lunes, 27 de abril de 2026

«SACAR DE LA ECUACIÓN»

 

«SACAR DE LA ECUACIÓN»

Esto de la lengua es un sinvivir, no te da respiro ni un momento y te trae de cabeza a cada instante.

Resulta que habíamos acordado que se trata de algo que se parece a un ser viviente, o sea que nace, crece, se reproduce y muere. Pues de todo este proceso también habíamos acordado que el período intermedio era y es el más complejo y el que más dificultades plantea. Como en el ser humano, que unas veces nos sale sapo y otras nos sale rana; o como en una familia en la que un hijo es modelo y otro resulta ser la oveja negra. Hasta ahí, todos de acuerdo. Controlar ese crecimiento y esa reproducción debería ser tal vez preocupación constante.

Hay modelos y organismos que algo dicen y sugieren al respecto. Ahí están todos los docentes que trabajan en la descripción y en la explicación de cualquier lengua, o las entidades e instituciones que sirven -o deberían servir- como argumento de autoridad: academias, escritores... ¿Son suficientes? ¿Son los adecuados? ¿Actúan de manera correcta? ¿Se les hace caso? Y en este plan.

Tengo para mí que existen otros organismos a los que se les hace mucho más caso y que imponen los usos y los cambios en la lengua, o sea que son los que marcan el camino en el crecer y en el reproducirse de ese sistema de comunicación que llamamos lengua de una comunidad.

Los ejemplos son casi infinitos. Valga uno de ellos. Aunque se tenga un oído poco fino, seguro que, en los últimos tiempos, se habrá oído con alguna frecuencia esta expresión: «si sacamos -lo que sea- de la ecuación». Con ella venimos a indicar algo así como esto: «si eliminamos un factor en la resolución de una situación o dificultad planteada».

Que el asunto apunta a contextos matemáticos parece evidente. No sé cuál es el nivel de recuerdo de las matemáticas entre la gente corriente, pero sospecho que no es muy elevado; sore todo si vamos elevando el grado de esas ecuaciones y nos vamos al tercero o al cuarto. Pues hay que volver a repasarlas para entender eso de «sacar de la ecuación». Habrá que reconocer que a los de “letras” se les impone un castigo excesivo.

De cuál sea el origen de la citada expresión habrá que pedir explicación a los filólogos, que de esto deberían saber algo. Tal vez sea más sencillo preguntarse, y hasta averiguar, a quién se debe la bromita de su propagación y su paso al uso ordinario. ¿Erraríamos si afirmáramos que los medios de comunicación tienen mucho que ver en todo ello? ¿Y si, además, lo concretáramos en los medios deportivos?

Una vez más -¡y van...!- estos altavoces mediáticos, y no sé si bien formados e informados, nos dictan y nos imponen los usos que van modificando cada día nuestra lengua sin razones que lo justifiquen. Se puede observar sin ser ningún reputado filólogo ni un conocedor profundo de las estructuras lingüísticas; tan solo hay que escuchar y pensar un poco.

Y, para rematar el desaguisado, podemos preguntar a los que saben y estos nos abrirán los ojos para que veamos que -¡una vez más, y van...!- de nuevo es la lengua del imperio la que está detrás de la expresión y la que nos impone sus usos y sus significados, que nosotros calcamos como súbditos alegres y tontos.

Yo creo que podemos volver a recordar cómo se resuelve una ecuación de segundo grado, y hasta de cuarto; pero no sé si es necesario «sacar de la ecuación» cuando podemos «separar un elemento» o «descartar una opción», u otras muchas posibilidades que posee nuestra propia lengua.

Que la lengua crece y se multiplica, está siempre en movimiento, no puede ni debe estancarse ni oxidarse. Pero, por favor, dejen que esa evolución la orienten los que saben algo más del asunto. No los saquen de la ecuación y sálganse ustedes de ella. Papanatas, que son unos papanatas. Y unos esclavos agradecidos.

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