lunes, 23 de febrero de 2026

23-F AQUEL POBRE GORRINO DEL TRICORNIO

 

23-F: AQUEL POBRE GORRINO DEL TRICORNIO

 

Aquel pobre gorrino del tricornio

que acudió al Parlamento y lo asaltó

al grito aguardentoso y estridente,

que a todos los presentes asustó

de “se sienten” y “quietos todo el mundo”.

Aquel enorme y sucio pistolón,

la oquedad y el vacío en su cabeza,

la fuerza y el insulto a la razón.

Aquel impulso ciego por mostrarse

de la patria y del mundo salvador.

Aquellas huellas negras en el techo,

recuerdo de un imbécil soñador,

cuya fuerza tan solo se mostraba

en la entraña de un viejo pistolón

(lo demás era solo cobardía,

ensoñación idiota del valor).

Aquellas reacciones en la calle

y el impulso que a tantos empujó.

La sensación de cura ante el espanto,

la esperanza de no repetición...

 

Hoy me vuelven de nuevo a la memoria

los actos de aquel día tan lejano,

tan próximo y difícil de entender

salvo acaso tal vez en la cabeza

de aquellos que se afanan y se ofuscan

en pensar que este mundo es solo suyo,

que hay bienes absolutos y son ellos

los sátrapas y jueces encargados

de dictar las sentencias y las sendas

del discurrir de todos los demás.

 

Dioses y semidioses, héroes, sátrapas,

sacerdotes del templo de la nada,

iluminados todos, simples magos,

héroes de pacotilla con pistolas,

sin nada sustentado en la razón...,

dejad vuestros trabajos salvadores,

buscaos otra nueva ocupación;

o, mejor, sumergíos en el olvido

y no turbéis ya más mi corazón.

jueves, 19 de febrero de 2026

CARNES - TOLLENDAS

 

 

CARNES - TOLLENDAS

 

Escribo estas líneas en las horas de la tarde del martes de Carnaval, fin de estos días que abarcan desde el jueves Lardero hasta el Miércoles de ceniza, este último ya como contraste y entrada en un período contrapuesto. Como el latín ha pasado a mejor vida -en el imaginario, que no en la realidad-, casi nadie utiliza este término y se queda con el de carnaval. Poco importa, pues ambos terminan encontrándose en el mismo camino etimológico: carnes tollendas, carne-vale o carne-levare. De un modo o de otro, “quitar las carnes”.

Si nos quedáramos en el sentido más físico, no sé muy bien de qué carnes se pueden quitar los más pobres, si sus medios no les dan para adquirir carnes en ninguna fecha. Habrá que pensar en los más pudientes y en el esfuerzo que debían practicar para alimentarse con otras viandas en el tiempo de abstinencia o cuaresma. Claro que, llegaron las bulas, las dispensas, y aquí paz y después gloria. Ni Lutero logró evitarlas con sus rebeliones y sus 95 famosas tesis. Qué tiempos, qué imposiciones, qué manera de asustar, de imponer y de atemorizar.

Tal vez algo diferente resulta de imaginar eso de la carne como algo metafórico. Si así fuera, todo el mundo de la sexualidad se nos aparece de repente, aunque el análisis nos llevaría a conclusiones similares a las de la carne anterior. Ufff.

La peña, desde casi siempre, se lo ha tomado como unos breves días en los que el desenfado, la diversión y el incumplimiento de la norma personal y social toman el mando y abren el campo para que cada uno abra espita y se muestre como le gustaría ser y no como la comunidad le deja ser. Por eso los disfraces y las diversiones de todo tipo; por eso las concesiones y el mirar para otro lado.

Tampoco este enfoque nos deja en el mejor lugar, pues vendría a suponer que el resto del año no somos lo que queremos, sino una representación en la que las imposiciones cuentan mucho y nuestras actuaciones tal vez no sean del todo sinceras.

Sí parece claro que la influencia de la iglesia ha disminuido, si es que le queda alguna; pero, como su sombra ha sido muy alargada, los restos todavía se huelen. Es este tal vez uno de los mejores ejemplos que nos muestran, una vez más, que el origen tiene que ver con lo pagano, que la religión trató de domesticarlo y que el tiempo ha vuelto por donde solía para dejarlo de nuevo en su sentido más originario.

Adentrarse en la variedad de los disfraces, en su significado,, en la necesidad de los mismos y en todo sus sentidos personales y sociales es algo que a mí me supera porque me abre una ventana muy grande y me da indicios para consideraciones no del todo positivas.

Hoy más que nunca el mundo es pura representación y apariencia. El carnaval o carnestolendas es una muestra que se adorna con esa apariencia, una apariencia que, curiosamente, no hace otra cosa que esconder aquello que en condiciones normales nos da pudor mostrar. No oculto que a mí me resulta muy lejano todo este mundo, pero eso poco importa.

Cada cual a su aire, a la expresión de sus impulsos y de los elementos más simples de la naturaleza. No estaría mal que incluso estas manifestaciones nos sirvieran también para pensar en nosotros mismos, en nuestra naturaleza y en nuestra condición humana, extraña mezcla de elementos de pasión, de ilusión, de rebelión..., y de razón.

jueves, 12 de febrero de 2026

EN LA CASA COMÚN

 

EN LA CASA COMÚN

Ejercer de albañil es hacer vida,

es construir cimientos que sustenten

las sólidas paredes de la casa.

Cada día con su afán, cada mañana

con un oficio nuevo al que aplicarse:

hoy construyo la vida con madera,

pues tengo como oficio carpintero;

mañana sudaré sembrando el trigo,

que un pan sabroso nos dará más tarde;

otro día escribiré y con las palabras

construiré habitaciones de hermosura;

seré tal vez tendero o alquimista,

vendedor, pescador o basurero...,

lo que en justo reparto corresponda.

 

En la casa común no sobran manos,

amores, esperanzas, ilusiones:

todos fabrican moldes, llenan huecos

y ven cómo la casa se construye

como lugar común y confortable

en el que caben todos los que quieren

un espacio mejor y más amable.

jueves, 5 de febrero de 2026

LAS ÁGUEDAS

 

LAS ÁGUEDAS

De nuevo, el calendario se desayuna señalando que estamos en el día llamado de las Águedas. Y el imaginario, esa escala de valores oculta que ha ido creando en nosotros la costumbre y que, de manera genérica, llamamos cultura popular lo concreta en la repetición de unos actos que vienen a representar algo con lo que estamos más o menos de acuerdo, o al menos, algo con lo que hemos convivido durante mucho tiempo.

También en la ciudad estrecha se celebra esta festividad; lo hace un grupo de mujeres (concreto: un grupo) que se visten de manera especial, salen a la calle todas juntas, se acercan a la alcaldía, donde representan una simulación de toma de poder femenino, no se abstienen de la misa tradicional, de la procesión habitual, de la comida de hermandad y supongo que del baile correspondiente. Vale.

Cada cual tiene su pensamiento -o su dejarse llevar por la inercia-; pero, sea el que sea, este pensamiento responde a una manera de pensar espontánea o meditada. Por supuesto, también posee cada cual el derecho de expresarse a su manera y de dar a conocer su forma de ver y de vivir la vida. Lo mismo que los demás a considerar respetuosamente la suya y la de los otros para, de esa manera, enriquecerla y elegir aquello que considere mejor para sí y para los demás. Eso es lo que hago en estas breves líneas.

Desde ese presupuesto, este tipo de celebraciones me parece viejuno y pasado de tiempo. Tengo la impresión -por decirlo con atenuación- de que manifestar un solo día la necesidad de que la mujer debe ejercer el mismo poder que el hombre, porque posee los mismos derechos por el simple hecho de ser persona, y después volverse a la cocina el resto del año, en poco o en nada hace avanzar esa situación y esos derechos; y no sé si no se consigue precisamente lo contrario de lo que se quiere alcanzar, si es que se quiere alcanzar algo.

Parece que existen otras fórmulas para dar a conocer esas reivindicaciones, si es que lo son, que el festejo callejero, la foto, la misa y la procesión. Echo en falta algún acto de reflexión en el que se analice cuál ha sido la situación de la mujer en la sociedad y cuáles han sido las ideas y los grupos sociales que la han consentido, la han favorecido y hasta la han impulsado. Y, si se piensa y se extraen consecuencias, tal vez después se actúe en coherencia individual y colectivamente.

Una copla muy reciente, creada por un tamborilero de esta provincia, alega lo siguiente: «El día cinco de febrero, la que manda es la mujer, y, en el pueblo Santa Marta, el que venga lo va a ver». La letra sirve para cualquier otro lugar. Les aseguro que el citado músico toca mucho mejor la gaita y el tamboril que compone letras.

La historia de la mujer, en general -lo he escrito muchas veces- es para echarse a llorar. Tampoco la del hombre es para tirar cohetes. No sé si va a avanzar mucho con estos festejos.

A pesar de todo, a divertirse y a pasarlo bien.