UN SILENCIO ATRONADOR
Hay una figura
retórica que se utiliza con alguna frecuencia, aunque se haga sin consciencia
de que se está usando, salvo, claro, en el ambiente poético. Se trata de lo que
se conoce con el nombre de oxímoron y consiste en unir dos palabras de
significado opuesto en una misma estructura sintáctica para crear un nuevo
sentido o concepto. El título que encabeza estas líneas es un claro ejemplo.
Con el uso del oxímoron se busca la sorpresa y la reafirmación de un concepto
desde su lado contradictorio. Los escritores místicos del s. XVI nos regalaron
muy buenos ejemplos.
Ayer mismo se produjo
una intervención muy esperada del presidente del Gobierno en el Parlamento
acerca de todo lo sucedido en Ceuta. Cada cual expuso su punto de vista y no
pocos cargaron contra el Ejecutivo por su gestión. Los espectadores sabrán qué
consecuencias tienen que extraer de todo ello.
Yo fijo mi atención en
un aparente detalle, que, me parece, supera la anécdota para subir hasta el
nivel de la categoría. Intervenía el presidente del Gobierno y, en un momento
de su exposición, formuló esta pregunta, que a mí me parece más retórica que otra
cosa: ¿Qué habrían hecho ustedes en esta situación, usar la fuerza física y
dejar que miles de personas se ahogaran en el mar? No entrecomillo porque no sé
si las palabras son totalmente literales, pero sí su contenido. En ese momento,
se hizo el silencio. El orador se calló y durante unos segundos levantó la
vista y miró hacia los escaños donde se sentaban los diputados que antes habían
acusado de todo al presidente. Le faltó levantar también el dedo o la mano
entera e ir señalando a buena parte del hemiciclo como si de un muy lento barrido
cinematográfico se tratara. Cada segundo se hizo más largo e intenso. El silencio
se hizo atronador. Creo que el orador debía haber alargado el silencio
al menos durante un minuto, que se habría hecho eterno, acusador y terrible.
¿Qué habrían hecho ustedes en esta situación, usar la fuerza física y dejar que
miles de personas se ahogaran en el mar? Supongo que ese silencio debió
sobrecoger los corazones de no pocos diputados, si es que les queda algo de
corazón por ahí perdido. Algo parecido imagino para miles o millones de
espectadores que estuvieran contemplando la imagen. Por cada segundo que
pasaba, el silencio atronaba más y más ¿Qué habrían hecho ustedes en esta
situación, usar la fuerza física y dejar que miles de personas se ahogaran en
el mar? El episodio concluyó con un aplauso fervoroso por parte de muchos
congresistas. El oxímoron había cumplido su misión: desde el silencio había
provocado un grito en algunas conciencias.
Creo que entre todos
nosotros, también, claro, entre nuestros representantes públicos de todos los
niveles, se debería practicar con más frecuencia el oxímoron del silencio. Nos
acercaría más a la reflexión, a relativizar las cosas y a convencernos de que
el ambiente de crispación en el que andamos instalados solo conduce a la
degradación de la convivencia. El ejemplo propuesto se puede trasladar a todos
los ambientes de la vida, a cada momento y a cada persona. Que cada cual se
haga cargo de comprobarlo.
Nuestro mejor
instrumento de comunicación es, con diferencia, la palabra. Pero ya se ve que a
veces el silencio dice mucho más que la palabra, sobre todo si es mal
utilizada.
Cerraré con algún
oxímoron que nos regaló Juan de Yepes, san Juan de la Cruz: “La música callada,
la soledad sonora, la cena que recrea y enamora...”.
Pues eso.
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