viernes, 4 de septiembre de 2026

UN SILENCIO ATRONADOR

 

 

UN SILENCIO ATRONADOR

Hay una figura retórica que se utiliza con alguna frecuencia, aunque se haga sin consciencia de que se está usando, salvo, claro, en el ambiente poético. Se trata de lo que se conoce con el nombre de oxímoron y consiste en unir dos palabras de significado opuesto en una misma estructura sintáctica para crear un nuevo sentido o concepto. El título que encabeza estas líneas es un claro ejemplo. Con el uso del oxímoron se busca la sorpresa y la reafirmación de un concepto desde su lado contradictorio. Los escritores místicos del s. XVI nos regalaron muy buenos ejemplos.

Ayer mismo se produjo una intervención muy esperada del presidente del Gobierno en el Parlamento acerca de todo lo sucedido en Ceuta. Cada cual expuso su punto de vista y no pocos cargaron contra el Ejecutivo por su gestión. Los espectadores sabrán qué consecuencias tienen que extraer de todo ello.

Yo fijo mi atención en un aparente detalle, que, me parece, supera la anécdota para subir hasta el nivel de la categoría. Intervenía el presidente del Gobierno y, en un momento de su exposición, formuló esta pregunta, que a mí me parece más retórica que otra cosa: ¿Qué habrían hecho ustedes en esta situación, usar la fuerza física y dejar que miles de personas se ahogaran en el mar? No entrecomillo porque no sé si las palabras son totalmente literales, pero sí su contenido. En ese momento, se hizo el silencio. El orador se calló y durante unos segundos levantó la vista y miró hacia los escaños donde se sentaban los diputados que antes habían acusado de todo al presidente. Le faltó levantar también el dedo o la mano entera e ir señalando a buena parte del hemiciclo como si de un muy lento barrido cinematográfico se tratara. Cada segundo se hizo más largo e intenso. El silencio se hizo atronador. Creo que el orador debía haber alargado el silencio al menos durante un minuto, que se habría hecho eterno, acusador y terrible. ¿Qué habrían hecho ustedes en esta situación, usar la fuerza física y dejar que miles de personas se ahogaran en el mar? Supongo que ese silencio debió sobrecoger los corazones de no pocos diputados, si es que les queda algo de corazón por ahí perdido. Algo parecido imagino para miles o millones de espectadores que estuvieran contemplando la imagen. Por cada segundo que pasaba, el silencio atronaba más y más ¿Qué habrían hecho ustedes en esta situación, usar la fuerza física y dejar que miles de personas se ahogaran en el mar? El episodio concluyó con un aplauso fervoroso por parte de muchos congresistas. El oxímoron había cumplido su misión: desde el silencio había provocado un grito en algunas conciencias.

Creo que entre todos nosotros, también, claro, entre nuestros representantes públicos de todos los niveles, se debería practicar con más frecuencia el oxímoron del silencio. Nos acercaría más a la reflexión, a relativizar las cosas y a convencernos de que el ambiente de crispación en el que andamos instalados solo conduce a la degradación de la convivencia. El ejemplo propuesto se puede trasladar a todos los ambientes de la vida, a cada momento y a cada persona. Que cada cual se haga cargo de comprobarlo.

Nuestro mejor instrumento de comunicación es, con diferencia, la palabra. Pero ya se ve que a veces el silencio dice mucho más que la palabra, sobre todo si es mal utilizada.

Cerraré con algún oxímoron que nos regaló Juan de Yepes, san Juan de la Cruz: “La música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora...”.

Pues eso.

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