él fue egregio representante en el mundo latino. Cita a una nómina extensa y esencial en el pensamiento griego: Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Anaxágoras, Alcmeón de Crotona, Pitágoras, Jenófanes, Parménides, Empédocles, Protágoras, Demócrito, Diógenes, Platón, Jenofonte, Antístenes, Espeusipo, Aristóteles, Heraclides del Ponto, Teofrasto, Estratón, Zenón, Aristón, Cleantes, Perseo, Crisipo… Y después Epicuro, y los estoicos. Toda la pasarela completa, aunque se echen en falta algunos.
Poco importa el repaso de nombres; lo interesante es observar cómo un repaso tranquilo nos ofrece un camino descendente, desde los elementos más idealizados hasta la contemplación de la naturaleza y las consecuencias racionales que de su observación y estudio se extraen. Es como si se pasara lentamente del caos al mito (con todos los dioses de por medio), del mito a la razón, para volver a perderse en las limitaciones evidentes de la razón y vuelta a empezar el ciclo interminable.
¿Es posible desentenderse del mundo de los dioses y vivir sin su referencia? No sirve la sustitución de los dioses clásicos por otros tan de cartón piedra como los de la publicidad, el cine o el deporte: nos estaríamos engañando ingenuamente. O, al menos, hay que saber y reconocer que nos estamos engañando.
Algo sí parece claro: la configuración de los dioses la hacemos nosotros mismos desde nuestras conveniencias y desde nuestras necesidades. Por eso los fabricamos con tantas deficiencias y por eso los cambiamos a nuestro antojo. Y les exigimos lo que se aparece en el vértice de nuestros ideales; con esas ideas los configuramos y hasta con esos perfiles les ajustamos una religión y unos cultos determinados. Luego, cuando no cumplen nuestras expectativas, o nos refugiamos en el misterio, o nos decepcionamos hasta el enfado y la recriminación.

No sería poco que, al menos, no perdamos de vista el camino, lento y tortuoso, pero sin vuelta atrás, del asombro ante la naturaleza y ante la razón. Ellas no pueden andar lejos ni de la lista de los dioses ni de las leyes, religiones y ritos más convenientes para el ser humano. 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿FUMAR PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD?


En alguna ocasión fumé. Siempre lo dejé con el ánimo alto y con el paquete encima del televisor. Allí, asomando, como provocándome y desafiando mi voluntad, como gritando su derrota. Porque mi manera de dejar el tabaco era también -es justo reconocerlo- como la de un chulo de barrio cuando estira los brazos en los billares, alza la mirada y pasea lentamente su vista por el local, por si queda alguien a quien recordarle quién manda allí.
Hoy pienso que tal vez nunca disfruté realmente del tabaco, de la inspiración lenta y profunda del humo, de las volutas redondas que se alzan en el aire, una sobre otra, como si se llamaran para formar alguna bandera olímpica en el cielo, del sabor amargo que deja en la boca y del hondo hormigueo que alcanza los pulmones durante un rato. Pero, más que el disfrute físico, ese que encoge y estira los músculos, que traspasa la piel y se apodera del ambiente exterior e interior, creo que lo que me perdí fue la sensación de estar sucumbiendo a algo que me hacía mal a mí y a los que me rodeaban. Porque allí el vencedor era yo, era mi voluntad, era mi razón y era mi dominio de la situación, ante mí mismo y ante los demás. El tabaco no era sino el elemento imprescindible para mostrar ese poderío, ese sometimiento del vicio y hasta esa tiranía por mi parte.
Sí, sé que puede parecer una contradicción, pero intuyo y hasta saboreo que el gozo empieza precisamente en el momento en el que uno se entrega a lo que ya no puede controlar, a lo que te domina y te entierra en su voluntad. Porque el momento decisivo es aquel en el que uno se plantea la reacción ante algo que te perjudica. El camino, claro, es doble: o te apartas y vences, o te sometes y sientes cómo te lleva el tabaco por los rumbos que le da la gana. El segundo responde al abandono de la voluntad, pero también se acerca al gozo de lo prohibido, al disfrute de aquello que debía ser pero no es, a lo que rompe la razón, a lo que se aparta de lo saludable.
No, no tengo ninguna intención de volver a fumar; ni siquiera de experimentar con esa situación de conciencia de pérdida de lo que considero recto. Solo he hecho un juego que es algo más que un juego verbal para acercarme a la consideración conceptual de lo que es voluntad y de lo que puede llegar a ser gozo.

El tabaco perjudica seriamente la salud. “No fumes, que te vas a morir, le decía un amigo a otro”. Y el otro le respondía: “Por eso fumo, porque me voy a morir”. Otro juego de palabras.

martes, 20 de septiembre de 2016

SOLAZ RÍTMICO


REVISANDO EL SANTORAL
(SOLAZ RÍTMICO, O MÁS)

Hay santos que se desantan,
vírgenes que se desvirgan,
ricos de fin de semana,
pobres de toda la vida.

Y días en el calendario
que no se llegan a dar:
están todos dedicados
al culto de san Jamás.

Y si le ponen novena,
con procesión y boato,
es el momento oportuno
de honrar a san Cucufato.

El santoral está lleno
de fiestas que hay que guardar,
mas ninguna es tan solemne
como la de san Patrás.

Haremos nuevos bautizos
de dimensión celestial
que cubran todas las fechas
que permite el santoral.
Y así, fiesta sobre fiesta,

todo el año en carnaval.

lunes, 19 de septiembre de 2016

LOS SERES... (TAMBIÉN PAULINO)



Aquella simplificación de la niñez: “Los seres nacen, crecen, se reproducen, mueren”. Qué descripción tan minimalista para un enunciado que todo lo encierra.
Primero es la secuencia fónica repetitiva, como una abeja más de la colmena escolar: “Y todo un coro infantil va cantando la lección: mil veces ciento, cien mil; mil veces mil, un millón”.
Después se abre la flor de la vida y apenas si da tiempo a reflexionar acerca de la sentencia: la vida, entonces, no se piensa, solo se vive. El tiempo solo se mide en presente y en futuro, pero no en límites que corten la cuerda por ningún sitio.
Cualquier día, el común de la vida se hace algo más común y las acciones se vuelven demasiado repetidas. Es tal vez el momento en el que el ser humano se planta y levanta la mirada. Entonces resulta que el tiempo también tiene pasado, y que este se va acumulando y ocupa un espacio grande y visible del recorrido. Puede que por entonces haya uno crecido y se haya reproducido y empiece a mirar hacia el final del epígrafe. Las medidas se ajustan, la conciencia se muda, la perspectiva cambia.
Y cualquier otro día, que seguro que no está señalado en el calendario, se hace mutis por el foro, en silencio o de cualquiera otra manera.
Qué simple, qué terrible, qué verdadero, qué aleccionador, qué fuente de sabrosas consecuencias…
La sentencia nos iguala a todos aunque nos empeñemos en mostrarnos diferentes en el trayecto de la vida. Y lo somos, vaya si lo somos; no en el principio ni en el final, pero sí en el discurrir menudo de cada día.
Hoy ha fallecido Paulino. Y lo ha hecho solo, sin molestar; solo como venía estando desde hacía muchos años. Paulino ha sido un hombre que no ha necesitado de los libros para entender lo que ha visto en la vida. Y lo que ha visto han sido muchas injusticias al lado de las máquinas de tejer, y muchas desigualdades por la calle y por las tiendas, y mucha mala leche en demasiadas personas. Tal vez por ello a él le quedaba un residuo de recelo, que mezclaba con un sentido común y con una bondad luminosa. Y, como estaba solo, se dio a los demás y se aferró a su necesidad de honradez y de bonhomía.
A Paulino hoy, en su caja mortuoria, apenas le acompañaba nadie. Él dormía el último sueño en el que se quedó transido anoche. Y, como estaba acostumbrado a la soledad, su cara estaba tranquila y limpia, tal vez charlando con el reino de las sombras.
Paulino ha cumplido hoy el último apartado de esos cuatro que parecen asignados al ser humano. Lo ha hecho con dignidad, en silencio. Con él se lleva su coherencia, sus ideas sociales y la gallardía de lo más sencillo cuando se vive desde la convicción personal. O tal vez haya dejado algún rastro de todo ello entre los que quieran recordarlo.

Paulino nació y creció (aunque él no lo hizo mucho físicamente). Hoy ha fallecido. Como todos. Pero con dignidad y coherencia.

viernes, 16 de septiembre de 2016

PRIMERO LA PALABRA


Cuando a Vicente Ferrer, ese santón laico que tanto sembró en la India, le preguntaban cuál era la esencia de su trabajo y su objetivo fundamental, respondía que, por encima de todo lo demás (cereales, caminos, agua…) estaba la obligación de darles voz a los que no la tienen, de concederles la palabra, esa arma revolucionaria que nunca habían tenido y que les ponía en disposición de desarrollar todas las demás posibilidades. Lo cuenta muy bien Manuel Rivas en un relato maravilloso titulado “Vicente Ferrer. Rumbo a las estrellas con dificultades”.
Qué bien captó el fundamento de las necesidades del ser humano. Porque esta consideración sirve para cualquier ser humano, no solo para los más olvidados de y por las castas en la India. La palabra es la materialización del pensamiento, del sentimiento y del nivel más elevado de la condición humana. El ser humano lo es en tanto que posee la  cualidad de cifrar el pensamiento en palabras, de trasladar a sus semejantes sus anhelos y sus necesidades a través del don de la palabra.
Claro que el nivel de la palabra se halla en el pensamiento, en la posibilidad real y física de poder expresarla y en la libertad mental y social de intentar expresar las opiniones propias y de intentar convencer pacíficamente a los demás a través del razonamiento verbal. Por eso, conceder la palabra es mucho más que un hecho físico, es ante todo no negar la posibilidad de expresión razonada, es impulsar esa expresión y combatir el monopolio de la misma por parte de unos pocos, de esos que niegan la opinión y la libertad real de los demás. Porque negar la palabra es negar la igualdad humana, es jibarizar la opinión social, es adentrarse en el mundo del miedo y del misterio, es abandonarse a la voluntad de los otros, es negarse a vivir la verdadera vida, es dejarse en el vaivén del viento, es negarse el futuro, es llamar a la abulia y al silencio del rebaño, es abandonar el arma más potente, es velar los matices y ennegrecer los rayos, es…
En la India se levantan los parias lentamente. Vicente Ferrer quería que lo hicieran con la palabra como base de todo el desarrollo posterior. En occidente los parias son silenciados de manera más sutil, encarrilándolos en el embarcadero de la publicidad, restando la importancia del cruce de opiniones, o simplemente cerrando todas las puertas de los lugares físicos y mentales en los que se podría producir el desarrollo del pensamiento y de la palabra. ¿Dónde están el fomento de la palabra y la expresión sin trabas correctoras de las opiniones que no sean las que nos vienen dadas desde las lejanas alturas?
Pensar puede resultar peligroso para el poder establecido. Y el pensamiento toma cuerpo a través de la palabra. Por eso la negación de foros, los miedos a que las verdades establecidas se puedan venir abajo y la reacción de los usuarios del pensamiento y de la palabra se convierta en la mejor revolución imaginada. Buen ejemplo para cualquier comunidad grande o pequeña y buen campo de actividad social y política. En esto sí que nos jugamos la esencia de una comunidad y no en las fiestas patronales, por ejemplo.

Vicente Ferrer tenía muy claro el fundamento de su escala de valores. La palabra como expresión de la dignidad, de la libertad y de la igualdad del ser humano. Desde ella y, a partir de ella, todo lo demás. 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

OVILLEJO DE RITA BARBERÁ Y PP


OVILLEJO DE RITA BARBERÁ Y PP

¿Quién falta siempre a las citas?
Rita.

¿Quién oculta la verdad?
Barberá.

¿Quién se apunta al “caloret”?
El PP.

Desde siempre barrunté
que PP y mujer farsante
daban juntitos el cante:

Rita Barberá y PP.