IZQUIERDA
SENTIMENTAL
La vida de cualquier comunidad se va cuajando de
acontecimientos que la van configurando y que le sirven de base para su ética
personal y social. De hecho, la mayor parte de la comunidad -desgraciadamente,
según me parece- gasta mucho tiempo opinando no acerca de ideas, sino a partir
de los acontecimientos que la realidad le va presentando. Ahí están el deporte,
las intervenciones de los líderes políticos, las apariciones de los personajes
llamados (dios mío, qué disparate) celebridades (o, en la imbecilidad y la
idiocia de la lengua del imperio, celebrities) ..., y en este plan.
En los últimos días se ha dictado una sentencia
judicial exculpando a un jugador de fútbol (otra celebridad del carajo) de una
acusación de violencia sexual. La opinión pública menos versada en el asunto se
ha puesto en pie de guerra y casi toda la representación política de la
izquierda se lleva las manos a la cabeza. No tengo opinión acerca de lo que
piensa o declara la derecha, aunque supongo que esconderá la cabeza debajo del
ala dejando pasar los hechos sin mojarse demasiado.
Si dedico mi opinión a lo que observo en la izquierda,
es porque, en general, me encuentro más a gusto en esa cultura y porque es de
ella de la que desconfío menos y en la que me quedan algunas esperanzas de
transformación.
Pero creo que, en este, como en otros casos, actúa más
con el sentimiento y con el deseo que con la razón. La consecuencia es que cada
poco se lleva unas desilusiones que la dejan sin resuello.
Seguro que esta sentencia desazona a mucha gente, a mí
también. Pero hay que recordar que solemos defender una justicia garantista
antes que la condena sin pruebas suficientes; entre otras cosas, porque la
falta de garantías nos podría llevar a consecuencias mucho peores, a aquellas
en las que el poderoso interpretara a su solo capricho o subiéndose al empuje
de la ola popular cualquier regla. Recuérdese, además, que existen los
recursos.
Y analícese, por la otra parte, lo imposible que
resulta encerrar la vida en la legislación, aunque la ley sea imprescindible
para tenerla como referencia. En este territorio confuso se juega buena parte
del partido.
Tan necesario es que la justicia atienda al espíritu
del legislador como que no se extralimite en sus interpretaciones. Difícil
equilibrio, pero necesario para poder convivir.
Por lo demás, en asuntos judiciales, las sentencias no
afirman ni niegan que los hechos se produjeron o no; lo que se afirma es que se
han probado fehacientemente o no se ha logrado probarlos. En tales casos, ya se
sabe, se aplica la garantía aquella de in dubio, pro reo. No solo en los
juicios sobre acusaciones sexuales, sino en todos.
En nada disminuye esta sentencia el hecho de la
importancia que tiene la igualdad de sexos ni la necesidad de seguir
modificando la escala de valores en la que se ha venido moviendo la sociedad.
Tampoco estaría de más pensar en presentar todo este
movimiento con todas las implicaciones que tiene y no solo con simplificaciones
que, si bien mantienen el ánimo alto por momentos, en no pocas ocasiones
producen el efecto contrario al buscado.
La utopía es necesaria; la ilusión, también. La
serenidad y la reflexión no son mala cosa.
Y ahí andamos.