23-F: AQUEL POBRE GORRINO DEL TRICORNIO
Aquel pobre gorrino del tricornio
que acudió al Parlamento y lo asaltó
al grito aguardentoso y estridente,
que a todos los presentes asustó
de “se sienten” y “quietos todo el mundo”.
Aquel enorme y sucio pistolón,
la oquedad y el vacío en su cabeza,
la fuerza y el insulto a la razón.
Aquel impulso ciego por mostrarse
de la patria y del mundo salvador.
Aquellas huellas negras en el techo,
recuerdo de un imbécil soñador,
cuya fuerza tan solo se mostraba
en la entraña de un viejo pistolón
(lo demás era solo cobardía,
ensoñación idiota del valor).
Aquellas reacciones en la calle
y el impulso que a tantos empujó.
La sensación de cura ante el espanto,
la esperanza de no repetición...
Hoy me vuelven de nuevo a la memoria
los actos de aquel día tan lejano,
tan próximo y difícil de entender
salvo acaso tal vez en la cabeza
de aquellos que se afanan y se ofuscan
en pensar que este mundo es solo suyo,
que hay bienes absolutos y son ellos
los sátrapas y jueces encargados
de dictar las sentencias y las sendas
del discurrir de todos los demás.
Dioses y semidioses, héroes, sátrapas,
sacerdotes del templo de la nada,
iluminados todos, simples magos,
héroes de pacotilla con pistolas,
sin nada sustentado en la razón...,
dejad vuestros trabajos salvadores,
buscaos otra nueva ocupación;
o, mejor, sumergíos en el olvido
y no turbéis ya más mi corazón.
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