CADA DÍA ES UN DON
Cada día es un don que nos regala
el deambular sin fin del universo.
Lo primero, la luz, que da sentido
a la penumbra ciega de la noche;
con ella se despiertan los sentidos
y se vuelven certeza nuestros sueños.
Después ya no hay descanso,
todo se precipita y se hace ofrenda.
El aire es ahora brisa; el agua, fuente
donde aplacar la sed de las fatigas;
las sombras, refrescante refrigerio;
las palabras de aliento de los otros
que acompañan también nuestro camino
escriben, en trabajo solidario,
el cuaderno de la fraternidad;
una mesa de pan bien abastada,
-como dijo el poeta-
que congrega la risa y la nostalgia;
las manos que despiertan el recuerdo
de lo que fue y aspira a seguir siendo...;
tantas pequeñas cosas
que salen cada día a nuestro encuentro
y, humildes, nos recuerdan
que a su lado seguimos existiendo
sin más necesidades ni carencias.
¿Para qué otras riquezas si con estas
nadamos en el mar de la abundancia?
Pues la vida es un don, es un regalo,
y tenemos la suerte de vivirla
compartiendo lo grande y lo pequeño
en los hermosos gestos de la fraternidad.
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